El mundo actual está inmerso en una constante transformación tecnológica. La velocidad con la que emergen nuevas soluciones tecnológicas genera nuevas oportunidades para las empresas y la sociedad. En este contexto, los avances tecnológicos representan un facilitador para abordar los retos planteados en la sociedad, y el sector eléctrico es un ejemplo claro de ello.
La transición energética y la digitalización del sistema eléctrico están impulsando una profunda evolución de las redes eléctricas y de la forma en que se opera el sistema eléctrico. La integración masiva de energías renovables, la electrificación de sectores como el transporte o la industria y el crecimiento de la demanda de electricidad requieren de una evolución del sistema eléctrico, tanto en el desarrollo y la gestión de sus infraestructuras, como en la operación del sistema en su conjunto. Este desafío se refleja también en el informe Electricity 2026 de la Agencia Inte acional de la Energía, que identifica el desarrollo de redes eléctricas como uno de los principales retos para integrar renovables y garantizar la estabilidad del sistema.
El propio informe subraya que la demanda global de electricidad crecerá un 3,6% anual entre 2026 y 2030, impulsada por la industria, los vehículos eléctricos, la climatización y los centros de datos, lo que refuerza la presión estructural sobre las redes. En paralelo, el análisis señala que este periodo incorporará, de media, un 50% más de demanda eléctrica por año que en la última década, lo que evidencia la aceleración del ritmo de crecimiento y la magnitud del desafío al que se enfrentan las redes eléctricas a escala global.
En este sentido, varias tendencias tecnológicas comienzan a consolidarse y marcarán la evolución del sistema eléctrico durante los próximos años.
Una de las transformaciones más visibles será el desarrollo de nuevas infraestructuras eléctricas. La integración de fuentes de energía renovables y la electrificación está impulsando tecnologías para el transporte y control de la electricidad. Entre ellas destacan los dispositivos basados en electrónica de potencia con capacidades de control avanzadas para mejorar la operación y la estabilidad del sistema. Al mismo tiempo, el crecimiento de la energía eólica offshore está promoviendo innovaciones como subestaciones flotantes para el transporte de electricidad en ento os marinos. A ello se suman avances en cables eléctricos de alta tensión tanto de corriente continua como de corriente alte a, diseñados para operar a mayores distancias, mayores profundidades marinas y con prestaciones avanzadas. También veremos avances en el desarrollo y despliegue de soluciones destinadas a aumentar la capacidad de transporte de las líneas eléctricas, tales como conductores aéreos con prestaciones avanzadas (capaces de soportar mayores temperaturas y tener baja flecha), nuevos recubrimientos de conductores que permiten incrementar su capacidad y reducir pérdidas, y el despliegue masivo de soluciones de DLR. Otra tendencia clave será la necesidad de dotar al sistema eléctrico de mayor flexibilidad y robustez para operar con una elevada penetración de energías renovables no gestionables, tales como la eólica o la fotovoltaica. El despliegue de nuevas tecnologías de almacenamiento energético y sus sistemas de control asociados contribuirán a la aportación de servicios de apoyo al sistema eléctrico y a equilibrar generación y demanda en tiempo real. En paralelo, los convertidores con capacidad de operación grid-forming desempeñarán un papel cada vez más relevante para reforzar la estabilidad del sistema en redes dominadas por generación renovable.
A estas innovaciones se suman herramientas avanzadas para la planificación y simulación del sistema eléctrico, desarrollos que se verán favorecidos por el avance de la inteligencia artificial y las técnicas avanzadas de computación. Los gemelos digitales, por ejemplo, evolucionarán para recrear infraestructuras y escenarios operativos cada vez más complejos para evaluar decisiones antes de aplicarlas en la red real. Del mismo modo, las técnicas de predicción de generación y demanda basadas en inteligencia artificial contribuirán a optimizar la gestión del sistema. A ello hay que sumar los modelos predictivos de fenómenos naturales y eventos eléctricos que permitirán un diseño y operación más resiliente del sistema eléctrico en su conjunto y con mejores capacidades de respuesta frente a situaciones complejas.
La digitalización también transformará profundamente la monitorización y gestión de los activos eléctricos y en general del sistema eléctrico. Las redes del futuro incorporarán una sensorización cada vez más extensa, con equipos capaces de medir en tiempo real variables críticas del sistema. Tecnologías como la sensorización distribuida mediante fibra óptica permitirán obtener información detallada sobre el estado de líneas e infraestructuras, mientras que las plataformas de monitorización apoyadas en edge computing facilitarán la supervisión de infraestructuras críticas con mayor rapidez y precisión. A estas capacidades se sumarán algoritmos de inteligencia artificial capaces de detectar anomalías, optimizar la operación del sistema y mejorar la gestión de activos. La virtualización de equipos en subestaciones proporcionará nuevas posibilidades para aplicaciones de monitorización, control y protección, mientras que los gemelos digitales permitirán analizar infraestructuras críticas y anticipar fallos.
Los avances tecnológicos también impactarán en los procesos de ingeniería y construcción de infraestructuras eléctricas. La automatización mediante robots avanzados permitirá realizar tareas de inspección y supervisión con mayor seguridad y eficiencia. Paralelamente, el uso de metodologías digitales como el modelado BIM o la ingeniería parametrizada facilitará el desarrollo de proyectos de una forma más optimizada desde su fase de diseño. La inteligencia artificial comenzará asimismo a integrarse en procesos de planificación, ingeniería y seguimiento de proyectos, contribuyendo a mejorar la toma de decisiones y reducir tiempos de ejecución.
La sostenibilidad es otro eje central de innovación. Los nuevos equipos y soluciones tecnológicas estarán cada vez más orientados a reducir la huella de carbono y minimizar los impactos ambientales. En este ámbito destacan el desarrollo de alte ativas al gas SF6 —tradicionalmente utilizado en equipos eléctricos, pero con elevado potencial de calentamiento global— y el diseño de infraestructuras y sistemas más sostenibles teniendo en cuenta su ciclo de vida completo.
Por último, la ciberseguridad se consolidará como un elemento imprescindible para garantizar la fiabilidad del sistema eléctrico. La creciente digitalización de las redes y la proliferación de recursos energéticos distribuidos amplían la exposición a posibles amenazas. En respuesta, se están desarrollando soluciones basadas en inteligencia artificial capaces de detectar anomalías en el tráfico de datos, identificar comportamientos anómalos en activos eléctricos o prevenir ataques de manipulación de información. Asimismo, las nuevas herramientas permitirán mejorar las capacidades de detección temprana, contención y recuperación rápida para minimizar cualquier impacto en el suministro eléctrico.
Estas tendencias reflejan un sector eléctrico inmerso en una profunda transformación. Las nuevas tecnologías no solo facilitan la transición energética y la digitalización del sistema, sino que también están redefiniendo cómo se diseñan y operan los sistemas eléctricos.
Alberto Escalera es Innovation Manager en Elewit

