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Cambio Climático

Cómo vivir en un planeta más cálido de lo que el cuerpo puede soportar

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Los humanos tenemos un límite de tolerancia a la temperatura por encima del cual nuestro organismo sufre grandes consecuencias, incluso la muerte. La emergencia climática ya está haciendo que algunas partes del mundo se vuelvan inhabitables y el problema no hará más que aumentar

  • por Casey Crownhart | traducido por Ana Milutinovic
  • 15 Julio, 2021

La emergencia climática provoca que las temperaturas extremas sea más comunes y severas, como se ha visto recientemente en las olas de calor que han azotado EE. UU. y Canadá. Algunos modelos climáticos predicen que algunas regiones del mundo se volverán inhabitables para los humanos en el próximo siglo.

Pero lo que hace que un lugar resulte inhóspito no es solo una temperatura específica, ni siquiera la humedad explica completamente los límites del cuerpo humano en las condiciones de calor extremo. La tolerancia puede variar de una persona a otra, y la capacidad de una persona para soportar el calor puede cambiar. Comprender nuestros límites y qué los determina será más importante a medida que las temperaturas globales suban y los eventos climáticos extremos se vuelvan más difíciles de predecir.

El investigador climático de la Universidad de Hawái (EE. UU.) Camilo Mora explica: "En estos momentos uno podría pensar que tenemos opciones entre lo bueno y lo malo. [Pero, cuando se trata de calor extremo], las opciones son o más de esto o mucho más de esto".

Para su estudio publicado en Nature Climate Change en 2017, Mora y su equipo analizaron cientos de eventos de calor extremo en todo el mundo para determinar qué combinaciones de calor y humedad tenían más probabilidades de ser mortales, y dónde era más probable que ocurrieran esas condiciones en el futuro.

Descubrieron que, si bien hoy en día alrededor del 30 % de la población mundial está expuesta a una combinación mortal de calor y humedad durante al menos 20 días al año, ese porcentaje subirá a casi la mitad para 2100, incluso con las reducciones más drásticas en las emisiones de los gases de efecto invernadero.

Otros investigadores han descubierto que el cambio climático hace que las olas de calor extremas sean cientos de veces más probables y provoquen más de un tercio de las muertes relacionadas con el calor. Estamos cambiando nuestro planeta, pero ¿cuáles son los límites de lo que podemos soportar?

Refrescarse

Como mamíferos de sangre caliente, los seres humanos tenemos una temperatura corporal constante, alrededor de los 36 °C. Nuestros cuerpos están diseñados para funcionar a esa temperatura, por lo que existe un equilibrio constante entre la pérdida y la ganancia del calor.

Los problemas empiezan cuando nuestros cuerpos no pueden deshacerse del calor lo suficientemente rápido (o cuando lo pierden demasiado rápido en el frío, pero nos centraremos en el calor por ahora). Cuando nuestra temperatura basal se eleva demasiado, todo, desde los órganos hasta las enzimas, puede dejar de funcionar. El calor extremo puede provocar graves problemas renales y cardíacos, e incluso daño cerebral, afirma la antigua investigadora de salud pública de la Universidad Nacional de Australia Liz Hanna, especializada en el calor extremo.

Nuestro cuerpo trabaja para mantener su temperatura basal en los ambientes cálidos usando una herramienta poderosa: el sudor. El sudor que producimos se evapora en el aire, saca el calor de nuestra piel y nos enfría. Pero la humedad paraliza este método de enfriamiento: si hay tanta humedad que ya existe mucho vapor de agua en el aire, entonces el sudor no puede evaporarse tan rápido y la sudoración no nos enfriará tanto.

El calor extremo puede provocar problemas graves de riñón y corazón, e incluso daño cerebral.

Los investigadores como Mora y su equipo a menudo usan medidas como el índice de calor o la temperatura de bulbo húmedo para calcular cómo el calor excesivo y la humedad interactúan. De esta manera, pueden centrarse en un solo número para identificar las condiciones no habitables.

El índice de calor es una estimación que probablemente ya haya visto en las noticias meteorológicas; tiene en cuenta tanto el calor como la humedad para representar la sensación térmica. La temperatura de bulbo húmedo es literalmente lo que mide un termómetro si se envuelve con un paño húmedo. (La temperatura del pronóstico meteorológico es técnicamente la temperatura de bulbo seco, ya que se mide con un termómetro seco). La temperatura de bulbo húmedo puede estimar cuál sería la temperatura de nuestra piel si sudáramos constantemente, por lo que se usa a menudo para calcular cómo se sentirían las personas con el calor extremo.

Una temperatura de bulbo húmedo de 35 °C es prácticamente el límite absoluto de la tolerancia humana, asegura el fisiólogo de la Universidad de Indiana en Bloomington (EE. UU.) Zach Schlader. Por encima de eso, nuestro cuerpo no podrá deshacerse del calor hacia fuera con la suficiente eficiencia para mantener su temperatura basal. Eso no significa que el calor nos matará de inmediato, pero si no logramos enfriarnos rápidamente, nuestros órganos y cerebro empezarán a dañarse.

Las condiciones que pueden llevar a una temperatura de bulbo húmedo de 35 °C varían mucho. Sin viento y con cielo soleado, una zona con una humedad del 50 % alcanzará una temperatura de bulbo húmedo inhabitable de alrededor de 43 °C, mientras que, en un ambiente mayormente seco, las temperaturas tendrían que superar los 55 °C para alcanzar ese límite.

Algunos modelos climáticos predicen que a mediados del siglo XXI empezaremos a alcanzar las temperaturas de bulbo húmedo superiores a los 35 °C. Otros investigadores creen que ya estamos en ese punto. En un estudio publicado en 2020 se demostró que algunos lugares subtropicales ya habían informado de tales condiciones, y que se estaban volviendo más comunes.

Si bien la mayoría de los investigadores coinciden en que la temperatura de bulbo húmedo de 35 °C es inhabitable para la mayoría de los seres humanos, la realidad es que condiciones menos extremas también pueden ser mortales. Hemos alcanzado esas temperaturas de bulbo húmedo en la Tierra solo unas pocas veces, pero cada año el calor se lleva la vida de muchas personas en todo el mundo.

"Todo el mundo es susceptible, algunos más que otros", afirma Hanna, la investigadora de salud pública australiana. Los niños y las personas mayores generalmente no pueden regular su temperatura tan bien como los adultos jóvenes, y las personas que toman ciertos medicamentos tienen una reducida capacidad para sudar.

La tolerancia al calor de las personas también puede cambiar con el tiempo: el cuerpo puede aclimatarse más al calor con una mayor exposición, algo parecido a la forma en la que es capaz de acostumbrarse a niveles más bajos de oxígeno en alturas elevadas.

Tolerancia al calor

La aclimatación al calor se consigue con el tiempo: puede comenzar en tan solo unos días, y todo el proceso puede tardar seis semanas o más, explica Hanna. Las personas que están más aclimatadas al calor sudan más y su sudor resulta más diluido, lo que significa que pierden menos electrolitos a través de la sudación. Así pueden proteger al cuerpo de la deshidratación y de los problemas cardíacos y renales, resalta Hanna.

La aclimatación es la razón por la cual las olas de calor en los sitios más fríos, o a principios del verano, tienen más probabilidades de ser mortales que las mismas condiciones en los lugares más cálidos o más tarde en el verano. No es solo por el hecho de que sitios como Canadá y Seattle (EE. UU.) tienen menos probabilidades de disponer de aire acondicionado, aunque la infraestructura es otro factor importante en lo mortales que pueden llegar a ser las olas de calor. Los residentes de los lugares más frescos también están menos aclimatados al calor, y por eso las temperaturas de bulbo húmedo por debajo de los 35 °C pueden ser mortales en esas zonas.

Pero Hanna advierte que existen límites para la aclimatación. No podremos evolucionar más allá de las condiciones que probablemente traerá el cambio climático en las próximas décadas. También destaca que, aunque los límites fisiológicos son importantes, debemos considerar otros factores, como el comportamiento y la infraestructura.

Si una persona se mueve mucho o trabaja al aire libre, la temperatura no tiene que ser tan alta para ser mortal, advierte Hanna. De la energía total que usamos para realizar una tarea, ya sea correr o lavar los platos, el 20 % se destina a mover los músculos y el otro 80 % se convierte en calor. Por eso, más movimiento crea más calor que el cuerpo debe expulsar, lo que significa que, si hacemos algunos esfuerzos, no podremos manejar las temperaturas que sí soportaríamos si estuviéramos acostados.

Al vivir en Australia, Hanna está especialmente sensibilizada con cómo el calor extremo afecta a las personas y a las comunidades. Es uno de los países más cálidos de la Tierra, y algunas regiones ya superan los límites de la tolerancia humana. Ayudar a las personas a comprender los peligros del calor para Hanna resulta más urgente que nunca, ya que los extremos se están convirtiendo en la norma. La investigadora concluye: "El mundo se está calentando y va a superar lo que la fisiología normal es capaz de afrontar".

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