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Computación

Historia de cómo Google se enfrentó a China y perdió

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Al principio era el gigante de internet quien dominaba la situación. Ahora las tornas han cambiado y el buscador ansía desesperadamente volver a penetrar en el enorme mercado chino mientras que el país y su sector tecnológico cada vez más potente ya no lo necesita

  • por Matt Sheehan | traducido por Ana Milutinovic
  • 17 Enero, 2019

La primera incursión de Google en el mercado chino fue un experimento de corta duración. El buscador de Google en China se lanzó en 2006, pero en 2010, tras sufrir un gran ciberataque y todas las disputas sobre la censura de sus resultados de búsqueda, el gigante se retiró de China continental. Sin embargo, en agosto de 2018, la página web de periodismo de investigación The Intercept publicó que la compañía estaba trabajando en un prototipo secreto de un nuevo motor chino para búsquedas censuradas, el Proyecto Dragonfly. En medio del furor de los activistas por los derechos humanos y algunos empleados de Google, el vicepresidente de EE. UU., Mike Pence, animó a la compañía a poner fin a Dragonfly bajo el argumento de que el proyecto "fortalecería la censura del Partido Comunista y comprometería la privacidad de los usuarios chinos". A mediados de diciembre The Intercept afirmó que Google había suspendido sus labores de desarrollo, en respuesta a las quejas del propio equipo de privacidad de la compañía, que se enteró del proyecto gracias a los informes de la mencionada página web de investigación.

Algunos observadores hablan como si la decisión de Google de volver a entrar al mercado más grande del mundo dependiera del propio gigante: ¿comprometerá sus principios y censurará las búsquedas tal y como quiere China? Se equivocan: esta vez el Gobierno chino será el que tomará las decisiones.

Google y China llevan más de una década bailando un extraño tango, en un tira y afloja constante. Si se analiza este longevo baile, aparecen unos cambios importantes en la relación entre China, Google y todo Silicon Valley (EE. UU.). Para averiguar si China permitirá el regreso de Google, debemos entender cómo Google y China han llegado hasta aquí, a qué incentivos se enfrenta cada parte, y cómo la inteligencia artificial (IA) puede hacer que vuelvan a bailar al mismo son.  

¿Qué es lo correcto?

Cuando www.google.cn se lanzó en 2006, la compañía había empezado a cotizar en bolsa solo dos años antes. El iPhone aún no existía, ni tampoco los teléfonos inteligentes basados ​​en Android. El tamaño de Google era aproximadamente de una quinta frente a su tamaño y valor actual, y la red china era vista como un remanso de productos de imitación que carecían de innovación. El motor de búsqueda chino de Google fue el experimento más controvertido hasta la fecha en la diplomacia de internet. Para entrar en China, la joven empresa, que se había definido a sí misma con el lema "No seas malvado", aceptó censurar los resultados de búsqueda que se mostrarían a los usuarios chinos.

La decisión de los líderes de Google se basaba en la apuesta de que, al servir al mercado, incluso con un producto censurado, el buscador podría ampliar los horizontes de los usuarios chinos y ampliar la apertura de la red china.

Al principio, parecía que Google tenía éxito en esa misión. Cuando los usuarios chinos buscaban contenido censurado en google.cn, recibían un aviso de que se habían eliminado algunos resultados. Ese reconocimiento público de la censura en internet fue el primero entre los motores de búsqueda chinos, pero no gustó mucho a los reguladores.

"El Gobierno chino lo odiaba. Para ellos era como si fueran a cenar a casa de alguien y dijeran: 'Lo comeré, pero no me gusta'", recuerda el exjefe de Comunicaciones Internacionales de Baidu, Kaiser Kuo. Google no había pedido permiso al Gobierno para poner el aviso, pero no le ordenaron quitarlo. El prestigio global y la experiencia técnica de la compañía influyeron en eso. China era un mercado prometedor, pero aún dependía de Silicon Valley para el talento, la financiación y el conocimiento. Se creía que Google quería estar en China, pero China necesitaba a Google.

El aviso de la censura de Google fue una modesta victoria para la transparencia. Baidu y otros motores de búsqueda en China pronto siguieron su ejemplo. Durante los siguientes cuatro años, el Google chino luchó en múltiples frentes: contra el Gobierno por las restricciones de contenido, contra Baidu, su competidor local, por la calidad de los resultados de búsqueda, y contra su propio liderazgo corporativo de California (EE.UU.) por la libertad de adaptar los productos globales a las necesidades locales. A finales de 2009, Google controlaba más de un tercio del mercado de los buscadores chinos, una participación respetable pero muy por debajo del 58 % de Baidu, según los datos de Analysys International.

En 2013, el Gobierno chino reprimió el discurso político, encarceló a los críticos y creó leyes contra la "propagación de rumores" online, un doble golpe que sofocó el debate político.

Sin embargo, al final, no fue la censura ni la competencia lo que sacó a Google de China. Fue un ciberataque de gran alcance conocido como Operación Aurora dirigido a todo, desde la propiedad intelectual de Google hasta las cuentas de Gmail de activistas chinos de derechos humanos. El ataque, que Google afirmó que provenía de China, llevó a los directivos de la empresa al límite. El 12 de enero de 2010, Google anunció: "Hemos decidido que ya no estamos dispuestos a continuar censurando nuestros resultados en Google.cn, por lo que durante las próximas semanas debatiremos con el Gobierno chino las bases sobre las que podríamos operar un motor de búsqueda sin filtros dentro del marco de la ley, si cabe".

Este repentino paso atrás cegó a los funcionarios chinos. La mayoría de los usuarios chinos de internet podrían seguir con sus vidas online con unos pocos recordatorios sobre los controles del Gobierno, pero el comunicado de Google puso de relieve los ataques cibernéticos y la censura. La principal compañía de internet del mundo y el Gobierno del país más poblado estaban manteniendo un enfrentamiento público.

"[Los funcionarios chinos] estaban a la defensiva, y parecía cederían a algún tipo de acuerdo. Todas aquellas personas a las que antes no les importaba demasiado la censura de internet ahora estaban muy enfadadas. Todo internet lo comentaba", recuerda Kuo.

Pero los funcionarios se negaron a ceder terreno. "China da la bienvenida a las empresas internacionales de internet que desarrollan sus servicios en China de acuerdo con la ley", dijo una portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores a Reuters. El control de la información por parte del Gobierno era, y sigue siendo, fundamental en la doctrina del Partido Comunista de China. Seis meses antes, tras los disturbios en Xinjiang, el Gobierno había bloqueado Facebook, Twitter y YouTube de Google, todos de un plumazo, reforzando el proyecto del "Gran Cortafuegos". El Gobierno apostó: China y su sector tecnológico no necesitaban el buscador de Google para tener éxito.

Google no tardó en abandonar google.cn y limitó sus servicios a un motor de búsqueda basado en Hong Kong. En respuesta, el Gobierno chino decidió no bloquear por completo los servicios como Gmail y Google Maps, y durante un tiempo permitió que la parte continental del país accediera esporádicamente al motor de búsqueda de Hong Kong. Las dos partes se quedaron en un tenso empate.

Los líderes de Google parecían preparados para esperar. En declaraciones a la revista Foreign Policy en 2012, el presidente de Google, Eric Schmidt, afirmó: "Personalmente creo que no se puede construir una sociedad moderna del conocimiento con ese tipo de [censura]. En un período de tiempo suficientemente largo, ¿si creo que este tipo de modelo de régimen terminará? Lo creo absolutamente".

El cambio de roles

Pero en lugar de languidecer bajo la censura, el sector de internet chino creció. Entre 2010 y 2015, se produjo una explosión de nuevos productos y empresas. Xiaomi, el fabricante de hardware que actualmente vale más de 35.000 millones de euros, fue fundado en abril de 2010. Un mes antes nació Meituan, un clon de Groupon que se convirtió en un gigante de servicios "Online to Offline" (O2O). Desde que empezó a cotizar en septiembre de 2018 ha alcanzado un valor aproximado de más de 30.000 millones de euros. Didi, la compañía de transporte privado con conductor que desterró a Uber de China y ahora le desafía en otros mercados internacionales, se fundó en 2012. Los ingenieros y empresarios chinos que regresaron de Silicon Valley, incluidos muchos antiguos Googlers, fueron cruciales para este bum. Llevaron habilidades técnicas y empresariales de primera clase a mercados aislados de sus antiguos jefes.

En 2017, el Gobierno chino atacó las redes privadas virtuales, un software ampliamente utilizado para evitar la censura.

El Gobierno chino tuvo papeles contradictorios en este proceso. Tomó medidas enérgicas contra el discurso político en 2013, encarcelando a los críticos y creando nuevas leyes contra la "difusión de rumores" online, un doble golpe que en gran medida sofocó el debate político en las antes ruidosas redes sociales de China. Pero también lanzó una importante campaña para fomentar el "espíritu emprendedor y la innovación masiva". Incubadoras de start-ups financiadas por el Gobierno se extendieron a lo largo de todo el país, al igual que el capital de riesgo respaldado por el Gobierno.

Esa confluencia de fuerzas generó resultados. Aparecieron los servicios como Meituan, así como la súper aplicación WeChat de Tencent, una "navaja suiza digital" que combina WhatsApp, PayPal y docenas de otras aplicaciones de Occidente. El gigante del comercio electrónico Alibaba salió a la Bolsa de Nueva York (EE.UU.) en septiembre de 2014, vendiendo acciones por valor de casi 22.000 millones de euros, en la que sigue siendo la OPI más valiosa de la historia.

En medio de este éxito local, el Gobierno chino decidió romper la incómoda tregua con Google. A mediados de 2014, unos meses antes de la OPI de Alibaba, el Gobierno bloqueó prácticamente todos los servicios de Google en China, incluidos muchos considerados esenciales para los negocios internacionales, como Gmail, Google Maps y Google Scholar. Bajo el seudónimo de Charlie Smith, el cofundador de GreatFire, la organización que busca y evita los controles de internet de China, recuerda: "Nos sorprendió, ya que pensábamos que Google era una de esas propiedades valiosas [que no podían permitirse bloquear]". El Gobierno chino había logrado un inesperado 'hat trick': había bloqueado a los gigantes de Silicon Valley, censurado el discurso político y seguía cultivando un internet controlable, rentable e innovador.

La estrategia de AlphaGo

Con el floreciente internet chino y el Gobierno sin retroceder, Google comenzó a buscar alternativas para regresar a China. Probó con algunos productos menos sensibles políticamente, con la estrategia de 'todo menos búsqueda', pero su éxito fue desigual.

En 2015, corrieron rumores de que Google estaba esperando la aprobación del Gobierno llevar su tienda de aplicaciones Google Play a China, pero aquella promesa nunca se materializó. A esto le siguió una colaboración con Mobvoi, un fabricante chino de relojes inteligentes fundado por un exempleado de Google, para habilitar la búsqueda por voz en Android Wear en China. Posteriormente, Google invirtió en Mobvoi, en la que se convirtió en su primera inversión directa en China desde 2010.

En marzo de 2017, aparecieron noticias de que las autoridades permitiría el regreso de Google Scholar, pero no lo hicieron. Los rumores de que Google lanzaría una tienda de aplicaciones para dispositivos móviles en China junto con NetEase, una compañía china, tampoco llegaron a nada, aunque a Google se le permitió relanzar su aplicación de traducción para teléfonos inteligentes.

En mayo de 2017, en Wuzhen, una ciudad turística en las afueras de Shanghái, tuvo lugar un enfrentamiento entre AlphaGo, el programa de juego creado por Google DeepMind, y Ke Jie, el jugador humano número uno del mundo. AlphaGo ganó los tres juegos del partido, un resultado que quizás el Gobierno había previsto. La transmisión en vivo del duelo en China estaba prohibida, y no solo en forma de vídeo. Como escribió The Guardian, "se prohibió cubrir el torneo en directo de cualquier forma, incluidos los comentarios de texto, las redes sociales y las notificaciones automáticas." DeepMind sí lo transmitió fuera de China.

Durante este mismo período, los censores chinos fueron restringiendo en silencio algunas de las operaciones previas de Google en China que habían logrado catalizar. En 2016, los motores de búsqueda chinos comenzaron a eliminar los avisos de censura que Google había promovido. En 2017, el Gobierno empezó a actuar contra las redes privadas virtuales (VPN), un software ampliamente utilizado para evitar la censura. Además, las autoridades chinas comenzaron a desplegar extensas tecnologías de vigilancia a través de la IA en todo el país, construyendo lo que algunos llamaron un "estado policial del siglo XXI" en la región occidental de Xinjiang, hogar de los uigures musulmanes del país (ver La tecnogobernanza china: ¿quién necesita democracia si tiene datos?).

A pesar del clima retrógrado, Google acabó 2017 con un importante anuncio: la creación de un nuevo centro de investigación de inteligencia artificial en Pekín (ver Google vuelve a China para salvar su futuro en inteligencia artificial). La científica principal de Google Cloud de origen chino, Fei-Fei Li, supervisaría el nuevo centro. En un comunicado sobre la creación de dicho centro, la investigadora afirmó: "La ciencia de la IA no tiene fronteras. Tampoco están limitados sus beneficios. (Li dejó Google en septiembre de 2018 y regresó a la Universidad de Stanford -EE.UU.-, donde es profesora).

Mientras que el centro de investigación era un símbolo público de los continuos esfuerzos de Google para volver a entrar en China, Google también trabajaba en silencio para adaptarse a las restricciones del Gobierno chino. Dragonfly, el prototipo de motor de búsqueda censurado, que se ha presentado a los funcionarios chinos y que establece una lista negra de los términos de búsqueda clave; sería operado como parte de una iniciativa conjunta con un socio chino anónimo. Los documentos que consiguió The Intercept señalaban que la aplicación aún indicaría a los usuarios si los resultados se censuraban.

Pero hay aspectos del proyecto particularmente preocupantes. Según se informa, los prototipos de la aplicación vinculan las búsquedas de los usuarios con su número de teléfono móvil, lo que abre las puertas a una mayor vigilancia y posiblemente a la identificación de los usuarios que buscan algún material prohibido.

En un discurso ante el equipo de Dragonfly, más tarde filtrado por The Intercept, el jefe del motor de búsquedas de Google, Ben Gomes, explicó los objetivos de Google. Según dijo, China es "posiblemente el mercado más interesante del mundo hoy en día". Google no solo intentaba ganar dinero haciendo negocios en China, afirmó, buscaba algo más grande. Gomes añadió: "Necesitamos entender lo que está sucediendo allí para inspirarnos. China nos enseñará cosas que no sabemos".

A principios de diciembre, el CEO de Google, Sundar Pichai, dijo a un comité del Congreso :"En este momento no tenemos planes de lanzamientos en China", aunque no descartó proyectos futuros. Así que si Google quiere volver a China, la cuestión es: ¿está dispuesta China a dejarlo entrar?

En la mente de China

Para responder a esa pregunta, hay que meterse en la mente de los asesores del presidente Xi Jinping.

Traer de vuelta al buscador de Google sin duda tiene ventajas. El creciente número de trabajadores de la información en China necesita acceso a noticias e investigaciones del mundo, y el buscador de Baidu es notoriamente malo para encontrar resultados relevantes de fuera de China. Google podría convertirse un socio válido para las compañías chinas con planes de expansión internacional, como lo ha demostrado su asociación con Tencent para compartir patentes y su inversión de 484 millones de euros en el gigante del comercio electrónico JD. El regreso de Google también ayudaría a legitimar el enfoque del Partido Comunista sobre la gobernanza de internet. Sería una señal de que China es un mercado indispensable, y abierto, siempre y cuando "cumpla con las reglas".

La salida de Google en 2010 ensució la imagen del Gobierno chino. Si los líderes dan la luz verde al Proyecto Dragonfly, vuelven a correr ese riesgo.

Pero desde la perspectiva del Gobierno chino, estas posibles ventajas son residuales. Los ciudadanos chinos que necesitan acceder a internet global todavía pueden hacerlo a través de las VPN (aunque cada vez es más difícil). No es necesario que Google funcione en China para poder ayudar a los gigantes de internet del país a tener negocios en el extranjero. Y los gigantes de Silicon Valley han dejado de criticar públicamente la censura de internet en China. Ahora, destacan el dinamismo y la innovación del país.

Por el contrario, los riesgos políticos de permitir que Google regrese llegan hasta Xi y su círculo interno. Y en los círculos políticos estadounidenses, la hostilidad tanto hacia China como hacia Silicon Valley es alta y sigue aumentando. Un regreso a China pondría a Google en una olla de presión política. ¿Qué pasaría si esa presión, mediante una acción antimonopolio o una nueva legislación, obligara a la empresa a elegir entre el mercado estadounidense y el chino? La repentina salida de Google en 2010 marcó una gran pérdida de imagen para el Gobierno chino frente a sus propios ciudadanos. Si los líderes chinos dan la luz verde al Proyecto Dragonfly, corren el riesgo de que eso vuelva a suceder.

Es probable que cualquier asesor experto piense que estos riesgos, para Xi, para el Partido Comunista y para su propia carrera, superan los modestos beneficios que se obtendrían al permitir el regreso de Google. El Gobierno chino supervisa un sector de tecnología que es rentable, innovador y está impulsado en gran medida por las empresas nacionales, está en una posición envidiable. El hecho de permitir del regreso de Google solo disminuiría su influencia. Así que lo mejor sería mantener el statu quo: mantener su pleno acceso al mercado mientras las compañías de Silicon Valley solo reciben un hueso ocasional con servicios periféricos como la traducción.

La apuesta de Google

Google tiene algo a su favor. El gigante entró en China durante la era de internet de escritorio y se fue al comienzo de internet móvil. Pero ahora está intentando volver a entrar en la era de la IA. El Gobierno chino tiene grandes esperanzas puestas en inteligencia artificial como una herramienta de múltiple uso para la actividad económica, el poder militar y la gobernanza social, incluida la vigilancia (ver China despierta al dragón de la inteligencia artificial). Y Google y su hermano de Alphabet DeepMind son los líderes mundiales en la investigación corporativa de inteligencia artificial.

Probablemente, este es el motivo por el que Google ha realizado maniobras publicitarias como el campeonato de AlphaGo, además de algunos pasos más importantes como la creación del laboratorio de IA en Beijing y la promoción del uso chino de TensorFlow, una biblioteca de software de inteligencia artificial desarrollada por el equipo de Google Brain. En conjunto, estos esfuerzos constituyen una especie de estrategia de presión sobre la inteligencia artificial diseñada para imponerse al liderazgo chino.

Pero este planteamiento se enfrenta problemas en al menos tres campos de batalla: Beijing (China); Washington DC (EE.UU.); y Mountain View, California (EE.UU.).

Los líderes chinos tienen buenas razones para creer que ya tienen lo mejor de ambos mundos. Pueden aprovechar las herramientas de desarrollo de software como TensorFlow y aún cuentan con un prestigioso laboratorio de investigación de Google para formar a los investigadores chinos de IA, todo sin permitir que Google acceda a su mercado.

Mientras tanto, en Washington, a los funcionarios de seguridad estadounidenses les molesta que Google corteje activamente a su rival geopolítico mientras se niega a trabajar con el Pentágono en proyectos de inteligencia artificial porque sus empleados se oponen a que su trabajo se utilice para los fines militares.

Esos empleados son la clave del tercer campo de batalla. Han demostrado su capacidad de movilizarse de manera rápida y efectiva, al igual que con las protestas contra los contratos con el departamento de Defensa de EE. UU. y con la huelga en noviembre pasado sobre cómo la compañía ha lidiado con el acoso sexual. A finales de noviembre, más de 600 empleados de Google firmaron una carta abierta en la que exigían que la empresa abandonara el proyecto Dragonfly en la que decían: "Nos oponemos a las tecnologías que ayudan a los poderosos a oprimir a los vulnerables". A pesar de que estos desafíos parecen apabullantes, y tan altos como los costes de perseguir el mercado chino podría ser, no han logrado disuadir a la cúpula de Google. Aunque el desarrollo de Dragonfly parece haberse detenido, por ahora, la riqueza y el dinamismo que hacen que China resulte tan atractiva para Google también significan que la decisión de hacer negocios ahí o no, ya no depende sólo de la compañía.

El empresario de medios digitales con experiencia en ambos mercados Bill Bishop concluye: "Sé que las personas en Silicon Valley son realmente inteligentes, y muy exitosas porque pueden superar cualquier problema que enfrenten. Pero no creo que nunca se hayan enfrentado a un problema como el Partido Comunista de China".

*Matt Sheehan es miembro de MacroPolo y trabajó con Kai-Fu Lee en su libro 'AI Superpowers'.

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