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Tecnología y Sociedad

La COVID-19 lleva el duelo en India al mundo digital

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Millones de personas no pueden despedir a sus seres queridos con los ritos milenarios religiosos. Las familias se confortan en grupos de WhatsApp, mientras voluntarios organizan sesiones de salud mental por Twitter. Sin embargo, la brecha económica y tecnológica del país hace que no todos puedan expresar 'online' su dolor

  • por Tanya Basu | traducido por Ana Milutinovic
  • 11 Junio, 2021

La primavera de 2021 en la India ha sido horrible y aterradora: las ambulancias sonando constantemente, las piras funerarias encendidas las 24 horas del día, las filas de bolsas de cadáveres casi interminables y el duelo flotando en el aire.

Hace un año, parecía que la India logró escaparse de lo peor del coronavirus. Mientras el mundo occidental sufría, el país se salvó relativamente ileso; alcanzó un máximo de unas 1.300 muertes diarias a finales de septiembre de 2020 antes de volver a bajar la curva de nuevo. A principios de este año, el primer ministro Narendra Modi declaró que el país había ganado su batalla contra el virus. En una aparición virtual el 28 de enero en el Diálogo de Davos (Suiza) del Foro Económico Mundial, Modi se jactó del "enfoque proactivo de participación pública de India, de [su] infraestructura sanitaria específica para la COVID-19 y de [sus] recursos capacitados para luchar contra la COVID-19".

Luego, cuando empezaron a llegar más vacunas y los casos seguían bajando, los esfuerzos de mitigación se relajaron para lo que resultaron ser eventos catastróficos de gran propagación a finales de marzo y principios de abril: Kumbh Mela (la importante peregrinación hindú a los cuatro ríos sagrados de la India) y los enormes mítines electorales en los estados de Bengala Occidental, Kerala, Assam y Tamil Nadu. Estos concurridos acontecimientos atrajeron a miles de personas sin mascarillas que habían viajado hasta ahí. En unas semanas, el sistema hospitalario colapsó; el mes de mayo ha sido el más letal hasta ahora en la lucha contra el coronavirus y ha colocado al país justo por debajo de Brasil y Estados Unidos. Más de 311.000 indios han muerto de la COVID-19, según las fuentes oficiales, pero se cree que el número real de fallecidos es mucho mayor.

Igual que en otros lugares, la gente tiene dificultades para superar estas muertes en un momento en el que las formas tradicionales de duelo han desaparecido. La profesora de estudios religiosos de la Universidad Estatal de Texas (EE. UU.) Natasha Mickles, que estudia los rituales fúnebres hindúes y budistas, explica que las tradiciones milenarias han tenido que dejarse atrás. "Tradicionalmente, en el hinduismo y en el jainismo, el hijo mayor es el responsable de encender la pira funeraria", detalla Mickles. Pero el nivel de contagio y la tasa de mortalidad por la COVID-19 hacen que el hijo mayor a menudo no esté disponible; o, peor aún, está muerto. Eso significa que las familias tienen que buscar otra manera de incinerar o enterrar a su familiar mientras ya están abrumadas con la tarea de informar a los familiares sobre el fallecimiento.

"Los rituales funerarios son algunas de las partes más conservadoras de la cultura", asegura Mickles. "Muchos de ellos están tan arraigados que requieren cataclismos culturales para cambiar. Es lo que estamos viendo con la pandemia en pleno auge. Notamos una transformación en la forma en la que experimentamos el duelo".

Numerosos espacios online han ofrecido un foro crucial para expresar el dolor y desahogar la ira por la gestión de la crisis por parte del Gobierno indio. Las familias que han sufrido pérdidas comparten su dolor en los grupos de WhatsApp. En las organizaciones de ayuda mutua que ofrecen apoyo colectivo, los voluntarios apenas pueden procesar su pena por aquellos que han muerto mientras organizan rápidamente la ayuda para la siguiente persona. Twitter se ha convertido en un flujo constante de obituarios; la súplica de una mujer en luto a Modi para que permitiera las muertes misericordiosas se ha vuelto viral.

Pero, aunque los teléfonos inteligentes están muy extendidos en la India a todos los niveles socioeconómicos, la alfabetización digital y la posibilidad de conectarse online todavía están vinculadas a la riqueza y a los privilegios, lo que significa que solo un cierto segmento de la población puede expresar su duelo online.

El oncólogo ortopédico y profesor del Instituto de Ciencias Médicas de la India en Nueva Delhi Shah Alam Khan confiesa: "Nunca he visto nada a esta escala de luto por la pandemia. Antes, veíamos los números de personas que morían a causa de la COVID-19. Ahora, son los nombres. Todos y cada uno de nosotros conocemos a alguien que ha sido víctima de la COVID-19. No conozco a nadie que no conozca a alguien que haya muerto".

Khan está viendo a los médicos tan abrumados por la pena que ellos mismos se están desmoronando. Hace poco, después de un octavo intento fallido de reanimación, un colega suyo de otro hospital se suicidó en su despacho. Es una muerte de la que Khan habla en voz baja y admite que aún no la ha comprendido.

"Cuando ocurre la muerte en nuestra sociedad profundamente religiosa, el duelo se convierte más en una parte de la tradición que cualquier otra cosa", explica. "Soy ateo, pero en este país, la muerte y el duelo son más fáciles para una persona espiritual".

Centrándose en su Bombay natal, Seema Hari es una de las innumerables personas que utilizan la función de Historias en Instagram para compartir recursos como Google Docs con información sobre dónde encontrar tanques de oxígeno. Pero, cuando los miembros de su propia familia enfermaron de COVID-19, ella se derrumbó por la pena, totalmente aislada salvo por su página de Instagram.

"Pasé la mayor parte de mis días preocupándome y tratando de compartir recursos con la gente, y las noches comprobando a través de WhatsApp, no solo el estado de salud de mis familiares sino de los otros amigos de toda la India, haciéndoles la temida pregunta de si todos los que estaban a su lado se encontraban bien y si necesitaban ayuda", escribió en un correo electrónico.

Hari cree que no ha sentido la posibilidad de expresar su duelo adecuadamente y no se ve a sí misma haciéndolo: "Hay tanto dolor colectivo y personal que procesar, pero es casi como si no hubiéramos tenido el privilegio del luto, porque la pérdida es constante y tantas cosas exigen nuestra acción y atención".

El fundador de la organización de medios juveniles Yuvaa, Nikhil Taneja, ha ayudado a las personas a conectarse durante la actual catástrofe organizando sesiones de Twitter Spaces con la profesional de salud mental Neha Kirpal.

Taneja explica que organizar estas sesiones ha sido una forma importante de ayudar a los jóvenes que publicaban en Twitter e Instagram sobre el duelo que estaban experimentando. "No parece haber ningún reconocimiento del luto en nuestro país", resalta Taneja, y señala la falta de disculpas por parte de Modi. "Estamos perdiendo a nuestros familiares, amigos y seres queridos. Las vidas de las personas se reducen a estadísticas y a números".

También es complicado para los jóvenes buscar ayuda en una cultura que encuentra difícil abordar la salud mental. Como señala Taneja, la palabra dukh significa en hindi tanto 'tristeza' como 'depresión': "Existe la diferencia, pero nuestro idioma no la refleja", asegura.

Mickles recuerda que el año pasado vio cómo los rituales funerarios cambiaban en todo el mundo. "Esto es universal", subraya. "Se ha trasladado al mundo online". A menudo, eso puede ser tan simple como sostener un teléfono en el lugar de la cremación para que la familia, tanto la cercana como la lejana, pueda formar parte del proceso a través de Zoom.

Pero hacer Zoom en un funeral, usar Instagram para el crowdsourcing de los tanques de oxígeno disponibles o incluso intercambiar mensajes de WhatsApp en el chat del grupo familiar requieren un nivel de acceso y alfabetización digital que se correlaciona con la riqueza en la India.

"Mucha gente no se puede permitir un ordenador portátil", afirma Taneja. "Mucha gente sí puede comprarse un teléfono inteligente, pero no puede acceder a internet". Taneja reconoce que sus sesiones de Twitter Spaces solo están disponibles para aquellos que tienen conocimientos digitales y pueden permitirse el lujo de conectarse. Las opciones para un duelo seguro deben tener un alcance mucho más amplio. "La solución se debe encontrar tanto online como offline", opina Taneja.

Las líneas de ayuda telefónicas pueden ser una solución. La psicóloga de la organización de salud mental Sukh-Dukh Lekshmi Premanand cuenta que está tratando a varias personas en luto aisladas y deprimidas, a menudo sin acceso a internet.

Premanand se encuentra en el foco de COVID-19 de Kerala y ha notado una diferencia en el tipo de duelo que experimenta la gente. "Si la pérdida económica de oportunidades fueron el resultado de la primera ola, la pérdida de amigos y familiares es la consecuencia aterradora y flagrante de la segunda ola", explica la psicóloga. 

La experta descubrió que cada vez más las personas que llaman a la línea de ayuda son jóvenes y tienen menos acceso a internet, pero están desesperadas por recibir apoyo. Recursos similares podrían empezar a aparecer a medida que la COVID-19 llegue a más áreas rurales sin infraestructura, dice Premanand, que también predice que "donde haya una necesidad, surgirá una alternativa". En este caso, eso significa volver a la tecnología más básica, que es el teléfono.

El duelo por lo que está pasando en India no está limitado por las fronteras de la nación, resalta Mickles. Los miembros de la diáspora india tendrán dificultades para aceptar lo que está sucediendo en su país de origen mientras continúan las reaperturas ahí donde viven. "La COVID-19 nos está enseñando la verdad de la interdependencia", concluye. "Lo que ocurre en India nos afectará en Estados Unidos, y viceversa. Debemos entender que somos socialmente interdependientes unos de otros. El duelo indio es nuestro duelo".

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