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TR10: Rastreo digital de contactos que unió a las 'big tech'

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Los históricos rivales Google y Apple se unieron para construir herramientas para intentar ayudar a frenar la propagación del coronavirus

  • por Lindsay Muscato | traducido por Ana Milutinovic
  • 23 Febrero, 2021

  • ¿Qué? Grandes rivales tecnológicos sumaron fuerzas para crear nuevas herramientas prometen ayudar a frenar la propagación del coronavirus. No lo han conseguido, todavía.

  • ¿Por qué? Las notificaciones de exposición a la COVID-19 no han estado a la altura de las expectativas. Pero todavía hay mucho que aprender de su implementación.

  • ¿Quién? Apple y Google.

  • ¿Cuándo? Ya.

Si algo hemos aprendido del coronavirus (COVID-19) es hasta qué punto nuestras vidas están entrelazadas con las de las personas que nos rodean. Interactuamos constantemente, esparciendo nuestros gérmenes e incorporando los suyos. Es por eso que las notificaciones de exposición (usar el teléfono para saber si nos hemos cruzado con una persona contagiada) parecían tan prometedoras.

La tecnología ofrecía una forma de automatizar los esfuerzos tradicionales de rastreo de contactos en los que los investigadores de salud pública piden a los pacientes que hagan memoria para deducir dónde se contagiaron. ¿Interactuaron con un empleado de alguna tienda, en un aula con niños, con 1.000 pasajeros en un crucero? Estas apps iban a permitir que los detectives de enfermedades no tuvieran que depender de la memoria de un individuo y aliviar la tensión de las autoridades para controlar un brote.

Esa idea provocó una notable ola de desarrollo y colaboración. Algunos programadores crearon y pusieron en marcha sus sistemas en cuestión de semanas, con código abierto que compartieron libremente para que países tan distantes como Canadá y Mongolia pudieran usar el mismo sistema. Por otro lado, Apple y Google, los dos grandes rivales en casi todos los aspectos, colaboraron en un sistema que funcionaba en teléfonos inteligentes y mantenía el anonimato y la privacidad de los datos de salud de sus usuarios. Desde MIT Technology Review hemos analizado las apps de notificación de exposición utilizadas por los gobiernos de todo el mundo.

Sin embargo, como muchas otras cosas pensadas para frenar la pandemia, el rastreo digital de contactos no ha ofrecido los vitales resultados que necesitábamos. De hecho, apenas han hecho mella en la pandemia. ¿Por qué?

Un desafío demasiado grande

En muchos países, limitar la propagación de la COVID-19 simplemente parecía un problema demasiado difícil de resolver mediante rastreo de contactos. La acción lenta, los mensajes confusos, la mala gestión y la negligencia influyeron bastante: a pesar del confinamiento, las restricciones a los viajes y la obligación de llevar mascarillas, el virus siguió infectando a las personas. No importaba si alguien viajaba en autobús, si se reunía para cenar o si brindaba en la Casa Blanca. Las notificaciones de exposición también chocaron con la desconfianza y la falta de mensajes claros. Algunas personas ni siquiera confiaron en las advertencias de sus propios Gobiernos sobre el virus. Otras estaban demasiado pendientes de la mala reputación de Silicon Valley (EE. UU.) en lo que respecta a la privacidad. En un momento en el que la relación de las personas con la tecnología ya era muy tensa, las empresas que ni siquiera estaban involucradas en las notificaciones de exposición, como Facebook, pueden haber disuadido indirectamente su adopción.

¿Y si esto hubiera sucedido en un momento en el que todos hubieran estado más contentos con las empresas tecnológicas? "Pienso en eso todo el tiempo. El péndulo se balanceó hacia el otro lado", admite la responsable del equipo que creó la app del estado de Nueva York, Julie Samuels.

La privacidad no era una simple preocupación abstracta. Para algunos grupos, como los afroamericanos, con buenas razones para desconfiar de las autoridades (basadas en experiencias personales o daños históricos), entregar información al Gobierno para rastrear sus contactos podría ser algo imposible.

Un mayor impulso para ganarse la confianza parece haber sido el elemento crucial que faltaba, ya que las notificaciones son más efectivas cuantas más personas las usan. Las tasas de adopción más altas requerían una base de confianza que primero se tenía que construir, y la fuerza o debilidad de esa base nos afecta a todos, no solo a los que optan por no participar.

"Los virus no son tan selectivos. Si no tenemos cuidado y no nos cuidamos unos a otros, todos pagamos un precio", resalta la directora de la respuesta contra la COVID-19 en EE. UU. de la organización sin ánimo de lucro Resolve to Save Lives, Stephanie Mayfield.

Incluso cuando la protección de la privacidad se puso como prioridad, lo que ocurrió con el sistema de Apple y Google, surgieron otros problemas. El sistema no está vinculado a la identidad y no rastrea la ubicación, sino que usa Bluetooth para reconocer de forma anónima los teléfonos cercanos que ejecutan la misma app. Pero con esta técnica, convertir un resultado positivo en una alerta es tan complejo que los expertos en salud pública no pudieron aprender mucho sobre dónde se formaban los brotes ni cómo se propagaba la enfermedad.

Dejando a un lado las preocupaciones sobre la privacidad, había otras cuestiones prácticas sobre las notificaciones de exposición. ¿Las personas de mayor riesgo poseían los teléfonos inteligentes necesarios para ejecutar las apps? ¿Cómo funcionarían los servicios a través de las fronteras estatales o internacionales? Y, lo más importante, ¿se estaban realizando suficientes pruebas de diagnóstico?

Ningún creador de estos sistemas pensó en elaborar una solución milagrosa, así que esos problemas fueron un duro recordatorio de cómo la tecnología puede no resolver algo incluso cuando sus autores tienen las mejores intenciones.

El rastreo de contactos funciona mejor como parte de lo que los expertos a veces denominan el modelo del queso suizo, que implica combinar varias estrategias. Un método puede tener agujeros, pero muchos métodos combinados podrían formar un bloque sólido.

Si se consigue que eso funcione bien, "la pandemia se podría detener casi en seco", opina el que era responsable del equipo de EE. UU. para diseñar el plan de la administración de George W. Bush para hacer frente a las futuras pandemias, Rajeev Venkayya.

Para la COVID-19, las capas apropiadas incluirían primero las pruebas integrales, el rastreo efectivo de contactos y el distanciamiento social, pero con pocas de esas capas en funcionamiento, el virus se volvió imparable. Y cuando la propagación se descontrola, el rastreo de contactos simplemente no es suficiente.

La promesa por delante

A pesar de sus deficiencias, el rastreo digital de contactos aún puede tener futuro. La llegada de varias vacunas ofrece esperanzas de que el número de casos se reduzca a niveles manejables. En ese momento, Venkayya detalla: "[Será realmente importante] tener todas las herramientas que podamos a nuestra disposición, incluidas las pruebas y el rastreo. Solo hay que intentar mantenerse al día y limitar el daño".

En EE. UU., a medida que la administración Biden se pone al día, las soluciones federales o nacionales (como impulsar el uso de las apps de rastreo de contactos a nivel nacional) pueden ser parte de la respuesta, junto con las herramientas de monitorización como señales Bluetooth, brazaletes de rastreo y códigos QR que se escanearían para poder entrar en una cafetería o al lugar de trabajo.

Pero las conclusiones más importantes de nuestro experimento global con las notificaciones de exposición pueden ser menos sobre la tecnología en sí misma y más sobre cómo implementarla. El fallido lanzamiento ha dejado claro que la introducción de algunas innovaciones, para esta pandemia o la próxima, requerirá que generemos confianza, aumentemos el acceso y la equidad, y consideremos el lugar de la tecnología en algunos sistemas complejos.

El progreso, por supuesto, tiene que ver con mirar hacia delante. Pero el rastreo de contactos nos recuerda que es igualmente importante volver sobre nuestros pasos.

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