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© ACNUR /Keane Shum

Tecnología y Sociedad

Cómo identificar a los refugiados climáticos sin arriesgar su privacidad

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Más de 140 millones de personas tendrán que desplazarse por el cambio climático y necesitarán algún tipo de identidad digital. Empresas, gobiernos y ONG ya trabajan en este reto, pero de momento ninguna tecnología ha demostrado ser infalible contra filtraciones o manipulaciones

  • por Linda Kinstler | traducido por Ana Milutinovic
  • 04 Junio, 2019

  • Más de 140 millones de personas serán desplazadas por el cambio climático.

  • Las compañías tecnológicas están creando sistemas para documentar y rastrear a los potenciales migrantes

  • La financiación proviene de la ONU y de otras organizaciones internacionales

En estos días, ser un refugiado indocumentado significa existir en muchos lugares y, a la vez, no existir en absoluto. Significa tener los movimientos, palabras y acciones rastreados, archivados y multiplicados. Significa vivir entre vallas, tiendas de campaña y bases de datos. Cada revisión médica, bolsa de arroz o bidón de agua recibidos genera un nuevo dato. Los datos biométricos y biográficos pueden ser escaneados, almacenados y verificados por desconocidos que hablan otro idioma. Significa tener la identidad multiplicada, clasificada y reducida a unas líneas de código. Significa existir en hojas de cálculo.

Actualmente, alrededor de 1.100 millones de personas viven sin una forma reconocida de identificación. En muchos casos, sus papeles (si es que alguna vez los tuvieron) se quemaron, perdieron o destruyeron. Y la cantidad de personas en esta situación crece cada día. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la agencia para los refugiados de la ONU, estima que en 2017, algún conflicto económico o climático desplazó a una persona cada dos segundos. "En resumen, en 2017 el mundo tenía casi tantas personas desplazadas a la fuerza como toda la población de Tailandia. En todos los países, una de cada 110 personas acaba desplazada de alguna forma", informa la agencia. 

Cada año, una media de 24 millones de personas son desplazadas debido a sucesos climáticos extremos, según el Centro de Control de Desplazamiento Interno de EE. UU. (IDMC, por sus siglas en inglés). Para 2050, el Banco Mundial predice que más de 143 millones de ciudadanos de África subsahariana, sur de Asia y América Latina se convertirán en refugiados climáticos. Algunos de ellos tengan la suerte de salvar sus pasaportes, documentos nacionales de identificación, informes médicos y expedientes académicos. Pero esos trozos de papel podrían no significar nada en el país en el que acaban. ¿Cómo van a demostrar quiénes son? 

La tecnología ya ofrece muchas maneras de rastrear a las personas desplazadas mientras viajan. A medida que pasan de una parada a otra, se mueven a través de una constelación de "pasajes digitales". Allá por donde van dejan como rastro los símbolos de su identidad: huellas dactilares, nombres, correos electrónicos, contraseñas y edad. Y esto no solo pasa en las fronteras internacionales sino también en los puntos de Wi-Fi, en las estaciones de recarga, y en las aplicaciones móviles. Estas pistas ponen a los refugiados en contacto cercano con gobiernos, ONG, contrabandistas y empresas privadas, y crean un intercambio masivo de datos de identificación y ubicación. Al mismo tiempo, algunos algoritmos predicen cuándo será más probable que las personas se conviertan en refugiados climáticos, y también cómo y dónde irán

Pero la próxima frontera no consiste en averiguar dónde ha estado la gente o dónde se asentará: consiste en determinar quiénes serán esas personas cuando lleguen allí. ¿Cómo será su "identidad digital"? ¿Quién tendrá las claves? Varias empresas tecnológicas tanto nuevas otras ya consolidadas están intentando responder a estas cuestiones tan críticas. La tecnología aceleró la crisis de la identidad global, y ahora la misma tecnología afirma tener la solución.

El ciclón Ida desplazó a unas 400.000 personas en el este de África, incluidos estos residentes de Buzi, Mozambique.

Foto: El ciclón Idai desplazó a unas 400.000 personas del este de África, incluidos estos residentes de Buzi (Mozambique). Créditos: © ACNUR / Alissa Everett

La próxima fiebre del oro

La "identidad digital" es en realidad un concepto muy antiguo, utilizado por gobiernos de todas las ideologías. Sus formas primitivas eran las direcciones IP, correos electrónicos y nombres de usuario. La identidad digital siempre ha sido ubicua y anárquica (¿quién no ha perdido un nombre de usuario y contraseña, o lo ha olvidado por completo?). 

Pero, ahora que la gran parte de nuestra vida económica y política transcurre online, resulta urgente crear nuevas formas de identidad digital. Tanto el sector privado como el público están compitiendo para encontrar una manera sostenible de contar, identificar y conectar no solo a la creciente población de desplazados globales, sino también a la población adinerada capaz de desplazarse de forma voluntaria. Mastercard, Microsoft, Apple, Palantir y Facebook ya han entrado en este terreno, a través de empresas privadas y asociaciones controvertidas con algunas de las mayores agencias humanitarias del mundo. 

En 2015, todos los estados miembros de la ONU se comprometieron a proporcionar una "identidad legal a todos" para 2030 como parte de sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. Desde entonces, cada agencia importante que ofrece ayuda está incubando, investigando o practicando algún programa de identidad digital. ACNUR alberga las identidades de millones de refugiados en su nuevo Sistema de Registro de Población y Gestión de Identidad (PRIMES), al que describe como una "plataforma de confianza y servicio" diseñada para proporcionar a cada solicitante de asilo una identidad única.

Mientras tanto, la iniciativa de Identificación para el Desarrollo del Banco Mundial, se centra en asegurarse de que las identificaciones digitales estén integradas en el registro civil y en las estadísticas vitales gubernamentales. (Las dos organizaciones también presentaron recientemente un Centro de datos conjunto sobre desplazamiento forzado. Este sistema recopila y distribuye los datos de los refugiados "con el anonimato y las garantías adecuados"). 

La Plataforma para una Buena Identidad Digital del Foro Económico Mundial ve este impulso como un "nuevo capítulo en el contrato social", una forma de prevenir "un futuro en el que casi todas las personas carezcan de opciones, de confianza y de los derechos del mundo online". ID2020, uno de los más destacados programas de identidad digital, es una alianza de gobiernos, ONG y empresas privadas, como Microsoft, Accenture y Gavi (una asociación público-privada dirigida a mejorar el acceso a las vacunas). Ahora quiere que las plataformas de identidad confiables se etiqueten de la misma manera que los cartones de leche orgánica obtienen una señal de certificación en el supermercado. 

La directora ejecutiva de ID2020, Dakota Gruener, afirma: "Hay 1.000 millones de personas en todo el mundo que no tienen ninguna forma de identificación. Al mismo tiempo, ninguno de nosotros tenemos identidades digitales que funcionen especialmente bien, todos nuestros datos están dispersos".

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU anunció recientemente una nueva colaboración de cinco años y más de 40 millones de euros con Palantir, una empresa de Palo Alto (EE. UU.)  que utilizará su "gama de soluciones analíticas digitales" para optimizar y rastrear la dispersión de la ayuda humanitaria. La medida fue inmediatamente recibida con escepticismo entre los defensores de la privacidad: un grupo de más de 60 activistas de derechos humanos envió una carta abierta a los ejecutivos del PMA en la que expresaron una profunda preocupación por esta colaboración e instaron a los líderes del PMA a "reconsiderar los términos y el alcance del acuerdo con Palantir".

Los activistas señalaron que ese acuerdo no solo amenazaba con "dañar gravemente la reputación del PMA", sino que también podría "socavar gravemente los derechos de 90 millones de personas a las que el PMA proporciona sus servicios". La controversia, según los investigadores, debería ser una "señal de alerta" para la comunidad humanitaria sobre los peligros de depender de los datos digitales y confiar sus redes a terceros. 

Como respuesta a estas inquietudes, el PMA emitió una declaración en la que afirmaba que llevaría a cabo una serie de "comprobaciones y comparaciones" para proteger los datos privados de identificación y que Palantir no podría usarlos para obtener beneficios comerciales. En un correo electrónico, un representante del PMA escribió a MIT Technology Review, que la agencia tiene sus propias soluciones para gestionar las identidades de los refugiados, y que "el acuerdo entre el PMA y Palantir no se centra en áreas que requieren información de identificación personal (PII, por sus siglas en inglés) de los beneficiarios, ni tampoco en temas de identidad digital. El organismo afirma que no compartirá los datos de PII con Palantir ni con ningún otro socio. "Solo se usa la información anónima / encriptada para analizar la asignación de asistencia para garantizar la total privacidad y seguridad de las personas a las que servimos", afirmó en su declaración.

Sin embargo, como dijo la investigadora asistente de La Iniciativa Humanitaria de la Universidad de Harvard (EE. UU.) Faine Greenwood en Slate, el PMA podría estar sobrestimando su capacidad para proteger y mantener en el anonimato los datos confidenciales. 

La sequía en Somalilandia dejó a Maryama Abdi Wa’ays y su familia sin hogar, solo algunas de las 24 millones de personas que son desplazadas por eventos climáticos cada año.

Foto: La sequía en Somalilandia (Somalia) dejó a Maryama Abdi Wa'ays y su familia sin hogar, que son solo algunas de las 24 millones de personas desplazadas por eventos climáticos cada año. Créditos: © ACNUR / Mustafa Saeed

Greenwood añade: "Aún no tenemos claro cómo el PMA llegó a este acuerdo con Palantir o cuáles son los términos completos. Se trata de un mal precedente establecido en el campo de la asistencia humanitaria, donde la confianza es clave".

Un tema delicado

Tanto los compromisos como los riesgos de la identidad digital ya se han vuelto evidentes a través del trabajo de un pequeño ejército de start-ups especializadas en cadenas de bloques (blockchain) y biometría. La naturaleza inmutable y descentralizada de las cadenas de bloques ha llevado a varias start-ups a depositar sus esperanzas en esta tecnología emergente como solución al problema de almacenar y proteger la información confidencial, incluida la información biométrica. 

Passbase, que se define como "la primera plataforma de identidad autónoma respaldada por documentos gubernamentales verificados, por cuentas de redes sociales vinculadas y por firmas biométricas", recaudó sus primeros fondos de Alphabet y la Universidad de Stanford (EE. UU.), y actualmente recibe documentos de más de 150 países. El cofundador de la compañía de verificación de identidad de blockchain Civic, Vinny Lingham, incluso ha llegado a afirmar que su compañía podría ayudar a salvar la democracia. El programa Building Blocks del PMA también utiliza blockchain dentro de un campamento de refugiados en Jordania.

Tal vez blockchain salve la democracia. O tal vez empeoré las futuras crisis políticas. El Proyecto Rohingya distribuyó tarjetas de identidad digitales basadas en blockchain a los refugiados rohingya para ayudarles a acceder a servicios financieros, jurídicos y médicos. A primera vista, se trata de una iniciativa humanitaria altruista y orientada al futuro. Pero subir información biométrica altamente sensible en un libro mayor inmutable y probar la tecnología emergente en una población vulnerable significa exponerla a riesgos incalculables.

"¿Podría ser altamente irresponsable digitalizar toda esa información? ¿No sería una referencia útil tener una lista de quiénes son perseguidos para aquellos que buscan perseguir a más?", se pregunta el empresario digital y crítico de esta iniciativa Wayan Vota. Otros esfuerzos para registrar a los rohingya quedaron paralizados cuando los refugiados descubrieron que sus nuevas tarjetas de identidad no los describirían como "rohingya" sino más bien como "los ciudadanos de Myanmar", lo que motivó a algunos a rechazar el registro. 

BanQu, una aplicación de blockchain en fase piloto en 11 países, espera resolver el problema de los "no usuarios de bancos" y conectar a las poblaciones pobres y desplazadas del mundo con el mercado global. El cofundador de la compañía Hamse Warfa huyó de Mogadiscio (Somalia) con su familia y pasó tres años en un campo de refugiados en Kenia, donde toda su existencia se redujo a un número de registro. Él y su cofundador, Ashish Gadnis, regresaron a su antiguo campamento de refugiados en 2015 y se dieron cuenta de que la falta de identificación oficial mantenía a muchos refugiados atrapados en la infraestructura de su campamento

Gadnis me explicó: "Los refugiados no tienen capacidad de demostrar los antecedentes de su existencia a un nivel de transacciones. Si me envían de vuelta a Mogadiscio, volvería a ser un refugiado. Pero mis datos están en las hojas de cálculo de la ONU, ACNUR, de la Fundación Gates... El problema fundamental es que el modelo siempre ha estado centrado en las ONG. Nunca en los refugiados".

El peligro de las filtraciones

Pero diseñar sistemas "centrados en los refugiados" significa garantizar que los datos se minimicen, aseguren y transporten de manera eficiente a través de las fronteras, un objetivo tan utópico como técnicamente desafiante. 

"Los refugiados son una población en la que los riesgos y beneficios de las identidades digitales se amplifican", me explicó el director del programa de la Identidad Digital del Foro Económico Mundial, Manju George. El más mínimo error en el perfil digital de una familia de refugiados puede afectar la ayuda que recibe. ACNUR, por ejemplo, usa una "fórmula directa" para determinar qué refugiados deben recibir ayuda y cuánta. Cualquier familia que obtenga una puntuación por encima del "número mágico" se considera que no es lo suficientemente necesitada, mientras que aquellos que obtienen una puntuación inferior son aptos para recibir apoyo. 

Las filtraciones de datos, como las que ya hemos visto en repetidas ocasiones, hicieron pública mucha información personal del programa de identificación biométrica Aadhaar de la India, lo que expone a las poblaciones en riesgo a nuevos peligros. Y estas filtraciones son demasiado frecuentes: en marzo, una de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias de EE. UU. expuso la información personal de 2,3 millones de sobrevivientes de incendios forestales y huracanes estadounidenses, lo que los dejó vulnerables ante el fraude de identidad. En abril, Kaspersky Labs informó de que se podían comprar más de 60.000 identidades digitales por entre 4,5 euros y 178 euros a través de un mercado negro. Ninguna tecnología es infalible, y ninguna base de datos, por muy segura que sea, está 100 % protegida de una filtración

Muchas de las asociaciones privadas y públicas de la identidad digital tienen como objetivo coordinar las cadenas de suministro de ayuda internacional. Pero eso podría tener efectos negativos: tal vez la persona que coge dos bolsas de arroz en lugar de una, revende la bolsa adicional para adquirir otros bienes y servicios como parte de una economía no formal. Vincular a las poblaciones indocumentadas al mercado global (algo que muchas organizaciones ven como una salida de la pobreza) también podría abrir nuevas vías para la explotación masiva. 

Gadnis detalla: "Todo esto es bastante simple: las 500 marcas más importantes del mundo se abastecen de refugiados y personas que viven en la pobreza. Y esas personas no existen. Al fin y al cabo, todo es una cadena de suministro". 

Superponer tecnología por encima de los problemas humanitarios tiende a exacerbar los problemas que intentaba resolver. En un nuevo informe sobre el papel de la identidad digital de refugiados y migrantes, un equipo de investigadores del Instituto de Investigación Data & Society, dirigido por Mark Latonero, detalla las diversas formas en las que estas iniciativas pueden reproducir y empeorar los sesgos burocráticos existentes. 

El informe, basado en docenas de entrevistas con refugiados y voluntarios en Italia, detalla: "Uno podría pensar que poner a un 'humano en el circuito', o asegurar que una persona esté involucrada en un sistema informático, es una forma de detectar o remediar posibles errores. Sin embargo, en Italia, o en cualquier país con una burocracia enormemente compleja, las personas necesitan confiar en un sistema informal paralelo; un ciudadano italiano podría encontrar una solución a un punto muerto burocrático em su red de amigos, familiares o personas en el poder. Los migrantes están excluidos de estas redes de poder y privilegio, y su única opción consiste en introducir su información en una base de datos". 

A medida que las tecnologías de identificación digital invaden el mercado, es difícil imaginar si serán capaces de predecir o prevenir las situaciones buenas y malas que causarán. Las tecnologías de blockchain y de biometría han provocado una oleada de críticas centradas en las cuestiones más existenciales: ¿Qué determina la identidad y cuántas identidades puede reclamar una persona? ¿Qué pasará cuando, inevitablemente, la identificación oficial de una persona deje de ser responsabilidad de cada nación-estado? 

La directora del Laboratorio de Políticas CITRIS de la Universidad de Berkeley (EE. UU.), que trabaja en el desarrollo de tecnología en interés social, Brandie Nonnecke, opina: "Todos merecen tener una identificación formal que puedan usar para ejercer sus derechos". Pero la avalancha de programas de identidad digital públicos y privados ha comenzado a complicar las cuestiones fundamentales sobre la identificación, el registro, la ciudadanía y la pertenencia. Incluso los temas más simples sobre la identidad digital aún no se han solucionado. Ante esto, la experta se pregunta: "¿Tenemos una identidad o varias en todas las instituciones? ¿Es eso una garantía, o crea más riesgo?"

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