¿Por qué? Estos sistemas pueden ofrecer el inte et de alta velocidad a todo el mundo o convertir la órbita de la Tierra en un vertedero espacial
n¿Quién? SpaceX, OneWeb, Amazon, Telesat
n¿Cuándo? Ya
nMás de 3.500 millones de personas en el mundo aún no tienen acceso a inte et. Empresas como SpaceX y OneWeb creen que pueden dar conexión de banda ancha en cada centímetro del planeta mediante megaconstelaciones de miles de satélites que transmitan la señal desde el espacio a terminales de inte et (ver Constelaciones de satélites: un nuevo mercado sobre nuestras cabezas). Siempre que dichos terminales tengan una vista clara del cielo, podrían ofrecer inte et a cualquier dispositivo cercano. En esta década, SpaceX quiere enviar a la órbita más de 4,5 veces más satélites de los que se han llegado desde el lanzamiento del Sputnik.
nEl sueño de estas megaconstelaciones se hecho realidad porque hemos aprendido a construir satélites más pequeños y a lanzarlos de forma más económica. Durante la era del transbordador espacial, lanzar un satélite al espacio costaba casi 51.000 euros por cada kilo de peso. Por lo tanto, enviar al espacio un pequeño satélite de comunicaciones de cuatro toneladas podía costar cerca de 200.000 millones de euros.
nActualmente un satélite Starlink de SpaceX pesa menos de 250 kilogramos. Su construcción reutilizable y la fabricación más barata facilitan colocar docenas de ellos en el mismo cohete, lo que a su vez reduce el coste de lanzamiento. Un lanzamiento en un Falcon 9 de SpaceX ahora cuesta alrededor de 5.000 euros por cada kilo.
nLos primeros 120 satélites Starlink se lanzaron el año pasado, y la compañía planea seguir lanzando grupos de 60 satélites cada dos semanas a lo largo de todo 2020. A finales de este año, OneWeb plantea tener otros 600 satélites propios en órbita. Pronto podremos ver miles de satélites colaborando para proporcionar acceso a inte et incluso a las poblaciones más pobres y remotas del planeta.
nPero este plan solo funcionará si todo sale bien. Algunos investigadores están furiosos porque temen que estos objetos alteren la investigación astronómica. Peor aún es la posibilidad de que una colisión entre satélites de lugar a una reacción en cadena catastrófica que acabe con millones de piezas de basura espacial. En este escenario de vertedero espacial, sería casi imposible que los satélites cumplieran su misión, e incluso podría acabar con cualquier exploración espacial futura. Recientemente, un satélite Starlink y un satélite meteorológico de la Agencia Espacial Europea (ESA) estuvieron a punto de chocar. Aunque no pasó nada, el suceso fue un impactante aviso de que el mundo no está preparado para manejar tanto tráfico orbital. Lo que ocurra con estas megaconstelaciones en esta década definirá el futuro del espacio orbital.
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