Las aguas residuales suponen un problema doble. El riesgo sísmico creciente en estas zonas donde antes no se producían afecta a siete millones de personas, según la entidad. Tales temblores normalmente son pequeños, pero los terremotos provocados por el hombre han llegado a registrar magnitudes de hasta 5,6 grados en la escala Richter.
Y ahí es donde entra el agua. Extraer petróleo o gas mediante una técnica conocida como fractura hidráulica, o fracking, requiere el bombeo de grandes cantidades de agua bajo tierra a alta presión para romper la piedra. Cuando el agua vuelve a subir, está repleta de productos químicos utilizados en el proceso además de las propias sales y metales pesados que desprenden las rocas. (Además de la fractura hidráulica, la extracción tradicional de petróleo también libera aguas sucias). La mayor parte de ese agua se bombea después hacia zonas subterráneas.
Pero no tiene por qué ser así. Cada vez hay más alte ativas, incluidas la desalinización por membrana y el tratamiento por ozono, que podrían rehabilitar el agua para un segundo uso. Y un equipo de investigación está intentando perfeccionar un proceso de desalinización a gran escala que consume relativamente poca energía.
Estos procesos son más caros que enviar el agua residual directamente a un pozo de desechos, pero los costes no son tan altos cuando se consideran los efectos negativos de la contaminación y los terremotos. El precio resulta más asequible también cuando se elimina el uso de agua limpia desde el inicio del proceso.
Mientras tanto, el riesgo sigue aumentando. En la zona de Dallas-Fort Worth en Tejas en particular, según la USGS, las posibilidades de un terremoto provocado por el hombre han aumentado de forma drástica desde 2014, y un terremoto importante podría causar hasta 9.500 millones de dólares (unos 8.400 millones de euros) en daños.
(Para saber más: USGS, Washington Post, Una forma de resolver el sucio problema de la fracturación hidráulica, Cómo limpiar el agua más contaminada de la industria petrolífera)
