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innovadores menores de 35

Enrique Lomnitz, 30

Sistema de captación de agua de lluvia para zonas urbanas de bajos recursos

Isla Urbana

Enrique Lomnitz

"Las ciudades inteligentes no son solo aplicaciones para iPhone, también pueden ser tecnologías menos complejas pero útiles y diseñadas inteligentemente", asegura Enrique Lomnitz, creador y diseminador de una de estas tecnologías más prácticas que sofisticadas: un sencillo captador de lluvia que se adapta a la forma de las viviendas mexicanas. No obstante, al margen de lo novedoso del aparato, las palabras de Lomnitz se refieren a la necesidad de un cambio más profundo. "Lo importante es usar la captación de lluvia para generar un sistema de agua sustentable paralelo al convencional", explica.

Para este joven de solo 30 años, los 1.200 captadores de lluvia que ya ha instalado su empresa Isla Urbana en México DF son solo un primer paso hacia una ciudad "integrada con sus ciclos hidrológicos" que solo existirá si muchas más tecnologías como la suya llegan a todos los hogares. Según explica, motivar a las personas a dotarse de abastecimiento alternativo es una forma eficaz de afrontar una cruda paradoja: en una ciudad con lluvias torrenciales 5 meses al año, un tercio de sus habitantes no tienen suministro constante de agua, especialmente en los barrios más pobres. "Existe un problema de falta de abasto suficiente que obliga a esta gente a dedicar cantidades de tiempo y dinero desorbitadas a obtener agua", asegura.

Lomnitz, licenciado en diseño industrial por la Escuela de Diseño de Rhode Island, en Estados Unidos, decidió muy pronto que quería trabajar con comunidades de bajos recursos, "un colectivo crónicamente ignorado por los diseñadores". Para ello fundó en 2009 Isla Urbana y comenzó a probar sus sistemas de captación y separación de aguas de lluvia en las zonas altas de DF, donde el contraste entre escasez e inundaciones afecta a familias que "no pueden pedir un crédito y apenas tienen ahorros". Allí, explica Lomnitz, descubrió la peculiar idiosincrasia de estos barrios que crecen "como arrecifes de coral" empujados por la solidaridad vecinal, sumando aceras, muros o estancias anexas a las precarias viviendas cuando alguien "lograba juntar unos pesos para comprar un puñado más de ladrillos".

No obstante, pese a lo informal de su planificación, este joven pudo observar cómo la infraestructura de estos barrio -desde la pavimentación de las calles hasta el alumbrado- había ido mejorando paulatinamente. Con una excepción: el acceso al agua. "Nos fijamos en que 15 años atrás las casas tenían agua tres o cuatro días en semana, ahora, solamente uno: era el único proceso que estaba empeorando", recuerda Lomnitz.

Este problema, motivado por la sobreexplotación de las fuentes de las que se abastece la ciudad y la debilidad de la red general que pierde un 30 por ciento del agua en fugas, podría paliarse aprovechando una parte de la que cae del cielo. En este sentido, Isla Urbana contaba con una gran ventaja: los 2 millones de cisternas que los ciudadanos -acostumbrado a los cortes de suministro- se habían encargado de construir en sus casas. Con ello en mente, Lomnitz concibió una tecnología fácil de adaptar a la infraestructura existente, un sistema de captación barato, resistente y de manejo sencillo gracias al que la lluvia podría llenar estas cisternas en lugar de inundar la ciudad y correr por las alcantarillas.

Así nació el Tlaloque, un aparato de polietileno de un metro y medio de alto por 0,4 de ancho que capta las lluvias que caen sobre el tejado y separa las más sucias -las primeras, que arrastran la suciedad acumulada- de las limpias, que canaliza a una cisterna para ser empleadas en diferentes usos domésticos.

Hasta ese momento no existía un sistema así en el mercado mexicano e Isla Urbana inició un proceso de sensibilización para que su utilización se extendiera cada vez más. Según Lomnitz, su objetivo no es instalar millones de tlaloques iguales a su modelo de utilidad registrado, sino que la adopción de sistemas similares "crezca de forma orgánica" y las comunidades empiecen a construir los suyos propios.

Con este propósito, Isla Urbana trabaja con las familias explicando el funcionamiento y mantenimiento de estos sistemas, forma a fontaneros locales y colabora con líderes de las comunidades, ONG y universidades para mejorar sus diseños. "A veces cuando instalamos un sistema y volvemos dos meses después vemos que han aparecido otros en viviendas de alrededor, como copias piratas hechas por ellos mismos, y es justo lo que pretendemos", asegura Lomnitz.

Según este joven, su sistema de captación de aguas puede durar "de 10 a 20 años" y el mantenimiento se reduce a cambiar los filtros -convencionales y disponibles en varias tiendas de la zona- cada seis meses. El Tlaloque completo e instalado cuesta 6.500 pesos (unos 350 euros), 12.000 (760 euros) si hay que poner también una cisterna. Como estas cifras suponen una inversión inasumible para algunas familias, Isla Urbana vende directamente a usuarios de clase media y alta y obtiene subvenciones de gobiernos locales, fundaciones y empresas para ofrecer sistemas de forma gratuita en casas de bajos recursos. Más de 800 de ellos fueron instalados con el apoyo de la Delegación Tlalpan, que subsidia todo el coste de los mismos para personas en situación de pobreza crónica.

Actualmente, Isla Urbana trabaja con la organización de micropréstamos Kiva para ofrecer a las familias la posibilidad de pedir un crédito sin interés para afrontar la inversión en estos sistemas. Según la empresa, que realizó un estudio de la adopción junto a Ingenieros Sin Fronteras, el 90 por ciento de los beneficiarios hace un uso correcto del Tlaloque una vez instalado.

En opinión de Pere Mayol de Tord, socio de la firma de capital riesgo Summit Venturing y miembro del jurado de los premios MIT Technology Review Innovadores menores de 35 México, Lomnitz "ha logrado compaginar el bien social con el bien económico y avanzar en su emprendimiento exitosamente" y está innovando y logrando encajar "algo tan aparentemente sencillo como la captación de aguas en algo tan complejo como una ciudad". - Elena Zafra

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