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Biomedicina

Juega a ser Dios con este kit para modificar el ADN de células vivas a la carta

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Amino ofrece bioingeniería casera por menos de lo que cuesta un MacBook. ¿Debería crearse un código ético para manipular este tipo de seres vivos?

  • por Kenrick Vezina | traducido por Teresa Woods
  • 16 Noviembre, 2015

Foto: El kit de Aminio de bioingeniería de hazlo-tú-mismo.

El precio de Amino, un kit de iniciación completa para gente que quiere introducirse en el juego de la bioingeniería, parte de unos 650 euros, bastante menos que lo que cuesta un MacBook Pro, e incluye todo lo necesario para "manipular el ADN a tu antojo", según Liz Stinson de la publicación Wired.

Esto incluye "el principal cultivo bacteriano, ADN, pipetas, incubadoras, placas de agar y varios sensores para monitorizar el crecimiento y la salud de tu cultivo. Todo esto está incorporado dentro de un cuadro de mandos codificado por colores y de diseño".

El kit Amino incluye instrucciones para realizar proyectos futuristas como modificar genéticamente bacteria E. coli para que brille. Cada proyecto se clasifica como una "app", y se pueden ir añadiendo más apps (para hacer cerveza, por ejemplo).

Quizás el mejor análogo de Amino sean los populares kits de ingeniería eléctrica de fuente abierta desarrollados por el pionero de los kits de hazlo-tú-mismo Arduino. "Solo que, en lugar de jugar con cables, circuitos impresos y lenguajes de programación", escribe Stinton, "son bacterias, ADN e incubadoras".

También es, por supuesto, un sistema vivo. Incluso si no se aplican los mismos estándares culturales y éticos a las bacterias que, digamos, a las mascotas, son indudablemente seres vivos. Un mundo donde todos puedan construir sus propios dispositivos electrónicos parece un bien genuino, una correcta democratización de la ciencia y la ingeniería. Pero, ¿un mundo donde todos puedan trastear con el ADN bacteriano?

La biotecnología, y la ingeniería genética en especial, provoca bastante preocupación social. Esto no carece de justificación. Los seres vivos, como la electrónica, tienen sus propias directrices, más allá de las que les proporcionen los ingenieros.

Suponiendo que Amino o algo parecido consiga extenderse, incluso solo entre los relativamente aventajados, ¿cómo podría esto afectar la reacción cultural a la biotecnología?

Este es el motivo principal por el cual Amino existe, más allá de la pura fascinación que suscita, y algo que su creadora, la alumna de postgrado del MIT Media Lab Julie Legault, ha tenido en mente desde un inicio. Del artículo de Stinson:

"Me parecía muy importante poder entenderla más allá del miedo que se ha ido sembrando y que ahora parece representar la opinión dominante", dice [Legault]. El truco es conseguir que la gente no solo lea acerca de la biología sintética, sino que produzcan algo con ella. "La experiencia práctica la hace menos amenazante", dice.

Pocos medios cultivan el miedo con tanta eficacia como la ignorancia, y ahora mismo todas las formas de la biotecnología ya podrían ser ciencia ficción en lo que a la persona media le concierne. Incluso en situaciones donde los frutos de la biotecnología sí gozan de una buena aceptación, como el genotipado personalizado para acceder a la información genómica, realmente estas personas no observan el proceso ni participan en él de ninguna forma significativa. Todo son batas de laboratorio y jerga técnica.

De la misma manera dramática en la que mezclar el bicarbonato y vinagre hace que la química cobre vida, Amino tiene el potencial de sacar a la biotecnología de lo abstracto. Como estudiante de zoología hace menos de una década, mi experiencia con la ciencia genética práctica (el análisis sencillo de ADN) se limitó a un laboratorio abarrotado con unos equipos arcaicos. Llevar la biotecnología a los escritorios de la gente seguramente tendrá un efecto normalizador sobre el uso de la bioingeniería, aunque no podría decir hasta qué punto.

Solo sé esto: quiero uno.

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