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El dilema de controlar la basura espacial sin añadir más escombros

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NorthStar planea lanzar 40 satélites para monitorizar los desechos espaciales 'in situ'. Aunque la estrategia aumentaría el control sobre los residuos, los propios satélites podrían acabar convertidos en más basura y agravar el problema aún más

  • por Neel V. Patel | traducido por Ana Milutinovic
  • 20 Septiembre, 2019

Unos 130 millones de trozos de basura espacial orbitan la atmósfera de la Tierra en este momento. El mundo (en concreto, la Fuerza Aérea de EE. UU.) solo tiene localizadas a los más grandes, aproximadamente 22.300 piezas de escombros de más de 10 centímetros, que son las que representan la mayor amenaza.

Esto supone un gran riesgo: la mayoría de los escombros orbitan nuestro planeta a más de 35.400 kilómetros por hora, lo que significa que un pedazo de basura espacial de solo 0,2 milímetros podría causar daños importantes en un satélite. Nuestros sistemas actuales para buscar los desechos espaciales son lamentablemente inadecuados.

La empresa NorthStar Earth & Space cree que podría tener una solución. Esta compañía espacial canadiense está desarrollando una constelación de 40 satélites para monitorizar y rastrear los desechos espaciales, y espera lanzar su servicio comercial a partir de 2021. NorthStar buscará los escombros con una combinación de sensores hiperespectrales, infrarrojos y ópticos. Su software analizará los datos y creará pronósticos para predecir las posibles colisiones. Según los informes, el Gobierno canadiense ya ha invertido casi 12 millones de euros en el desarrollo del sistema.

Aunque el hecho de buscar basura espacial enviando más basura al espacio resulte contradictorio, hay que tener en cuenta que la mayoría de sistemas que actualmente buscan los desechos espaciales están en tierra y, por lo tanto, tienen que manejar las distorsiones atmosféricas de los datos. Un sistema de seguimiento en órbita no tendría que preocuparse por eso, explica el experto en escombros orbitales de la Universidad de Búfalo (EE. UU.) John Crassidis.

Tener un punto de observación en el espacio, especialmente si los satélites se encuentran en altitudes orbitales más altas, como la órbita geoestacionaria (GEO) ubicada a 35.000 kilómetros sobre la superficie, también permite rastrear la basura en un área más amplia y encontrarla más regularmente, por un orden de magnitud o más. NorthStar afirma que su sistema, que también hará observaciones de la Tierra, tendrá como objetivo monitorear los escombros en la mayoría de los niveles orbitales. "Solo desde el punto de vista técnico ya resulta revolucionario", asegura el jefe de comunicaciones de NorthStar, Jean-Philippe Arseneau.

Esta empresa no es la única que valora esta estrategia. El ejército de Estados Unidos está lanzando su propia constelación de satélites para respaldar el rastreo de basura espacial. El programa del Sistema de Vigilancia en el Espacio ya ha lanzado un satélite a la órbita baja terrestre (LEO) en 2010, y cuatro más a la GEO.

Aun así, hay obstáculos con los que lidiar, principalmente, el coste. Construir un satélite, lanzarlo al espacio y mantenerlo en funcionamiento sale muy caro. Los años de uso, los daños por radiación y la obsolescencia pueden reducir rápidamente el valor y la utilidad del hardware. Crassidis detalla: "Es como conducir un coche durante un millón de kilómetros, tiene que funcionar perfectamente durante las 24 horas del día, y no se puede reparar. Eso es lo que hacemos con los satélites". Los problemas que pueden parecer menores aquí en Tierra se magnifican en el espacio.

Entonces, ¿cómo garantizará NorthStar que sus instrumentos acabarán convirtiéndose en más basura espacial?, una pregunta que ya se le hizo a SpaceX (que planea lanzar 12.000 satélites bajo su proyecto Starlink), y la respuesta no está clara para nada

En lo que se refiere a mitigar y remediar la basura espacial, ningún tratado internacional estipula qué está permitido en el espacio y qué no. EE. UU. tiene un par de reglas para los LEO: los satélites deben guardar suficiente combustible salir de la órbita al final de su misión, y los pequeños cubesats de LEO deben desorbitarse en los 25 años posteriores al lanzamiento. Crassidis piensa que eso es demasiado tiempo; preferiría un límite más cercano a los 10 años.

Y lo que es peor, en el caso de los satélites geoestacioarios ni siquiera hay reglas. "Esos nunca van a bajar", lamenta Crassidis. La única opción consiste en colocarlos en una órbita cementerio a más500 kilómetros sobre los GEO. Incluso entonces, es posible que los impactos gravitacionales de otros cuerpos del sistema solar (como Júpiter) puedan hacerlos retroceder y amenazar los satélites operativos en la órbita GEO.

NorthStar no está de acuerdo con la idea de que sus satélites vayan a acabar formando parte del vertedero de escombros orbitales. Arseneau asegura que el trabajo de la compañía terminará ayudando a "organizar la gestión del tráfico espacial". En comparación con los 12.000 satélites Starlink de SpaceX, la constelación de NorthStar "definitivamente no añadirá basura o tráfico. Crea soluciones tan necesarias para este problema", concluye.

Y como con la mayoría de las cosas relacionadas con el espacio, no sabemos qué sucederá hasta que suceda. Enviar más objetos al espacio aumenta el riesgo de colisiones orbitales, pero rastrear objetos en el espacio nos ofrece más oportunidades para evitar las colisiones. Queda por ver si esos beneficios superan los riesgos.

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