Biomedicina

Así es el interior del cerebro de un jugador de fútbol americano fallecido

Los cerebros que pasan por el laboratorio de Ann McKee no mienten. Pero sólo representan el principio de la historia sobre las lesiones cerebrales y su papel en las enfermedades neurodegenerativas

  • Lunes, 25 de enero de 2016
  • Por Mike Orcutt
  • Traducido por Teresa Woods

Foto: La neuropatóloga Ann McKee examina el cerebro de un antiguo jugador profesional de fútbol americano recién fallecido.

El cerebro que descansa sobre la mesa pertenecía a un jugador profesional de fútbol americano. Su tamaño es mucho más grande de lo normal, así que puede haber sido el cerebro de un hombre muy grande, quizás jugara como guardalínea. Esas son las únicas cosas que sabía sobre él antes de que Ann McKee empezara a cortarlo en trozos.

Varios minutos después, los cortes hacían otra revelación: el cerebro estaba hecho un desastre.

"Creo que tenía CTE [siglas en inglés para encefalopatía traumática crónica]", sentencia esta profesora de neurología y patología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston (EEUU) y la directora de Neuropatología de los Centros Médicos de la Administración de Veteranos de Nueva Inglaterra. Finalmente, junto con sus compañeros, examinará el tejido cerebral hasta niveles microscópicos para poder confirmar que el cerebro padecía este trastorno neurodegenerativo. Aunque los primeros exámenes ya sugieren la presencia de patrones indicadores de atrofia, o el encogimiento del delicado tejido en varias zonas.

Formo parte de un pequeño público que observa a McKee mientras se dedica a trocear el cerebro de este jugador de fútbol americano como si de una hogaza de pan se tratara. Mientras trabaja, coloca los trozos sobre la mesa y señala varias signos de la enfermedad.

"Es increíble lo que les hacen a sus cerebros", comenta más de una vez con un deje de irritación. Nos encontramos en un laboratorio del campus de un hospital de la Administración de Veteranos a las afueras de Boston. Allí, McKee dirige el banco cerebral líder del país, que estudia los efectos de las lesiones cerebrales traumáticas. En años recientes se ha convertido en un destino muy popular para los cerebros de los jugadores profesionales de fútbol americano, normalmente donados por familiares que quieren ayudar a los investigadores a desarrollar un mejor entendimiento de la CTE.

Foto: McKee inspecciona un trozo que acaba de extraer del cerebro mientras el neuropatólogo y compañero de McKee de la Universidad de Boston Victor Alvarez la observa.

Muchos estudios realizados durante la última década y media, incluidos los destacados trabajos del grupo de McKee, han establecido una conexión entre la enfermedad y el tipo de lesiones cerebrales traumáticas repetitivas sufridas por muchos jugadores de fútbol americano y otros atletas que practican deportes de contacto (ver ¿Debemos prohibir deportes con riesgo de contusión para nuestros hijos?). Sus síntomas incluyen dificultades cognitivas, trastornos de humor, dolores de cabeza, pensamientos suicidas y comportamientos agresivos.

El cerebro que desmonta tranquilamente McKee parece contar una historia innegable acerca de lo que le hizo el fútbol americano. McKee y sus compañeros han encontrado pruebas de la enfermedad en 88 de los 92 cerebros de antiguos jugadores de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL, por sus siglas en inglés) que han estudiado, y en 45 de 55 cerebros de antiguos jugadores de la liga universitaria de fútbol americano. Pero a pesar de lo impactantes que son, estas cifras deberían tomarse con algunas reservas. Como la propia McKee reconoce, representa una muestra sesgada, puesto que en muchos casos la familia donó el cerebro porque ya sospechaban que existía un problema.

Las cifras no nos indican lo extendida que está la enfermedad, y tampoco nos dicen demasiado acerca del papel de las contusiones cerebrales. Cuando empezó a estudiar la CTE, McKee creía que las contusiones representaban "la clave". Ahora, su equipo encuentra que alrededor del 20% de las personas diagnosticadas con CTE había sufrido una lesión cerebral traumática pero ninguna contusión documentada. También existen casos en los que el paciente había sufrido una cantidad relativamente grande de contusiones documentadas pero no había desarrollado la enfermedad.

Foto: Después de trocear el cerebro, los trozos se muestran sobre la mesa de examen.

En otras palabras, poco indican los cerebros de los jugadores de fútbol americano fallecidos acerca de cómo y porqué se desarrolla la CTE. Y las preguntas que dejan sin contestar han generado un debate dentro de la comunidad científica acerca de la relación entre las lesiones cerebrales, los síntomas y los hallazgos patológicos post mortem. Ni siquiera está claro si el trastorno, que sólo puede ser diagnosticado después de fallecer, se encuentra presente en la población general de los que han experimentado lesiones cerebrales, según la médica de urgencias del Hospital Infantil de Boston y  codirectora del centro de lesiones cerebrales del hospital, Rebekah Mannix, que también es profesora adjunta de pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard (EEUU). "Resulta difícil establecer cualquier tipo de criterio diagnóstico basándose en una población autoremitida", afirma Mannix.

McKee dice que sus datos sugieren que la duración de la exposición a lesiones cerebrales repetitivas (golpes que provocan contusiones cerebrales además de otros, más pequeños, golpes "subcontusionales") está correlacionada con la gravedad de la enfermedad. Considera imperativo realizars estudios que empleen acelerómetros para rastrear los impactos cerebrales que reciben las personas, de forma cumulativa, a lo largo de sus vidas. Lo ideal sería que tales estudios también rastrearan cosas como la nutrición, el rendimiento neurofisiológico y otras medidas de salud, explica McKee, para que los científicos pudiesen algún día emplear esos datos para detectar estas importantes relaciones.

Por desgracia, eso significa que puede llevar décadas aclarar el debate acerca de la CTE, cómo y por qué se presenta en algunos individuos, y lo que significa para los jugadores de fútbol americano. Pero mi experiencia en el laboratorio de McKee me ha convencido de que al menos una cosa es innegable: es increíble lo que les hacen a sus cerebros.

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