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Andre Coelho/Getty Images

Biotecnología

Lo que pasa cuando el coronavirus campa a sus anchas por una ciudad

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La localidad brasileña de Manaos sufrió un pico tan alto de casos y muertes que el virus ya no tiene huéspedes a los que infectar. Dado que su tasa de prevalencia puede ser la más alta del mundo con hasta el 66 % de la población contagiada, la inmunidad de grupo parece haber jugado un papel clave

  • por Antonio Regalado | traducido por Ana Milutinovic
  • 25 Septiembre, 2020

¿Qué pasa cuando una gran ciudad permite que el coronavirus (COVID-19) se desate sin control? Si la ciudad brasileña de Manaos sirve de ejemplo, la respuesta sería que alrededor de dos tercios de la población podría infectarse y una de cada 500 personas podría morir antes de que la epidemia remita.

Durante el mes de mayo, mientras el virus se propagaba rápidamente en la capital del estado de Amazonas, Manaos, las terribles noticias describían sus hospitales saturados y tumbas recién excavadas. La demanda de ataúdes fue entre cuatro y cinco veces mayor que la del año anterior. Pero después de alcanzar su punto máximo hace cuatro meses, los nuevos casos y fallecimientos por coronavirus en esta ciudad de 1,8 millones de habitantes, han disminuido de una forma rápida e inexplicable.

Un grupo de investigadores de Brasil y Reino Unido aseguran que saben la razón: inicialmente se infectaron tantas personas que el virus se está quedando sin nuevos huéspedes.

Este equipo liderado por la directora del Instituto de Medicina Tropical de la Universidad de São Paulo (Brasil), Ester Sabino, afirma en su informe publicado en el servidor de preprint medRxiv que ha analizado los bancos de sangre en busca de anticuerpos contra el virus y estima que entre el 44 % y el 66 % de la población de Manaos se ha infectado desde que la ciudad detectó su primer caso en marzo.

En una entrevista telefónica, Sabino afirma: "Por lo que sabemos, esta es probablemente la prevalencia más alta del mundo. Las muertes han disminuido muy rápidamente y creemos que eso está relacionado".

En Estados Unidos, el presidente, Donald Trump, ha sido objeto de burlas por decir que el virus "desaparecerá" por sí solo. Sus comentarios pudieron referirse al hecho de que si una cantidad suficiente de personas se infecta y desarrolla anticuerpos para combatir el virus, empieza a producirse lo que se conoce como inmunidad colectiva o de grupo: a medida que más personas adquieren inmunidad, al virus le cuesta más encontrar a nuevas personas a las que infectar y continuar su propagación.

Eso es exactamente lo que está pasando en Manaos, según creen los autores. En un investigación afirman: "Aunque las intervenciones no farmacéuticas, junto con un cambio en el comportamiento de la población, pudieron haber ayudado a limitar la transmisión del SARS-CoV-2 en Manaos, la tasa de infección tan inusualmente alta sugiere que la inmunidad colectiva jugó un papel importante en el tamaño de la epidemia".

La región amazónica ha sufrido la peor versión de la pandemia, con personas muriendo en sus casas y la enfermedad afectando a los grupos indígenas. Sin embargo, a mediados de agosto, The Washington Post señaló un cambio repentino en Manaos. Desde el pico de 79 muertes diarias de mayo, la tasa de fallecidos en la ciudad en septiembre se ha reducido a dos o tres al día, según su Departamento de Sanidad.

No está claro por qué el virus se propagó tan rápidamente en Manaos, donde los datos de movilidad muestran que los habitantes comenzaron a distanciarse socialmente en marzo. Sabino y sus colegas creen que el brote pudo haberse acelerado por la densidad de las viviendas, el suministro de agua deficiente y el hacinamiento en los barcos de transporte local.

Según los autores, la tasa de letalidad por infección en Manaos fue de alrededor del 0,28 %, lo que equivale a una muerte por cada 350 personas infectadas por el virus. Teniendo en cuenta que no todo el mundo ha contraído el virus en Manaos, la tasa de muerte por COVID-19 en toda la ciudad sería de entre una de cada 500 y una de cada 800 personas del total.

El inmunólogo en Hospital Monte Sinaí de Nueva York (EE. UU.) Florian Krammer admite que se esperaba que algunas regiones alcanzaran unos niveles de inmunidad suficientemente altos como para frenar los brotes locales, pero que esos casos deben considerarse errores de salud pública, no éxitos.

"La inmunidad de grupo a través de las infecciones naturales no es una estrategia, es una señal de que el Gobierno no pudo controlar el brote y lo paga con vidas perdidas", señaló en un tuit.

Otras ciudades deben tener cuidado a la hora de sacar conclusiones del caso de Manaos ya que, entre otros factores, la ciudad tiene una población bastante joven. Solo el 6 % de los ciudadanos tiene más de 60 años, según el Instituto de Geografía y Estadística de Brasil. En la ciudad de Nueva York, esa cifra es de alrededor del 16 % y en Estados Unidos en general, es del 20 %. Las personas mayores tienen un riesgo mucho más alto que las personas jóvenes de morir si contraen el virus.

Los datos de esta ciudad brasileña sugieren el número de personas de un lugar que podría infectarse mientras el virus se propaga libremente, un concepto conocido como tasa de ataque. Si dos tercios de la población de Estados Unidos estuvieran infectados, el virus se podría cobrar más de 500.000 vidas fácilmente, principalmente entre los más mayores.

Esta cifra está en línea con las proyecciones iniciales de los peores escenarios y con los acontecimientos recientes sobre el terreno. Estados Unidos acaba de superar el sombrío récord de más de 200.000 muertes atribuidas al virus. Decenas de miles de personas siguen contagiándose a diario.

En Brasil, el equipo de Sabino fue el más indicado para estudiar la trayectoria de la pandemia porque ya había estado involucrado en la investigación de las donaciones de sangre en busca de patógenos transmisibles. Dado que los bancos de sangre brasileños guardan las muestras de la sangre donada, pudieron volver a analizarla en busca de anticuerpos contra el coronavirus en varios momentos, una técnica conocida como muestreo en serie o sistemático.

"Muy poca gente tiene la capacidad de realizar muestreos sistemáticos, pero en Brasil es obligatorio guardar las muestras, para poder llevarlo a cabo", explica Sabino. Durante el mes de junio, el 40 % de los nuevos donantes de sangre dieron positivo en anticuerpos contra el coronavirus, aunque el número ha disminuido desde entonces ya que los anticuerpos tienden a reducirse con el tiempo.

La experta en simulación matemática de la Universidad de Strathclyde (Reino Unido) Gabriela Gomes subraya que el nuevo informe muestra que el número de personas en Manaos con anticuerpos contra el coronavirus es el doble de lo que había sugerido un estudio anterior. Podría haber un debate en curso entre los inmunólogos sobre qué hallazgo es más preciso. Sabino resalta que su equipo utilizó para su análisis una prueba de anticuerpos mejorada desarrollada por Abbott Laboratories que, según ella, tiene mayor sensibilidad que la prueba utilizada para el estudio anterior y detecta más casos.

En el futuro, la capital amazónica podría ayudar a los responsables de salud pública a comprender mejor cuánto tiempo dura la inmunidad contra la COVID-19 y con qué frecuencia el virus vuelve a infectar a las personas. El análisis de sangre demuestra claramente que los anticuerpos de las personas se vuelven más difíciles de detectar a medida que pasa el tiempo. Eso podría significar que la inmunidad individual al virus no es permanente. "Manaos puede servir de centinela para determinar la duración de la inmunidad de la población y la frecuencia de las reinfecciones", escribieron los autores en su preprint.

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