Biomedicina
TR35 Spain 2011: Innovador Solidario del Año
Teresa Gonzalo, premio 'TR35 Spain' al Innovador Solidario de 2011, ha fundado una empresa con la que busca materializar el potencial de las nanopartículas para frenar el contagio del VIH en zonas pobres.
- jueves, 27 de octubre de 2011
- Por Elena Zafra (Opinno)
Hay lugares del mundo donde una mujer no puede negociar el uso de un preservativo. Es fácil imaginar su enorme vulnerabilidad ante una infección por VIH y entender por qué el sida se ha consolidado como una enfermedad prevalente en los países en vías de desarrollo. Que el 80 por ciento de las nuevas infecciones se produzcan por vía sexual habla alto y claro de la necesidad de desarrollar métodos preventivos para hacer frente a este reto en materia de salud pública.
Javier García Martínez, premio TR35 Global en 2007, entrega el premio a Teresa Gonzalo.
Fuente: Miguel Fernández Castro
Pero tan crucial como encontrar una forma eficaz de protección es asegurarse de que la mujer pueda manejarlo sin necesitar el permiso de su pareja. Detener la expansión del virus podría estar a su alcance gracias a unas pequeñas moléculas incorporadas a un microbicida vaginal de uso tópico. Esas moléculas poliméricas llamadas dendrímeros son las que Teresa Gonzalo, investigadora y doctora europea en Biomedicina, usa desde hace cuatro años en su lucha por combatir el sida, trabajo que le ha valido ser reconocida con el premio TR35 Spain al Innovador Solidario en esta edición de 2011.
Teresa, experta en terapias selectivas que utilizan nanopartículas, comenzó sus estudios en sistemas de vehiculación de fármacos y nanotecnología con fines terapéuticos luchando contra otros adversarios. Durante su etapa doctoral en la Universidad de Groningen (Holanda), su objetivo era que las células hepáticas estrelladas, cuya proliferación provoca la atrofia del hígado, retuviesen los medicamentos que se utilizan para su tratamiento.
Teresa diseñó y sintetizó un diminuto constructo celular específico que transportaba fármacos de diversos tipos hasta donde eran necesarios, y sólo hasta allí. “Modificamos con azúcar una proteína -la albumina- y le unimos un medicamento usando un linker”, explica Gonzalo. “Gracias a él logramos agrupar fármacos que con la química tradicional no podíamos juntar -como la pentoxifilina, que influye en revertir el proceso fibrótico del hígado- y logramos aumentar su dosis en el tejido de manera selectiva, discriminando las células que estaban enfermas de las que no”.
Tras las pruebas farmacológicas in vitro y el testeo de su eficiencia in vivo en modelos experimentales con animales, los resultados no pudieron ser más esperanzadores. “Inyectamos el compuesto en ratas con daño hepático crónico y observamos una importante regresión del proceso degenerativo del hígado”, prosigue Gonzalo.
No tardó en aparecer una empresa interesada en su desarrollo clínico, Kreatech, que licenció la patente de estos dendrímeros e inició una carrera de obstáculos normativos que hasta ahora han impedido el comienzo de las pruebas en humanos. “Las agencias ponen muchas trabas a la hora de autorizar ensayos con compuestos de tengan varias partes”, indica Gonzalo. “Hay que evaluar los efectos de la proteína sola, luego del linker…y en los test que hacen, la exigencia es muy elevada”.
Teresa tendría ocasión de comprobar cómo también en el ámbito del cáncer la nanoingeniería de fármacos se topa con frecuencia con este tipo de trabas regulatorias, un aspecto que nunca la ha desanimado. Durante su periodo postdoctoral en la Universidad de Santiago de Compostela, en el que colaboró con la farmacéutica PharmaMar y el Hospital Clínic de Barcelona, su equipo desarrolló unas nanocápsulas poliméricas, biodegradables y biocompatibles, para agrupar fármacos como la alpidina, un compuesto que presentaba un buen perfil de actuación contra las células cancerosas pero que tenía graves efectos secundarios en las sanas.
Sus cápsulas disponían de un añadido de polietilenglicol gracias al que eludían el sistema de defensa del bazo, lo que aumentaba su biodisponibilidad en sangre y, por tanto, su efectividad. “El futuro paciente sufriría menos porque necesitaría menos cantidad de fármaco inyectado”, explica la investigadora antes de mencionar otra de las ventajas de su compuesto: puede usarse para vehicular tanto este fármaco como otros antitumorales con las mismas ventajas de disminución de efectos secundarios.
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