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Mikel Jaso

Computación

Claves técnicas y económicas del plan de Rusia para salir de internet

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China creó su Gran Cortafuegos en los albores de la web. Casi dos décadas después, y con una sociedad plenamente integrada en la red global, al país le va a costar mucho replicar la idea. Pero el Gobierno ruso no se suele ser flexible ni receptivo ante la presión pública

  • por Charlotte Jee | traducido por Ana Milutinovic
  • 10 Abril, 2019

Llevamos un tiempo oyendo que Rusia planea algo que ningún otro país ha hecho antes. El país está intentando ver si es capaz de desconectarse virtualmente del resto del mundo mientras mantiene el funcionamiento de internet para sus ciudadanos. Bajo este enfoque, en lugar de depender de servidores extranjeros. El país tendrá que gestionar todos sus datos internamente.

Este experimento es la clave de la propuesta Ley de "internet soberano" que se  está elaborando el Gobierno de Rusia. Aunque todo apunta a que el texto será aprobado y convertido en ley con la firma de su presidente Vladimir Putin, de momento está estancada en el parlamento.

Aunque extender el telón de acero a internet parece una idea sencilla, a nivel técnico será una medida increíblemente difícil de lograr, además de cara. El presupuesto inicial del proyecto se fijó en 34 millones de euros por parte del regulador financiero de Rusia, pero es probable que haya falta mucho más. Uno de los autores del proyecto ha dicho que podría rondar los 270 millones de euros, según informa Bloomberg. Pero según los expertos de la industria, incluso esa cifra será insuficiente para poner el sistema en funcionamiento, y mucho menos para mantenerlo.

Para rematar, la idea ha tenido una acogida terrible entre la sociedad en general. Aproximadamente 15.000 personas tomaron las calles en Moscú a principios del mes pasado para protestar contra la ley, una de las manifestaciones más grandes en los últimos años.

Operación desconexión

Entonces, ¿cómo se desconectará Rusia de internet? "No está claro qué supondría la 'prueba de desconexión'", comenta el presidente y CEO de Internet Society, Andrew Sullivan. Todo lo que sabemos es que, si finalmente se aprueba, la nueva ley requerirá que los proveedores de servicios de internet (ISP, por sus siglas inglés) rusos solo utilicen puntos de intercambio locales aprobados por el regulador de telecomunicaciones de Rusia, el Roskomnadzor.

Estos puntos de intercambio son los puntos de conexión entre los distintos proveedores de servicios de internet. Es donde sus cables se encuentran en infraestructuras físicas para intercambiar el tráfico de datos. Estas infraestructuras son supervisadas por organizaciones conocidas como proveedores de intercambio de internet (IXP, por sus siglas en inglés). El mayor IXP de Rusia está en Moscú, conectando ciudades del este de Rusia pero también la ciudad de Riga en la vecina Letonia.

El MSK-IX, como se conoce este punto de intercambio, es uno de los más grandes del mundo. Conecta a más de 500 ISP diferentes y maneja más de 140 gigabits durante las horas puntas de días laborables. Hay otros seis puntos de intercambio de internet en Rusia, que abarcan la mayoría de sus 11 zonas horarias. Muchos ISP también utilizan intercambios que se encuentran físicamente en los países vecinos o que son propiedad de algunas compañías extranjeras. Bajo la nueva ley, estos puntos se volverían inaccesibles. Cuando el país haya completado esta fase, dispondrá de un "interruptor de encendido/apagado" literal y físico con el que podrá decidir si protege su internet del mundo exterior o si lo mantiene abierto.

¿Qué pasa con el DSN?

Además de desviar sus ISP, Rusia también tendrá que desconectarse del sistema global de nombres de dominio (DNS) para que el tráfico no pueda ser desviado a través de ningún punto de intercambio que no esté dentro de Rusia.

El DNS es básicamente una guía telefónica para internet: cuando escribimos, por ejemplo, "google.com" en nuestro navegador, nuestro ordenador usa el DNS para traducir este nombre de dominio a una dirección IP, que identifica el servidor correcto en internet para enviar la solicitud. Si un servidor no responde a una solicitud, otro intervendrá. El tráfico se comporta casi como el agua: buscará cualquier hueco por el que pueda fluir.

"Los creadores del DNS querían crear un sistema capaz de funcionar incluso cuando partes del mismo no lo hicieran, independientemente de si la decisión de la desactivación de las partes fuera deliberada o accidental", explica el científico informático del University College London (Reino Unido) Brad Karp. Esta capacidad de adaptación ya incorporada en la estructura subyacente de internet hará que el plan de Rusia sea aún más difícil de llevar a cabo.

Los mecanismos del DNS son operados por una amplia variedad de organizaciones, pero la mayoría de los "servidores raíz" (una capa fundamental del sistema) son operados por grupos en Estados Unidos. Para Rusia, esto es una debilidad estratégica y quiere crear su propia alternativa, preparando una red completamente nueva para sus propios servidores raíz.

"Se puede usar un DNS alternativo para crear una realidad alternativa para la mayoría de los usuarios de internet rusos. Quienquiera que controle este directorio controla internet", afirma el experto en el control de internet de ThousandEyes Ameet Naik. Por lo tanto, si Rusia logra crear su propio DNS, tendrá al menos una sensación de control sobre el internet que fluye dentro de sus fronteras.

Esto no será sencillo, insiste Sullivan. Para conseguirlo, habrá que configurar decenas de miles de sistemas, y será difícil, si no imposible, identificar todos los diferentes puntos de acceso que los ciudadanos utilizan para conectarse (sus ordenadores portátiles, teléfonos inteligentes, iPads, etcétera). Algunos de ellos utilizarán servidores en el extranjero, como el DNS público de Google, que Rusia simplemente no podrá replicar, por lo que la conexión fallará cuando un usuario ruso intente acceder a ellos.

Si Rusia logra configurar con éxito su propia infraestructura de DNS por todo el país y consigue obligar a sus ISP a usarla, es probable que los usuarios rusos no lo noten, a menos que intenten acceder a una página web censurada. Por ejemplo, un usuario que intente conectarse a facebook.com  podría ser redirigido a vk.com, una red social rusa que se parece, y demasiado, a Facebook. 

Esta próxima prueba, para la que no se ha dado una fecha oficial, demostrará si el país ha realizado los preparativos necesarios. Para Occidente, es importante no subestimar la voluntad o la capacidad del estado ruso.

Resistencia y control

El propósito, según el Kremlin, es hacer que internet de Rusia sea independiente y más fácil de defender contra los ataques desde el extranjero. Para empezar, podría ayudar a Rusia a resistir las sanciones por parte de EE. UU. y la UE, y cualquier posible medida futura. También tiene sentido hacer que internet sea accesible dentro de un país en caso de que se separe físicamente del resto del mundo. Por ejemplo, en 2008 ocurrieron tres distintos casos de grandes daños en el cableado físico de internet submarino (que se atribuyó a los anclajes de los barcos), que impidieron el acceso a los usuarios a Oriente Medio, India y Singapur. Si los países afectados hubieran podido desviar el tráfico, esta interrupción se podía haber evitado.

Muchos consideran que esta idea forma parte de la histórica tradición de Rusia de tratar de controlar el flujo de información que llega los ciudadanos. Rusia ya aprobó una ley que exige que los motores de búsqueda eliminen algunos resultados, y en 2014 obligó a las redes sociales a almacenar los datos de los usuarios rusos en servidores dentro del país. También ha prohibido las aplicaciones de mensajería cifrada como Telegram. A mediados de marzo, el Gobierno de Rusia promulgó dos nuevos proyectos de ley redactados de manera vaga que convierten en delito el "faltarle al respeto al Estado" o difundir "noticias falsas" online. El nuevo plan para desviar el tráfico ruso es simplemente un "paso más", opina el investigador ruso de la Universidad de Stanford (EE. UU.) Sergey Sanovich, especialista en la censura online. El experto añade: "Yo diría que es una escalada peligrosa".

Si es así, lo único que sorprende es lo mucho que ha tardado en llegar. Los ISP y los servicios de seguridad llevan más de dos décadas hablando de esto, afirma el experto en seguridad rusa del laboratorio de ideas Chatham House Keir Giles. Los funcionarios de seguridad rusos siempre han visto internet como una amenaza más que una oportunidad.

"Rusia quiere ser capaz de llevarlo a cabo mientras se aísla de las consecuencias, desconectándose preventivamente de la infraestructura global", explica Giles. Si Rusia necesita inspiración, solo debe mirar hacia el este. China ha tenido un éxito tremendo influyendo en la experiencia online de sus ciudadanos con el Gran Cortafuegos. Pero, China decidió ejercer un alto grado de control sobre el desarrollo de internet durante su etapa inicial. En aquel momento, la mayor preocupación de Rusia era el colapso de la Unión Soviética. Desde principios de la década de 2000, China ya estaba integrando su propia infraestructura de ISP y DNS, justo lo que Rusia intenta hacer ahora. Tratar de imponer esta arquitectura de forma retrospectiva es mucho más difícil. "China tomó el control muy pronto, y decidió que todo el tráfico de entrada y salida debía ser controlado y regulado", afirma Naik.

Las consecuencias

En cambio, las empresas y los ciudadanos rusos están plenamente integrados en internet global y utilizan muchos más servicios extranjeros que los chinos, como las herramientas de la nube de Microsoft. Aún no está claro qué impacto tendrá la desconexión rusa de estos servicios, pero es posible que los ciudadanos pierdan el acceso si se desconectan las rutas de tráfico externas. Aunque muchos servicios en la nube pueden "reflejar" su contenido en diferentes regiones, ninguno de los principales servicios en la nube (Microsoft, Google y Amazon Web Services) tiene centros de datos en Rusia. Replicar estos servicios dentro de las fronteras del país sería una tarea compleja que requeriría una importante inversión y tiempo, opina Naik. La próxima prueba podría estar destinada a abordar este problema, según Sullivan.

Otro posible problema es que muchos ISP rusos transportan el tráfico para otras compañías u otros ISP, con acuerdos recíprocos que llevan tráfico para los ISP rusos también. Si se implementa de forma incorrecta, el plan de Rusia implicaría que "un montón de tráfico que entra y sale de Rusia simplemente caerá en un agujero negro", resalta Naik.

Si el experimento sale mal y gran parte de internet se derrumba en Rusia, podría costarle caro a la economía de esta nación (desconectarse de internet  ha resultado increíblemente costoso  para los países que lo han sufrido, ya fuera deliberadamente o no). Pero eso no significa que el Kremlin no vaya a seguir adelante, cree Giles.

Si eso sucede, los rusos no renunciarán a sus derechos a internet tan libremente: igual que en China, es probable que algunos ciudadanos y expertos en tecnología exploten cualquier debilidad del sistema. Por ejemplo, durante las protestas en Turquía, la gente compartía estrategias para acceder directamente al DNS global, lo que frustró el bloqueo del Gobierno a las páginas web de las redes sociales.

Un acontecimiento reciente que podría haber aumentado el interés de Rusia por llevar a cabo su plan fue el hackeo del CiberComando de EE. UU. sobre la Agencia de Investigación de Internet, la infame "fábrica de troles rusos" que supuestamente usaba las redes sociales para sembrar la polarización en Estados Unidos durante la campaña de las elecciones presidenciales de EE. UU. en 2016.

"La amenaza es real. Cada vez más personas acceden al contenido antigubernamental en internet", destaca el periodista y experto político en Moscú (Rusia) Kirill Gusov. El Gobierno controla los medios y la televisión, pero internet permanece fuera de su alcance. El experto añade: "No me sorprendería que el FSB [el sucesor de la KGB] se acercara a Putin e informara sobre este ataque, que coincidió con su deseo de suprimir la libertad de internet porque están perdiendo el control sobre la sociedad". Aunque aún no está claro cuándo o si alguna vez la ley se convertirá en realidad, el Gobierno ruso no se suele percibir como flexible o receptivo a la presión pública. Es mucho más probable que se retrase a que se descarte.

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