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La directora de Operaciones Ejecutivas y directora de I+D de Sylentis, Ana Isabel Jiménez.

Biotecnología

"Es mejor colaborar en fármacos, aunque implique compartir beneficios"

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La directora de Operaciones Ejecutivas e I+D de Sylentis, Ana Isabel Jiménez, asegura que el sector 'farma' debe cambiar de mentalidad. Considera estratégico trabajar con otras instituciones e, incluso, compartir la propiedad intelectual de los productos para dar respuestas ágiles a la sociedad

  • por Alba Casilda | traducido por
  • 22 Junio, 2020

En la batalla contra el coronavirus (COVID-19) hay empresas que han puesto en marcha toda su maquinaria. La directora de Operaciones Ejecutivas y de I+D de Sylentis, Ana Isabel Jiménez, cuenta: "Hemos reaccionado en tiempo récord". Aunque esta compañía biotecnológica perteneciente al grupo PharmaMar está especializada en patologías oculares, inflamatorias y del sistema nervioso central, en los últimos meses, también ha puesto su foco en el virus.

Gracias a este cambio, Sylentis ya ha diseñado 20 moléculas con potencial para crear fármacos específicos para tratarlo: "estamos en fase de diseño y validaciones in vitro". Para ella, "la agilidad" es clave tanto para hacer frente a la pandemia, como "diferenciarse de la competencia" y ser una empresa realmente innovadora.

¿Qué pasos está dando Sylentis-PharmaMar para incorporar nuevas tecnologías como la inteligencia artificial (IA) y los datos en sus procesos de innovación?

Sylentis nació con un claro enfoque de empresa innovadora. Gracias al ARN de interferencia, diseñamos fármacos basados en oligonucleótidos [secuencias cortas de ADN o ARN] para tratar enfermedades que no se habían podido abordar hasta que se creó esta tecnología en 2006. Los fármacos que emplean la tecnología del ARN de interferencia se diseñan empleando algoritmos complejos y herramientas de inteligencia artificial. A través de nuestro software SIRFINDER podemos diseñar cualquier molécula para abordar una patología, tanto enfermedades raras como otro tipo de dolencias que tienen un gran impacto en la sociedad.

¿Qué es el ARN de interferencia y cómo funciona?

Es una tecnología que diseña fármacos distintos a las terapias clásicas. Algunas enfermedades se producen cuando se alteran las proteínas, nuestros productos reducen la concentración de esas proteínas que al estar alteradas no funcionan correctamente y conlleva a la aparición de diferentes patologías. La información para producir las proteínas en todos los organismos se encuentra en el ADN, que se encuentra en el núcleo de la célula. Por ello, la información del ADN para formar las proteínas se transfiere a través de otra molécula, denominada ARN mensajero. Este funciona como un molde produciendo las proteínas.

Las moléculas diseñadas con la tecnología ARN de interferencia intervienen sobre el ARN mensajero y lo destruye. Así, si no tienes un molde para fabricar la proteína, te deshaces de las proteínas que no están funcionando correctamente en una patología. En resumen, no actuamos bloqueando una proteína patológica como hacen los fármacos clásicos, sino que impedimos que se fabrique. A este proceso se le llama silenciamiento génico. El gran avance de esta tecnología del ARN de interferencia es diseñar estas moléculas específicas gracias a herramientas bioinformáticas.

Big data, inteligencia artificial y machine learning, ¿cómo se utilizan estas tecnologías en el ARN de interferencia?

A través de herramientas de análisis masivo de datos rastreamos el genoma humano y diseñamos moléculas específicas para una proteína alterada. Después, nuestro software empieza a trabajar con más de 30 algoritmos, basados en herramientas de big data e inteligencia artificial, y diseña una molécula a partir de parámetros definidos en cuanto a eficacia para silenciar la proteína patológica, que sea segura, es decir, con poca toxicidad y otros parámetros importantes para el desarrollo del fármaco como que sea escalable, que tenga en cuenta todas las variedades genéticas y que sea específica silenciando solo la proteína de interés.

"Estamos utilizando nuestras herramientas para diseñar fármacos específicos para la COVID-19"

Así, obtenemos una serie de compuestos candidatos y los analizamos en estudios in vitro e in vivo. En paralelo, gracias a técnicas de machine learning, alimentamos el software con la información de estos análisis para que la maquinaria aprenda de manera automática. Esto permite buscar relaciones no evidentes y diseñar moléculas cada vez más eficientes. La eficacia de estos fármacos es muy duradera, algo muy interesante para enfermedades crónicas.

Uno de los retos que ha impedido cumplir la promesa de la medicina personalizada es el enorme coste de investigación y desarrollo de los fármacos. ¿Ve algún cambio en este problema gracias a estas tecnologías?

Los tiempos y los costes actuales en investigación para desarrollar un fármaco son grandísimos. Normalmente, se analizan unos de 4.000 o 5.000 compuestos para tener un candidato positivo y empezar su desarrollo en ensayos preclínicos. Además, para entrar en la fase preclínica se suelen necesitar entre dos y cuatro años. Con la tecnología ARN de interferencia este tiempo se limita a dos o tres meses. Aunque una vez se entra en los ensayos clínicos estos compuestos basados en ARN de interferencia tienen que seguir una serie de hitos regulatorios al igual que otro tipo de fármacos basados en otros mecanismos de acción.

Gracias a esa agilidad que se gana al principio, podemos desarrollar fármacos de manera más eficaz, cubrir necesidades sin atender y paliar la brecha que existe en relación con la medicina personalizada para tratar enfermedades. La COVID-19 es un ejemplo de la rapidez con la que debemos actuar en el sector farmacéutico, todo el mundo se está movilizando.

¿Cómo han respondido ante esta pandemia desde Sylentis-PharmaMar?

Lo primero que hizo el grupo PharmaMar fue reposicionar fármacos que ya estaban en el mercado y utilizarlos para la COVID-19. Estamos trabajando con Aplidin, un fármaco antitumoral que trata el cáncer hematológico y que tras los resultados positivos en ensayos in vitro e in vivo, inició un ensayo clínico. Por otro lado, Genómica, otra empresa del grupo, fue la primera compañía en desarrollar kits de diagnóstico, junto con el Hospital Carlos III de Madrid, y conseguir el marcado CE.

Por nuestro lado, en Sylentis estamos utilizando nuestras herramientas para diseñar fármacos específicos para la Covid-19 con dos enfoques diferentes. El primero consiste en atacar la replicación del virus silenciando las proteínas del virus. Y, otro, se basa en desarrollar ARN de interferencia dirigidos a la célula hospedadora del tracto respiratorio que impidan la entrada del virus a la célula humana bloqueando su propagación o bien silenciando proteínas que el virus necesita para su replicación dentro de la célula infectada.

Para todo ello, estamos trabajando con grupos de especialistas en formulaciones con el fin de diseñar misiles terapéuticos que conduzcan a los fármacos directamente al tejido diana, en este caso al tejido pulmonar.

"Algunos economistas dicen que el I+D es un gasto, yo digo que es una inversión"

La colaboración es una de las tendencias de negocio actuales. ¿Cuál es su postura sobre la dicotomía entre la competencia y la colaboración?

El sector farmacéutico tiende a ser muy individualista debido a cuestiones de propiedad intelectual. Sin embargo, en Sylentis hemos establecido colaboraciones en las que regulamos este tema. Por ejemplo, pudimos desarrollar el fármaco para tratar el ojo seco gracias a un acuerdo de colaboración con una universidad española. En general, nuestro grado de colaboración con instituciones públicas es amplio porque necesitamos expertos en las dianas terapéuticas que abordamos.

¿Qué nuevas capacidades necesitan los líderes corporativos para abordar esta nueva forma de trabajar?

Hay que tener una cultura innovadora que vaya de arriba abajo. Es importante tener un CEO que entienda la innovación, ya que muchas veces esta no lleva resultados positivos en la cuenta de resultados ni a corto, ni a medio plazo.

El CEO no debe ser solo un buen gestor económico. Algunos economistas dicen que la I+D es un gasto, yo digo que es una inversión. También debe fomentar la creatividad, la participación y la difusión de las ideas. Hay que formar equipos que piensen fuera de la caja y mantengan esta cultura empresarial. Eso sí, las innovaciones deben estar en equilibrio con los objetivos de la organización para trabajar todos en el mismo sentido.

¿Qué retos tiene el sector farmacéutico para saber actuar en este nuevo contexto?

Las compañías tienen que cambiar su mentalidad, integrar tecnologías de diferentes sectores y utilizar todo el conocimiento que existe. En España y Europa tenemos una calidad científica enorme, pero hay una brecha entre lo que se desarrolla en las universidades y lo que después se explota en el mercado. Nuestro país es puntero en número de publicaciones y excelencia, pero los productos no llegan a hacerse realidad.

"En España y Europa existe una brecha entre lo que se desarrolla en las universidades y lo que se explota en el mercado"

Hay que amoldarse a los nuevos sectores y crear equipos multidisciplinares. Tenemos que hacer un esfuerzo para integrar dos mundos: el científico y el informático. Asimismo, hay que hacer ver que no es malo apoyarse en diferentes entidades para desarrollar fármacos. Hay que tener claro que es mejor compartir la propiedad intelectual y colaborar para crear fármacos, aunque conlleve compartir futuros beneficios.

Va a ser beneficioso para el desarrollo y posterior comercialización de un posible fármaco y así conseguir que los pacientes accedan a nuevos tratamientos aunando esfuerzos y compartiendo conocimientos. Esto nos va a llevar a generar nuevas relaciones comerciales donde todos ganemos y se establezcan nuevos modelos de negocio donde se comparta propiedad intelectual y posibles beneficios económicos derivados de la comercialización del producto.  

Biotecnología

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