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Sam Mooy/Getty Images

Cambio Climático

Así se vive desde dentro el caos por los incendios de Australia

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Además del miedo a las llamas, las personas afectadas han sufrido cortes de luz que les han impedido comunicarse para saber qué hacer y cómo estaban sus hogares y seres queridos. Los planes de emergencia del país para evitar situaciones de este tipo simplemente no llegaron a tiempo

  • por Bianca Nogrady | traducido por Ana Milutinovic
  • 23 Enero, 2020

La primera alerta que recibió Eleanor Limprecht sobre el incendio forestal más grande de la historia de la humanidad fue un mensaje de texto que le llegó en la mañana de Nochevieja. Se había reunido con su familia en Navidad en Narrawallee, una localidad ubicada en la costa sur de Nueva Gales del Sur (Australia), un destino popular para pasar las vacaciones. Cuando llegó el aviso, encendió el televisor para más información, pero en cuestión de minutos se fue la electricidad. Intentó abrir la aplicación de incendios forestales del servicio de bomberos en su teléfono, pero no tenía cobertura. Mientras tanto, el cielo se volvió rojo como la sangre por las llamas que se acercaban.

Limprecht recuerda: "Claro que me asusté, pero también intenté mantener la calma". Poco antes de que llegara la alerta, su esposo y su suegra habían salido en coche para comprobar una propiedad familiar cercana. Y añade: "Estuve una o dos horas sin electricidad ni teléfono; no sabía dónde estaban".

Al final, para su gran alivio, los dos regresaron sanos y salvos. Su suegra encontró una vieja radio a pilas para que la familia pudiera escuchar los avisos de emergencia del servicio local de Australian Broadcasting Corporation. A su alrededor, los vecinos estaban sentados en sus coches en la calle haciendo lo mismo.

Los siguientes días fueron surrealistas, asegura Limprecht. Salvo algunas tiendas que tenían generadores, la ciudad carecía de electricidad. Había colas en las gasolineras; presa del pánico, la gente compraba linternas, baterías, leche y pan. Las tiendas tuvieron que sacar los viejos aparatos manuales de tarjetas de crédito para poder cobrar: sin electricidad ni telecomunicaciones, los cajeros automáticos de la ciudad estaban muertos. "La gente mayor estaba contenta porque tenían un montón de cosas que funcionaban con baterías y dinero debajo del colchón", recuerda Limprecht.

La mayor parte de la atención mediática de los catastróficos incendios forestales de Australia se ha centrado en su dramática extensión  y en el daño que han causado: más de 10,7 millones de hectáreas de tierra quemada, aproximadamente 1.000 millones de animales salvajes muertos y al menos 27 personas fallecidas (datos tomados en el momento de redacción de este artículo).

Nuestra casa en las Montañas Azules estuvo a punto de quemarse. No estábamos allí, porque nos habían evacuado unos días antes. Pero me pasé esos días escudriñando desesperadamente siete fuentes de información diferentes para intentar averiguar qué estaba pasando en nuestra ciudad. Aunque para acceder a todas esas fuentes, necesitaba electricidad, internet o cobertura móvil.

Foto: Eleanor Limprecht junto a escombros del incendio. Crédito: Harold David

Muchos no tuvieron la suerte de contar con acceso a electricidad y, por lo tanto, a la información. Para miles de personas, su experiencia el incendio se ha parecido mucho al inicio de una película apocalíptica. Es fácil ver lo vulnerables que somos cuando nos quedamos sin toda la moderna infraestructura de comunicación y electricidad.

Algunas regiones enteras se han quedado sin electricidad y sin telecomunicaciones, muchas justo cuando se acercaban los fuegos. En un momento en la víspera de Año Nuevo, un tramo de 177 kilómetros de la costa de Nueva Gales del Sur se quedó electricidad ni telecomunicaciones, lo que afectó a decenas de miles de residentes y turistas. En Victoria y Australia del Sur, los cortes relacionados con incendios afectaron a muchas miles de personas más.

"Tenemos que construirlo todo de nuevo, pero hagámoslo bien. Hagámoslo resistente al fuego".

El impacto de estos cortes de electricidad podría ser grave. La electricidad es esencial durante los incendios forestales, especialmente cuando las comunidades remotas dependen de ella para el funcionamiento de las bombas de agua para luchar contra los incendios y para obtener agua potable. La electricidad es necesaria para las comunicaciones y la transmisión que mantiene a las personas informadas y en contacto. Sin ella, la gente podría quedar atrapada, aterrorizada y expuesta a las condiciones que cambian rápidamente.

Entonces, ¿cómo se pueden proteger los suministros de energía y los servicios que ayudarían a las personas a sobrevivir a los incendios forestales cuando las cosas salen mal?

Soterrar o sacar de la red

Un enfoque consiste en enterrarlo todo. Después de los devastadores incendios forestales del Sábado Negro en el estado de Victoria (Australia) en 2009, la comisión de investigación recomendó soterrar las líneas eléctricas en áreas de alto riesgo. El Gobierno de Victoria se comprometió con un programa de 631 millones de euros. Su razonamiento era que las líneas eléctricas subterráneas no solo mantienen el suministro de electricidad a los hogares durante los desastres,  también previene que los incendios se inicien en primer lugar. Algunos de los fuegos más catastróficos del país se han atribuido a las líneas eléctricas. En California (EE. UU.), los servicios públicos locales han admitido que las líneas eléctricas fueron responsables de varios de los incendios más importantes de este estado en los últimos años. Los cables en algunas de las áreas de mayor riesgo en Victoria ahora están enterrados.

Pero enterrarlo todo resulta muy costoso, destaca el director general de Redes del organismo nacional de la industria para las redes de transmisión y distribución de la electricidad Energy Networks Australia, Jill Cainey.

Esos costes son aún más altos en Australia, donde las redes deben atravesar enormes distancias debido a la baja densidad poblacional del país. Los largos cableados que actualmente conectan los lugares aislados a la red central también son extremadamente vulnerables a los incendios forestales, y los cortes se pueden prolongar mientras se realizan las reparaciones.

Como resultado, algunos proveedores de energía quieren eliminar de la red una mayor cantidad de ubicaciones remotas.  La empresa de servicios públicos de Australia Occidental, Western Power, ha estado probando sistemas de energía independientes para algunas comunidades lejanas y aisladas. La idea es utilizar una combinación de paneles solares, baterías y generadores de respaldo. Una prueba de 12 meses descubrió que los sistemas ajenos a la red evitaban más de 200 horas de cortes en comparación con las casas que estaban conectadas a la red central.

Las "microrredes" también podrían mejorar la estabilidad de la electricidad en las comunidades más pequeñas expuestas a incendios forestales. Pueden funcionar como sistemas de seguridad que se activarían si existe una amenaza de incendio forestal, pero permitirían que las comunidades estén fuera de la red central el resto del tiempo.

"Casi siempre están funcionando, pero si se sabe que viene mal tiempo y que podría afectarlas, entonces las microrredes se preparan para aislarse", explica Cainey. Eso podría ocurrir antes de que aparezca peligro, o volver a funcionar si falla la conexión a la red central.

Pero la cosa no es tan fácil como parece.

Los sistemas ajenos a la red que dependen de la energía solar tienen que lidiar con el hecho de que las placas solares podrían verse afectadas por el humo. Un análisis afirma que la producción de las placas fotovoltaicas en los tejados de Canberra se redujo en un 45 % el día de Año Nuevo a causa del fuerte humo de los incendios forestales. Y ha habido muchos casos como ese. A mediados de enero, la NASA anunció que el humo de los incendios había recorrido todo el mundo.

El problema de la altitud

La pérdida de importantes servicios durante los incendios forestales no es nada nuevo en Australia. De hecho, según el científico ambiental especializado en protección contra incendios forestales de la consultora ambiental Umwelt, Cormac Farrell, muchos expertos predijeron que esta temporada iba a ser catastrófica. "Era casi inevitable que ocurriera alguna pérdida o daño, simplemente porque [estos servicios] se encuentran una ubicación muy complicada , afirma.

Cuando se trata de la resistencia al fuego Las torres de telecomunicaciones probablemente representan el mayor desafío porque deben ubicarse en puntos elevados, asegura Farrell. Y añade: "Queremos que estén en la cima de la colina, porque ahí es donde se obtiene la mejor señal, la mejor cobertura. Pero, al mismo tiempo, la cima de una colina es el peor lugar donde se puede estar durante un incendio".

Sostiene las torres de telecomunicaciones presentan dos puntos de fallo principales: el cableado de plástico y la cabina de la estación base. El primero podría protegerse si se recubre con grandes cantidades de material aislante ignífugo. El segundo desafío requeriría un enfoque más complicado, como poner las estaciones base bajo tierra, protegerlas con cemento u hormigón en lugar de metal, o construirlas de tal manera que se minimice su exposición directa a las llamas.

"Queremos que [las torres de telecomunicaciones] estén en la cima de la colina, porque ahí es donde se obtiene la mejor señal, la mejor cobertura. Pero, al mismo tiempo, la cima de una colina es el peor lugar donde se puede estar durante un incendio".

Todo esto no quiere decir que hasta ahora nadie haya tenido en cuenta el impacto de los incendios forestales. Actualmente, estas infraestructuras están obligadas a tener una zona de protección a su alrededor, libre de plantas y material inflamable. Pero Farrell destaca que el estándar se basa en un conocimiento histórico de los incendios forestales y que este conocimiento no se ha actualizado para tener en cuenta el impacto del cambio climático en la frecuencia, la gravedad y la duración de los incendios.

Farrell detalla: "Ese es el principal problema. El cambio climático está evolucionado más rápido que nuestra capacidad para diseñar, y para predecir y modelar los fuegos bajos esos índices más altos de peligro de incendio". Sin embargo, cree que la experiencia de esta devastadora temporada de incendios forestales puede ser una oportunidad para aprender y hacerlo mejor la próxima vez.

El experto se pregunta: "¿Cómo podríamos acceder a algunas de estas instalaciones que han sido dañadas o destruidas para entender cómo fallaron? Tenemos que construirlo todo de nuevo, pero hagámoslo bien. Hagámoslo resistente al fuego".

Servicios de emergencia

Mientras tanto, los proveedores de servicios tratan de encontrar formas de mantener en funcionamiento el suministro de electricidad y las líneas de comunicación. Según el proveedor nacional de redes de banda ancha NBN, la mayoría de los servicios de banda ancha se perdieron en las áreas afectadas por los incendios debido a los cortes de electricidad, y no a los daños directos a los equipos.

Para compensar esas pérdidas, NBN ha instalado antenas parabólicas para permitir el acceso a su servicio de banda ancha por satélite en 20 centros de evacuación de incendios en Nueva Gales del Sur, Victoria y Australia del Sur. "Los servicios satelitales ayudan a conectar a las familias y amigos y proporcionan servicios de comunicación vitales en áreas que de otra manera no los habrían tenido", afirmó la directora general de NBN local, Rachael McIntyre, en un comunicado.

Por su parte, el proveedor nacional de telecomunicaciones Telstra implementó algunas medidas provisionales en las áreas afectadas, como una célula satelital móvil para dar acceso a internet y un intercambio móvil sobre ruedas. La compañía también puso a disposición llamadas gratuitas desde cabinas telefónicas fijas en las ciudades afectadas por incendios forestales, como Narrawallee.

Las largas colas de personas que esperaban para usar dichas cabinas telefónicas relajaron un poco la situación en medio del miedo y la incertidumbre. Los niños de Limprecht, ya perplejos por la ausencia de wifi, estaban aún más desconcertados por las colas que salían de aquellas misteriosas cabinas de tamaño humano. Con una sonrisa, su madre recuerda: "Mis hijos preguntaron: '¿Qué es eso?'".

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