Un trabajo publicado en la revista Environmental Science and Technology propone un método de baja tecnología que ayuda al coral sobrevivir: inyectar agua marina con burbujas. Según los autores, esta sencilla técnica podría eliminar el dióxido de carbono de las aguas costeras y reducir la acidificación de los océanos. Aunque este último hecho no representa la principal causa de muerte coralina, sí es un factor debilitante.

Crédito: Acropora (Wikimedia Commons).
Otros científicos, como el fundador de la Fundación para la Restauración de los Arrecifes, Ken Nedimyer, están cultivando distintos corales en criaderos formados con árboles de PVC y trasplantándolos a su medio natural. Un proyecto conjunto de investigación del Instituto Australiano de Ciencias Marinas y la Universidad de Hawái (EEUU), con el apoyo de la fundación Reto Oceánico de Paul Allen, está estudiando si sería posible acelerar la evolución hacia corales más resistentes. De forma parecida, Steve Palumbi, de la Estación Marina Hopkins de la Universidad de Stanford (EEUU), está estudiando determinados tipos de coral que parecen ser más resistentes que otros frente a temperaturas más elevadas, para comprobar si esas cualidades podrían lograrse a través de la cría selectiva.
Muchos de estos esfuerzos son en esencia de geoingeniería, y queda por ver si podrán ser escalados para preservar una proporción significativa de los arrecifes amenazados. Pero el coral proporciona el 17% de la proteína de la dieta de los humanos, según la Organización de Naciones Unidas para los Alimentos y la Agricultura, y aloja aproximadamente la cuarta parte de las especies marinas de peces. Cualquier esfuerzo por salvarlos antes de que sea demasiado tarde se merece nuestro apoyo.
(Para saber más: Coral Reefs Are in Trouble. Meet the People Trying to Rebuild Them.)

