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Mario Tama | Getty Images

Energía

El presidente de Brasil, un peligro para la lucha contra el cambio climático

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Jair Bolsonaro, que acaba de iniciar su mandato como nuevo presidente de Brasil, podría tomar medidas que aceleren la destrucción de la Amazonia y de la sabana del Cerrado. Esto supondría la liberación de grandes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera, lo que ya preocupa a ecologistas y científicos  

  • por James Temple | traducido por Ana Milutinovic
  • 03 Enero, 2019

Ecologistas y científicos temen que el presidente de Brasil, el político de extrema derecha Jair Bolsonaro, que acaba de tomar posesión, acelerará la destrucción de la selva tropical del Amazonas de este país y la sabana del Cerrado, dos zonas que figuran entre los mayores almacenes mundiales de carbono.

Ambas absorben enormes cantidades de gases de efecto invernadero del aire, almacenándolos en árboles, praderas, raíces y tierra. La retórica de la campaña de Bolsonaro y los vínculos con la industria agraria han llevado a los observadores a temer que vaya a presionar para relajar las normas ambientales y el control, afirma la coordinadora de la campaña de Greenpeace de la Amazonia de Brasil, Tica Minami. Eso podría animar a los agricultores a quemar o limpiar de otro modo más tierras para la soja, la caña de azúcar y el ganado, liberando vastas cantidades de dióxido de carbono de nuevo a la atmósfera.

Según los estudios, hasta el 15 % de las emisiones globales ya provienen de la "deforestación y degradación de los bosques tropicales".

El Amazonas

Las tasas de deforestación en el Amazonas han disminuido significativamente desde principios de la última década, en parte gracias al movimiento Salvar la Selva Tropical y a las regulaciones más estrictas sobre el uso de la tierra. Pero las cifras sugieren que se está dando marcha atrás y la elección de Bolsonaro podría hacer que se disparen.

La Amazonia es la selva tropical más grande del mundo, abarca nueve países y representa alrededor del 17 % del carbono global existente en la vegetación terrestre.

Un estudio realizado en 2011 por los científicos de la NASA señaló que la biomasa de carbono en la Amazonia generalmente oscilaba entre 125 y más de 200 toneladas métricas por hectárea. Si las tasas de deforestación en la Amazonia brasileña regresaran al pico de 2004, un escenario probable bajo el mandato de Bolsonaro, podrían aumentar las emisiones anuales a casi 3.000 millones de toneladas métricas durante su legislatura, en el extremo superior de ese rango. Eso supone casi la mitad del total de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero de Estados Unidos, que alcanzó los 6.500 millones de toneladas métricas en 2016.

Un estudio realizado por los científicos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil descubrió que las emisiones adicionales podrían ser incluso más altas. Estimaron que las tasas de deforestación en el Amazonas podrían triplicarse, alcanzando los 25.600 kilómetros cuadrados al año, si Brasil abandonara el histórico Acuerdo climático de París, autorizara la minería en tierras indígenas y promulgara otras políticas que Bolsonaro ha planteado en los últimos meses. 

Esto sumaría 1.300 millones de toneladas métricas adicionales del dióxido de carbono y equivalentes gases de efecto invernadero al año, o más de 13.000 millones entre 2021 y 2030, tal y como lo ven los investigadores y según el periódico Estadão en São Paulo (Brasil). 

El Cerrado

El Cerrado de Brasil es una sabana tropical que ocupa 2 millones de kilómetros cuadrados al sureste de la Amazonia. De 2000 a 2015, casi 240.000 kilómetros cuadrados se convirtieron en tierras de cultivo y otros fines, creando alrededor de 32.000 millones de toneladas de dióxido de carbono, según un estudio.

Las estimaciones científicas del carbono en la vegetación del Cerrado varían de 22 a 78 toneladas por hectárea, mientras que el carbono en el suelo oscila entre 97 y 210 toneladas, según la Unión de Científicos Preocupados (Union of Concerned Scientists en inglés).

La buena noticia es que este carbono enterrado no se libera tan fácilmente cuando la tierra se quema o se desbroza. Pero la labranza del suelo y los crecientes cultivos, por ejemplo de soja, aceleran su filtración a la atmósfera.

De 1990 a 2010, la tasa anual de pérdida de vegetación en el Cerrado fue de 0,61 %, según un estudio. Pero las investigaciones más recientes afirman que la tasa fue de 1,2 % en Minas Gerais, un estado en el sureste. La aplicación de esa doble tasa al ecosistema en su conjunto sumaría 750 millones de toneladas métricas de emisiones anuales adicionales durante el mandato de Bolsonaro. Se podrían liberar 2.000 millones de toneladas métricas extra de dióxido de carbono del suelo durante los periodos de tiempo más prolongados.

En otras palabras, unas elecciones en un país podrían sumar entre 4.000 y 6.000 millones de toneladas métricas del dióxido de carbono a la atmósfera. Eso es casi una quinta parte de la producción anual de gases de efecto invernadero de todo el mundo.

 

 

 

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