Biomedicina

La biología chapucera que quiso contribuir al alzamiento soviético

El nuevo libro 'El fantasma de Lysenko' reabre el caso notorio de manipulación científica con fines políticos para ampliar la idea del superhombre soviético

  • Jueves, 25 de febrero de 2016
  • Por Maggie Koerth-Baker
  • Traducido por Teresa Woods

En 2012, el monasterio más importante de la Iglesia ortodoxa rusa publicó un libro de texto de biología para los alumnos de 16 y 17 años. Se llama Biología General, pero es un texto explícitamente creacionista que describe el papel de Dios en el mundo natural para contrarrestar generaciones de ateísmo oficial en los colegios rusos. El darwinismo, según este libro, ha resultado desastroso para el mundo y para los rusos en particular. Según el texto, es lo que ha provocado la adopción del materialismo, tanto en el sentido filosófico como en el consumista de la palabra. Es antitético a los valores rusos porque está inherentemente entrelazado con los estilos de vida despiadados de los capitalistas británicos del siglo XIX. Mientras el libro denigra la selección natural, alaba la idea de que las características adquiridas durante la vida de una persona puedan ser legadas a futuras generaciones. Para ello, alude a estudios epigenéticos sobre el efecto del entorno sobre la función de los genes de maneras que a veces son heredables.

El historiador del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, EEUU) Loren Graham lleva décadas estudiando la ciencia rusa y asegura que Biología General refleja el reciente resurgimiento de apoyo para ideas anteriormente expuestas por Trofin Lysenko. Este biólogo ruso rechazó la genética convencional e intentó emplear características adquiridas para mejorar la agricultura. Lysenko retrasó la producción agrícola y las investigaciones genéticas de la Unión Soviética durante décadas. Entonces, ¿por qué intentaría nadie rehabilitar sus ideas? La política, básicamente. En su nuevo libro, El fantasma de Lysenko, Graham explica que Biología General es un recuerdo de "la creencia en la superioridad del colectivismo sobre el individualismo" en Rusia.

Eso me sobresaltó. Mi instituto baptista fundamentalista en el centro de Kansas (EEUU) establecía como libro de texto de biología para los 14 años el equivalente protestante y estadounidense de Biología General. También hablaba de características adquiridas, pero no como una alternativa al darwinismo. En lugar de eso, se nos enseñó que esta teoría, relacionada con el biólogo francés Jean-Baptiste Lamarck, era inherentemente absurda y servía como prueba contra la evolución. Por supuesto que una jirafa que tiene que estirarse para llegar a su comida no produciría crías con cuellos más largos. Ni tampoco tendría un perro con el rabo amputado unas crías sin rabo. Era sólo un ejemplo más de las cosas ridículas en las que creían los evolucionistas, unas creencias que pueden resultar profundamente peligrosas. ¿Cómo de peligrosas? Pues, todos sabemos que el darwinismo llevó a la gente a rechazar a Dios, a abandonar la responsabilidad personal y a hacerse paladines del comunismo colectivista en Rusia.

La forma en las que la política, la religión, las normas culturales y las ideologías de todo tipo distorsionan la ciencia son el corazón de El fantasma de Lysenko. Esas ideologías pueden alterar nuestra interpretación de los hechos y dar nueva forma a nuestra manera de entender acontecimientos naturales. Tienen el poder de cambiar el significado de las palabras, incluso los términos científicos. Todos esos problemas son destacados mientras Graham explora si las investigaciones modernas de en epigenética, que indican que las condiciones medioambientales como la hambruna pueden afectar la expresión de los genes e influenciar la salud de personas separadas del acontecimiento por varias generaciones, significan, o no, que el enfoque de Lysenko para la agricultura iba bien encaminado después de todo.

Adelanto que Lysenko aún no ha sido reivindicado. Aunque la epigenética está ampliando nuestro entendimiento del funcionamiento del ADN, no ha logrado socavar los principios básicos de la herencia genética a los que se oponía Lysenko. Sin embargo, saber qué pensar de Lysenko ahora resulta algo complicado. Como señala Graham, "la herencia de características adquiridas" no significaba lo mismo para Lysenko, envuelto en la política y la ética de una Unión Soviética colectivista, que para Lamarck en Francia durante el siglo XIX. Y tenía un tercer significado para muchos científicos soviéticos contemporáneos de Lysenko. E incluso un cuarto, para los agricultores y agrónomos de campo que creían divisar pruebas de ello mucho antes de llegar Lamarck.

Igualmente, el nombre Lysenko significa cosas distintas para los rusos, estadounidenses y europeos. Para los biólogos modernos "la selección natural" no significa lo que significaba para los eugenistas de la década de 1930. Incluso la palabra "verdadero", escribe Graham, es "amplia y multidimensional". Graham denomina esto como "la contradicción entre el uso y la exactitud".

Trofim Lysenko es un personaje fascinante. Nació campesino en 1898. Llegó a una posición de gran poder durante la década de 1940 bajo Joseph Stalin al promocionar una serie de técnicas científicas erróneas que afirmaba que podrían aumentar la producción de trigo en granjas diezmadas por la hambruna. Entre otras cosas, defendía que al guardar las semillas en invierno a bajas temperaturas durante más tiempo de lo normal podía convertir la cepa en una variedad que maduraría en primavera. Cuando otros científicos se opusieron a su trabajo, los atacó de maneras que Graham califica de "letales y pasivo-agresivas", denunciándoles a la policía secreta y dejando que las ruedas de la "justicia" estalinista hicieran el resto. No fue hasta la década de 1960 cuando se convirtió en un bufón, después de que la muerte de Stalin y la destitución de Nikita Khrushchev diera a los adversarios científicos de Lysenko la oportunidad de denunciarle como un fraude. Hoy, Lysenko representa, de forma simultánea, un punto de confluencia para una determinada cepa de nacionalismo ruso y una vergüenza que impulsa a la academia rusa a obstaculizar las legítimas investigaciones de epigenética.

¿Por qué se oponía Lysenko a la idea de la herencia genética y cómo hiló su rechazo con la ideología soviética? Graham proporciona una respuesta parcial. Incluso antes de Lysenko, durante la década de 1920, el biólogo alemán Paul Kammerer y multitud de biólogos rusos menos conocidos promocionaron la idea de las características adquiridas como una especie de eugenesia marxista. En Occidente en esos momentos la eugenesia se centraba en crear una sociedad mejor al intentar asegurarse de que las personas "adecuadas" (adineradas y de raza blanca) tuviesen muchos hijos y las personas "equivocadas" (pobres, discapacitados, o de cualquier raza de color) tuvieran pocos o ninguno. Kammerer, en cambio, promocionaba una eugenesia basada en mejorar los entornos. El marxismo podría mejorar una sociedad al proporcionar una vida mejor, lo que cambiaría a las personas que vivían en ella, lo que a su vez cambiaría a su progenie. Con el tiempo, acabaríamos con una humanidad evolucionada. El nuevo "hombre soviético" sería más listo, avispado y sano que cualquier producto del simple emparejamiento de generaciones de capitalistas burgueses.

El problema, por supuesto, es que la biología no seguía a Kammerer. Pero la narrativa de lo lejos que llevó Lysenko estas ideas es confusa. Lysenko no creía realmente que la herencia de características adquiridas ocurriese en humanos. Y, según el relato de Graham, parece haberse sentido menos que convencido acerca de su propia aplicación de la teoría a la agricultura.

Dicho eso, Graham es capaz de contar la historia con mucho detalle. Hay una anécdota especialmente memorable en la que un joven Graham divisa el envejecido e impopular Lysenko en un lujoso restaurante de Moscú en 1971, y consigue sentarse a su lado en una mesa compartida. Graham se presenta. Se siente incómodo, pero está seguro de que nunca se le volverá a presentar esta oportunidad.

Resulta que Lysenko ya sabe quién es Graham y no le cae bien. Siente que Graham le ha señalado injustamente como el culpable de las muertes de muchos biólogos rusos. En un increíble intercambio, Graham y Lysenko discuten acerca de si Lysenko formó parte del opresor régimen soviético. No discuten los hechos. El punto de la discordia son los significados de los hechos.

Maggie Koerth-Baker es una periodista y escritora en Minneápolis, Minnesota (EEUU). Su trabajo ha sido publicado en Nature, Popular Mechanics, Gizmodo, y el New York Times.

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