En cuanto Trevor Wischnewsky se enteró de que había drones repartiendo pizza y sushi por su barrio en Texas, lo tuvo claro. "Era algo fascinante", afirma. "Quise formar parte de ello de inmediato". En la actualidad, Wischnewsky es RPIC, o "piloto remoto al mando", en una empresa llamada FlyTrex. La labor de un RPIC es parecida a la de un controlador aéreo. Sin embargo, en lugar de aviones, esta nueva hornada de aviadores supervisa flotas de drones hexacópteros que transportan paquetes a hogares y comercios en un radio de unos cinco kilómetros. Wischnewsky no solo garantiza el trayecto seguro de los envíos de FlyTrex, sino que también coordina el tráfico con un enjambre cada vez más nutrido de drones de reparto que surcan los cielos de Dallas, procedentes de competidores como Zipline, Amazon y Wing (de Alphabet). Esto es lo que se necesita para conseguir el puesto.
Experiencia en aviación
Cuando presentó su candidatura a FlyTrex, Wischnewsky se estaba formando para ser piloto comercial e instructor de vuelo, y ya contaba con la certificación de la Administración Federal de Aviación (FAA) como piloto de drones. La compañía exige esta acreditación, junto con un curso de formación de varias semanas aprobado por la FAA, para garantizar que el piloto esté preparado para tomar el control de un dron si fuera necesario. Aunque no pilota la aeronave, Wischnewsky supervisa el proceso de entrega desde el centro de operaciones de FlyTrex con la ayuda de los datos del GPS, láseres y diversos sensores.
Una mentalidad colaborativa
Al principio, el mayor reto fue confiar en la tecnología. "En la aviación tripulada, te dicen: «No te fíes de la automatización»", afirma Wischnewsky. Sin embargo, el área de Dallas-Fort Worth es un campo de pruebas para la gestión del tráfico de sistemas de aeronaves no tripuladas (UTM, por sus siglas en inglés), una red que permite a los drones autónomos de FlyTrex y de sus competidores compartir sus coordenadas en tiempo real para ayudar a evitar colisiones, incluso más allá de la línea de visión del piloto. Una vez que Wischnewsky se asegura de que el dron está listo para volar, su trayectoria está despejada y las condiciones meteorológicas son favorables, el UTM se encarga del resto.
Capacidad para mantener la calma bajo presión
En sus momentos de mayor actividad, Wischnewsky llega a tener hasta 10 drones bajo su supervisión al mismo tiempo. "Estás ahí como red de seguridad", afirma. Incluso con la automatización, se requiere una aguda conciencia situacional, y el peligro más común es la meteorología. Wischnewsky recuerda un día especialmente estresante: un dron llevaba apenas unos segundos en el aire cuando el viento arreció tan repentinamente que tuvo que intervenir. Lo hizo regresar a salvo y evitó que una tarta helada acabara estampada contra la acera.
Eamon Whalen es periodista e investigador afincado en San Francisco.

