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Tecnología y Sociedad

Los negros sufren más colas para votar en EE. UU. que los blancos

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Así lo demuestra un nuevo estudio de 'big data' basado en datos de registros de teléfonos móviles. Aunque las causas de este fenómeno no están claras, parece que podría deberse a un racismo institucional que dota de menos recursos a los distritos de rentas bajas

  • por Emerging Technology From The Arxiv | traducido por Ana Milutinovic
  • 24 Septiembre, 2019

Una de las características de la democracia consiste en tener elecciones libres y justas. Y un requisito clave para ello es que todos los ciudadanos tengan un acceso similar a la votación. La pregunta es: ¿cumplen las elecciones con este criterio?

Resulta que hay un margen de mejora, al menos en EE. UU. En los comicios de 2012 celebrados en el país, 3,5 millones de personas esperaron más de una hora para votar, y algunos llegaron a hacer cola durante más de cinco horas. Los politólogos reunieron pruebas convincentes de que los peores retrasos se produjeron en los distritos donde predominan los residentes negros.

Por eso es importante saber cómo ha cambiado esta situación desde 2012 y si también se produjeron disparidades raciales en las colas durante las elecciones presidenciales de 2016.  El investigador de la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh (EE. UU.) Kareem Haggag y sus colegas han encontrado una forma completamente nueva de medir estos tiempos gracias a los registros de teléfonos móviles. Su preocupante conclusión es que, durante las elecciones de 2016, los residentes de los barrios negros esperaron significativamente más para votar que los residentes de los barrios blancos.

Hasta ahora, los tiempos de votación solo se podían estimar con un puñado de encuestas. El nuevo hallazgo proviene del estudio de registros anónimos de teléfonos móviles de 10 millones de personas en Estados Unidos. Los datos cubren los días del 1 de noviembre al 15 de noviembre de 2016; las elecciones fueron el día 8. Este margen permitió a los investigadores determinar la actividad en las distintas ubicaciones y, por lo tanto, estudiar con mayor precisión los diferentes patrones del día de las elecciones.

El equipo utilizó la ubicación de 117.000 colegios electorales en todo el país para encontrar teléfonos móviles que pasaron más de un minuto allí el día de las elecciones. No obstante, no incluyeron los teléfonos que visitaron su centro electoral antes o después de esta fecha para excluir a las personas que viven o trabajan en ese sitio.

Después de este proceso de filtrado, el equipo se quedó con los datos de 154.495 votantes en 43.414 centros de votación en todo el país. Luego analizó estos datos para ver cuánto tiempo esperaron para votar y la variación de un distrito a otro. Los resultados son interesantes. El tiempo medio de espera para votar en EE. UU. fue de 19 minutos en, y solo un 18 % de las personas tuvo que esperar más de 30 minutos.

El principal resultado del equipo proviene de un análisis de este grupo. Para descubrir cómo los tiempos de espera variaban según el grupo racial, combinaron los tiempos de espera en los colegios electorales con la fracción de votantes negros. Descubrieron que en las áreas donde el porcentaje de votantes negros era de 0 %, la espera era significativamente más corta que en las áreas donde el porcentaje de los votantes negros era superior al 50 %.

La investigación sostiene: "Los votantes de zonas [con mayor porcentaje de personas de raza negra] pasaron un 19 % más de tiempo en los colegios electorales que los demás. Además, [estos] votantes tenían un 49 % más de probabilidades de pasar más de 30 minutos en su centro electoral". Se trata de un resultado negativo que sugiere que todavía quedan importantes mejoras por realizar.

Resulta interesante averiguar cómo surgen estas diferencias y si son el resultado del racismo. En 2017, el investigador de la Universidad de Harvard (EE. UU.) Stephen Pettigrew descubrió que en las elecciones de 2012, se produjeron diferencias raciales en los tiempos de espera incluso en áreas bajo la misma administración. "Los distritos blancos suelen tener una mayor asignación de máquinas de votación y más trabajadores electorales que los distritos no blancos", afirmó.

Esto sugiere que el mismo conjunto de administradores proporciona un servicio peor en las áreas predominantemente negras que en las áreas predominantemente blancas.

Pettigrew dedicó bastante tiempo a explorar las posibles causas. Una es que la participación en las áreas con la mayor población negra siempre ha sido menor que en las áreas con la mayor población blanca. Por lo tanto, tiene sentido proporcionar más recursos a las áreas con la mayor población blanca.

Si la asignación se realiza correctamente, los tiempos de espera deberían ser aproximadamente los mismos. Pero el efecto Obama aumentó la participación de votantes negros, y esto pudo haber tomado por sorpresa a los planificadores (aunque la mayor participación de votantes negros en 2008 debería haber servido de advertencia). Sin embargo, Pettigrew sostiene que las disparidades raciales fueron las mismas en las elecciones a mitad de mandato, cuando el presidente Obama no estaba en la lista electoral. Entonces, el efecto Obama no puede ser la causa.

Otra posible causa podría ser que los votantes con un nivel socioeconómico más bajo suelen quejarse menos. Por lo tanto, los funcionarios de la administración podían haber asignado recursos para minimizar las quejas, y eso naturalmente favorecería los distritos más ricos, donde predominan los votantes blancos.

Otro factor podría ser que las máquinas de votación son limitadas e indivisibles. Pettigrew lo explica de esta manera: si un distrito tiene 75 votantes y otro tiene 100 votantes, y hay tres máquinas de votación para asignar, la solución óptima es dar una máquina al distrito más pequeño y dos máquinas al distrito más grande. "Esto creará colas de espera más largas en el distrito más pequeño", asegura.

Pero si estos factores no explican completamente esta diferencia, la conclusión inevitable es que los tiempos de espera más largos para los votantes negros son una prueba de discriminación institucional.

Los investigadores han tenido cuidado de no señalar con el dedo esta posibilidad. Pero sea cual sea la razón, el nuevo enfoque de Haggag y su equipo ofrece una forma completamente nueva de estudiar este problema y, por lo tanto, solucionarlo. Y con las elecciones presidenciales de EE. UU. de 2020 a la vuelta de la esquina, el tiempo es esencial.

Ref: arxiv.org/abs/1909.00024Racial Disparities in Voting Wait Times: Evidence from Smartphone Data

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