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Ariel Davis

Biotecnología

El tercer bebé chino editado con CRISPR ya puede haber nacido

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Cuando He Jiankui explicó sus primeros experimentos genéticos con las gemelas Lulu y Nana, confesó que había un tercer embarazo en progreso. Si se hacen las cuentas, esta gestación ya debería haber llegado a término. Ahora solo falta saber si el Gobierno chino reconocerá  públicamente a este bebé

  • por Antonio Regalado | traducido por Editores de MIT Technology Review en español
  • 05 Julio, 2019

La Segunda Cumbre Internacional sobre la Edición del Genoma Humano, celebrada en Hong Kong (China) en noviembre pasado, intentó centrarse en el debate sobre los pros y contras de utilizar ingeniería genética en humanos. Pero en lugar de eso, el debate se quedó en un segundo plano al descubrirse que el biofísico chino He Jiankui ya lo había hecho. El investigador se adelantó a la definición de cualquier consenso internacional y decidió, por su cuenta, utilizar la herramienta de edición genética CRISPR para modificar el ADN de dos gemelas chinas.

Pero las sorpresas no acabaron ahí. El científico afirmó que había una segunda mujer china embarazada de otro bebé CRISPR. Y que una prueba de embarazo lo había confirmado. Este tercer bebé CRISPR podría nacer en cualquier momento, si es que no lo ha hecho ya.

Han pasado siete meses desde la cumbre de Hong Kong, pero dado que el embarazo ya estaba en marcha en aquel momento, ya debería haber llegado a término, afirma el médico y experto en ética de la Universidad de Stanford ​(EE. UU.) William Hurlbut, que mantuvo comunicaciones regulares con He a partir de 2017. Dado que él sabe qué pasó en cada momento, también sabe qué día fue concebido el bebé. Pero afirma que no hará pública la fecha para evitar que tanto los padres como el bebé puedan ser identificados. En declaraciones a MIT Technology Review, Hurlbut afirmó: "Lo único que puedo decir es que un parto normal sucede entre las 38 semanas y las 42 semanas, y este está bastante cerca del centro de eso".

Ahora, la pregunta entre los expertos CRISPR es si el Gobierno de China reconocerá públicamente al tercer bebé CRISPR. La experta en bioética de la Universidad de Miami (EE. UU.) Rosario Isasi afirma que se está animando a los líderes científicos a que "emitan una declaración y lleven a cabo un control de daños". Pero es posible que el Gobierno chino no desee más atención, y los expertos del país se muestran reacios a discutir el experimento de He en redes  sociales como WeChat, que son monitorizadas. "El Gobierno es extremadamente consciente de cualquier transgresión. Vigila el aniversario de Tiananmen, las protestas de Hong Kong y los bebés CRISPR", afirma Isasi.

En cuanto se supo públicamente, el experimento chino CRISPR fue ampliamente condenado y rápidamente detenido. Sin embargo, muchos expertos temen que haya más bebés CRISPR en camino. A pesar de las peticiones de establecer una moratoria global para usar la tecnología en humanos, es imposible controlar quién la usa, y además es bastante fácil de utilizar. En junio, un científico de Moscú (Rusia) afirmó que esperaba ser el próximo en traer bebés CRISPR al mundo si conseguía la aprobación.

El 25 de noviembre, MIT Technology Review reveló en exclusiva que se había empleado CRISPR para embarazar a mujeres con embiones modificados genéticamente. En cuestión de horas, el biofísico chino publicó una serie de vídeos en YouTube en los que afirmaba que su experimento humanos había culminado con el nacimiento de "dos hermosas niñas chinas", mellizas fraternas a las que llamó Lulu y Nana. Su equipo había usado CRISPR para modificar un único gen, el CCR5, con el objetivo de hacer que las niñas fueran inmunes al VIH.

Pero en lugar de convertirse en el nuevo gran héroe científico, observadores de todo el mundo criticaron su experimento, que fue tildado de arriesgado y médicamente inútil incluso dentro de China. Dos días después de publicar sus vídeos, He, quien hasta entonces era relativamente desconocido, hizo su dramática aparición en la cumbre de Hong Kong, donde se le permitió presentar sus resultados experimentales. Pero cuando el biólogo evolutivo británico Robin Lovell-Badge empezó a interrogarle, He reveló que había otro bebé CRISPR en camino.

Lovell-Badge preguntó: "Para ser claros, ¿hay otros embarazos con edición genética como parte de sus ensayos clínicos?". A lo que He respondió: "Hay otro, otro posible embarazo". Y dado que el test de confirmación se hizo en sangre, la gestación ya debía haber empezado al menos dos semanas antes de ese momento.

Como para en aquel momento el científico ya había empezado a recibir amenazas, se escondió en una habitación antes de su aparición en Hong Kong e inmediatamente después, fue escoltado por el personal de seguridad de la universidad. "La idea era hacer que hablara, porque sabíamos que sería la única oportunidad que tendría la mayoría de la gente para interactuar con él", escribió más tarde Lovell-Badge como parte de la historia de los rápidos acontecimientos que rodearon la cumbre.

De hecho, no se le ha vuelto a ver ni oir desde enero, cuando investigadores chinos le acusaron de posibles delitos. En ese momento, también confirmaron que el segundo embarazo todavía estaba en curso, y que la madre estaba bajo observación médica. Aunque es posible que el embarazo se prolongue un poco más, Hurlbut lo duda: "No conozco ningún motivo para sospechar que el embarazo no esté avanzando normalmente". Y afirma que el tercer bebé también fue despojado de las copias de su gen CCR5 .

No está claro si el equipo de He logró el segundo embarazo después del nacimiento de las gemelas CRISPR o poco antes. En cualquier caso, probablemente estaba seguro de que su experimento iba a ser un éxito. Hurlbut detalla: "Realmente creía que lo que estaba haciendo atraería la gloria a su tierra natal. Lo que más le sorprendió fue el hecho de recibir críticas hasta en China".

El cronograma de eventos también implica que algunos científicos y periodistas estadounidenses eran conscientes de los planes de He pero no hicieron nada por impedir el tercer embarazo. Entre estos científicos y periodistas destacan el premio Nobel de la Universidad de Massachusetts Craig Mello, el investigador  de la Universidad de Stanford Stephen Quake y varios periodistas de Associated Press. Todo ellos mantuvieron la confidencialidad de los experimentos de He. Por su parte, Hurlbut lamenta no haber podido convencer al científico de que no siguiera adelante. El experto recuerda: "Sentí que si la conversación con He hubiera sido un poco más larga, podría haberle detenido".

Ahora la pregunta sigue siendo si las autoridades chinas reconocerán el nacimiento del tercer hijo. Durante la cumbre de Hong Kong, los científicos acordaron que los datos científicos sobre los bebés CRISPR deberían hacerse públicos. Les interesa conocer los resultados de la edición del genoma del niño. Un tercer bebé ofrecería una prueba más de que CRISPR, a pesar de la controversia que rodea su uso, "puede producir nacimientos viables", dice Hurlbut.

A principios de este año, el Gobierno de China tomó medidas para aclarar sus leyes y procedimientos sobre la edición genética, e introdujo nuevas sanciones. Sin embargo, Isasi, quien ha participado en reuniones de la Academia Nacional de Ciencias Chinas, afirma que tanto los expertos en bioética como otros científicos chinos siguen "expresando mucha frustración por la falta de transparencia" en torno a la investigación a la que está sometido He.

La experta detalla: "Si nos fijamos en el panorama general, se ve un esfuerzo por parte del Gobierno chino para cambiar el marco regulatorio. Entonces, ¿por qué querrían mantenerlo en secreto? Pero realmente pueden, y si quieren, el mundo nunca lo sabrá. El Gobierno chino le debe a la comunidad internacional cumplir con la responsabilidad que ha prometido".

Una cosa en la que la mayoría de la gente coincide es que las identidades reales de los tres bebés y sus padres nunca deberían hacerse públicas. Si se supieran sus nombres, los niños podrían crecer bajo una atención no deseada por haber sido creados por un científico al que podría llegar a conocerse como el 'Frankenstein de China'. Isasi concluye: "Los chinos son conscientes de que hace falta privacidad, y que no deben convertirse en un circo".

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