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“Muy Asombroso, Muy Espacial, y Muy Guay”

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El lanzamiento del turismo espacial.

  • por Adam Fisher | traducido por
  • 03 Enero, 2009

En 1995, Meter Diamandis fundó la X Prize Foundation, que inició una carrera espacial privada al ofrecer mucho dinero al primer grupo que pudiera realizar dos vuelos tripulados suborbitales en las dos semanas siguientes. En 1998, él cofundó Space Adventures Ltd. Con $ 250.000 de capital inicial y la idea todavía más audaz de relacionar al sector privado con la exploración espacial: el turismo. Tomó tres años de negociaciones con las autoridades rusas, pero en 2001, el ex ingeniero de la NASA y ahora financiero, Dennis Tito, voló hasta la Estación Espacial Internacional, y volvió en el tercer asiento de la cápsula Soyuz, junto al comandante y al ingeniero. Tito y Space Adventures le abrieron el espacio a cualquiera que pudiera pagar el transporte.

A Tito le siguieron cinco más. El primero fue Mark Shuttleworth, un joven de Sudáfrica, magnate de Internet, que fue el protagonista principal del crecimiento de e-commerce. El segundo fue Greg Olsen, un científico que hizo fortuna desarrollando cámaras casi infra-rojas. La primera turista mujer fue Anousheh Ansari, una empresaria de telecomunicaciones Iraní-Estadounidense (y parte de una familia que auspició el premio de $ 10 millones del X Prize), fue la que voló tercera. El cuarto fue el científico en computación Charles Simonyi, ex ejecutivo de Microsoft, responsable de Word y Excel. El último fue Richard Garriott, el hijo de un astronauta de la NASA famoso por su alter ego, Lord British, quien es un soberano en el mundo online que creó llamado Ultima. En mayor o menor medida, Space Adventures fue el agente de todos estos viajes y dice haber vendido el valor de $ 200 millones en viajes espaciales hasta la fecha.

Technology Review se puso a trabajar para compilar la primera historia oral del turismo espacial. Le pedimos a cada uno de los viajeros después de Tito que describieran el viaje. Nos brindaron horas de su tiempo, otorgando múltiples entrevistas por separado a través de un período de seis meses. La mayoría nunca se encontró entre sí, pero contaron esencialmente la misma historia sobre el despegue, la falta de gravedad, el reingreso y la revelación. Hemos pulido, editado, y organizado sus palabras para crear una historia compuesta de lo que realmente son las vacaciones en el espacio.

Garriot: Yo crecí en un hogar de astronautas, y mi vecino de la derecha era Joe Engle, un astronauta. Mi vecino de la izquierda era Hot Gibson, otro astronauta. Había otro astronauta cruzando la cerca del fondo de mi casa y muchos otros en mi manzana, en el barrio cuando era niño. Así que crecí creyendo que todo el mundo iba al espacio porque, de hecho, todo el mundo iba al espacio, si entienden lo que quiero decir. Fue un médico de la NASA quien me informó que debido a mis problemas en la vista, nunca sería elegido como astronauta por la NASA. Si bien eso me entristeció durante un tiempo, también me hizo comprender que si iba a ir al espacio, sería por medio de la privatización, no por medio del gobierno.

Shuttleworth: Después del colapso de la Unión Soviética, fue medianamente claro que el programa espacial ruso estaba atravesando cierta crisis financiera, y había rumores de que le estaban hablando a la gente sobre vuelos privados. Yo traté de comunicarme con el consulado ruso en Ciudad del Cabo pero no tuve demasiado éxito.

Garriot: Yo había estado invirtiendo en la privatización del espacio desde que empecé a hacer dinero en la industria de los videojuegos. Fui uno de los primeros inversores de Space Adventures. Pagué personalmente el estudio para averiguar si era posible y cuánto costaría. Cuando la Agencia Espacial Federal Rusa me dio el precio, yo tenía esa cantidad y estaba preparado para partir.

Shuttleworth: Primero fui a Moscú para encontrarme con los distintos protagonistas de la industria: el cuerpo médico y los militares de Star City (donde está el centro de entrenamiento para cosmonautas Gagarin). Dennis Tito todavía no había volado.

Garriot: Nos empezamos a mover como si yo fuera a ser el primer civil que volara en el espacio. Lamentablemente, fue en ese momento que ocurrió el desbarranco del punto-com., y por supuesto, dado que yo estaba relacionado con la alta tecnología, todo mi activo estaba puesto en eso. Me liquidaron.

Shuttleworth: No existía un acuerdo estándar. Tenías que negociar con las personas que fabricaban los trajes, con las personas relacionadas con la parte médica, las personas que realizan los entrenamientos, las personas que proveen los vehículos, las personas que monitorizan durante el vuelo, y con la agencia espacial como entidad general.

Garriot: En realidad le vendimos mi plaza a Dennis Tito. A mí me liquidó el desbarranco de las punto-com y me tuve que rehacer para volver a ubicarme en mi camino al espacio.

Olsen: Era el 18 de junio de 2003. Yo estaba sentado en Starbucks leyendo el New York Times, bebiendo una taza grandota de café. Había una historia respecto a Space Adventures. Me dije: “Wow ¡Esto parece ser algo que me gustaría hacer!”

Simonyi: Llegar allí es muy simple, basta con llamar a Space Adventures.

Olsen: Los busqué por Internet y lo siguiente que pasó fue que Eric Anderson, jefe ejecutivo de Space Adventures, estaba golpeando a mi puerta. Nos llevamos bien desde el principio. En octubre me llevaron a un lanzamiento en Baikonur (el lugar de lanzamiento ruso, cerca de Kazakhstan). Me encontré con algunas de las personas en la Agencia Espacial Rusa y visité Star City. Subí en un MiG-29 y fue una gran experiencia. Esa parte era gratis y definitivamente me abrió el apetito. Después de eso, me dije: “¡Si, wow! Quiero ir”.

Shuttleworth: Space Adventures realmente ayudó a hacer los contactos, pero me irritó un poco cuando se presentan diciendo que facilitaron todo.

Simonyi: Yo decidí hacer las cosas muy lentamente. De hecho, fui dos veces a Baikonur como un turista normal, no como turista del espacio.

Olsen: Yo lo llamo “participante espacial”. Pero puedes llamarlo turista espacial si quieres.

Garriott: Para que conste, yo odiaba ambos términos. Yo prefiero “astronauta privado” o “cosmonauta privado”, o “astronauta civil” o “cosmonauta civil”.

Simonyi: El lanzamiento, ya de por sí, es increíble en la medida del acceso que tengas. Estábamos haciendo una fiesta junto a un cohete cargado de combustible, casi tocándolo. Nos reíamos, hablábamos, les gritábamos saludos a los astronautas. Inspira mucha confianza. Sabes que algo junto a lo cual puedes estar de fiesta no puede ser peligroso. Es como ir a un plató de cine para ver al actor besar a la mujer, y el director te dice: “Pues, tú podrías estar haciéndolo”. Y yo dije: “Me debes estar tomando el pelo”. Y luego Anderson dijo, “No, no. Estamos trabajando con un cliente ahora”.

Olsen: Yo había tenido un colapso de pulmón. Ellos estaban obviamente nerviosos por eso. Surgieron algunas dudas. Finalmente me aceptaron en el programa. En abril de 2004 comenzó mi entrenamiento.

Simonyi: (Anderson) me miró y dijo, “Si, seguro que podrás hacerlo, estoy seguro que si”.

Ansari: Yo empecé mi entrenamiento como suplente, sin saber siquiera si iba a volar. Simonyi ya estaba en fila para volar.

Shuttlesworth: Yo tuve que armar un equipo de apoyo en Star City porque nuevamente, no había nada de parte de Space Adventures. Seguía el modelo de las oficinas que la Agencia Espacial Europea y la NASA tienen allí, pero a una escala mucho más pequeña.

Simonyi: Ahora han creado este programa (El Círculo de Exploradores de Misiones Orbitales), pagas y tienes opción a una plaza. Inviertes para obtener un lugar en la fila, y cada vez que queda vacante un asiento superior puedes ascender o pasar. Es una posición negociable. Puedes vender tu opción por lo que te dé el mercado. Pero el volumen de transacciones es muy escaso y creo que nadie ha negociado hasta ahora. Este tipo, Sergey Brin, el cofundador de Google, compró su primera opción.

Shuttleworth: El precio a mi altura de la etapa era de $ 20 millones. Pero el precio real que abones es variable.

Garriott: Lamentablemente, yo estoy del lado de adentro, así que no puedo obtener descuentos. Yo pagué 30 millones.

Simonyi: El precio es de $ 35 millones. Antes era $ 25, y ahora es de $ 35. El precio por opción es mucho menor. Yo compré una opción porque dije: “¿Qué importa? Tal vez quiera volver a volar”.

Shuttleworth: Ahora lo están racionalizando, porque ha habido varias personas que pasaron por el proceso, y porque Space Adventures compró plazas por adelantado. Eso no lo habían hecho antes.

Ansari: Tres semanas antes de su vuelo, una persona que iba a volar, Dice-K (Daisuke Enomoto), miembro principal de la tripulación, tuvo problemas médicos y le fue mal en una de las calificaciones médicas. Es en este momento donde me ofrecieron ocupar su lugar. Como podréis imaginaros, no es una de esas oportunidades que aparecen tan fácilmente, así que sin dudarlo, y tal vez por desconfianza, no me quedaba otra que decir que si.

Todos los que van a la Estación Espacial Internacional tienen que aprender ruso y entrenarse en Star City, cerca de Moscú, durante por lo menos tres meses.

Ansari: Cuando vas a Star City, todo se reduce a lo básico y a veces ni siquiera eso.

Olsen: Star City antes are una base aérea, ahora es una base para cosmonautas. Está en un entorno boscoso sobre un lago, un pueblo pequeño de alrededor de 3.000 habitantes, un lugar muy idílico.

Garriott: Tiene cierto ambiente que hace que no se parezca a una oficina típica estadounidense luminosa y brillante. Es un poco más oscura y con un toque surrealista.

Ansari: Todo está a punto de desmoronarse.

Garriott: No hay nada de malo con lo viejo. Estuve en la NASA en algunos de sus bajones y también la he visto en mal estado.

Ansari: El primer día que vine no había agua caliente. Al día siguiente no había agua caliente. Yo iba al gimnasio y me duchaba allí. Finalmente agarré y pregunté algo como “¿Sabéis cuándo volverá el agua caliente?” me contestaron “Si, en un mes, más o menos”.

Olsen: Las cañerías estaban un poco oxidadas así que me metí a arreglarlas, pero no me importó hacerlo.

Ansari: Cuando abres el grifo, sale agua marrón, con óxido. Si dejas que el agua corra 10 o 15 minutos, comienza a aclarar y puedes darte una ducha decente y limpia.

Olsen: Es una especie de choque cultural.

Ansari: Es una base militar. Me enseñó que no necesitas de un montón de cosas para vivir felizmente. En casa voy a 10 lugares diferentes para conseguir ese producto al cual estoy acostumbrada, ese champú en particular.

Olsen: Las cosas son muy baratas en la tienda que tienen en la base. Por ejemplo, el pan está a alrededor de 20 centavos de dólar.

Ansari: Soy intolerante a la lactosa así que bebo leche de soja. Pero no hay leche de soja en la base militar.

Olsen: Yo comí en la cafetería de los cosmonautas. El desayuno típico era: té, huevos duros, y goulash (estofado con pimentón al estilo húngaro), pero me fui integrando. Ahí no era como vivir en Estados Unidos.

Simonyi: Yo crecí en Hungría, soy un programador, como cualquier cosa. La comida era realmente buena.

Olsen: Yo crecí durante la Guerra Fría. Y ahora estoy viviendo con el enemigo ¿se entiende? Es un choque cultural.

Simonyi: El único lugar donde se escucha inglés es alrededor del sector de la NASA. No te voy a decir que tengo un ruso fluido. Aprender ruso, esa fue la parte más difícil. Las clases eran de 9 a 16 horas, incluyendo cuatro horas de ruso tres días por semana. Luego, de 16 a 18, pesas y todo ese tipo de cosas en el gimnasio. Luego había que irse a casa a estudiar. Y todos los viernes teníamos exámenes, exámenes orales. Podéis apostar que estudiaba hasta muy tarde antes de los exámenes. Vaya, y tu hablas de lo que es sentirse nervioso. ¿Os imagináis al supuesto hombre de negocios estadounidense multimillonario que es un científico de investigación haciendo mal un examen?

Garriott: En la estación espacial todo el mundo habla inglés, así que no hay problema. Pero en la Soyuz, todos los comandos están en ruso, y todos los instrumentos tienen identificadores en ruso. Así que precisas de un dominio fundamental de ruso.

Shuttleworth: Cuatro horas diarias de ruso intensivo es un poco como una cirugía cerebral sin anestesia. Cuanto más rápido puedas pasar el escollo, más rápido podrás interactuar.

Simonyi: Aprender sobre los sistemas de comunicaciones, acoplamiento, y reingreso fue interesante.

Olsen: A veces veía cosas que eran un poco ordinarias. No tienen el presupuesto de la NASA, por lo tanto muchas de las cosas que hacen, las hacen por ingeniosos.

Shuttleworth: El otro día participé en un pequeño tour guiado en un yate de carreras muy costoso con paredes y piso de fibra de carbono, aparatos informáticos y cosas así. Alguien dijo “¡Wow, esto es igual a una nave espacial!” Me reí y dije: “Una nave espacial es mucho más simple que esto”.

Simonyi: En las películas de James Bond está Q, que crea todos estos dispositivos fantásticos. No se parece en nada a eso. Muchos de los dispositivos de la nave ¡son como de Julio Verne!

Shuttleworth: Yo estuve en entrenamiento mucho tiempo. Yo vi a varias sucesiones de astronautas de la NASA que eran  muy desdeñosos con la Soyuz. Lo peor que le escuché a alguien decir es que si juntabas a un pueblo pequeño y le pedías que diseñara una nave, sería igual a la Soyuz.

Garriott: Puedes mirar a la Soyuz original y verás que aparentemente se usó el mismo diseño físico, hasta los mismo moldes, a través de toda su historia. Si no está roto, no lo arregles. Pero sí arreglan aquello que falló o algo con lo que fue mal. O si aparece alguna tecnología nueva que sería de gran beneficio, eso también lo cambian. Por ejemplo, la Soyuz tiene una cabina de mando de vidrio, es decir, moderna.

Shuttleworth: Sin excepción, los hombres de la NASA que pasaron por el programa de entrenamiento y llegaron a un punto donde podían ser ingenieros de vuelo o comandantes, amaron a Soyuz. De repente se dieron cuenta de que la podían hacer volar sin control de tierra, suministros de datos, ni equipos y más equipos de especialistas.

Ansari: Cuando se va acercando la fecha del vuelo, te hacen pasar una cuarentena en Baikonur.

Olsen: Pasamos unos 10 días allí, así que es un poco aburrido. Siempre estás pasando por alguna prueba médica.

Simonyi: El último chequeo médico es en la oficina del médico, con un equipo de tres o cuatro doctores. El de menor rango es el que te administra la enema.

Garriott: Lo importante es asegurarse de que no necesites usar el baño a bordo de la Soyuz.

Olsen: La razón es la siguiente: en la cápsula de la Soyuz hay un lugar donde mover el vientre, pero realmente no vas a querer mover el vientre ahí. Sería como hacerlo en una tetera. ¿Se entiende?

Shuttleworth: El período más difícil para mí fue el día antes del lanzamiento porque hasta ese momento, todo había sido un torbellino de actividad. Pero durante esa recta final, no te queda otra cosa para hacer más que reflexionar. Recuerdo haber salido para dar un paseo breve cuando sonó mi teléfono. Pocas personas conocen ese número. Y pensé: “Wow. ¡Es increíble cómo funciona el universo!” Estoy pensando en estos temas difíciles y ¡un miembro de mi familia o un amigo cercano me está llamando!” Contesté y era un número equivocado. Había llamado un joven desde África. Era bastante gracioso: “Aquí no hay ayuda. Tendrás que hacerlo por ti mismo.”

Garriott: Viajar por el espacio no es el pasatiempo más seguro de todos. Pero si vas a volar, me gusta la Soyuz. Si te fijas en el trasbordador, con dos fallos en alrededor de 150 lanzamientos, las probabilidades realmente no son tan desfavorables.

Shuttleworth: La Soyuz falló al principio del programa y después tuvo una racha favorable, digamos que en alrededor de los últimos 30 vuelos.

Simonyi: Cuatro personas murieron en la Soyuz. Pero en cierto sentido, sus muertes hicieron que la nave fuera más segura.

Shuttleworth: Yo no diría que el programa Soyuz se está haciendo cada vez más seguro porque tienen un record impecable durante los último 20 años. Yo simplemente no quería que el último pensamiento que tuviera cuando me llevara por delante un autobús fuera: “Maldición, debería haber ido”.

El viaje hacia la Estación Espacial Internacional se inicia con un viaje en autobús hasta la plataforma de lanzamiento y un viaje en ascensor hasta la cápsula Soyuz que está en la punta de un cohete ruso que tiene la altura de un edificio de 16 pisos. Hay rituales y costumbres que acompañan cada aspecto del vuelo espacial, pero nunca tantas como en el día de un lanzamiento ruso.

Garriott: Los rusos son un grupo supersticioso.

Olsen: Muchas de sus tradiciones vienen de Yuri Gagarin, el primer humano en el espacio. Cuando iba al lanzamiento, tuvo que orinar. Simplemente no lo tenían previsto. Dijo “Detened el autobús”. Salió del autobús y orinó contra una rueda trasera; desde entonces, eso es obligatorio.

Ansari: Afortunadamente, encontré un modo para evitarlo. A nuestro comandante (Mikhail Tyurin) le pedí: “¿Podrías tenerme presente cuando hagas lo que tienes que hacer en la rueda trasera?” El me contestó, “Por supuesto que lo haré por ti, Anousheh. Lo que sea”-

Shuttleworth: Sabes, me costó algo de tiempo orinar ahí en ese momento. Las personas empezaron a hacerme bromas, tu sabes, respecto de estar ahí, saludando con mi pito a las chicas de Kazakhstan.

Simonyi: Es una tradición maravillosa. Es un gran modo de relajarse.

Ansari: Antes del vuelo, estaba preocupada por ser una pila de nervios. Yo le había dicho al cirujano del vuelo, “Si ve que mi presión sanguínea o mi ritmo cardíaco se elevan, no deje que detengan el vuelo”.

Olsen: Hasta cuando íbamos caminando hacia la plataforma de lanzamiento, nos estaban monitorizando los corazones.

Garriott: Estás caminando hacia ese cohete totalmente cargado de combustible, lleno de keroseno y oxígeno. El cohete está tan frío que está cubierto con escarcha blanca. El aire cercano baja corriendo por los costados porque es más frío y más denso. Estás a punto de entrar en algo que está con los nervios de punta, por así decirlo. Y subes a bordo.

Ansari: A mi me dijeron que Greg Olsen era una persona muy calmada.

Olsen: Yo tenía el ritmo cardíaco más bajo que todos nosotros. Sesenta latidos por minuto en el momento del lanzamiento.

Shuttleworth: Eso se lo cuenta a todo el mundo.

Ansari: Yo tuve que practicar meditación, lo que fuera, para que me desacelerara el pulso.

Simonyi. Estar en la Soyuz antes del lanzamiento es lo máximo. Te sientes tan centrado, tan cómodo. Hay un bonito sonido zumbante, huele fantástico y dispones de muchísimo tiempo. Pienso que en sí, el punto es que no hay prisa. No hay presiones. Ellos tienen dos palabras. Una es normalna, que significa normal. La otra es spakoyna que es como “tranquilo” o "quieto". Esas son las palabras principales que se usan en ese momento.

Ansari: Estás sentada allí y piensas”Dios mío, ¡finalmente estoy aquí!” Es una situación surrealista. Piensas, “Estoy realmente sentada a bordo de un cohete. En unos minutos se encenderá y me enviarán al espacio a estas velocidades asombrosas”. Para un civil, es como increíble.

Simonyi: Así que estás ahí y dicen, “Señores, tenemos alrededor de 30 minutos, y no tienes nada para hacer. Os gustaría escuchar algo de música?” Dije “Seguro”. Entonces pusieron “Money, Money, Money” de Abba. No lo reconocí al principio, pero los demás cosmonautas lo reconocieron rápidamente y me empezaron a dar codazos. Si, todo el mundo se rió.

Garriott: Yo hubiera dicho que la nuestra era música de ascensor. Inmediatamente, lo que se me ocurrió fue que “Estamos aquí, en un ascensor hacia el cielo, escuchando música de ascensor”.

Olsen: ¿Si me hubieran ofrecido música? “La Cabalgata de las Valquirias”.

Simonyi: En la mano tienes la lista de control preparada en Word de Microsoft e impresa con una impresora láser simple. No es nada especial. Es sólo esta lista de control sujetada por tres anillos. Sólo oyes, básicamente, las lista de control por la radio. Todo lo que hace el comandante es fijarse en las indicaciones y en los informes, pero el control de tierra tiene las mismas indicaciones. No hay actividades para la tripulación.

Shuttleworth: Para ser honesto, es un poco aburrido. Estás con el micrófono abierto así que realmente no quieres darle al parloteo.

Garriott: Yo me acomodé en una silla y me eché una siesta. No pasa nada durante un período de 40 minutos. Estás en una especie de adormecimiento de adrenalina. Vuelve a encenderse la radio y dice “Estamos a cinco minutos del lanzamiento” y ahí es cuando empiezan a pasar cosas.

Olsen: Todo tiene un procedimiento cuando se realiza el despegue. Paso 1, paso 2, paso 3. Y los siguen...uno por uno.

Simonyi: Es como ir a la ópera o a una sinfónica. Te llevas la partitura para entender lo que pasa. Aprecias más las cosas si tienes una partitura escrita.

Garriott: Incluso antes de sentir la propulsión, puedes sentir que hay una cantidad masiva de fluidos que se desplazan. Entonces, los motores se encienden unos segundos antes del despegue, así que puedes sentir como todo se va acumulando de energía. Puedes llegar a sentir una especie de balanceo debido al viento. Y ahí, justo a tiempo, justo en el momento del despegue, la Soyuz, de un modo muy delicado, pero a la vez, muy confiado, comienza a abandonar la plataforma.

Olsen: Fíjate que cuando sentí que el cohete comenzó a rugir me invadió una paz muy serena. Pensé, “¡Sí! Los próximos 10 días serán míos y nadie me quitará lo bailado”.

Garriott: Te estás diciendo, “Bueno, si todo sale bien, va a ser un viaje de ascenso tranquilo. Si sale mal, espero que la torre de escape funcione. Sea como sea, vida o muerte, va a ser bastante ruidoso”.

Shuttleworth: Es una experiencia profunda. Mezclas momentos de terror con momentos de alegría absoluta.

Olsen: En el despegue tienes alrededor de tres y medio G. Traté de levantar el brazo y sentí como si cargara un peso de 10 libras.

Ansari: La presión no era un problema, para nada. Entre la primera y la segunda etapa, era como si el tiempo se detuviera. Todo se detuvo por unos segundos. Luego comenzó de nuevo, es divertido.

Olsen: Después de unos ocho minutos, las fuerzas G se disipan y sabes que estás cerca de las 17.000 millas por hora. Es una velocidad constante así que no hay fuerza.

Shuttleworth: Lo que recuerdo como muy asombroso es comenzar a tomar conciencia de un montón de sonidos internos cuando se apaga el motor principal. Sonidos mecánicos, como la circulación de aire, y del aire acondicionado y luego otros de los cuales vas tomando conciencia. Tienes relojes con alarmas y ventiladores y un dispositivo grande llamado “globus”. Es redondo, básicamente tu mapa, que gira y comienza a hacer tic, tic, tic, como un reloj cucú. Acabas de atravesar esta experiencia increíble de entrar al espacio, y repentinamente es como entrar al taller de un relojero suizo o algo así. Así que hay un contraste increíble entre lo que podrías suponer, que debería incluir efectos especiales y música de fondo, y la realidad física de los hechos.

Ansari: Lo próximo que pasó fue que el bolígrafo que tenía atado a una cuerda comenzó a flotar. Fue alucinante. Fue como decirme, “Dios mío, estoy en el espacio”.

Olsen: Cuando no hay gravedad, uno de los efectos es que debes orinar mucho debido al desplazamiento de los líquidos.

Simonyi: Los fluidos se comportan de otra manera en la vejiga.

Olsen: Así que me muero por orinar y me digo, “Bueno, probablemente tendré que usar el pañal. Tal vez apeste a la cápsula”. Me inclino hacia el comandante (por fuera parece un ruso muy severo, pero es un gran hombre) y se lo digo, como si le estuviera pasando un dato.

Simonyi: En la cápsula te comunicas mediante codazos, debido a que todos miran en la misma dirección, y es difícil girar la cabeza. No puedes ver a los demás, pero sí puedes sentir el resto de sus cuerpos. Es como si estuviéramos simplemente sumados.

Olsen: Luego él se inclina hacia mí y, en inglés, me dice, “No te preocupes Greg Olsen, yo ya oriné”. Una vez que escuché eso simplemente me dejé llevar.

Garriott: Yo tenía puesto un pañal y lo necesité durante el lanzamiento. Estás motivado psicológicamente para no usarlo, pero aprendes a vencer tus dificultades rápidamente y lo usas para aquello para lo cual fue diseñado.

Olsen: No apestaba. Esos pañales están bien hechos.

Garriott: Digamos que no podría haber llegado demasiado lejos sin ellos.

Ansari: Pasó un rato hasta que nos pudimos desabrochar los cinturones y pudimos flotar por la cabina.

Simonyi: Es una sensación interesante, cuando no hay gravedad y estás en el asiento, pero no es gran cosa. Cuando vi a Oleg, el ingeniero de vuelo, abrir la escotilla que estaba arriba nuestro y salir volando del asiento, atravesar la escotilla y pasar a la sala de estar, eso fue grandioso.

Olsen: Hay un modulo habitable arriba.

Simonyi: Hay un cuadro famoso de Cristo resucitando hecho por un pintor medieval (Matthias) Grünewald. Es un cuadro fantástico, y estos hombres flotando como ángeles me lo hicieron recordar. Es maravilloso, y luego tú también lo haces. Quiero decir, es fabuloso.

Garriott: Por supuesto que la vista es espectacular cuando se te presenta la oportunidad de ver a la Tierra desde el espacio. Te das cuenta de que estás volando muy alto por la oscuridad del espacio y la curvatura de la tierra. Pero la vista, el mirar directamente hacia la superficie, no es tan distinta de lo que puedes ver mirando desde la ventanilla de un avión.

Simonyi: Teníamos una cortina con Velcro en la ventana. En un momento traté de espiar hacia la Tierra pero el comandante me dio un codazo, y levantando la voz me ordenó que dejara de hacerlo. Fue realmente del modo en que lo hace un comandante.

Ansari: Realmente te advierten los primeros dos días respecto a andar mirando la Tierra.

Simonyi: Colocan a la Soyuz en rotación constante para que los paneles solares apunten al sol. Mirar a la Tierra mientras la nave rota te puede descomponer. Puedes descomponerte incluso sin mirar la Tierra. Eso se llama el síndrome de adaptación al espacio. Y la rotación exacerba los efectos del síndrome de adaptación al espacio. Así que durante el primer par de órbitas se suponía que no debíamos mirar hacia la Tierra.

Ansari: Tienes que tomártelo realmente con calma, moverte despacio, mover tu cabeza lentamente o no moverla para nada, de ser posible. Me sentí fantástica durante el lanzamiento. Me sentí fantástica después del lanzamiento. Después era el momento de dormir y preparamos nuestras bolsas de dormir.

Olsen: Es, digamos, muy raro cuando duermes la primera vez. Luché para dormirme al estar tan alborotado. Es raro pero te sienta bien.

Simonyi: Soñé que estaba en la Tierra, que estaba entrenándome en Star City completando un formulario, bla bla bla, bla. Y luego me despertó el comandante. Estaba un poco desorientado. ¿Dónde estoy? ¡Estoy en una nave orbitando la tierra!

Ansari: Después de que me desperté fue como, “Oh, es mi primer día en el espacio, mi primer mañana en el espacio”. Estaba tan alborotada. Comencé a salir volando de mi bolsa de dormir. Volé y miré por la ventana. Fui de una ventana a otra.

Garriott: El sólo hecho de poder dar volteretas y girar como un gimnasta profesional increíble y aterrizar con tu cara junto a una ventana y mirar un amanecer hermoso es realmente fantástico.

Ansari: Ahí fue cuando toda la Soyuz comenzó a girar en torno a mi cabeza. Sabía que había hecho algo que se suponía que no debía hacer y realmente tuve ganas de vomitar.

Olsen: Eso le pasa a alrededor del 40% de todas las personas que van al espacio. No tiene nada que ver con hacerse el macho.

Ansari: No dejé que lo vieran. Pensé, “Dios mío, pensarán que soy estúpida. Mi vómito está flotando en la cabina”. Logré agarrar una bolsa antes de que se pusiera terrible. Sólo quedaba un poco flotando alrededor. Lo bueno respecto a que esté flotando es que puedes cogerlo. Pude cogerlo con una servilleta y lo puse en la bolsa antes de que pudieran verlo.

Después de dos días de viaje, la cápsula Soyuz alcanza una órbita terrestre baja y comienza a atracar con la Estación Espacial Internacional (ISS).

Simonyi: El acoplamiento es totalmente automático.

Olsen: El comandante tiene la habilidad para hacerse cargo de la nave, pero todo se realiza mediante controles de radio. Básicamente, hace rebotar una onda radioeléctrica contra la ISS. Eso indica a qué  distancia está y a qué velocidad se está aproximando a la estación.

Simonyi: Comienzas a tomar conciencia de la presencia de esta estructura increíble. Primero se ve muy pequeña , como si fuera a través de una mira óptica. Es como muy antiguo, no sé que es. No hay nada, ya no existen cosas así. Estoy seguro. En cierto sentido es como un periscopio. Es una proyección sobre el vidrio mate: tiene una imagen apenas, pero apenas visible. Por supuesto que es muy nítida, pero no es demasiado brillante.

Shuttleworth: Yo estaba centrado en el periscopio, porque de ahí es de donde se acerca.

Simonyi: El instrumental podría haberse construido en el siglo XIX. No el siglo XX sino el siglo XIX.

Shuttleworth: Es una especie de minimalismo funcional. Sería muy difícil quebrantarlo.

Simonyi: Hacia el final se encienden los cohetes retro-propulsores. Sólo reducen la velocidad un poquito. Pausan más que dispararse, y el fuego es como un destello blanco. Pero se encienden justo al lado de las ventanas laterales. Y de repente ves este destello blanco y burbujas pequeñas, unas esferitas de propergol que no se ha consumido y que van para todos lados.

Shuttleworth: Yo me había concentrado en el periscopio y después que atracamos, miré por la ventana y de repente aparecen los radiadores y los paneles solares. Aquí hay una estructura realmente inmensa y es realmente espectacular. Atracas con el sol a tus espaldas así que todo es muy descarnado y todo a tu alrededor es completamente negro. Es muy asombroso, muy espacial y muy guay.

Garriott: Hay un resplandor anaranjado iridiscente que proviene de los paneles solares que no aparece en las fotografías.

Olsen: Yo recuerdo que todo fue de acuerdo con lo previsto.

Garriott: El cono de acople está hecho para que aunque te hayas desviado hasta medio metro, hará como de embudo para que atraques perfectamente.

Ansari: Primero abren la escotilla hacia la Soyuz.

Olsen: Nuestra escotilla no abre. Nuestro comandante tira y tira...finalmente le ponemos los pies encima. “Uno, dos tres, a tirar!!. Uno, dos tres, tirar!!”. No se mueve. Pienso, “Todo ese entrenamiento y dinero, y ahora no podemos abrir la puerta. Nos vamos a tener que volver a casa”. Luego, finalmente, lo resolvimos.

Ansari: En ese momento, la tripulación de la ISS abre la puerta. Si yo todavía estaba descompuesta no querían ponerme frente a la cámara y hacerme pasar vergüenza.

Simonyi: Estábamos afeitados de antemano y nos habíamos puesto trajes de vuelo limpios.

Olsen: Luego flotamos hacia la ISS y lo primero que hice fue pegarme la cabeza contra el techo. Eso apareció en la televisión en Moscú.

Shuttleworth: Por un lado, es como festivo y de bienvenida, y luego por otro lado es como, “Pásate para este lado hacia la cámara y háblale al mundo ahí afuera”.

Olsen: Una tradición es que hacen sonar la campana. El primer comandante de la ISS fue un capitán de fragata así que llevó una campana de barco a la ISS. Cada vez que entraba alguien nuevo, la hacía sonar. Además, los rusos tienen esta tradición de darte pan y sal cuando llegas. El comandante de la estación, Sergei Krikalyov nos dio el pan y la sal. Me sentía sobrecogido de estar cerca de él. Me dijo, “¿Cómo estas Greg?” y me dio un gran abrazo.

Para los turistas espaciales, no hay mucho para hacer a bordo de la ISS. Generalmente se mantienen ocupados sacando fotos, cotejando su correo electrónico y haciendo llamadas a sus casas. Richard Garriott filmó una película de ciencia ficción con sus compañeros astronautas y cosmonautas como protagonistas. Y todo el mundo a bordo pasa cantidades increíbles de tiempo simplemente buscando cosas.

Olsen: Después que atracamos nos dimos las manos, y nos saludamos. Después quedó como una hora en que simplemente anduvimos recorriendo.

Shuttleworth: Cuando estuve allá arriba, había, dependiendo de cómo contaras los nodos, cinco o seis módulos. Llegan al tamaño de una casa rodante, algunas más grandes y algunas más pequeñas. Las más interesantes se proyectan desde el eje. Hay un eje primario que va desde el habitáculo ruso, pasa por el módulo de almacenamiento y llega hasta el laboratorio estadounidense. Y hay dos cosas que se proyectan desde él. Una es el módulo para atracar y el otro es la que llaman el porche delantero: la esclusa de aire estadounidense.

Garriott: Me dieron un lugar pequeño para trabajar cerca de la radio de onda corta en el módulo de servicio y un escritorio plegable con un ordenador portátil encima. Y me dije algo como “Wow, han metido en el medio de todo el trabajo ajeno. Voy a estar constantemente estorbando. Filmar va a resultar muy difícil”.

Simonyi: El comandante te dice dónde quedarte, y de hecho, me dieron una bolsa para mis cosas. Metí todo adentro y usé el cordón para cerrarla y asegurarla a la pared. Tu hogar es básicamente invisible.

Ansari: Yo elegí un lugar junto a una ventana en el compartimiento para atracar. Me dijeron que era ruidoso y hacía frío. Dije, “No me importa. Quiero estar junto a una ventana”. Me dejaron estar ahí y me dieron una tela y el comandante me dijo, “Cuando quieras tener privacidad, la cuelgas y sabremos que no debemos molestarte”. Eso se transformó en un cuartito privado muy bonito para mí.

Olsen: Se parece a ir de campamento. En realidad, excursionismo con mochila.

Ansari: Higienizarse es un suplicio. No hay duchas a bordo de la estación espacial. Te entregan unos paños húmedos y unos paños secos que usas todos los días para fregarte, y un paquete con tus artículos de tocador (básicamente tu peine, cepillo de dientes y cualquier otra cosa que quieras llevarte).

Shuttleworth: Yo me llevé una cámara.

Simonyi: Yo me llevé una cinta de papel con uno de los primeros programas que escribí y mi pasaporte.

Shuttleworth: Hay una gran tradición entre los rusos. Hacen emitir una estampilla para cada misión de la ISS. Las personas se llevan tarjetas postales, sobres y se las llevan para que se les aplique el franquéo.

Olsen: Yo me llevé un iPod, muchas fotografías. Mi iPod tenía de todo, desde ópera hasta rock and roll.

Garriott: Le pedí a un buen amigo que escribe los libros de la serie Dragonlance para la empresa que hace Dragones y Calabozos, que me escribiera un guión. Básicamente, la historia es que mi madre se había metido de polizón en la ISS a través del vehículo de provisiones.

Ansari: Hay una misión de cargo, no tripulada, que sube antes de la tripulada para llevar algo de tu ropa, algo de tu comida y un paquete con tus artículos de tocador. Pero se supone que Dice-K iba a estar en la tripulación, no yo. Me dijeron que habían cambiado las pertenencias a último momento, pero cuando llegué, los paquetes que habían mandado eran de hecho, los de Dice-K. Yo tenía su espuma para afeitarse, su afeitadora, su colonia y cosas así. No tenían muchas de las cosas que yo pudiera utilizar así que usé su pasta dental y el cepillo de dientes. Afortunadamente, me había llevado algunas cosas y no tuve que usar su ropa interior.

Olsen: Yo tenía una cámara pequeña que perdí porque me la metí en el bolsillo y me olvidé de cerrar el cierre relámpago.

Shuttleworth: Lo único que recuerdo que salió mal fue romper mi cámara. Habían pasado varias horas y quería obtener una toma nocturna, metí mal la tarjeta de memoria o algo así. Fue muy frustrante.

Ansari: Siempre ando perdiendo cosas. Escribía algo y dejaba el bolígrafo apoyado en algún lado y me olvidaba de que el bolígrafo comenzaría a flotar. Perdí mi lápiz de labios y mi brillo labial.

Shuttleworth: Eventualmente aprendes a adherir todo y a cubrir las cosas. Todo tiene velcro. Quieres asegurarte de que todo aquello con lo cual estás trabajando tenga al menos dos puntos de adhesión.

Garriott: Yo tenía todo en bolsas dentro de bolsas, con velcro, con cierres a presión y con bandas elásticas.

Simonyi: Cuando algo sale flotando, es muy difícil encontrarlo. En la Tierra, cuando pierdes algo, miras el piso. Aquí no puedes. Miras todo, y hay de todo por todas partes. Podría estar en cualquier parte o detrás de algo.

Shuttleworth: A menudo te cruzas con alguien que busca algo y el objeto está flotando detrás de su cabeza.

Simonyi: La estación espacial es un desorden total. No hay palabras para describirlo. Es como entrar en la ferretería más desordenada que hayas visto, y solo tiene un ejemplar de cada objeto en alguna parte del inventario ¿si? Si tratas de hallarlo te va a llevar algún tiempo.

Shuttleworth: Hay como 17.000 piezas de equipo suelto ahí. Creerías que todo está documentado, que cada cosa tiene un lugar fijo. Ojala así fuera, pero es demasiado grande y compleja como para eso.

Garriott: Está atestada de cosas, pero después de un rato, te das cuenta de que estás pensando en 2-D, pero una vez que tu cerebro pasa a 3-D, te das cuenta de que no es tan así. Yo estaba en el medio de una filmación en este espacio bastante estrecho, y la gente pasaba por el techo o por el suelo sin molestarme y viceversa.

Simonyi: Si dejas algo sobre una mesa y luego se desplaza la imagen que tienes de la Tierra, la pared se transforma en suelo. No sabes donde buscar automáticamente algo que dejaste en la mesa. Es como estar en un espacio diferente. Te desorientas muy fácilmente.

Shuttleworth: Tu cuerpo necesita mucho de la sensación de saber dónde es arriba y donde abajo, pero esos conceptos carecen de sentido. Lo que es interesante es que en algún nivel mantienes la sensación de saber dónde está la Tierra. Ahí es cuando eres más conciente de flotar, porque sientes que estás flotando horizontalmente. No fue tan mágico, pero poder girarse y tirarse hacia lo que se siente como un pozo (el módulo para atracar que luego fue lanzado a la tierra), eso fue bastante radical. Mientras tanto, la otra parte que se proyectaba desde el eje era la esclusa de aire, que se orientaba hacia la derecha, si te desplazaras por el eje hacia la parte estadounidense, al final de la estación. Tenía una buena relación con la NASA, así que no había restricciones artificiales respecto adonde podía ir o no, de haberlas habido hubiera sido extraño.

Simonyi: Yo tenía un acuerdo con la NASA, podía llamar a mis amigos desde el espacio. Fantástico.

Olsen: El servicio telefónico es limitado. Depende de donde estás respecto de los satélites de comunicaciones. Pero diría que como promedio teníamos 10 minutos por hora. Yo era muy consciente de los cosmonautas que habían salido hacía seis meses. Mi opinión es que ellos tienen prioridad por sobre mí, así que traté de ser muy respetuoso con su tiempo.

Simonyi: Es un tema importante para los astronautas y para los cosmonautas. La agencia espacial rusa llegó al siguiente acuerdo; que los cosmonautas podían utilizar los elementos estadounidenses. Tenemos unos auriculares conectados a un PC normal, entras a Skype y utilizas la interfaz de Skype.

Garriott: Mi primera llamada fue a mi madre. La siguiente fue a mi novia, Nelly, y su hija. Y luego hice una llamada al alcalde de la ciudad de Austin.

Olsen: Con el correo electrónico, la NASA sólo permitió mensajes a direcciones que ya estaban aprobadas. Les entregué una lista de cien.

Simonyi: La cuestión con respecto al correo electrónico (y ¿sabes?, es medio triste), es que podía ser censurado por la NASA. Se preocupan por la promoción de productos. Y de hecho, en un momento dado estaba escribiendo un mensaje a un blog desde la estación y comentaba, “Wow, la champaña (del día del lanzamiento) no fue gran cosa. La próxima vez traeré un Dom Pérignon”, cosa que haré. Era una especie de chiste. Quiero decir, me había olvidado completamente. Y así lo retuvieron. A mí me parece tan mezquino, tan innecesario. ¿Eso es lo que va a hacer el Sr. Spock? Explorar nuevos mundos y nuevas civilizaciones y ¿preocuparse por que alguien diga accidentalmente “Dom Pérignon? Es como demasiado.

Para los astronautas y cosmonautas que están trabajando, cada día dentro de la ISS está programado con horarios, así que el momento de la comida es aquel en el que los turistas espaciales pueden interactuar con los nativos.

Shuttleworth: Nos fuimos turnando para hacer las cenas. Fue bonito.

Ansari: Habíamos comprado tomates frescos y fruta fresca, era como una celebración.

Olsen: En general es como comida de mochilero, pero los cócteles de camarones de la NASA estaban muy buenos.

Simonyi: Hay un solo lugar donde se puede comer en la estación espacial, y es en el segmento ruso. Ahí es donde está el calentador de la comida. El horno, si preferís.

Garriott: La mesa de la galera está cubierta con cucharas que están de pie como árboles, eso es debido a que hay cinta adhesiva de doble cara sobre la mesa. Simplemente golpeas la punta del mango de la cuchara contra la mesa y se queda pegada ahí. Esa es una de las primeras lecciones, el uso tridimensional del espacio.

Ansari: La cena era mi momento favorito a bordo de la estación, porque durante el día, todo el mundo está ocupado. Esta es la única oportunidad en que te puedes sentar (bueno, no sentarse en realidad ya que no hay sillas sobre las cuales sentarse) o flotar alrededor de la mesa y conversar. Para mí, fue grandioso poder debatir algunas de mis creencias. La publicidad, por ejemplo, ¿Qué tiene de malo? Sé que la NASA está totalmente en contra y me puse a discutir el tema con algunos de ellos. “¿Cuál es el problema de que te tomes una Coca Cola aquí?” pregunté. Tuvimos largas charlas, las hallé muy interesantes.

Garriott: Es muy difícil ubicar seis personas en torno a la mesa ya que es pequeña. Generalmente, ya está llena con cuatro o cinco personas de pies. Después se ubican uno o dos al revés, usando el techo como suelo.

Ansari: Una de las primeras noches que estuve ahí, el comandante me pidió que le pasara el pan ya que estaba al lado de donde yo estaba. Tomé el pan y se lo pasé. Y él reaccionó como diciendo, “No se hace así en el espacio. Tienes que arrojarlo”. Y yo pensé algo así como, “A mí me enseñaron a no tirarle la comida a nadie. Pero no estás en la Tierra, estás en el espacio. Tienes que lanzarlo. Al hacerlo cómo lo haces, le quitas toda la diversión”.

Simonyi: Si, es divertido. Especialmente al principio, contamos nuestras historias y nos pusimos a reflexionar sobre lo que estábamos haciendo.

Garriott: Estoy aquí para decirte que uno de los temas de discusión más comunes entre los astronautas que trabajan y viven en el espacio es cómo trabajar con los equipos de mantenimiento de vida, particularmente los baños. El baño ruso es el que mejor funciona.

Olsen: Mi doctor me hizo todas las preguntas: “Tenemos tu ritmo cardíaco ¿algún problema?” Bla, bla, bla. Pasó el tercer día, y al cuarto: “¿Has ido al baño, Greg?” “No”. Quinto día: “No”. Me dijo: “No te preocupes. El record mundial es de 14 días. Es imposible que lo rompas.” Me llevó seis días.

Garriott: Muchas personas se constipan allí arriba. Pero aunque no te pase, la frecuencia es muy, muy lenta. En mis 12 días en el espacio, usé el baño tres veces.

Olsen: Recuerdo que tuvimos una conversación muy larga sobre lo que haríamos al volver. Yo estaba más cautivado con “Escuchad, estoy en el espacio”. Pero el comandante Krikalyov y John Phillips (el oficial de ciencia de la NASA) ya habían pasado seis meses en el espacio. Realmente estaban muy ansiosos. Recuerdo que Phillips dijo, “Sólo quiero cerveza y pizza. Eso sería lo mío”. Krikalyov se unió a la conversación y dijo, “Sólo quiero café, no esta porquería que bebemos aquí. Quiero el tipo de café que puedo acercar a mi nariz y oler”.

Simonyi: Las tripulaciones que están por volver están ansiosas por hacerlo. Tuvimos un retraso de dos días. Ellos estuvieron ahí por más de seis meses. Yo estaba celebrando: ¡dos días más! Y estos hombres se decían, “Dios mío, se suponía que debería volver. Soñaba con este día y ahora tengo que ¡esperar dos más!”

Garriott: Mi película empieza con mi verdadera partida de la estación espacial con la gente saludado con las manos. “Chau, Richard, chau”. Luego pasa a alguien diciendo “Wow, macho, estoy contento de habernos deshecho de ese tipo, sólo hablaba de sus videojuegos. Ultima esto, Tabula Rasa lo otro. En fin, estoy contento que se haya ido”. Y después de un rato de vida humorística a bordo, determinan que la tripulación está utilizando más oxígeno que lo que debieran usar por la cantidad de personas que hay. Así que creen que hay un alienígena a bordo y se ponen a buscarlo, y en vez de ello, encuentran a mi madre.

El vuelo de regreso a la Tierra tarda tres horas y media desde desatracar hasta aterrizar y en el camino de descenso la Soyuz se deshace de dos de sus tres secciones. Tanto el módulo de servicio, con sus paneles solares y el equipo de comunicaciones, y el módulo habitable (o “sala de estar”) se incendian en la atmósfera. El módulo de reingreso, aislado contra el calor, contiene a los cosmonautas. Se vale de una sucesión de paracaídas y de cohetes retro-propulsores para desacelerar a la nave antes del impacto.

Garriott: Hacer las maletas es un momento triste. Tratan de dejar sus despedidas para las cámaras, y luego te van echando para desatracar rápidamente, por razones de seguridad. Así que es una despedida rápida y atribulada que es realmente muy emocionante.

Shuttleworth: A mí me pareció que el regreso fue lo mejor de todo. Ya desde la perspectiva de la física, es muy dinámico. El lanzamiento es algo un poco estéril: estás a 15 metros de los motores, que es donde está la acción. Por el contrario, en el retorno la nave va desintegrándose y se transforma en un montón de pedacitos. Y luego, esa parte pequeña que te contiene vuelve directamente a la atmósfera y estás rodeado de fuegos artificiales. Así que estás donde está la acción.

Olsen: Recordad que para aterrizar, la Soyuz tiene la tercera parte del volumen que tenía en el momento del lanzamiento, y la mayoría del espacio de carga ya no está. Hay que ubicar las cosas con mucho cuidado porque la distribución de la masa afecta algunas de las características aerodinámicas de la Soyuz. El comandante tiene que hacerlo. Es algo con lo que nos gustaría ayudarle pero sólo podemos quedarnos parados, mirando, debido a que es una tarea para un solo hombre y debe hacerse con mucho cuidado.

Simonyi: La sala de estar se empaca con la basura para que se incendie durante el regreso. Las bolsas de residuos están cubiertas con una capa de goma que están selladas con anillos de goma al igual que los trajes espaciales, están selladas herméticamente.

Olsen: Nos pusimos los trajes espaciales, entramos, y no podíamos terminar de ajustar la presión entre el módulo habitable, que está atracado, y el compartimiento para atracar. Estuvimos haciendo ajustes durante una hora, y finalmente dijeron, “Bueno, hagámoslo”.

Simonyi: Siempre hay cotejos de integridad de presión. Pareciera ser que eso es lo único que hacemos en la nave: cotejar la integridad de presión. Hay un instrumento muy importante, un manómetro, esencialmente un barómetro, pero para baja presión. Mide toda la presión de la nave. Es grande, de bronce, y tiene unos caños que lo conectan con todo. Literalmente, podría haber sido construido en el siglo XIX.

Olsen: De todos modos, durante el descenso, vimos que la presión iba cayendo. No sabemos qué pasó, pero algunos creen que una correa de media pulgada estaba atascada en el anillo que sella.

Simonyi: Había una válvula que no cerraba, nadie sabe el por qué. Luego la presión cayó y las bolsas de basura comenzaron a explotar. ¿Os podéis imaginar el desorden? Ay…mi Dios.

Olsen: Finalmente, el comandate Krikalyov dijo “Olsen, kislorod”, que significa “oxígeno”. Yo tenía que alcanzar la válvula de oxígeno. Realmente es muy difícil porque la válvula tiene una carga a resorte. La tuve abierta alrededor de un minuto, y la presión finalmente subió hasta donde debía estar. Pero el problema ahora es que enriquecí el aire con oxígeno. El aire normal tiene alrededor del 21 por ciento de oxígeno. Lo habíamos subido hasta 32 por ciento. Si llegamos a 40 por ciento la cabina se despresuriza automáticamente, porque más de 40 por ciento de oxígeno tiende a acabar en combustión espontánea.

Ansari: En la mayoría de los casos, algo sale mal.

Shuttleworth: La Soyuz está diseñada de una manera que tiene una degradación muy leve si las cosas fallan. Pueden fallar bloques grandes de subsistemas y sin embargo puedes llegar a destino.

Simonti: El momento crítico es cuando se separan los tres segmentos de la nave y dos se dejan para que se incendien.

Garriott: La separación en realidad tiene tres sonidos que se le asocian. Primero hay un sonido de una detonación leve (pop) que es el evento previo a la separación, una desconexión de cables de alguna clase o tubos. Puedes sentir que la fuerza te va empujando directamente hacia atrás con un movimiento bonito, limpio, suave, dirigido hacia atrás. Otro sonido igual y nos separamos del compartimiento de instrumentos. Puedes sentir realmente que es limpio. Pop, pop, pop.

Simonyi: Podías ver partes de la nave pasando por la ventana. Estábamos a Mach 20 o 22 en un aire muy, muy tenue, pero era suficiente como para hacer que un trozo de aislante grande que fue arrancado en la separación comenzara a aletear junto a nosotros. Nos golpeaba por el viento, hacia la derecha y hacia la izquierda. Luego golpeó la pared y como que salió volando.

Ansari: Hubo un resplandor anaranjado, con chispas y cosas.

Simonyi: Se parece al Pepto Bismol (un medicamento digestivo). Es un plasma sólido color rosa.

Garriott: Es como estar dentro de un alto horno.

Ansari: Mirando por la ventana, se me escapó decir, “Dios mío, ¡me siento como si estuviera montando un meteorito!”.

Olsen: De repente, todas las cosas comienzan a vibrar, y puedes sentir la desaceleración. Llegamos a cuatro G y medio y se hace difícil respirar. La cápsula se zarandea de un lado al otro. No hay contacto radial. Sólo tienes que atravesar la situación.

Simonyi: Estaba oscureciendo, pero en realidad era la ventana que se quemaba causando la oscuridad. La ventana tiene como tres paños y el del exterior está hecho para quemarse un poco.

Shuttleworth: Estás de espaldas, girado, la fuerza G se acumula y tu vehículo va perdiendo partes. Es intenso. Tienes que concentrarte en las fuerzas G que se acumulan.

Simonyi: Las fuerzas G son grandes pero es más fácil soportarlas que en el caso de los pilotos de caza, porque pasan por otro eje de tu cuerpo. No es en sentido vertical, sino a través de él, de adelante hacia atrás.

Garriott: La próxima cosa importante que pasa es que se abre el paracaídas de arrastre, que puede dificultar un poco las cosas. Cuando se abre el paracaídas principal es como estar en la punta del látigo cuando chasquea. Desechos comienzan a esparcirse por la cápsula aunque se supone que todo está fijado. Muchos proyectiles.

Simonyi: Me confiaron los libros, debido a que el estante estaba lleno de material científico. A nadie pareció preocuparle que yo acarreara los libros durante el impacto.

Garriott: Estábamos todos con nuestros trajes espaciales y con las escafandras cerradas así que estábamos bien protegidos.

Simonyi: Diez metros por segundo es la velocidad terminal. Básicamente, estás corriendo hacia una pared de ladrillos a 25 millas por hora.

Ansari: Yo pensé que iba a ser difícil, pero nunca tanto. El impacto fue terrible. Golpeas la tierra con tanta fuerza que el impacto te detiene el torrente sanguíneo. Sentí como si miles de agujas me pasaran por la espalda.

Olsen: Rebotamos, rodamos un poco e hicimos contacto radial. Se nos ordenó que esperáramos al equipo de búsqueda y rescate. Lo siguiente que pasa es que oigo golpes contra la cápsula. Simplemente nos están avisando, “Hola, aquí estamos”.

Shuttleworth: Debes esperar que la cápsula se enfríe. Estábamos medio impacientes así que levantamos nuestros visores.

Ansari: Realmente comienza a hacer mucho calor en la cápsula durante el descenso. Tienes calor y transpiras dentro del traje espacial, y toda la experiencia te hace sentir desorientado. No estás acostumbrado a la gravedad, te sientes pesada, casi no puedes moverte.

Shuttleworth: Los tres mirábamos todo con los ojos muy abiertos, sonreíamos y mirábamos la escotilla. Con el impacto, una palada de tierra se había metido sobre la escotilla así que cuando la abrieron nos ensuciamos la cara con tierra. Una manera de decir “Bienvenidos a la Tierra”. Fue muy gracioso.

Olsen: Simplemente cortaron las correas con cuchillos, nos sacaron y nos pusieron en sillas.

Garriott: Eran sólo 10 días en el espacio y realmente pierdes la habilidad de levantarte correctamente.

Ansari: Me recordó a algo así como un renacer.

Olsen: Es como cuando te gradúas en la facultad. Tienes esta gran sensación de logro. Me sentí muy bien conmigo mismo, de un modo seguro, sereno, no de un modo egotísta ni fanfarrón. Era solamente, “Wow”.

Garriott: Durante el entrenamiento te enteras de quién ha cometido cuáles errores. Y entonces tomas conciencia de que si cometes un error, tu nombre se asociará a ese error durante el resto de la historia del programa espacial ruso.

Olsen: “Gracias a Dios que no metí la pata”. Ese fue mi primer pensamiento cuando aterrizamos, de verdad.

Garriott: Hay personas que encendieron o apagaron cosas que no debían. Hubo radios que fueron desconfiguradas, se abusó del uso del baño.

Simonyi: Así que, estamos en Kazakhstan, y luego tomamos un helicóptero al aeropuerto, y luego un avión hasta Star City. Yo no me bañé esa noche, simplemente me metí en la cama.

Olsen: Lo primero que hice fue ducharme. Una ducha y cagué, si me disculpan. Luego volví a casa. Ahora miro el cielo y digo, “Oye, allí están mis amigos, simplemente flotando allí arriba”.

Ansari: Cuando estás en el espacio mirando hacia la Tierra, también estás mirando hacia tu vida, hacia ti mismo, hacia tus logros. Piensas en todo lo que posees, amas o que te importa, y en todo lo que pasa en el resto del mundo. Estás pensando de un modo más amplio. Estás pensando de un modo más global.

Simonyi: Yo no creo que la finalidad de los vuelos espaciales sea que hagan que la gente sea mejor. De algún modo te cambiará a ti o a tu vida, pero esas no son las razones para ir al espacio.

Garriott: En principio, yo estaría de acuerdo con eso.

Shuttleworth: Para todos, un año de tu vida en que hay una circunstancia diferente, te cambiará. Creo que la naturaleza humana es algo así. Es difícil definir exactamente cómo.

Olsen: De un modo sutil, es una experiencia que cambia tu vida. Quiero decir, no soy terriblemente espiritual ni nada que se le parezca, pero va mucho más allá del vuelo. Haces amigos para toda la vida.

Simonyi: Por ejemplo, Sergei (Krikalyov) es un hombre increíble. Quiero decir, es tan inteligente y tan atlético. Es un tipo con quien es maravilloso estar y es tan multifacético. La gente no aprecia cuántas personas han viajado en múltiples oportunidades. Las 10 principales reúnen 60 misiones, seis cada una.

Garriott: Del lado estadounidense, comencé a tener lo que llamaría discusiones intelectuales (con los astronautas) respecto a los experimentos, los diseños y cosas así. Hasta tengo ideas para algo de investigación contemporánea para la NASA. De hecho, están haciendo una investigación basada en una idea que les propuse. Eso realmente me hizo sentir bien, porque me di cuenta de que hasta podía interactuar con ellos en los aspectos de ingeniería. Participar como si fuera un igual, si entendéis lo que quiero decir,

Simonyi: A las personas con experiencia les va mucho mejor en el espacio que a los novatos.

En octubre, Simonyi ejerció su opción de $ 5 millones para otro billete de vuelta a la ISS. Está programado para volar esta primavera.

Adam Fisher escribe sobre ciencia y viajes. Su trabajo apareció en The New York Times Magazine, New York, y Wired.

Copyright Technology Review 2008

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