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AP/Brynn Anderson

Cambio Climático

El cambio climático, el gran olvidado entre los candidatos demócratas

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Los 20 aspirantes a la presidencia del partido no dedicaron ni un 10 % de las cuatro horas de debates a esta cuestión que nos afecta a todos, económica y socialmente. Solo seis de ellos hablaron de abiertamente de este problema, que debería ser su máxima prioridad política

  • por James Temple | traducido por Ana Milutinovic
  • 03 Julio, 2019

A los votantes de izquierda de EE. UU. el cambio climático les preocupa cada vez más. Las encuestas muestran constantemente que el problema está ascendiendo en la lista de preocupaciones políticas, impulsado por un gigantesco cuerpo de estudios científicos que asegura que nuestro intento de hacer una transición energética completa  no está ni cerca de la escala ni va a la velocidad requerida para prevenir los niveles catastróficos del calentamiento.

No obstante, durante las dos noches que se celebraron los debates presidenciales para elegir al candidato del partido Demócrata de EE. UU., el cambio climático, que amenaza con afectar a la economía y a la ciudadanía a nivel global, quedó reducido a un puñado de preguntas y unos pocos minutos de respuestas.

El pasado jueves por la noche y pasada la primera hora de la tribuna política, los participantes solo dedicaron aproximadamente 12 minutos a este asunto. En el debate del día anterior, este tiempo fue de poco más de siete minutos. Y esta falta de atención se vio agravada por las reglas que obligaban a los candidatos a responder en 60 segundos. Esto provocó que pocos pudieran hablar en profundidad y detalle en un tema tan complejo.

La senadora de California (EE. UU.) Kamala Harris tuvo las intervenciones más acertadas durante el segundo debate del jueves, y el tema ambiental no fue la excepción. Se refirió a la crisis climática como una "amenaza existencial para nosotros como especie", y mandó un mensaje al actual presidente, Donald Trump, quien, según ella, ha adoptado la "ciencia ficción por encima de la ciencia".

Destacó su apoyo al Nuevo Pacto Verde (Green New Deal) y aseguró que, en su primer día como presidenta, volvería a incluir a Estados Unidos en el Pacto por el Clima de París (Francia). Pero luego hizo un giro forzado hacia las críticas a Trump y su manejo de la situación con Corea del Norte.

Casi ninguno de los demás candidatos ofreció propuestas políticas más detalladas. El alcalde de South Bend (EE. UU.), Pete Buttigieg, destacó la importancia de tomar medidas más agresivas para adaptarse a los peligros, incluido el aumento del nivel del mar. También pidió un impuesto al carbono y un dividendo que ofrezca descuentos a los ciudadanos, y sugirió que los agricultores podrían ayudar a capturar y almacenar el dióxido de carbono en el suelo. (Pero, los científicos aún están divididos respecto a eso, ver Cultivar carbono: la polémica estrategia contra el cambio climático).

El exvicepresidente del país Joe Biden explicó algunos de los puntos importantes de su plan climático, incluida la creación de 500.000 estaciones de carga para vehículos eléctricos y la inversión de unos 350.000 millones de euros para I+D. (En realidad dijo "millones", pero supondremos que fue un lapsus linguae en lugar de una drástica reducción frente a su propuesta anterior). Biden también aseguró que incluiría a Estados Unidos de nuevo en el Pacto por el Clima de París, pero destacó la importancia de presionar al resto del mundo para tomar medidas más agresivas. El mandatario resaltó: "Debemos tener a alguien que sepa cómo convencer al resto del mundo, reunirlos todos y hacer algo parecido a lo que hicimos en mi administración".

La noche anterior, la senadora de Massachusetts (EE. UU.)  Elizabeth Warren demostró un gran ingenio al relacionar el cambio climático con las preocupaciones sociales en torno a las grandes empresas y la desigualdad económica. En su intervención de apertura, Warren destacó que la economía "hace un gran trabajo para las grandes compañías petroleras que quieren perforar en todas partes, pero no lo hace para el resto de nosotros que nos estamos dando cuenta cómo el cambio climático nos afecta".

Y eso fue todo. Los demás candidatos perdieron su oportunidad de aprovechar el momento climático. Cuando el congresista de Ohio (EE.UU.) Tim Ryan fue preguntado de forma indirecta sobre cómo financiar la mitigación del cambio climático, solo dijo que había una "variedad de formas diferentes" para hacerlo. El exgobernador de Colorado (EE. UU.) John Hickenlooper sugirió dos veces que el Green New Deal era como caer en el socialismo, enfatizando además que los demócratas deberían colaborar con la industria del petróleo y del gas y no "demonizar a todos los negocios".

Cuatro de los 10 candidatos del miércoles mencionaron el cambio climático entre las principales amenazas a las que se enfrenta Estados Unidos, pero solo dos de los 10 del jueves lo incluyeron abiertamente como la primera prioridad política en su administración. Esos dos fueron el senador de Colorado (EE.UU.) Michael Bennet y Hickenlooper. Tanto Buttigieg como el empresario Andrew Yang dijeron que, si se arreglaran otros asuntos, se facilitaría la lucha contra el cambio climático, específicamente "arreglando nuestra democracia" y estableciendo la renta básica universal, respectivamente.

De todos los candidatos participantes solo el gobernador de Washington (EE. UU.), Jay Inslee, ha puesto al cambio climático en el centro de su campaña. Y estuvo más cerca de dar un argumento coherente de por qué los votantes deberían interesarse por el tema. Afirmó que el calentamiento global debería ser la máxima prioridad del país y de todos los candidatos. Según la transcripción del The Washington Post, el mandatario afirmó: "Somos la primera generación que siente el ardor del cambio climático, y somos la última que puede hacer algo al respecto. Nuestros pueblos se están quemando. Nuestros campos se están inundando. Miami está inundada".

Y tiene razón. Es una crisis en todos los sentidos, salvo en relación con nuestra respuesta a ella. Por supuesto, hay otros temas importantes, como la economía, la desigualdad, los derechos civiles, la educación, la infraestructura, la inmigración, la atención médica y la seguridad. Pero el cambio climático socava nuestra capacidad de lidiar con todos ellos, ya que el aumento de las temperaturas y el clima extremo causan costes económicos devastadores y amenazan vidas.

En los últimos tres años, EE. UU. ha sufrido la temporada de huracanes más cara de la historia, los incendios más destructivos y mortíferos, y el récord de inundaciones en el Medio Oeste. Al mismo tiempo, los glaciares se están derritiendo, el permafrost se está descongelando y los océanos se están calentando. Y todo eso está pasando más deprisa de lo que creían los científicos.

Y parece que no hará más que ir a mucho, mucho peor. La Evaluación Nacional del Clima publicada a fines del año pasado encontró que los daños económicos causados por el cambio climático podrían ascender a 620.000 millones de euros para 2090 solo en Estados Unidos (ver El calor del cambio climático descontrolado matará a miles de personas).

Estos debates presidenciales fueron una rara oportunidad para que los candidatos pudieran hablar directamente a la sociedad. Junto al voto, son los pocos momentos en los que millones de ciudadanos participan colectivamente en el proceso político. Más de 15 millones de personas vieron el primer debate solo el miércoles por la noche. Fue una breve oportunidad para expresar nuestras más altas prioridades políticas nacionales a una sociedad que necesita escucharlo.

La profesora asistente especialista en políticas energéticas y ambientales de la Universidad de California en Santa Bárbara (EE. UU.) Leah Stokes afirma: "Tenemos una gran cantidad de investigaciones que muestran que el público acepta algunas ideas de las élites y de los políticos. Entonces, si un político habla sobre el cambio climático de manera convincente y le explica al público que se trata de algo que está sucediendo ahora, que está dañando la economía estadounidense y que pone en riesgo la vida, eso ayuda a los ciudadanos a comprender la magnitud y la urgencia del problema".

Por eso, dedicar solo 20 minutos al cambio climático dentro de cuatro horas de debates en directo es una forma trágica de desperdiciar una gran oportunidad, además de que supone un incumplimiento del deber por parte de los participantes, del Partido Demócrata, o al menos de algunos de los candidatos.

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