Los populares fármacos para adelgazar podrían hacer algo más que ayudar a perder kilos. También podrían restar años.
Los gigantes farmacéuticos Eli Lilly y Novo Nordisk afirman que los pacientes que toman sus medicamentos envejecen más despacio, según las lecturas de los «relojes del envejecimiento» moleculares.
Estos relojes evalúan la edad biológica de una persona analizando los cambios en el ADN que se acumulan con el paso del tiempo o, en las versiones más recientes, monitorizando los niveles de proteínas clave.
Ambas compañías descubrieron que los pacientes con sobrepeso o diabetes que tomaban estos fármacos, denominados GLP-1, presentaban una menor edad biológica en comparación con quienes tomaban un placebo, aunque la diferencia variaba notablemente en función del tipo de reloj utilizado y del órgano analizado.
En general, la diferencia fue de alrededor de «dos a tres años», según Nikolaj Roed, director global de proyectos en Novo, quien afirma que la compañía ha estado observando una «mejora de la edad biológica en nuestros pacientes en distintos ensayos y en diferentes tejidos».
Los hallazgos se suman a las generalizadas especulaciones entre los científicos de que los fármacos GLP-1, como se les conoce, actúan sobre las causas fundamentales del envejecimiento y podrían ser un auténtico tratamiento para la longevidad.
«Dos años es un efecto bastante potente, en mi opinión», afirma Steve Horvath, profesor de la Universidad de California en Los Ángeles a quien se atribuye la invención de los relojes de envejecimiento. Horvath señala que los nuevos datos podrían aportar «pruebas de que estos fármacos GLP-1 son en realidad lo que se conoce como geroprotectores, medicamentos que ralentizan o posiblemente incluso revierten el envejecimiento biológico».
Las empresas compartieron sus hallazgos durante el fin de semana en Aging Research & Drug Discovery, una conferencia dedicada a buscar remedios científicos contra la vejez. Aunque esa búsqueda aún no ha cosechado ningún éxito concluyente, algunos científicos creen ahora que la semaglutida, el fármaco de Novo (comercializado bajo los nombres de Ozempic y Wegovy), está cerca de lograrlo.
«En una población no sana, sí creo que es un fármaco antienvejecimiento», afirma Vadim Gladyshev, biólogo de Harvard que colaboró con Novo en sus mediciones moleculares. «Pero en una población sana, nadie lo sabe».
Estos fármacos provocan la pérdida de peso al estimular un receptor, el GLP-1, que le indica a tu cerebro que no tienes hambre. Sin embargo, los estudios en el mundo real han demostrado beneficios mucho más amplios. Estos medicamentos mejoran la función renal, reducen la presión arterial e incluso disminuyen de forma drástica el riesgo general de muerte.
«Si la pregunta es: “¿Puede la semaglutida llegar a varias enfermedades relevantes para la esperanza de vida saludable y el envejecimiento?”, sabemos que podemos decir que la respuesta es sí», afirmó Alejandro Aguayo-Orozco, director científico sénior de Novo, el gigante farmacéutico danés, durante la reunión.
La siguiente pregunta a responder, señaló, es si tales efectos van acompañados de cambios en las medidas moleculares del envejecimiento biológico: «Cuando se interviene con semaglutida, ¿realmente se mueven los relojes en alguna dirección? Y la respuesta es sí».
La empresa descubrió que, con el tiempo, los fármacos provocan una ralentización generalizada de los relojes de envejecimiento —de hasta cuatro años en el caso de un reloj que analiza las proteínas cardíacas—. «Creo que está bastante claro que la edad del órgano está cambiando», afirmó Aguayo-Orozco.
Los estudios suponen también un gran impulso para la ciencia de los relojes de envejecimiento. Aunque estas mediciones reflejan la edad de una persona, no estaba claro si resultaban útiles como auténticos biomarcadores. Ahora los creadores de estos relojes disponen de pruebas de que sus lecturas muestran una reducción de la edad cuando las personas toman fármacos con beneficios amplios y bien demostrados.
«Los investigadores de los relojes llevan una década presionando para que se haga este tipo de estudio», afirma Yuge Ji, una bióloga que trabajó anteriormente en este campo y que ahora dirige una startup, Reflector Bio. «Para ellos es algo enorme».
Como parte de su estudio, Novo tomó muestras de sangre de 10.052 personas, la mitad tratadas con el fármaco y la otra mitad con placebo. Su sangre, recogida tanto al inicio del estudio como meses después, se analizó con «relojes proteómicos», que utilizan los niveles de proteínas clave para predecir la edad y el riesgo de muerte de una persona.
Científicos de Eli Lilly llevaron a cabo una investigación similar con su fármaco GLP-1, la tirzepatida, mediante los denominados relojes «epigenéticos», que calculan la edad contabilizando los cambios acumulados en el ADN. El estudio de Lilly era más reducido, pero también halló que, en su mayor parte, el tiempo molecular avanzaba más despacio en las personas que recibían el fármaco.
«Todos los relojes cuentan una historia coherente: estamos viendo una reducción de la edad», afirmó durante la conferencia Kevin Duffin, vicepresidente de investigación sobre el envejecimiento en Lilly. «No es que vayamos a revertir la edad 30 años ni nada parecido, pero es una reducción significativa».
Estas moléculas se han convertido en los fármacos más vendidos del mundo, con la tirzepatida de Lilly, comercializada como Mounjaro para la diabetes y Zepbound para la obesidad, encabezando la lista con más de 36.000 millones de dólares en ingresos para la compañía el año pasado. La semaglutida de Novo, que también se vende bajo más de un nombre comercial, le siguió muy de cerca en segundo lugar.
Alex Zhavoronkov, fundador de Insilico Medicine y organizador del encuentro de Boston, afirma que prolongar la vida de la población mundial tan solo un año equivaldría a decenas de millones de vidas completas.
El mes pasado, Zhavoronkov demostró que uno de los fármacos de su empresa, destinado a una enfermedad pulmonar, también revertía las señales de los relojes del envejecimiento. Ese fármaco es experimental, pero Zhavoronkov ha intentado promover la idea de que la humanidad está entrando en una nueva era de medicamentos para la longevidad. También reveló durante el evento que ha estado «microdosificando» los fármacos para adelgazar disponibles, a pesar de no tener sobrepeso.
«Tomo tirzepatida y tampoco hago distinciones a la hora de inyectarme semaglutida», dijo Zhavoronkov.
Formaba parte de un intento por plantear directamente la cuestión de si el primer remedio antienvejecimiento de consumo masivo ya está aquí.
«¿Crees que una persona razonable debería empezar a tomar semaglutida?», le preguntó a Aguayo-Orozco, el científico de Novo, ante una sala abarrotada.
«No soy médico. No puedo responder a esa pregunta», respondió Aguayo-Orozco.
Varias personas advirtieron de que los fármacos GLP-1 sí tienen efectos secundarios, entre ellos la pérdida de masa muscular. Ese es uno de los motivos por los que podrían no beneficiar a la mayoría de la gente, señala Horvath, quien afirma que aún no está preparado para tomar esta medicación, aunque se lo ha planteado.
«Está claro que estos fármacos aportan muchos beneficios a las personas con obesidad, pero todavía no he visto pruebas suficientes de que beneficien a las personas delgadas», afirmó. «Supongo que tendremos que esperar».
Las respuestas podrían empezar a llegar dentro de un año o dos. El pasado mes de enero, una agencia estadounidense, ARPA-H, destinó 38 millones de dólares a un estudio en Texas que intentará determinar si la semaglutida tiene efectos antienvejecimiento en personas sanas mayores de 60 años. Dicha investigación analizará los cambios en la cognición, la movilidad y la agudeza sensorial.
Ese proyecto también busca ayudar a definir una vía regulatoria para los fármacos antienvejecimiento y «construir una nueva industria terapéutica» en torno a la longevidad.

