Energía

El difícil camino de emprender y financiar tecnologías de energía limpia

La financiación del gobierno de Estados Unidos juega un papel necesario para desarrollar nuevas tecnologías energéticas ante la falta de interés del capital privado. ¿Pero es suficiente?

  • Jueves, 3 de marzo de 2016
  • Por Mike Orcutt
  • Traducido por Teresa Woods

Resulta difícil no dejarse arrastrar por el optimismo de la sala de exposiciones de la Cumbre de Innovación ARPA-E, que se celebra esta semana en la zona de Washington D.C. (EEUU), donde casi cada expositor luce un prometedor - y potencialmente revolucionario - concepto o prototipo de una tecnología energética.

Pero también resulta difícil ignorar el hecho de que muy pocos de los proyectos que ha financiado la agencia del Departamento de Energía de Estados Unidos, creada hace seis años, han tenido un impacto comercial. Y con la escasez de financiación de capital riesgo para start-ups energéticas, merece la pena preguntar: ¿debería el gobierno hacer más por ayudar a comercializar tecnologías energéticas transformadoras?

Está claro que el presidente Obama cree que sí. Su última solicitud presupuestaria para el Departamento de Energía incluye un aumento del 21% para 2017 de la financiación de iniciativas de I+D. Eso incluye un aumento del 20% de la financiación de ARPA-E, encargada de identificar e invertir tecnologías prometedoras de fase temprana. Obama también propuso un llamado "Fideicomiso ARPA-E" para desarrollar "resultados preparados para inversiones a mayor escala" que empezará con 150 millones de dólares (unos 138 millones de euros) de financiación durante el año fiscal de 2017 y proporcionará a ARPA-E 1.850 millones de dólares (unos 1.703 millones de euros) a lo largo de cinco años.


Foto: La directora de ARPA-E, Ellen Willams, pronunció las palabras de apertura de la Cumbre de Innovación ARPA-E. Crédito: ARPA-E.

Aún no está claro exactamente cómo se emplearía el dinero adicional si se aprobaran las solicitudes del presidente. Pero las nuevas propuestas reflejan el compromiso de Obama con la recién lanzada Misión Innovación, un esfuerzo conjunto de 20 países por "revitalizar y acelerar la innovación global de energías limpias", que el grupo afirma que no está avanzando lo suficientemente rápido.

Algunos inversores de riesgo que han asistido a la cumbre de ARPA-E están de acuerdo en que la agencia, que generalmente adjudica subvenciones de varios millones de dólares y tres años de duración, juega un papel crítico en el desarrollo de conceptos surgidos en el laboratorio que podrían tener un importante impacto, pero que normalmente no recibirían financiación. También ha entregado con éxito parte de esos proyectos al sector privado. Ellen Williams, la directora de ARPA-E, presumió durante su ponencia de que 45 proyectos han recaudado 1.250 millones de dólares (unos 1.150 millones de euros) de financiación privada en fases posteriores. Pero tenga en cuenta que ARPA-E ha invertido un total de 1.300 millones de dólares (unos 1.200 millones de euros) en 475 proyectos.

Comercializar tecnologías energéticas es un emprendimiento largo y caro. Una subvención de ARPA-E no basta, y la financiación del sector privado a menudo se queda corta. En Estados Unidos, se ha demostrado que el modelo convencional de capital riesgo simplemente no funciona para el sector energético como lo hace para el software o incluso la biotecnología.

El problema no es que los inversores no tengan apetito para tecnologías energéticas bajas en carbono, explica Vijit Sabnis, un socio de  Khosla Ventures, sino que para las tecnologías energéticas, "el período de incubación tiende a ser más largo y arduo" que para otras financiadas por capital riesgo. El horizonte cronológico para el típico fondo de capital riesgo a menudo es demasiado corto para las tecnologías energéticas. Además, los grandes actores energéticos tienden a ser adversos a los riesgos y rara vez adquieren una start-up. Como resultado, las start-ups energéticas respaldadas por inversores de capital riesgo a menudo logran unas capacidades de producción a escala de piloto pero después tienen dificultades para lograr la financiación para alcanzar una escala comercial. Sabnis dice que necesitan un nuevo mecanismo de financiación que se aplique "después del capital riesgo".

Cuando se creó ARPA-E en 2009, se creía que las garantías de prestamos emitidas por el gobierno podrían asumir ese rol. Entonces una serie de sonoros fracasos, incluido el derrumbe de la start-up solar Solyndra, dejaron vulnerable al programa de garantías de prestamos y sumido en la controversia política. El gobierno dio marcha atrás.

Hoy, una opción popular para las start-ups consiste en unir fuerzas con una gran empresa energética que busque realizar una inversión estratégica. Otras empresas, como la empresa solar 1366 respaldada por ARPA-E, han salido al extranjero para buscar financiación en países como China, donde existe una mayor necesidad y deseo de desplegar nuevas tecnologías energéticas.

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