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Hacer que el mosquito del Zika se extinga es una cuestión humanitaria

Si ya hemos hecho desaparecer a otras especies y estamos eliminando los ecosistemas naturales del mosquito, ¿por qué no nos atrevemos a acabar con él mediante genes dirigidos para ello?

Zach Adelman 16/02/2016

Los humanos han llevado especies hasta la extinción por culpa del hambre, la ignorancia, nuestros deseos de crecimiento económico y nuestra influencia. ¿Será una especie de mosquito la primera que eliminemos por motivos humanitarios?

El mosquito en cuestión es el Aedes aegypti, conocido como el mosquito de la fiebre amarilla y, en años más recientes, se ha dado a conocer como el mosquito del dengue por propagar esta enfermedad hemorrágica que afecta desproporcionadamente a los niños pequeños y tiene unos altísimos costes sanitarios asociados. Ahora es el mosquito Zika, sospechoso de transmitir este virus asociado a la microcefalia en recién nacidos.

El Aedes aegypti representa una red de distribución idónea para virus peligrosos por su fuerte preferencia por alimentarse casi exclusivamente de humanos y residir dentro, o cerca de, nuestras casas. Aunque antes estaban confinados a una pequeña región de África subsahariana, el Aedes aegypti se ha expandido e invadido el continente americano, Asia, el Pacífico Sur y Australia durante los últimos siglos debido totalmente a la actividad humana.

Foto: Unos hombres se reúnen en torno a unas aguas estancadas en Recife, Brasil. Tales emplazamientos proporcionan el ecosistema que requieren los mosquitos que transmiten el virus del Zika.

Hace ya mucho que los humanos libramos una guerra contra los mosquitos, con unos repetidos llamamientos para su erradicación. Y el reciente desarrollo de la tecnología de genes dirigidos ofrece la posibilidad técnica de ganar esta guerra. A diferencia de un gen normal, que sólo es heredado por la mitad de las crías, un gen dirigido podría ser heredado por toda su progenie. Puede ser empleado para propagar genes que destruyen los cromosomas hembra de los mosquitos, impiden que las hembras vuelen o determinan el sexo de un mosquito.

Al liberar un pequeño número de mosquitos con genes dirigidos, el número de hembras silvestres se reduciría en cada generación hasta que desaparezcan por completo. Sin hembras para producir la próxima generación de óvulos, los supervivientes macho pasarían unas últimas semanas muy solitarias antes de llegar a extinguirse también, junto con la modificación genética que impulsó su desaparición.

Mientras que se están elaborando unas estrategias similares para controlar la malaria, se están viendo complicadas por el hecho de que la transmisión de la malaria la efectua por un gran número de especies diversas de mosquito, que presentan unas variaciones tremendas en todo el mundo. Para el dengue, la chikunguña y ahora potencialmente el Zika, el Aedes aegypti representa un hilo común, y potencialmente el eslabón más débil.

Aunque desde luego quedan retos técnicos y regulatorios por delante, ¿qué pasaría si funcionara? Primero, algunas cosas muy buenas: la extinción de este mosquito salvaría más de 20.000 vidas al año sólo por dengue e impediría millones de casos de enfermedades. Además de frenar el dengue, el Zika y otros virus como el chikunguña, la elimincación de este mosquito impediría la propagación de otros virus poco frecuentes que ya han sido catalogados y pueden estar esperando su turno de provocar la próxima gran epidemia.

¿Y qué pasa con el ecosistema? Como especie, somos culpables de tomar acciones sin contemplar los efectos para el medio ambiente. Considerado aisladamente, cualquier cosa que dañe el "ecosistema" suena universalmente mal. En este caso, el ecosistema en cuestión son latas, cubos, ollas, vasijas de almacenamiento de agua, basura, neumáticos y cualquier otra cosa que se quede tirada por allí acumulando aguas estancadas.

El Aedes aegypti no se reproduce en estanques, pantanos, ciénagas ni humedales y por tanto no existen peces ni ranas que se alimenten de estos mosquitos (una de las razones por las que han prosperado tanto como especie). Actualmente, nuestra capacidad para controlar la transmisión del dengue (y ahora el Zika) depende de nuestra capacidad de eliminar los lugares done vive y se reproduce. Si ya estamos dispuestos a destruir un ecosistema al completo (en otras palabras, recoger la basura, proteger las vasijas de almacenamiento de agua), ¿por qué no simplemente eliminamos este mosquito?

Los enfoques basados en genes dirigidos difieren de los tradicionales métodos de control de vectores como los insecticidas y la eliminación de los puntos de reproducción. Con un sistema de genes dirigidos, la población de la especie objetiva podría ser interrumpida a escala masiva, sin afectar directamente a ninguna otra especie (¡una característica muy atractiva!).

Pero, al deshacernos de este mosquito, ¿abriríamos la puerta para que otra especie de mosquito ocupe el mismo nicho, empeorando aún más las cosas? Una vez se haya extinguido el Aedes aegypti, otros mosquitos podrían aprovecharse de su ausencia y ocupar su lugar. Sin embargo, dado que la mayoría de los lugares adecuados para la reproducción estudiados ya carecen de larvas en crecimiento, incluso en ciudades con grandes poblaciones de Aedes aegypti, parece que ya existen bastantes vacantes para recién llegados

Mientras que no se considera que tenga la misma importancia para la propagación de enfermedades que el Aedes aegypti, el mosquito tigre no ha tenido ningún problema para echar al Aedes aegypti de la mayor parte del sur de Estados Unidos mediante su capacidad de dejar estériles a las hembras de Aedes aegypti sin necesidad de echar mano a las avanzadas técnicas genéticas. Puede que, llegados a este punto, siga invadiendo nuevos territorios sin que importe lo que hagamos por impedirlo. Sencillamente no existen pruebas de haya un mosquito aún más peligroso al acecho, esperando pacientemente el día en el que por fin desaparezca la fiebre amarilla. Personalmente, yo me sentiría más seguro probando suerte con el próximo mosquito que con el próximo virus.

A mediados de la década de 1960, la erradicación hemisférica del Aedes aegypti (liderada por la Organización Panamericana para la Salud mediante el uso de insecticidas químicos como la DDT y el malatión) parecía estar a nuestro alcance y todavía se consideraba posible hacia finales de la década de 1990. Pero, debido a una multitud de motivos diferentes, esa meta se ha estado alejando cada vez más. El desarrollo de enfoques de genes dirigidos, junto con todas nuestras prácticas actuales de control de mosquitos, ofrece la promesa de revertir esta tendendia y acercarnos al objetivo de la erradicación (continental, hemisférica o incluso a nivel mundial) de este mosquito y los terribles patógenos que dependen de él.

Zach N. Adelman es un profesor adjunto del Instituto Fralin de Ciencias Biológicas y del departamento de entomología del Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia (EEUU).

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