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El padre de las vacas cíborg espera hacer lo mismo con los humanos

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El biohacker Tim Cannon intentaba popularizar los implantes que mejoran las capacidades humanas cuando vio la oportunidad de centrarse en el ganado. Tres vacas ya llevan su especie de Fitbit subcutánea, pero el CEO de Livestock Labs sigue intentando incorporar su tecnología en personas

  • por Rachel Metz | traducido por Mariana Díaz
  • 25 Mayo, 2018

En algún lugar de una granja lechera en Utah (EE. UU.), hay tres vacas cíborgs indistinguibles del resto de la manada.

Al igual que las demás vacas, comen, beben y rumian. De vez en cuando, se acercan a un gran cepillo giratorio rojo y negro, que está suspendido a la altura de sus espaldas, para rascarse. Pero mientras que el resto de las vacas solo se rascan y se van, los cíborgs vacunos también entregan datos. Estas vacas llevan rastreadores de seguimiento implantados en sus cuerpos. Estos aparatos utilizan bluetooth de baja energía para conectarse a una estación base cercana y transferir información sobre la frecuencia con la que las vacas mastican, su temperatura y loa paseos que dan alrededor de la granja.

Se trata de las primeras vacas que prueban un dispositivo llamado EmbediVet, creado por la start-up Livestock Labs. Por ahora, los animales se limitan a seguir su estilo de vida habitual y proporcionar datos de forma involuntaria. Estos datos están ayudando a entrenar a una red neuronal artificial con el objetivo de que, dentro de poco, esta inteligencia artificial (IA) ayude a los ganaderos a descubrir de una forma rápida y fácil cómo se alimentan sus vacas y otros animales. También podrían detectar otras cosas, como si están a punto de enfermar o dar a luz, por ejemplo. Actualmente, para averiguar estos detalles no hay más remedio que observar a los animales y esperar, pero este proceso se complica para un ganadero que tiene cientos o miles de animales a los que vigilar.

Algunos ganaderos llevan tiempo utilizando sensores de identificación por radiofrecuencia (RFID, por sus siglas en inglés) incorporados y otros rastreadores en sus ganados. Pero normalmente esos dispositivos se han limitado a la tarea de identificar al animal. Ya existen algunas tecnologías corporales para rastrear el comportamiento (como collares), que utilizan sensores para identificar eventos como la rumia y las enfermedades. Pero Livestock Labs afirma que un EmbediVet (que actualmente se implanta mediante un procedimiento quirúrgico con anestesia local) es menos molesto para la vaca que el resto de tecnologías corporales. La empresa también afirma que su dispositivo tiene una mayor capacidad de recopilar datos útiles y detectar patrones de comportamiento bovino a lo largo del tiempo.

La empresa empezó a probar rastreador subcutáneo en humanos antes de plantearse llegar a las vacas. Y su creador espera que, después de haberlo puesto al servicio de estos animales, el dispositivo vuelva a centrarse en rastrear a los humanos.

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Foto: El rastreador EmbediVet de Livestock Labs. El tamaño de la parte redondeada es similar a una moneda. Crédito: Livestock Labs.

Probado en humanos, iterado para ganado

El CEO de Livestock Labs, Tim Cannon, nunca se propuso hacer lo que ha acabado haciendo: una Fitbit integrada para vacas. Su objetivo inicial era usar la tecnología para reinventarse a sí mismo, y a cualquier otra persona que quisiera hacer lo mismo.

Cannon, quien también es un desarrollador de software y biohacker, dio su primer paso para mejorarse quirúrgicamente en 2010 después de ver un vídeo donde la biohacker escocesa Lepht Anonym compartía las sensaciones producidas por un imán implantado en su dedo. Poco después, Cannon obtuvo su propio imán de dedo y cofundó Grindhouse Wetware, una start-up de biohacking en Pittsburgh (EE. UU.), especializada en el diseño y la construcción de productos electrónicos implantables.

Durante los años en Grindhouse, Cannon y su equipo fabricaron varios sensores, incluido un dispositivo llamado Circadia, que incluía un termómetro y luces LED que brillaban debajo de la piel. Cannon esperaba que Circadia pudiera recopilar datos y trabajar con el software de IA que construyó para predecir enfermedades. Y en 2013, después de aproximadamente un año de trabajo y 2casi 1.700 euros en costes de desarrollo, se implantó quirúrgicamente un sensor Circadia en el brazo.

Cannon recuerda: "Cuando hicimos esto, en realidad tratábamos de desafiar a la industria médica, a los campos tecnológicos, diciendo: 'Miren, si un grupo de tontainas en un sótano pueden hacer esto mientras fuman porros y escuchan a Wu Tang, ¿qué problema hay?'".

Pero parece que sí hay un problema. Más allá de una pequeña comunidad de hackers, cíborgs (gente que ha modificado su cuerpo a través de implantes de artilugios cibernéticos) y observadores curiosos, la mayoría de la gente simplemente no está interesada en implantarse dispositivos en sus cuerpos, especialmente si estos artilugios no son médicamente necesarios (ver "La revolución de los cíborgs tendrá lugar a partir de 2040").

Grindhouse intentó vender los implantes que había fabricado, pero no conseguía beneficios; no pudo atraer inversores. Así que a Cannon y su equipo no les quedó más remedio que financiar  el trabajo ellos mismos con sus trabajos diurnos. Se dieron cuenta de los enormes desafíos legislativos a los que se enfrentaban si querían fabricar implantes que no eran esenciales para los humanos, afirma Cannon. También empezaron a ser conscientes de que el su objetivo requeriría años de trabajo y millones de euros en inversiones.

Más tarde, en la primavera pasada, un biohacker australiano llamado Meow-Ludo Disco Gama Meow-Meow (sí, así se llama) contactó a Cannon para proponrrle una idea. Cicada Innovations, una incubadora tecnológica de Sídney (Australia), estaba a punto de lanzar un programa para ayudar a construir compañías de tecnología de alimentos agrícolas (el país tiene una gran industria ganadera, con alrededor de 25.500 millones de cabezas de ganado). ¿Por qué no implantaban sus sensores en las vacas en lugar de las personas?

Su respuesta fue: "¡Pues claro!, es obvio", recuerda Cannon. Su nueva empresa, apodada Livestock Labs, fue aceptada en el programa GrowLab de Cicada. En septiembre, Cannon se mudó a Sídney dejando atrás su casa en Pittsburgh, y pronto comenzó a trabajar con un pequeño equipo para rehacer el sensor Circadia desde cero, para que pudiera ser implantado en animales de granja.

En unos meses, Livestock Labs preparó un nuevo dispositivo para probarlo en el ganado; el EmbediVet. Cubierto en una resina transparente, el artilugio incluye un procesador ARM, Bluetooth y radios de largo alcance, así como un termómetro, acelerómetro y monitor de ritmo cardíaco y oxímetro de pulso para medir la frecuencia cardíaca, los niveles de oxígeno en la sangre, la temperatura y la actividad básica. Funciona con una batería tipo botón que la compañía espera que dure unos tres años.

En la granja

El 3 de abril, el profesor asociado de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Estatal de Utah (EE. UU.) Kerry Rood implantó una serie de sensores EmbediVet en tres vacas en la granja lechera de la escuela. Cada vaca recibió dos sensores en el lado izquierdo de la mandíbula inferior y una entre dos costillas. (Dado que no existe mucha información sobre los mejores lugares para implantar los rastreadores de actividad en el ganado, y como Livestock Labs quiere registrar la masticación y la rumia, estos parecían buenos puntos de partida).

Para realizar esta cirugía menor, Rood administró a las vacas anestesia local, les cortó la piel en los lugares adecuados, les puso un prototipo de EmbediVet y las cosió. Ha pasado más de un mes desde la cirugía menor y Rood dice que las vacas toleran bien los implantes.

Una vaca en la Universidad Estatal de Utah

Foto: Una vaca en la granja lechera de la Universidad Estatal de Utah que ha sido integrada con el rastreador EmbediVet de Livestock Labs. Crédito: Livestock Labs.

¿Por qué hacerlo? Rood cree que este tipo de dispositivo puede ser más preciso que uno portátil como un collar o una tobillera, especialmente cuando se trata de rastrear la temperatura corporal que, en animales de piel gruesa, está correlacionada con enfermedades.

Cannon explica que para verificar los primeros datos, ha desarrollado un software de gráficos que puede extraer lo recolectado de los dispositivos EmbediVet de las vacas y trazarlo. Finalmente, Livestock Labs tiene la intención de que los agricultores usen una aplicación para smartphone para verificar el estado de sus animales y ver alertas sobre problemas.

Rood amplía: "Como veterinario, si hay alguna forma de detectar antes enfermedades o malestar en los animales, haría todo lo necesario para brindarles atención y bienestar".

Además del trabajo que Livestock Labs está haciendo con Rood, Cannon dice que también está trabajando en otros ensayos de investigación con la Universidad Charles Sturt y la de Nueva Inglaterra (ambas en Australia). También está realizando ensayos con algunos ganaderos comerciales cuyo nombre no quiere revelar. Espera que EmbediVet esté disponible para una prueba beta pública el próximo mes de marzo.

El responsable detalla: "Nos tropezamos con algo que era mucho más grande y más demandado de lo que habíamos pensábamos que sería en este sector particular del mundo".

El profesor asociado de ciencia animal en la Universidad Estatal de Oklahoma (EE. UU.) Ryan Reuter, que estudia el ganado bovino para carne, cree que el rastreador podría ser bastante útil. Sin embargo, advierte que hay muchos factores a considerar con su diseño. Por ejemplo, las vacas son grandes y fuertes y les gusta frotarse el cuerpo con cosas (como el rascador de espalda que se ha mencionado anteriormente), así que todo lo que se implanta en ellas debe ser lo suficientemente resistente como para soportar el abuso. Cree que el dispositivo también necesita mantenerse en su lugar, especialmente en los animales que se crían para el consumo.

"Eso es algo muy importante en los animales destinados a la alimentación, así que hay que asegurarse de colocar el implante en algún lugar que no tenga posibilidades de terminar en un producto alimenticio para consumo humano", señala Reuter.

También está la cuestión de los precios, ya que los márgenes en la producción de ganado lechero y de carne de vacuno son escasos. Cannon dice que en este momento los componentes de EmbediVet cuestan unos 16 euros, pero que no está claro cuál será el precio final. Reuter estima que si el precio final está entre los ocho y los 16 euros por vaca, los productores lácteos podrían estar interesados.

Regresamos con ustedes, ¿humanos?

Cannon divide su tiempo entre Pittsburgh y Sídney. Livestock Labs cuenta con cerca de 1,7 millones de euros en fondos iniciales del grupo de la industria ganadera de Australia, Meat & Livestock Australia (que también es socio de GrowLab), y fondos adicionales de inversores individuales de EE. UU.

Por ahora, se está concentrando en asegurarse de que los implantes no causen efectos secundarios indeseados en las vacas cíborg. "Las vacas están desarrollando un ligero impulso de destruir a la humanidad, pero lo estamos monitorizando", bromea Cannon.

Bromas aparte, Cannon se pone serio cuando habla de un objetivo que va mucho más allá de cualquier cosa que su empresa emergente pueda hacer para ayudar a los granjeros y a su ganado. El CEO también espera que la compañía haga que la gente se sienta más cómoda con la idea de los implantes corporales. Está convencido de que algún día volverá a ofrecer sensores a las personas, aunque no está seguro de si será una compañía totalmente nueva o una "línea humana" de Livestock Labs.

Cannon admite que la segunda opción podría ser "demasiado para la gente".

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