Negocios

Business Impact: Por qué a los editores no les gustan las aplicaciones

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  • Jueves, 10 de mayo de 2012
  • Por Jason Pontin
  • Traducido por Lía Moya (Opinno)

Además hubo otras dificultades. Resultó que no era tan sencillo adaptar las publicaciones impresas a aplicaciones. Gran parte del problema era la proporción de las tabletas: se pueden usar tanto horizontal como verticalmente, dependiendo de cómo las sujete el usuario. Además, las pantallas de los teléfonos inteligentes eran mucho más pequeñas que las de las tabletas. Muchos editores acabaron produciendo seis versiones diferentes de su producto editorial, algo ridículo: una publicación impresa, una copia digital convencional para navegadores y software patentado, una copia digital para ver horizontalmente en las tabletas, algo que no era exactamente una copia digital para ver verticalmente en tabletas, una especie de apaño para los teléfonos inteligentes y páginas HTML normales para sus páginas web. El desarrollo del software de las aplicaciones resultó ser mucho más difícil de lo previsto por los editores, porque tenían contratados a desarrolladores web que conocían tecnologías como HTML, CSS y JavaScript. Los editores quedaron asombrados al saber que las aplicaciones para iPad eran auténticas aplicaciones, aunque fueran pequeñas, escritas principalmente en un lenguaje llamado Objective C, que nadie en sus departamentos de desarrollo web conocía. Los editores reaccionaron subcontratando el desarrollo de las aplicaciones, algo costoso en términos de tiempo y de dinero y que no entraba dentro del presupuesto inicial.

Pero el verdadero problema de las aplicaciones era más profundo. Cuando la gente lee noticias y reportajes en medios electrónicos, esperan que las historias tengan la enlazabilidad de la Web, pero las historias en sus aplicaciones no tenían enlaces. Las aplicaciones eran, usando la jerga de la tecnología de la información, “jardines cerrados”. Y aunque a veces eran preciosos, eran jardines pequeños y asfixiantes. Para los lectores, esa belleza no superaba la extrañeza y frustración de leer medios digitales aislados de otros medios digitales.

Sin suscriptores o muchos compradores de copias únicas y sin público que vender a los anunciantes, no hubo ingresos para compensar el coste de desarrollo de las aplicaciones. Salvo un par de excepciones, a los editores las aplicaciones les salieron rana. La excepción que se suele mencionar es la de Condé Nast, que consiguió aumentar las ventas digitales en un 268 por ciento después de que Apple introdujera una aplicación para iPad llamada Newsstand que promociona las ediciones para iPad de esta editorial neoyorquina. Aún así, un crecimiento del 268 por ciento quizá no suponga demasiado dentro de las cifras globales. El negocio digital para Condé Nast es pequeño. Wired, por ejemplo, que es la revista más digital de las cabeceras de Condé Nast tiene 33.237 suscripciones a su copia digital, lo que representa solo un 4,1 por ciento de la circulación total, y 7.004 ventas de copias únicas digitales, el 0,8 por ciento de la circulación pagada, según ABC.

En la actualidad, la mayoría de los propietarios de aparatos móviles leen las noticias y reportajes en las páginas web de los editores, que suelen estar codificadas para adaptarse a pantallas más pequeñas. O, si se da el caso de que usan aplicaciones, éstas suelen ser lectores de RSS con pretensiones, como el Amazon Kindle, Google Reader, Flipboard, y las aplicaciones de periódicos como The Guardian, que cogen el contenido de los sitios del editor. Una encuesta reciente llevada a cabo por Nielsen informaba de que a pesar de que el 33 por ciento de los usuarios de tabletas y teléfonos inteligentes había descargado nuevas aplicaciones en los últimos 30 días, solo un 19 por ciento de los mismos habían pagado por alguna de ellas. La aplicación de pago creada por los editores con grandes esfuerzos y su extravagantemente producida copia digital han muerto.  

En este caso la historia reciente del Financial Times es aleccionadora. En junio del año pasado la empresa retiró su aplicación para iPad y para iPhone de la tienda de iTunes y lanzó una nueva versión de su página web, reescrita en HTML5, que optimiza su sitio para el aparato que use el lector y proporciona muchas características y funciones que son como las de una aplicación. Durante algunos meses el Financial Times siguió teniendo la aplicación, pero el 1 de mayo pasado el periódico decidió cargársela del todo.

¿Y Technology Review? Vendimos 353 suscripciones a través del iPad. Nunca descubrimos cómo evitar la necesidad de diseñar versiones tanto horizontales como verticales de la revista para la aplicación. Malgastamos 124.00 dólares (unos 99.000 euros) en subcontratar desarrollo de software. Nos peleamos entre nosotros y hubo quien dejó la empresa. Hubo un desgaste incalculable de los ánimos. Yo odié cada segundo de nuestro experimento con las aplicaciones porque intentaba imponer algo cerrado, viejo y ligado a la impresión en papel a algo abierto, nuevo y digital.

En otoño del año pasado pasamos todo el contenido de nuestras aplicaciones, incluyendo la revista, a un sencillo lector RSS en un flujo de noticias. Nos deshicimos de la copia digital. Ahora estamos rediseñando Technologyreview.com, donde todo el contenido es gratuito y seguiremos al Financial Times al usar HTML5 para que el lector vea las páginas web optimizadas para cualquier aparato, ya sea un ordenador portátil o de sobremesa, una tableta o un teléfono inteligente. En ese momento, mataremos nuestras aplicaciones también.

Jason Pontin es director de Technology Review.

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