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Yo, en mi casa, con la realidad virtual y con aperitivos aptos para la RV: alimentos fáciles de comer sin tener que mirar

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Presenciar un evento en RV: peor que en persona, mejor que por la tele

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Decidí aceptar la propuesta de Facebook de asistir a su congreso anual desde su plataforma de realidad virtual. Lo bueno: me ahorré cuatro horas de coche y me sentía muy cerca de los ponentes. Lo malo: me mareé bastante y no pude probar el nuevo casco Quest que se presentó en el auditorio

  • por Rachel Metz | traducido por Ana Milutinovic
  • 02 Octubre, 2018

El pasado miércoles, cuando Oculus inauguró su quinta conferencia anual para desarrolladores de realidad virtual (RV) en un centro de convenciones de California (EE.UU.), yo estaba sentada en primera fila.

Pero en realidad, mi cuerpo estaba a más de 80 kilómetros de distancia del evento, sentado en el sofá de mi casa. Llevaba puesto un Oculus Go (un casco de RV independiente de gama baja de la compañía), que me permitió "asistir" al evento virtualmente a través de la aplicación Oculus Venues. Dentro de mi casco, parecía que mi cuerpo estaba en un teatro oscuro, rodeado de otros asistentes virtuales. Todos estábamos viendo al CEO de Facebook (la compañía matriz de Oculus), Mark Zuckerberg, y a otros ejecutivos mientras hablaban de sus últimos desarrollos en realidad virtual.

Hace mucho tiempo, Oculus prometió que la realidad virtual acercaría a las personas en lugar de aislarlas. Pero, la tecnología aún no ha despegado mucho, especialmente en el tema de las interacciones sociales (ver En busca del elemento que le falta a la realidad virtual: otras personas). Probablemente casi ninguno de sus amigos tiene un casco de este tipo, lo que dificulta mucho encontrar a personas con las que relacionarse en los entornos virtuales. Salvo raras excepciones, las aplicaciones de RV capaces de hacernos sentir en compañía de alguien aunque esté muy lejos son bastante escasas.

Donde la tecnología sí podría empezar a imitar fielmente las interacciones sociales es en eventos, conciertos y películas. Así que asistir al congreso de Oculus desde la privacidad de mi salón, con un mando de Oculus Go en una mano y unos cuantos aperitivos a prueba de RV (chuches y palomitas de maíz) en la otra, fue un experimento. ¿Sentiría la misma emoción e interacción social a las que estoy acostumbrada cuando asisto físicamente a uno de estos grandes eventos tecnológicos, sin tener que ir hasta allí? Esperaba que la respuesta fuese afirmativa ya que quedándome en casa me ahorraría unas cuatro horas de coche.

Para ver el evento desde la realidad virtual, había dos opciones: en un entorno privado o rodeada de avatares de otras personas que miraban a través de sus propios dispositivos de realidad virtual. Elegí la segunda opción y creé un avatar de pelo y bigote verdes. Al principio, el evento estaba animado, con unas docenas de avatares de aspecto masculino, con cabezas y torsos caricaturescos que sobresalían por encima de sus asientos virtuales, cada uno con una sola mano (por ahora, la aplicación solo funciona con Oculus Go y Gear VR de Samsung y ambos cascos admiten controles con una sola mano). Todos tenían algún tipo de gafas puestas; Oculus está trabajando en avatares de aspecto más realista que puedan parpadear y mover la boca, pero aún no los ha presentado.

La compañía iba presentando sus nuevos productos uno a uno, entre los que destacó un nuevo casco de RV llamado Oculus Quest. Programado para salir a venta la próxima primavera con un conjunto de controladores por unos 350 euros, Quest será una versión independiente del casco actual Oculus Rift de la compañía. Este modelo ofrece una experiencia de realidad virtual de alta gama pero necesita sensores independientes y conexión a un potente PC, lo que puede encarecer el producto y hacer que sea más difícil de usar.

 

Oculus Quest, disponible en la primavera, es en muchos sentidos una versión móvil de los auriculares Oculus Rift VR.

Foto: Oculus Quest, que estará disponible en la primavera, es en muchos sentidos una versión portátil del casco Oculus Rift VR. Créditos: Oculus.

El discurso de Zuckerberg y demás ponentes no me pareció tan bueno como en la vida real, pero resultó bastante decente. El vídeo se veía impresionantemente bien, solo noté una complicación después de más de una hora y media. Y me gustó estar tan cerca de la acción. Definitivamente fue mucho mejor que ver la presentación en un portátil o en la televisión, me sentí mucho más cerca de los ponentes que con cualquier retransmisión en directo.

No tardé en darme cuenta de que estaba sentada (o flotando, para ser precisos) cerca de un amigo digital, otro periodista que también había decidido cubrir el evento desde la realidad virtual. Fue una de las pocas veces que me he encontrado a alguien que conozco entre una muchedumbre virtual, y después de agitar mi mano virtual para saludarle, tuvimos una breve y agradable conversación.

Pero pronto se hizo difícil escuchar lo que sucedía en el escenario. En su lugar, empecé a oír la respiración pesada, el carraspeo y los comentarios aleatorios del público virtual que había a mi alrededor. Pude silenciar a personas concretas de la multitud, pero era imposible saber quién hablaba en cada momento. La RV no daba indicaciones y los avatares no movían la boca. Todos parecían hacer ruido y no había ninguna forma de hablar en voz baja con nadie, como lo haría en la vida real.

Empecé a alternar entre la opción de visualización privada y la pública, pero cada vez que lo hacía, aparecía en un asiento distinto. Al cabo de un rato, simplemente bajé el volumen de los comentarios del público para poder concentrarme en lo que se decía en el escensario.

Y cuando lo hice, descubrí que el público que acudió físicamente al evento podría probar el nuevo auricular Quest justo después de la presentación. Entonces me di cuenta de uno de los grandes inconvenientes de asistir a un evento en realidad virtual: no se puede probar ningún hardware nuevo.

No fui la única que se sintió decepcionada. "Ojalá estuviera allí para probar la tecnología", escuché decir a alguien que había cerca de mí. "¿No podemos probarlo en realidad virtual?", preguntó alguien más.

¿Otro problema? La duración de la batería. Después de una hora más o menos, mis auriculares me alertaron de que la batería estaba a punto de acabarse. Y como no tengo un cargador con un cable largo, tuve que sentarme en el suelo al lado de un enchufe para poder ver el resto del evento (y no podía moverme demasiado, por miedo a desconectarme).

Pero lo que menos me gustó fue la fatiga visual y el dolor de cabeza. No suelo pasar más de 20 minutos seguidos dentro de un entorno virtual, así que la presentación de 90 minutos me pareció una maratón. Pasada la primera media hora, la cabeza y los ojos comenzaron a dolerme, así que tuve que hacer pequeños descansos, levantando los auriculares para dejar entrar un poco del mundo real.

Cuando el evento terminó, tuve la oportunidad de tener una conversación real con otros asistentes virtuales. Uno de ellos, cuyo avatar llevaba unas gafas rojas, era un señor jubilado llamado Howard Warren, que estaba encantado con la experiencia.

Me dijo que había comprado sus auriculares Oculus Go la semana anterior como una forma de viajar virtualmente. En su vida diaria, usa una silla de ruedas y recibe diálisis, lo que limita su movilidad. Este fue su segundo gran evento de realidad virtual, el primero fue una proyección de Crepúsculo. Al veterano le parecía una estrategia genial para reunirse con gente. "Poder ir a lugares de forma virtual es muy importante para mí", me contó.

Con el tiempo, la tecnología podría ser algo importante para todos. Es posible que Quest lo consiga a largo plazo, al abaratar y facilitar el acceso a las herramientas necesarias para sumergirse en la realidad virtual. Durante su charla, Zuckerberg digo:  "Estamos cada vez más cerca de caminar entre el mundo físico y el digital". Pero para mí ese paso todavía me queda lejos.

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