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Cómo evitar que le espíen a pesar de su vicio de contarlo todo en las redes sociales

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Los datos de Twitter están ahí, al alcance de cualquiera, y también las actualizaciones públicas de Facebook. Y algunas empresas y organismos ya se están aprovechando de ello para vigilarnos

  • por Jamie Condliffe | traducido por Teresa Woods
  • 02 Diciembre, 2016

Facebook, Twitter e Instagram proporcionaron datos a la policía de Ferguson y Baltimore (ambas ciudades de EEUU). Y estos datos fueron utilizados para rastrear a minorías, según una investigación de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés). Este tipo de espionaje va a ser cada vez más difícil de evitar si no cambiamos nuestra forma de usar las redes sociales.

La investigación revela que las empresas empaquetaron y proporcionaron información de actualizaciones públicas a una empresa llamada Geofeedia. Instagram le proporcionó acceso a una API que le permitía visualizar todas las actualizaciones públicas, inlcuidos los datos de ubicación; Facebook proporcionó acceso a su llamado Topic Feed API, que proporciona canales de actualizaciones públicas destacadas clasificadas por temas; y Twitter dio acceso a su base de datos consultable de tuits públicos.

Geofeedia se ha hecho famosa por analizar este tipo de contenidos digitales para proporcionar informaciones de vigilancia a las agencias de seguridad, y afirma tener al menos 500 clientes. Y parece haberse centrado en los activistas de color. En una cadena de correos electrónicos con un potencial cliente policíaco, un representante de Geofeedia se jactó de que la empresa había "cubierto Ferguson/Mike Brown a nivel nacional con gran éxito".

En declaraciones a The Washington Post, el portavoz de la ACLU Nicole Ozer explicó que lo consideran inaceptable:

"Estas plataformas deben hacer más para proteger los derechos de libertad de expresión de los activistas de color y dejar de favorecer que sean vigilados por la policía. La ACLU no debería tener que informar a Facebook o Twitter sobre las prácticas de sus propios desarrolladores. Las empresas han de establecer fuertes políticas públicas y robustos procedimientos de auditoría para asegurarse de que sus plataformas no sean empleadas para realizar una vigilancia discriminatoria".

Por su parte, todas estas empresas han cortado, o al menos modificado, su suministro de datos a Geofeedia desde la publicación de esta investigación.

Pero lo que resulta especialmente desconcertante del informe es que gran parte de estos datos ya son públicos y, al menos en teoría, accesibles para Geofeedia, aunque le costaría más conseguirlos sin la colaboración de las redes sociales y violaría los términos de servicio de las redes sociales si son "minados". Pero si alguien necesita esos datos, desde luego son accesibles, y algunos incluso podrían estar dispuestos a burlar tales restricciones.

La noticia, entonces, es un recordatorio de cómo todos nosotros damos lugar a una sociedad bajo vigilancia, y lo hacemos simplemente al elegir utilizar redes sociales. Por supuesto, el fisgoneo digital ha sido un problema desde que empezamos a digitalizar nuestras vidas. Pero a medida que la gente comparte sus vidas en internet, se vuelve más fácil mantener un ojo vigilante puesto en lo que hace el mundo.

Existen soluciones para este problema. Una consiste en mantener las cuentas de redes sociales bloqueadas para que los datos no puedan ser leídos por otros, y después asegurarnos de que las redes sociales no los compartan. Pero mientras que eso podría funcionar para, digamos, Facebook, donde los individuos a menudo no están dispuestos a que cualquiera se tope con sus fotos de borrachera, es menos probable que funcione para Twitter, donde parte del encanto es la naturaleza abierta de las comunicaciones.

Tal vez sería mejor alejarnos gradualmente de las redes sociales. Si lográramos hacerlo, aunque sea un poco, su poder de espionaje quizás podría verse disminuido. Es algo que quiere hacer el exempleado de Google Tristan Harris, aunque no por preocupaciones de privacidad: le interesa sentirse menos pegado su smartphone en general, como informa el Atlantic. Pero su idea radical de impedir que el software resulte tan adictivo, mediante la introducción de nuevos criterios, estándares y hasta un juramiento hipocrático para los diseñadores de software, podría servir para reducir nuestra dependencia de las redes sociales.

Parece que nos podría hacer falta, y mejor eso que tener que despedirse sin más del pajarito de Twitter.

(Para saber más: ACLU, el Washington Post, el Atlantic)

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