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Planta piloto de gas natural de Net Power con captura de carbono en Texas

Energía

"Si queremos gestionar las emisiones, debemos almacenar carbono"

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Para el experto en captura y almacenamiento de carbono y exasesor de energía del Gobierno de EE. UU. Julio Friedmann, aunque la tecnología sería la última opción en una sociedad ideal, ante el panorama actual debe considerarse como una herramienta imprescindible contra el cambio climático

  • por James Temple | traducido por Mariana Díaz
  • 09 Mayo, 2018

Dado el nivel actual de emisiones de gases de efecto invernadero, la temperatura mundial podría sufrir un aumento de 1,5° C para 2021, según un análisis de Carbon Brief. Esto significa que las emisiones totales que provocarían el temido aumento de 2 ˚C se alcanzarían en 2036. Ante estos cálculos climáticos tan deprimentes, muchos investigadores sostienen que cualquier esfuerzo realista para limitar los peligros del calentamiento global deberá incluir la captura del dióxido de carbono de las plantas de energía, las fábricas y el aire.

Si la captura y almacenamiento de carbono (CAC) logra realizarse de forma económica, la tecnología podría ofrecer más flexibilidad y tiempo para que el mundo dé el salto hacia sistemas energéticos más limpios. Esto significa que grandes partes de la infraestructura energética mundial se podrían adaptar a esta nueva tecnología en lugar de tener que ser reemplazadas por completo. Además, cuando la Tierra alcance temperaturas desastrosas, la posibilidad de capturar carbono directamente del aire sería una de las únicas formas de salir del problema, ya que el dióxido de carbono permanece en la atmósfera durante miles de años.

Julio Friedmann se ha convertido en uno de los mayores defensores de la CAC. Él fue el responsable de supervisar los proyectos de I+D sobre carbón limpio y captura de carbono de EE. UU. bajo el último mandado de su anterior presidente. Entre otras funciones, ahora colabora con el Instituto Global de CAC, con la Iniciativa para el Futuro de la Energía y con Climeworks, una compañía con sede en Suiza que ya está construyendo plantas piloto para extraer dióxido de carbono del aire.

En una entrevista para MIT Technology Review, Friedmann afirma que la tecnología se está acercando a un punto de inflexión. Asegura que un número creciente de proyectos demuestra que la captura de carbono funciona en el mundo real y que cada vez es más segura y asequible. Además, señala que algunas nuevas normativas van a ayudar impulsar muchos más proyectos y a crear nuevos mercados para productos derivados del dióxido de carbono ( ver Así comienza la era de la captura y almacenamiento de carbono). Una de estas nuevas medidas mejora la situación de los créditos fiscales a la captura de carbono en EE. UU.

Pero a pesar de este tipo de avances, todavía quedan serios desafíos por resolver. Por ejemplo, a pesar de que las empresas de EE. UU. puedan desgravarse más por sus proyectos de CAC, todavía tendrán que hacer grandes inversiones para llevarlos a cabo en las plantas energéticas existentes. Y un estudio de 2011 comúnmente citado y coescrito por el investigador del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos Howard Herzog, estima que la captura directa de aire requerirá grandes cantidades de energía y su coste podría ser 10 veces superior al de capturar el carbono de las plantas de energía.

A finales de febrero, publicó un artículo en Medium en el que afirmaba que al trasladar el aumento del crédito fiscal a la captura y el almacenamiento de carbono, hemos "lanzado un contrataque climático". ¿Por qué esto es tan importante?

En realidad se trata de fijar un precio formal para el carbono. Esto quiere decir que si usted no emite dióxido de carbono tiene derecho a recibir una paga que oscila entre 30 euros y los 40 euros por tonelada. Se trata de un cambio masivo. Pero además, le da libertar para hacer una de estas tres cosas: puede almacenar el CO2, puede utilizarlo en una recuperación asistida de petróleo o puede convertirlo en cosas. Básicamente dice que el acto de no emitir dióxido de carbono tiene un valor.

Como ya he dicho muchas veces, la falta de avances en los proyectos de CAC que hemos vivido hasta ahora no ha estado causada por el coste. En realidad ha sido una cuestión de financiación, y el nuevo crédito fiscal es una de las herramientas para crear esa financiación.

Foto: Julio Friedmann. Crédito: Departamento de Energía de EE. UU.

Identifiqué una disposición adicional que decía que una central eléctrica o un emplazamiento industrial no son los únicos elementos que se consideran una fuente, el aire también lo es. Si ahora mismo pudiéramos eliminar todas nuestras emisiones, aún nos quedaría un legado de daños de dos billones de toneladas de CO2 en el aire, y tenemos que hacer algo al respecto.

Y esta ley dice: sí, deberíamos hacer algo. Dice que podemos tomar el dióxido de carbono del aire y convertirlo en materia prima.

Tengo entendido que en la planta de Petra Nova en Texas (EE. UU.) los costes de captura de carbono rondan los 60 y 70 dólares por tonelada (entre 50 y 58 euros). Estos precios superarían el crédito tributario actual. ¿Cómo se puede cerrar esa brecha?

Hay muchas formas diferentes de hacerlo. Por ejemplo, el estado de Nueva Jersey (EE. UU.) acaba de aprobar una regulación estándar de energía limpia del 90 %. Cambiar la política de regulación estándar de energía renovable [que excluiría las tecnologías CAC] por otra de regulación estándar de energía limpia [que las permitiría] nos dejaría realizar proyectos más ambiciosos.

En ese contexto, alguien que construyera un proyecto de CAC y obtuviera un contrato para producir esa energía o esa reducción de emisiones, podría recibir apoyo y financiación para construirlo. Todo esto sin tener que llevar a cabo un avance tecnológico.

Hoy en día la tecnología ya es competitiva en cuanto a precios. Actualmente, adaptar un sistema para que incluya CAC resulta más económico que muchas cosas. Es más barato que construir una central nuclear o un parque eólico marino desde cero. Es más barato que muchas cosas que nos gustan y, en casi todas partes, es más económico que poner placas solares en la azotea. Es más barato que la energía solar de concentración a escala de servicios públicos en casi cualquier lugar y es más barato de lo eran la energía solar y la eólica hace 10 años.

¿Qué opina sobre las críticas de que la CAC va a perpetuar la industria de los combustibles fósiles?

El enemigo no son los combustibles fósiles; el enemigo son las emisiones. En un lugar como California (EE. UU.) que tiene excelentes recursos renovables y una buena infraestructura para la energía renovable, tal vez pueda llegar a tener cero [combustibles fósiles] algún día.

No obstante, si usted está en Saskatchewan [Canadá] sería imposible. Es un lugar demasiado frío durante gran parte del año y no tiene recursos solares, y sus recursos eólicos son problemáticos porque son tan fuertes que destruyen las turbinas. Por eso hicieron el proyecto de CAC en Saskatchewan. Para ellos fue la solución correcta.

Al cambiar los engranajes para la capturar carbono directamente del aire, los cálculos estiman que hay que desplazar 2.500 moléculas para poder capturar una de CO2. ¿Cómo está mejorando nuestra capacidad de hacer esto y la economía del proceso?

Si desea que la reducción del dióxido de carbono en toda la economía sea óptima, la captura directa de aire sería la última opción. No obstante, resulta que no vivimos en esa sociedad. No estamos optimizando nada de ninguna manera.

Entonces, nos damos cuenta de que tenemos este legado de emisiones en la atmósfera y necesitamos herramientas para gestionarlo. Por eso hay empresas como Climeworks, Carbon Engineering y Global Thermostat. Esos tipos dijeron: "Sabemos que vamos a necesitar esta tecnología"; así que se pusieron manos a la obra. Tienen una financiación decente y los costes están disminuyendo y mejorando (ver ¿De verdad se puede absorber el CO2 de la atmósfera?).

Hoy en día, el precio de todas estas cosas (el precio total) está entre los 300 y 600 dólares por tonelada (entre los 250 y 500 euros). Analicé todas esas compañías y creo que todas van a conseguir que el precio sea inferior a los 200 dólares por tonelada (menos de 167 euros) en algún momento entre 2022 y 2025. Y creo que para 2030 los costes estarán por debajo de los los 100 dólares (a unos 83 euros) por tonelada. En ese punto, estas son opciones reales.

A un precio de 200 dólares por tonelada (unos 167 euros), sabemos que extraer CO2 del aire resulta, con diferencia, mucho más barato que tratar de hacer un avión que no emite carbono. Por eso se convierte en una opción que se usa para capturar el carbono de las partes más complejas de la economía.

¿La tecnología llegará a convertirse en un negocio o solo se realizará como actividad respaldada por los gobiernos para salvarnos de las catástrofes climáticas?

Ahora mismo, capturar CO2 directamente del aire no resulta competitivo a nivel general, pero hay lugares donde la propuesta de valor es real. Déjeme darle un par de ejemplos.

En muchas partes del mundo no hay fuentes de CO2. Una planta de Pepsi o Coca-Cola en Sri Lanka puede, literalmente, quemar combustible diésel, capturar el CO2 emitido y utilizarlo para ponerlo en el refresco a un precio ridículo. Obtener ese CO2 puede costar entre 300 y 800 dólares la tonelada (entre 250 y 668 euros). Así que en algunas partes de la cadena de suministro de algunas personas, la captura directa de aire ya podría ser más económica.

Hablamos con compañías como Goodyear, Firestone y Michelin. Estas empresas hacen neumáticos, y su mecanismo actual para obtener su negro de carbón [un material derivado de combustibles fósiles que se usa para producir neumáticos] es básicamente la pirólisis del combustible búnker en la Costa del Golfo (EE. UU.), un proceso horrible y destructivo para el medioambiente. Luego lo envían en vagones a las regiones donde se fabrican los neumáticos.

Si pueden desvincularse de ese mercado recogiendo CO2 donde quiera que estén y convirtiéndolo en negro de carbón, podrían evitar los impactos de su industria sobre el medioambiente. Entonces, aunque todo el proceso cueste un poco más, el valor para esa compañía puede ser lo suficientemente alto como para llevarlo al mercado. Ahí es donde veo que la captura directa de aire realmente podría ganar tracción en los próximos años.

Aunque eso no será suficiente. Sabemos, sin duda, que tendremos que almacenar el carbono si realmente queremos gestionar las emisiones atmosféricas, pero hay mucho terreno para capturarlo y no sabemos muy bien hacia dónde va la tecnología.

En una de sus publicaciones anteriores en Medium, dijo que cada año llegaremos a tener que extraer 10.000 millones de toneladas de CO2 de la atmósfera. Climeworks está extrayendo aproximadamente 50 toneladas [en su planta piloto en Islandia]. Entonces, ¿cómo se conseguiría aumentar tanto la escala?

Esas 10.000 millones de toneladas no tienen por qué proceder de la captura directa del aire. Digamos que solo hacen falta 1.000 millones.

En este momento, Royal Dutch Shell, como compañía, captura 300 millones de toneladas de productos refinados cada año. Esto significa que harían falta entre tres y cuatro empresas del tamaño de Royal Dutch Shell para extraer CO2 de la atmósfera.

La buena noticia es que no necesitamos capturar esas 1.000 millones de toneladas para hoy. Tenemos una, dos o tres décadas para llegar a obtener 1.000 millones de toneladas por captura directa de aire. Y ya hemos visto aumentos de este tipo en otros tipos de mercados de tecnología limpia. No hay nada en las leyes de la física o la química que detenga ese crecimiento.

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