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Christie Hemm Klok

Tecnología y Sociedad

El doble estigma emprendedor: mujer especializada en salud femenina

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La emprendedora Ridhi Tariyal lleva años luchando para conseguir fondos para su 'start-up' de 'femtech' que intenta diagnosticar la endometriosis con un simple tampón. Para muchos inversores, lo único interesante para invertir en el área de los cuidados de la salud femenina es la reproducción

  • por Dayna Evans | traducido por Ana Milutinovic
  • 07 Marzo, 2019

En una discreta calle de Oakland (EE.UU.), la emprendedora Ridhi Tariyal y su compañero Stephen Gire están intentando cambiar la forma en la que las mujeres controlan su salud. Cuando visité su pequeña oficina en enero, una guirnalda de tampones teñidos con los colores del arco iris colgaba sobre un ordenador, una graciosa referencia a su trabajo.

El tampón es una especie de tótem para NextGen Jane, la start-up que Tariyal y Gire fundaron en 2014. Su plan es usar la sangre de los tampones usados ​​como herramienta de diagnóstico. En ella esperan encontrar los primeros indicadores de endometriosis y, con el tiempo, de otras enfermedades. Si funciona, la simplicidad y facilidad del método podría ofrecer una gran mejora con respecto al estándar de los cuidados actuales.

Para diagnosticar la endometriosis, un crecimiento anormal del tejido endometrial fuera del útero, los cirujanos deben introducir una pequeña cámara en la cavidad pélvica para buscar las células endometriales en lugares ajenos al revestimiento del útero (el único sitio donde deberían crecer normalmente). Si se detectan estas células fuera de su sitio, el tejido afectado se suele extirpar en el mismo momento. Pero muchas de las mujeres que reciben este diagnóstico ya han pasado más de una década con la enfermedad, lo que suele significar años de un dolor insoportable.

El impacto físico y emocional en la vida de esas mujeres es enorme. Pero tienen la falsa creencia de que ese tipo de dolor es normal, por lo que no buscan ningún tratamiento. Los diagnósticos tardíos a veces también son consecuencia de que los médicos se basan en quejas subjetivas del dolor. En una conferencia en abril de 2018 la presentadora de televisión fundadora de la Fundación de Endometriosis de América, Padma Lakshmi, explicó: "Mis médicos dijeron que tenía un 'umbral del dolor más bajo' y que simplemente debeía acostumbrarme a él porque no se podía hacer nada".

La mayoría de los casos de endometriosis nunca llegan a diagnosticarse. Los síntomas más obvios pueden tener múltiples causas y su gravedad no se correlaciona tan fuertemente con la gravedad del trastorno subyacente. Según algunas estimaciones, la endometriosis afecta al 10 % de las mujeres en edad reproductiva, aproximadamente a 200 millones de personas.

NextGen Jane no se había propuesto diagnosticar la endometriosis. Su enfoque inicial giraba en torno a la fertilidad, porque, según Tariyal, eso era lo que los inversores de riesgo querían financiar. NextGen Jane es una de las centenares de start-ups femtech, que desarrollan tecnologías destinadas específicamente a mejorar la salud de las mujeres. Frost & Sullivan, una empresa de investigación de mercados, predice que el sector de las femtech valdrá unos 44.000 millones de euros en 2025. La compañía afirma: "La atención médica de la mujer sigue estando limitada en gran medida a los temas reproductivos". Según Tariyal, esto ha sido un gran obstáculo. La emprendedora afirma: "Nos encantaría decir que solo queremos diagnosticar las enfermedades de las mujeres". Pero cuando lo hacía, los inversores le preguntaban: "¿Dónde está el dinero en eso?"

La historia de NextGen Jane ofrece un caso de estudio sobre cómo la salud de la mujer se analiza en función de su capacidad de tener hijos, y cómo ese sesgo arraigado frena la innovación en la medicina.

Marginación y frustración

Después de graduarse en Ingeniería Industrial por la Universidad de Georgia Tech (EE. UU.), Tariyal empezó a trabajar en el departamento de inversión del Banco de América, pero su trabajo no le gustaba. Pensaba que, si iba a tener que trabajar duro, prefería hacerlo para una causa más importante. Así que aceptó el puesto como responsable de investigación y analista en la farmacéutica Bristol-Myers Squibb. Ahí se dio cuenta de que no le gustaban las grandes compañías, pero le encantaba la medicina. Regresó a los estudios, primero obtuvo un MBA en la Universidad de Harvard y luego terminó el máster en empresariales biomédicas del MIT (ambas en EE. UU.), con el objetivo de crear su propia compañía.

Como proyecto de tesis en el MIT, Tariyal intentó lanzar Ujala, una compañía de análisis de sangre de posibles parejas de matrimonios concertados para buscar defectos genéticos que sus descendientes podrían heredar. Pero nunca logró lanzarla. Las pruebas genéticas de consumo aún estaban despegando, y el modelo de negocio para el mercado indio, donde Tariyal esperaba vender su producto, era difícil de visualizar para los inversores estadounidenses.

En 2011, empezó a trabajar para la profesora de Harvard Pardis Sabeti, que necesitaba ayuda para gestionar un gran estudio genético en África Occidental. Fue en el laboratorio de Sabeti donde conoció a Stephen Gire. Los dos viajaron juntos por Sierra Leona recolectando muestras de supervivientes de la fiebre de Lassa, una enfermedad hemorrágica mortal similar al ébola.

Luego, en 2013, Tariyal recibió una beca en la Escuela de Negocios de Harvard para alentar a los graduados a crear nuevas compañías de ciencias biológicas. Tenía 33 años y quería ser empresaria. No estaba preparada para tener hijos así que le preguntó a su médico si podía esperar cinco años más antes de intentarlo. Quería hacerse una prueba de sangre llamada test de hormona antimülleriana (o AMH) que mostraría aproximadamente la cantidad de óvulos que le quedaban. Su médico no vio la necesidad y no se la quiso hacer. o que más le sorprendió fue la alternativa que le dio el doctor: intentar quedarse embarazada para averiguar si podía lograrlo.

Tariyal afirma que la sangre menstrual es como "obtener una biopsia natural del cuerpo".

Se sintió tan marginada y frustrada que decidió que su única opción era crear su propia prueba de AMH para que las mujeres pudieran hacérsela en casa. Llamó a Gire para pedirle ayuda. Quería diseñar ensayos para detectar proteínas que le permitieran determinar si la AMH y otras hormonas podrían detectarse en la sangre menstrual, en lugar de tener que depender de la extracción de sangre venosa, lo que evitaría la necesidad de ir al hospital para someterse a la prueba. En teoría, una mujer solo tendría que enviar un tampón usado para su análisis.

Durante su beca, Tariyal realizaba pruebas que analizaban tres tipos de muestras: sangre venosa, sangre de un pinchazo en la piel y sangre menstrual, para ver dónde coincidían. La emprendedora recuerda: "Literalmente, tenía que llevarlos de inmediato a un laboratorio para procesarlos". Estaba aprovechando la destreza logística que había perfeccionado en Sierra Leona. Dado que ella misma tenía la menstruación, Tariyal también tenía una ventaja: no solo podía incluirse en los ensayos, también tenía derecho a ver sus propios resultados.

Lamentablemente, descubrió que los niveles de AMH son siempre más bajos en la sangre menstrual que en la sangre venosa. Así que su idea no funcionaría. Pero había descubierto algo aún mejor: la sangre menstrual contenía unas claras señales genómicas. Aunque la genómica no había sido su objetivo, era un campo lleno de posibilidades. Encontró unos 800 genes que se expresaban de manera diferente en la afluencia menstrual y la sangre venosa. La afluencia menstrual contiene no solo sangre, sino también el revestimiento endometrial, y algunas células cervicales y vaginales. Tariyal afirma que la sangre menstrual es como "obtener una biopsia natural del cuerpo".

Con una financiación de casi 90.000 euros y seis meses de acceso a los aparatos de secuenciación genética de una aceleradora de start-ups gestionada por la compañía de genómica Illumina, Gire y ella empezaron a analizar muestras de sangre menstrual. Esperaban poder detectar los cambios en la expresión genética que la doctora de la Universidad de California en San Francisco (EE.UU.) Linda Giudice había descubierto poco tiempo antes en mujeres con endometriosis.

Todavía no lo han conseguido. Diagnosticar enfermedades a partir de la sangre menstrual es difícil. Los datos publicados sobre la eficacia de dichos diagnósticos siguen siendo escasos, aunque las tecnologías de secuenciación y otros métodos para extraer información de las muestras de sangre están mejorando con rapidez. Pero el acceso de NextGen Jane a los aparatos de Illumina se acabó en 2015 (aunque ahora utiliza aparatos compartidos con un grupo de compañías de genómica).

Gire y Tariyal en su oficina de Oakland.

Foto: Gire y Tariyal en su oficina de Oakland. Créditos: Christie Hemm Klok.

El estigma de la "salud de la mujer"

NextGen Jane forma parte de un grupo de empresas que intenta desarrollar pruebas de consumo para la endometriosis y otras enfermedades que afectan a las mujeres.

Al igual que cualquier boom de este tipo, la oleada de compañías de femtech hace estar muy alerta. El ascenso y la caída de Theranos, que afirmaba falsamente haber desarrollado un revolucionario método de análisis de sangre, ha hecho que la gente desconfíe de las start-ups de biotecnología que aseguran haber reinventado la analítica sanguínea. Un estudio realizado en 2016 por la Universidad de Columbia (EE. UU.) encontró que la gran mayoría de las apps de seguimiento del ciclo menstrual no funcionaban bien. Algunas fijaban la duración del ciclo en 28 días, aunque menos del 15 % de las mujeres tiene ciclos exactos de esa duración. Otras aplicaciones predicen el género del bebé a partir de la fecha de la concepción o venden otras afirmaciones pseudocientíficas.

Tariyal espera usar la sangre menstrual para detectar la endometriosis, pero también el cáncer cervical y otros trastornos. La patente clave de NextGen Jane es para un dispositivo que extrae sangre de los tampones. La vi manipulándolo.  Cierra el recipiente y gira el dispositivo como un pimentero. Así se exprime la sangre en un compartimento inferior.

El dispositivo aún no ha sido aprobado, pero Tariyal afirma que el ensayo clínico está diseñado y listo para empezar. Aunque necesita recaudar varios millones de euros más para realizar el ensayo en unas 800 mujeres, cifra suficiente para establecer la eficacia diagnóstica de la sangre menstrual. Según ella, si consigue recaudar los fondos, tardará cerca de dos años en lograrlo.

En un artículo de opinión publicado por The Washington Post el año pasado, Tariyal describía algunos de los desafíos en la recaudación de fondos para una start-up de salud femenina. La emprendedora escribió: "Algunos de mis mentores me recomendaban camuflar la tecnología: quitar lo de 'sangre menstrual' y llamarlo como un nuevo sustrato femenino, sugerían. No decir que se trata de una empresa de la "salud de la mujer". Eso indica una falta de peso científico. Entendí qué querían decir: hay que intentar no parecer lo que realmente es: una compañía dirigida por una mujer que utiliza la biología femenina para avanzar en la atención médica para la mitad de la población".

 

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