Negocios

Business Impact: La economía avatar

¿Serán los trabajadores remotos el cerebro de los robots del futuro?

  • Miércoles, 25 de julio de 2012
  • Por Matt Beane
  • Traducido por Lía Moya (Opinno)

En la economía estadounidense, la mayoría de los trabajos más resistentes a la automatización son aquellos con menor valor económico. Piensa en la diversidad de tareas, terrenos impredecibles y herramientas especializadas a las que se enfrenta un jardinero cada día. No existe ningún robot lo suficientemente inteligente para llevar a cabo este trabajo por el que se pagan 8 dólares la hora (unos 6,5 euros).

¿Y un robot controlado a distancia por mano de obra barata residente en el extranjero?

Hollywood ha estado imaginando las tecnologías que necesitaríamos. Jake Sully, el protagonista en silla de ruedas de Avatar, la película dirigida por James Cameron, se pone a trabajar para salvar un planeta lejano a través de una conexión inalámbrica con un cuerpo remoto. Interactúa con otros, aprende nuevas habilidades e incluso se casa mientras su cuerpo 'real' está tumbado en una cápsula a kilómetros de distancia.

Varios elementos de esta escena ya no son ciencia ficción. Ya hay empresas que fabrican y venden robots (incluyendo el VGo, el Ava de iRobot, y el Texai de Willow Garage) que permiten a los usuarios navegar a través de un entorno laboral remoto, interactuando mediante una pantalla de ordenador. Por ahora estos sistemas tienen una funcionalidad limitada (hay quien los llama “Skype sobre ruedas”) y se han usado sobre todo para resolver problemas de alto valor en los que se ven involucrados expertos con salarios elevados. El RP-7 de InTouch Health, por ejemplo, fue diseñado para que los médicos pudieran diagnosticar a distancia a pacientes con riesgo de infarto, puesto que los hospitales más pequeños no se pueden permitir tener a un neurólogo contratado.

La siguiente ola de robots promete muchas más capacidades por dólar de inversión. Las prestaciones del robot de VGo no se pueden comparar con la funcionalidad del RP-7, pero con un precio de 6.000 dólares (unos 4.800 euros), ya cuesta la doceava parte de aquél. Además, hace poco DARPA lanzó un reto robótico que incluye una serie compleja de tareas que debe llevar a cabo un robot humanoide semiautónomo controlado a distancia, como conducir, caminar entre escombros o sustituir una válvula.

El progreso hacia la 'avatarización' de la economía se ha visto limitado por dos factores técnicos que no tienen nada que ver con la robótica: la velocidad de las conexiones a Internet y el retardo de la señal en la comunicación a larga distancia. Conectar a un trabajador tailandés con un avatar robótico en Japón con la suficiente calidad de señal para poder llevar a cabo labores no rutinarias puede resultar más difícil que diseñar un chasis robótico barato con sus correspondientes sistemas de control.

¿Qué ancho de banda hace falta? Una conexión 'perfecta' (el equivalente a estar presente) para un sistema de telepresencia robótica debe suministrar una señal de 160 megabits por segundo. Además, en teoría, la distancia entre el robot y el trabajador no debería superar los 3.000 kilómetros: si la distancia es mayor, al operador podría confundirle el retardo de las señales en su camino de ida y vuelta. Sin embargo, siendo realistas, los 'trabajadores avatar' podrían ser bedeles o médicos eficaces aún estando más lejos y con una fidelidad de señal más débil. El VGo funciona con la red 4G de Verizon, por ejemplo, y el centro de control de vehículos aéreos no tripulados del Ejército de Estados Unidos está en Italia, a 4.300 kilómetros de Afganistán.



Grandes objetivos: Es posible que algún día la mano de obra barata opere robots desde otros países. Aquí se muestra un radio de acción de 3.000 kilómetros para varios centros de producción. A distancias mayores, los retardos de la señal dificultarían la labor de control de los robots.

Los usuarios de alta gama en las principales ciudades estadounidenses y europeas llegarán a los 160 megabits por segundo entre 2014 y 2015 si se mantiene la tendencia actual. Los trabajadores avatar no les van demasiado a la zaga. México, China, Polonia y Tailandia han sumado 26,4 millones de usuarios nuevos de Internet de banda ancha en los últimos 12 meses. Estos países tienen costes de mano de obra relativamente bajos y están cerca de países más desarrollados. Más de la mitad de los estados de Estados Unidos están a menos de 3.000 kilómetros de la frontera mexicana. Si también tenemos en cuenta a los trabajadores de la República Dominicana, solo Alaska y la parte más septentrional de Maine quedan fuera de ese alcance.

La telepresencia significa que, en teoría, 10, 100 o 1.000 veces más trabajadores podrían competir (virtualmente) por el mismo trabajo. Por mal que se pongan las cosas en Madrid o Houston, un trabajador avatar en otro lugar podría vender su trabajo por menos. La misma lógica de externalización se aplica a muchos trabajos bien pagados que dependen de la presencia física y de las habilidades motoras, incluyendo el trabajo de los cardiólogos y los maquinistas.

Las oleadas previas de externalización deberían recordarnos que los obstáculos legales, políticos y sociales para una economía basada en los avatares pueden ser mayores que los obstáculos técnicos. ¿Cómo cambiará el sentido del trabajo si un trabajador remoto diferente cada día controlara un robot jardinero? ¿O cuando un solo conductor supervisara 50 taxis prácticamente autónomos? ¿Qué trabajo y cuánto trabajo quedará en las zonas donde los salarios y el coste de la vivienda son los más elevados?

Externalizar el trabajo físico podría suponer importantes ganancias económicas, pero también causaría problemas. En contraste con la película de Cameron, la película independiente de Alex Rivera Sleep Dealers ofrece una visión más lúgubre de la economía avatar: el protagonista mexicano acude al mercado negro para someterse a una arriesgada implantación quirúrgica de 'nódulos' de realidad virtual que le sirven de interfaz para interactuar con trabajadores robot en Estados Unidos.

Creo que la externalización de los trabajos no rutinarios mediante la telepresencia robótica podrá darse a gran escala dentro de una década. Tomémonos el tiempo de gestionar la economía avatar con cabeza ahora que aún es incipiente.

Matt Bean es doctorando en tecnología de la información en la escuela de empresariales Sloan del Instituto de Tecnológico de Massachusetts (MIT), en EE.UU., donde estudia los efectos de la telepresencia robótica y la inteligencia artificial sobre el trabajo.

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