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Tecnología y Sociedad

"La gestión de la COVID-19 en Israel ha sido un fracaso"

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Aunque el país ha sido alabado por su campaña de vacunación contra el coronavirus, la experta en ética y derechos humanos Hadas Ziv, que participó en las recomendaciones para el Gobierno, es muy crítica con algunos aspectos del plan, como la exclusión de la población palestina y de los presos 

  • por Mia Sato | traducido por Ana Milutinovic
  • 27 Enero, 2021

Hadas Ziv

Foto: la directora de Política y Ética de Physicians for Human Rights-Israel, Hadas Ziv.

Cuando Israel diseño su estrategia de distribución de la vacuna contra el coronavirus (COVID-19), fue elogiado y aclamado como un ejemplo de cómo habría que hacer las cosas. Pero, desde entonces, las cosas se han complicado bastante. Los contagios han alcanzado niveles récord y el Gobierno ha decretado un nuevo confinamiento hasta finales de enero. Mientras tanto, la desigualdad y la crisis política del país dominan los titulares, con la ONU entre los que critican a Israel por negarse a compartir sus vacunas con unos 4,5 millones de palestinos que viven en Cisjordania y la Franja de Gaza. 

Hemos hablado con la directora de Política y Ética de Physicians for Human Rights-Israel, Hadas Ziv, sobre los éxitos y fracasos de ese país. Ziv formó parte del equipo de expertos que formuló las recomendaciones de vacunación contra la COVID-19 para el Gobierno israelí, y figura entre los defensores de que también se administre a los prisioneros. 

¿Qué pasos debe dar un ciudadano israelí que quiera vacunarse?

Es muy fácil. Se le notifica que es elegible, ya sea por SMS, o simplemente puede entrar a la página [de su proveedor de atención médica] e inmediatamente verá si es elegible o no.

Entonces le darán una cita por internet o recibirá un enlace en su teléfono. Todo está muy bien organizado. Y simplemente recibirá la vacuna. Eso es todo.

¿La vacuna es gratuita? ¿Ha habido obstáculos o procesos de implementación confusos?

El lado positivo de Israel es que tenemos un sistema sanitario público y todos los habitantes están cubiertos. Así que, a menos que esté en un grupo específico, como los trabajadores migrantes o refugiados o palestinos en los territorios ocupados, todos están cubiertos por el seguro y forman parte del sistema. 

¿Existen problemas con las dudas sobre la vacuna o el rechazo de la misma?

Creo que, en general, los israelíes confían en las vacunas. Hubo algunas teorías de conspiración en los medios de comunicación, que hicieron que la gente pensara que debería esperar para ver cómo les va a los vacunados. Pero creo que el miedo a la enfermedad es más grande que el miedo a la vacuna, y la publicidad de que la vacuna es segura convenció a muchos. 

Tenemos comunidades específicas [como las ultraortodoxas y árabes] donde hay menos confianza e información. Debe haber un esfuerzo tanto del sistema sanitario como del Gobierno para persuadir y hacer accesible la información para que vengan y se vacunen.

Israel fue visto como un ejemplo para el resto del mundo en la distribución rápida de las vacunas. Pero los contagios han empezado a aumentar y el país se encuentra en otro confinamiento. ¿Qué dice eso sobre el papel de las vacunas para superar la pandemia?

Hay un lado positivo y otro negativo [del proceso de vacunación]. Fue rápido: Israel actuó como muchos otros países occidentales, en lo que se conoce como una tendencia hacia la vacunación nacionalista. Cada país por su cuenta. 

No hemos resuelto el acuerdo social. Hay grandes diferencias entre las distintas comunidades de Israel y no disfrutamos de la solidaridad social. Por ejemplo, los ultraortodoxos superan ligeramente el 10 % de la población, pero representan el 30 % de los nuevos casos de COVID-19. Existe el peligro de que si alguien dice que esta comunidad no respeta el distanciamiento social o no puede [debido a las condiciones sociales] se generaría mucha ira pública contra ellos. Eso incluso podría aumentar el conflicto social que hay en nuestra sociedad. 

Si queremos conseguir la protección colectiva, hay que llegar al menos a dos tercios de la población. Si no llegamos a esas comunidades que probablemente no deseen vacunarse por ahora, no alcanzaremos este número. 

El Gobierno y Pfizer acordaron intercambiar los datos médicos por las dosis de las vacunas. ¿Cuál es el impacto de eso? ¿La sociedad ha recibido suficiente información sobre los detalles de este acuerdo?

Conseguimos un acuerdo especial con Pfizer, y cuando lo publicaron, al menos un tercio del mismo quedó en secreto. Y creo que eso nos ha hecho más daño que bien, porque ahora no sabemos cuánta información obtienen sobre nosotros.

Si de hecho Israel es líder en la vacunación de su población, y alguna empresa quiere conocer la eficacia y los efectos adversos, ¿por qué no dar esta información de forma gratuita a todos los ministerios de salud, sistemas sanitarios y laboratorios? Es un desafío global. ¿Por qué hacer que Pfizer sea el único actor con estos conocimientos? No lo sé. Esto es algo que estamos tratando de analizar.

¿Qué está pasando con el acceso a las vacunas para los palestinos?

No administramos las vacunas a los palestinos en los territorios ocupados. Los ciudadanos [israelíes y palestinos] están en constante movimiento y contacto. Y por eso, no solo moralmente —me refiero principalmente a la obligación moral de vacunarlos— sino también desde un aspecto utilitario de salud pública, deberíamos vacunarlos. 

Los ciudadanos y residentes permanentes de Israel son elegibles para la vacunación según los grupos de edad. Sin embargo, Israel también controla Cisjordania y la Franja de Gaza. Hay muchos argumentos sobre si se trata de una ocupación o no, si es apartheid o no. Pero yo lo miro desde el punto de vista del poder y de la responsabilidad que tenemos.

Si controlamos la cantidad de agua que tienen [los palestinos], lo que se les permite introducir o sacar de Gaza, qué equipo, qué gente o qué conocimientos, tenemos un efecto tremendo en su economía, en su sistema sanitario y, por supuesto, en su capacidad para hacer frente a las crisis de salud pública. Creo que Israel tiene la obligación a asumir a los palestinos como parte de su responsabilidad. 

Usted ha participado en la lucha para vacunar a las personas encarceladas. ¿Cuál es el peligro de no vacunarlas?

Hace apenas unos días, el [ministro de Seguridad Pública], responsable de todas las prisiones en Israel, afirmó que los prisioneros no se vacunarían hasta que todos los ciudadanos israelíes libres sean vacunados, y luego no hasta que todos los guardias de las cárceles estén vacunados. El Ministerio de Salud confirmó que los propios reclusos son una prioridad, y en las cárceles, las personas con enfermedades crónicas y los mayores deben vacunarse al mismo tiempo que nuestros ciudadanos.

Entonces tuvimos que acudir al Tribunal Superior de Justicia. [El ministro de Seguridad Pública, Amir Ohana] cambió de opinión, pero el daño ya estaba hecho. En el Gobierno, hay funcionarios que pueden adoptar ideas irresponsables y populistas que creen son lo que los ciudadanos quieren escuchar y que son contrarias no solo a la moral y a la ética, sino también a los intereses de la salud pública. 

Todo el mundo está impresionado con la vacunación israelí, muy bien. Pero a ver el número de muertos, a ver cómo operamos. Cómo perdemos la confianza de los ciudadanos. Cómo estamos en la tercera cuarentena, pero que no resulta eficaz. No creo que seamos una historia de éxito. Quizás en la vacunación. Pero en cuanto a la COVID-19, como un desafío que es tanto una crisis sanitaria como social y política, creo que somos un fracaso.

¿Cuáles son las lecciones de Israel para el resto del mundo?

El sistema sanitario público debe cubrir a todas las personas. Espero que nuestro Gobierno aprenda la lección e invierta y financie mejor nuestro sistema público de salud porque nos ha salvado. 

Creo que no hay que aprender de Israel sino ser más generosos con la vacunación, con los vecinos, por supuesto. Es una pandemia mundial y solo se puede resolver a nivel global. La distribución equitativa entre todos los países del mundo, una mayor cooperación, resulta crucial.

La naturaleza de la pandemia cambia constantemente y los desafíos evolucionan. ¿Qué habría que controlar?

La estabilidad de los gobiernos. Israel va hacia sus cuartas elecciones [en dos años]. La combinación de una crisis de salud pública con una crisis política es extremadamente peligrosa. La confianza de la sociedad en su Gobierno es fundamental si queremos hacer frente a las pandemias. No se trata solo de la confianza de mi gente en mi Gobierno, sino de la confianza de las personas en los gobiernos del sistema mundial, porque si esta confianza se pierde, no se puede gestionar ninguna crisis.

*Esta entrevista forma parte del Proyecto de Tecnología Pandémica, de la Fundación Rockefeller

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