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La secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, Carme Artigas, nos recibió en la sede de Red.es

Tecnología y Sociedad

"España será un paraíso para 'start-ups', pero no solo por su fiscalidad"

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La secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, Carme Artigas, desgrana las claves de las Misiones de I+D en IA, analiza el estado de la digitalización de las empresas y la sociedad españolas, aclara las confusiones generadas por la Ley de 'Start-ups' y repasa las lecciones aprendidas tras el lanzamiento de la 'app' Radar COVID

  • por Marta del Amo | traducido por
  • 26 Julio, 2021

Más que empezar la casa por el tejado, podría decirse que la secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial (IA), Carme Artigas, la está empezando por todas partes al mismo tiempo. Consciente de que España va con retraso en algunas de las áreas más básicas de la digitalización, pero también de que debe empezar a avanzar en los grandes retos del futuro, su organismo está lanzando proyectos de todo tipo para atacar aspectos tan diversos como la alfabetización digital y las pruebas piloto de la regulación europea de la IA.

Su Secretaría acaba de presentar el programa Misiones de I+D en Inteligencia Artificial (IA) para financiar proyectos estratégicos. ¿Puede comentar los aspectos clave de la iniciativa?

España tiene una oportunidad histórica para transformarse digitalmente, es imprescindible para cambiar nuestro modelo productivo y la sociedad. De la misma manera que Moncloa ha hecho un ejercicio de prospectiva con España 2050, nosotros recogemos ese guante y decimos: "¿En qué áreas de la IA debemos invertir y empezar a trabajar hoy para resolver los grandes retos de futuro del país?".

Las Misiones de I+D en Inteligencia Artificial recogen la visión de la economista Mariana Mazzucato de "estado emprendedor", pero con el pensamiento de moonshot thinking típico de Sillicon Valley [EE. UU.]. Así hemos generado cinco grandes misiones que la inteligencia artificial nos puede ayudar a resolver: agricultura, diseño de la energía del siglo XXI, medioambiente, salud y empleo. Nuestro objetivo es resolver el modelo económico español, que es cero resiliente, para que cuando el PIB baje un punto, el desempleo aumente al mismo ritmo, no un 10 %.

Ahora son cinco misiones y lanzaremos cinco más el primer semestre de 2022. Estas primeras cinco tendrán una dotación 10 millones de euros por misión, y subvenciones de entre el 65 % y el 80 %. Esto no se ha hecho nunca. El único país del mundo que ha lanzado una misión de inteligencia artificial en estos términos es Japón. Es un tema muy innovador.

Se trata de ayudas a proyectos de gran envergadura y de participación público-privada, ¿por qué se apuesta por este enfoque?

Porque no queremos que se quede en un ejercicio teórico de I+D. Es un mecanismo nuevo para conseguir efectos distintos. Queremos generar nuevas dinámicas de innovación en nuestro país, y para eso tenemos que crear dos grandes infraestructuras: la de talento y la de innovación. Queremos ayudar a transferir al mercado el moonshot thinking, una manera de trabajar absolutamente disruptiva.

"No quiero que la manera de compartir datos en España sea distinta a la que estamos planificando en Europa, igual que no quiero que haya silos de big data entre ministerios".

A veces, las empresas no colaboran porque no tienen un objetivo común. La única manera de provocar esos cambios, esa transferencia de know-how, y crear un pool de talento requiere que todo el mundo esté alineado en la misma dirección. Lo que nos da esperanza es que esto ya ha ocurrido de manera espontánea durante la pandemia. La idea es: ¿por qué no convertimos eso en una metodología? ¿Por qué no lo sistematizamos?

Lo que estamos diciendo es: tengo este reto como país a largo plazo, quiero resolverlo con inteligencia artificial y con estas restricciones, hasta 2050. De ahí lanzamos unos grandes retos dirigidos a grupos de empresas, a consorcios público-privados, para crear ecosistemas que los resuelvan. Exigimos que haya una gran empresa, cinco pymes, un centro de investigación y un centro de transferencia.

Más allá de este impulso económico, ¿cómo se puede estimular la competitividad y la innovación de las empresas españolas en un sector en el que el principal activo y limitante es el acceso a datos? ¿Cómo se va a garantizar que haya suficientes datos para hacer algoritmos y programas relevantes?

Para que España sea un país potente en inteligencia artificial estamos creando espacios de datos con el proyecto de GAIA-X, una iniciativa europea que pretende crear espacios de datos industriales a nivel europeo. España ha tomado la decisión de formar parte activa de su junta de gobierno y en el lanzamiento del hub nacional GAIA-X.

"España debe liderar los datos de turismo a nivel europeo"

Estamos trabajando con la industria para que España sea pionera en la creación de espacios de datos en algunos sectores en los que, de entrada, somos muy fuertes. El primero es el turismo. Queremos liderar los datos del turismo a nivel europeo, al igual que Alemania está liderando los de automoción. No sé si cada misión se va a correlacionar con su propio espacio de datos, pero es un proyecto paralelo a dos para crear estándares para compartir datos.

¿La idea sería poder ofrecer datos desde Europa a estos consorcios?

No lo sé. La verdad es que no lo hemos pensado así. Nuestra idea es que ellos descubran sus dificultades y nosotros les ayudemos a resolverlas.

Los espacios de datos compartidos no implican que tengamos que esperar a Europa para hacer nuestros espacios de datos nacionales. Lo que queremos es crear un entorno para definir ese modelo de gobernanza de los espacios de datos a nivel nacional, diseñados para que puedan ser compartidos a nivel europeo. No quiero que la manera de compartir datos en España sea distinta a la que estamos planificando en Europa, igual que no quiero que haya silos de big data entre ministerios.

Otro de los grandes problemas de la IA es la falta de representación de mujeres y minorías en su desarrollo, lo que da lugar a sesgos. Esta situación, sumada a la escasez de mujeres emprendedoras en España, podría dar lugar a un sector tan sesgado como los de las potencias líderes. ¿Qué opciones valora para abordar esta situación?

El tema de los sesgos en inteligencia artificial tiene varias patas: el sesgo propio de los datos de entrenamiento, que es el técnico; y el del desarrollador de software, por el hecho de que los equipos de trabajo no son suficientemente diversos. Debemos atacar ambas cosas.

Por la parte técnica, la industria se está moviendo y generando tecnologías y métodos para generar datos sintéticos. Nosotros, desde la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial, con la creación del sello de calidad de los algoritmos, queremos crear en España una metodología de auditabilidad de los algoritmos, que ya está incorporada en la propia Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial.

"El gran problema de la formación digital en España es que hay que atacar a la vez la falta de habilidades básicas en la ciudadanía, con un 43 % de analfabetos digitales, con la necesaria creación de perfiles muy avanzados"

Te adelanto una cosa: estamos ultimando un acuerdo con el Centro Común de Investigación para que España sea el país piloto para probar el reglamento europeo de IA de la mano de la industria, para ver qué funciona y qué no. A veces haces un reglamento que está muy bien escrito, pero luego no tiene nada que ver con lo que la industria puede hacer. Este equilibrio de cómo acercar la regulación a la industria que lo tiene que implementar es lo que España se ha ofrecido a liderar. Como no se ha ofrecido nadie más, estoy convencida de que lo vamos a hacer nosotros.

Para acercar la inteligencia artificial a las mujeres, estamos trabajando desde la formación y también con la Ley de Start-ups, donde hay una parte importante destinada a promover la creación de empresa digitales de inteligencia artificial por parte de las mujeres.

El gran problema de la formación digital en España es que hay que atacar a la vez la falta de habilidades básicas en la ciudadanía, con un 43 % de analfabetos digitales, con la necesaria creación de perfiles muy avanzados. Estamos trabajando con universidades para mejorar los doctorados y posdoctorados, y vamos a lanzar un plan de becas en el Plan de Recuperación. Son 300 becas de posdoctorado en ámbitos vinculados a la inteligencia artificial, robótica, etcétera, y vamos a garantizar que el 50 % vaya para mujeres, para corregir un poco ese déficit.

También tenemos que atacar las vocaciones de las niñas desde primaria y secundaria. Pero yo creo que este punto de partida es erróneo: hacemos que los niños elijan entre ciencias y letras muy pronto, y tampoco estamos visibilizando que todas las profesiones del futuro van a requerir soft skills, pensamiento lógico y crítico. Eso lo tenemos resuelto en el Plan Nacional de Competencias Digitales, con las becas de doctorados y posdoctorados de inteligencia artificial, que lanzaremos el próximo año, y con un plan de apoyo a las mujeres emprendedoras que incorporaremos a algo que aún debemos desarrollar, el Spain Talent Hub, un proyecto con el que queremos poner a España como centro de atracción del talento internacional.

Parte de esto lo estamos resolviendo con la Ley de Start-ups, a través del tema de la visa nómada, pero queremos hacer foco en atraer talento femenino a España. Pensamos que España tiene unas características de calidad de vida, incluso de derechos para las mujeres —comparados, por ejemplo, con Latinoamérica—, que hace que estemos muy bien. Es un espacio seguro para las mujeres, lo que puede ser un gran factor de atracción de talento femenino internacional.

El borrador europeo para regular la IA planteaba la posibilidad de que sean las propias empresas las que sometan sus algoritmos a auditorías internas, algo que fue bastante criticado. ¿Qué forma cree que debería adquirir el proceso de auditoría y qué tipo de variables se deberían auditar? ¿Se plantea la creación de un organismo auditor independiente a nivel internacional?

Nosotros tenemos claro que hace falta una organización independiente que audite los algoritmos. Vamos a intentar montarlo y trabajar en las oportunidades y las dificultades de este mecanismo. Creo que, a la larga, tendrá que haber observatorios de calidad de los algoritmos, aunque sean nacionales, pero que se conecten a nivel europeo, porque compartimos reglamento, principios y valores.

España está siendo pionera en poner la ética delante de la tecnología y en la propia Carta de Derechos Digitales, donde hay apartados específicos de inteligencia artificial y neurotecnologías, con los que estamos siendo pioneros a nivel mundial. También somos pioneros en evitar la discriminación algorítmica gracias a Ley Rider, que contempla el concepto de transparencia algorítmica.

Aun así, se compran muchos algoritmos de empresas extrajeras que no sabemos cómo funcionan, y es el usuario el que acaba afectado por ese algoritmo. Igual que se controlan las exportaciones, ¿debería haber algún organismo que controle cómo funcionan los algoritmos extranjeros que compran las empresas europeas?

Ahí entramos en temas de propiedad industrial y debate intelectual, no es sencillo. Igual que cualquier país hace una valoración del riesgo crediticio para ver si te da un crédito o no, debemos entender cuáles son los parámetros de valoración del algoritmo. La Ley Rider dice: "Si soy un empleado y tú, empleador, tienes que valorar mi rendimiento, tengo que saber cuáles son los indicadores con los cuales me vas a valorar". Y luego entraremos en si auditarlo todo es posible o no.

Todavía no me atrevo a decir cómo se tienen que auditar los algoritmos. Hay gente experta que está trabajando en ello. Hay cosas que se podrán auditar y otras que no, porque hay mecanismos que no sabemos cómo funcionan. Es como decir: "Quiero saber exactamente cómo funciona el cerebro". No lo sabemos.

Lo importante es que va a tener un foco basado en el riesgo. Si esto es bueno para ti y para mí, igual no hace falta ni que lo regulemos. Si el proveedor y cliente están contentos, y no hay riesgo de discriminación para las personas, para qué entrar en esa caja negra.

Lo que debemos entender es que ni puedes hiperregular algo que aún está por desarrollar, ni puedes dejar que la tecnología vaya por libre como si fuera el salvaje oeste. Estamos empezando a dar los primeros pasos en este difícil equilibro.  

Sobre la Carta de Derechos Digitales liderada por su Secretaría, algunos expertos han lamentado su falta de fuerza normativa, ¿cuáles serán los siguientes pasos de la secretaría para impulsarla?

La carta es como los ODS [Objetivos de Desarrollo Sostenible]. No se traducen en una ley, sino en unos principios de actuación para regir sobre todas las leyes. La Carta de Derechos Digitales es la concreción de aquellos derechos que queremos atribuirnos como sociedad y que deberán inspirar absolutamente todo el desarrollo normativo de futuro. Queremos que sea como los principios de la ONU, algo que esté de manera permanente y pueda ir avanzando a media que avanza la tecnología.

Eso es lo que pretende esta carta: aterrizar con 25 derechos que hasta ahora se quedaban como un gran principio. Está inspirando la Declaración europea de Derechos Digitales, que hemos trasladado a la Presidencia europea. Incluso estamos colaborando con Chile, en su Senado Futuro, y nos la ha pedido el Gobierno de EE. UU. Estoy convencida de que va a ir convergiendo a nivel internacional, incluso hasta en una nueva declaración de Derechos Humanos.

Son los derechos que queremos reclamar como sociedad, tanto individuales como colectivos. Los que teníamos en un mundo analógico no los queremos perder, pero hace falta revisitarlos. ¿Cómo se debe reinterpretar el derecho a la intimidad en un mundo digital?

Creo que son pasos en la buena de dirección para no ser espectadores del mundo que va a venir. El futuro no está escrito, lo escribimos cada día con nuestras decisiones y acciones. Esta es una de ellas: España quiere ser pionera en estos derechos y eso es lo que va a inspirar el desarrollo de las leyes seguras en este Gobierno.  

Ha declarado que le hubiera gustado que la Ley de Start-ups, promovida desde su Ministerio, existiera cuando usted lanzó su empresa. ¿Qué impacto espera que tenga en la sociedad española y su tejido industrial a corto y medio plazo?

Lo primero que hará esta ley es cambiar el terreno de juego. Que haya una ley de start-ups les ofrece un reconocimiento especifico y diferencial. Solo aplica a este colectivo porque tiene características únicas: crecer muy rápido, tener inyecciones de capital muy importantes para gestionar este crecimiento y competir a nivel global para capturar inversión y talento.

España no tenía mecanismos para esto. Temas como ayudar a las primeras fases más difíciles, aumentando las deducciones al 40 %, facilitando todo el tema de las visas, del talento internacional, incluso de los nómadas digitales como consecuencia del teletrabajo, facilitando las inversiones internacionales individuales…  También el tema de las stock options, que hemos aumentado el límite al 45 %.

Y de ninguna manera se está evitando el serial enterpreneur. La gente ha interpretado que solo podía ser start-up una vez. No. Esa es la gran confusión. No, porque justamente estamos simplificando el cierre de compañías que fracasan, porque contemplamos que puedan ser un serial enterpreneur.

¿Cuál es el matiz? Cuando involucras a 11 ministerios, como hemos hecho con esta ley, cada uno lo ve desde su punto de vista y algunos que tenían mucho más que decir. Hacienda, que está a cargo de subvenciones, dice: "¿Cómo evito el fraude del dinero público?" Se quiere evitar que si monto una start-up y tengo derecho a subvenciones, ayudas y ventajas en los primeros cinco años de vida (porque ya hemos alargado de tres a cinco), lo que no puedo hacer es cerrar la empresa y volverá a abrir con otro nombre, sin cambiar actividad, nunca tengo beneficios y estoy así 30 años. Eso es lo que se quiere evitar, es una cuestión de redactado técnico.

Estoy tranquila porque nos vuelve muy competitivos entre los países de nuestro entorno, como Portugal. No queremos ser un paraíso fiscal, España tiene otros activos mucho más atractivos que la mejor fiscalidad. Somos un país en el que hemos visto que los servicios públicos son los que han aguantado, con nuestros ERTE, la pandemia, y que tenemos un sistema salud público de primer nivel, y no queremos renunciar a eso. No nos engañemos, aquí se tienen que pagar impuestos para poder asumir el bienestar social que tenemos. España será un paraíso para start-ups, pero no solo por su fiscalidad, tiene otros grandes activos y atractivos.

Por mucho que se facilite el emprendimiento y la creación de nuevas empresas, lo cierto es que nuestra economía va muy rezagada en cuando a digitalización, sobre todo en el ámbito de las pymes, ¿cuál es su análisis sobre esta situación y cómo podría mejorarse desde el Gobierno?

Esa es una de las cosas que se tienen que revertir con carácter urgente porque nos lastran como país. En el índice DESI (Desarrollo de la Sociedad de la Información en Europa) estamos en la posición número 11. Destacamos en conectividad y desarrollo de la administración digital, pero estamos muy por debajo en competencias digitales de la ciudadanía y en digitalización de nuestras pymes.

Un ejemplo: en la pandemia, el nivel de comercio electrónico ha aumentado exponencialmente, el 50 % de media en todos los sectores y un 70 % solo en el retail, pero las pymes de nuestro país solo han capturado un 9 % de este mercado, y no puede ser. El objetivo de la Agenda Digital es que al final de 2025 como mínimo el 25 % del comercio electrónico que se genera en España provenga de las pymes.

Para hacer eso tenemos que ayudar a digitalizar nuestras pymes con el Plan de Digitalización de Pymes, dotado con 4.750 millones de euros, orientado a la primera fase de adopción de esas pequeñas empresas rezagadas. Y antes de final de año lanzaremos el digital toolkit, 3.000 millones de euros para ayudar a la adopción tecnológica de las empresas de nuestro país.

El 80 % de estas pymes tiene menos de cinco trabajadores, por tanto, estamos hablando de microempresas. Necesitamos que no se queden fuera, que tengan presencia online, que entiendan lo que es la factura electrónica, una reserva de citas online, que tengan software as a service, que puedan acceder a conocimiento del cliente. Esa es la gran obsesión que tenemos, que las pymes españolas no se queden rezagadas, no nos lastren como país y que las podamos convertir en pymes digitales.

A estas alturas de la pandemia, dada la bajísima tasa de adopción la app Radar COVID, ¿cree que es hora de calificarla de fracaso? ¿Qué lecciones aprendidas se lleva de su lanzamiento?

No es un fracaso de adopción, ni tecnológico. Radar COVID existe, funciona, y en las comunidades autónomas que la utilizan, el nivel de penetración es del 18 %. El problema es que no todas las comunidades autónomas han decidido adoptarla. Solo el 50 %.

¿Qué ocurre aquí? Gran lección aprendida: el problema de adopción no es tecnológico, sino cultural. Somos un país que tiene 17 comunidades autónomas y dos ciudades autónomas, y la pusimos a disposición de todas desde el 1 de septiembre, pero la decisión de usarla depende de cada sistema de salud. Algunas lo han hecho muy bien y de manera automática, y otras no la han adoptado porque no lo han considerado oportuno o porque no han sido capaces de dar una respuesta de emergencia y provocar un cambio cultural para intentar integrar un sistema tecnológico, además del manual.

Radar COVID está funcionando, lo que no está funcionando es el código que llega al usuario. Ha habido 55.000 avisos de Radar COVID que han supuesto 150.000 personas avisadas de manera preventiva que han estado cera de un contagio de riesgo. Y estos 55.000 avisos equivaldrían a 50.000 rastreadores humanos. Hemos ahorrado 50.000 rastreadores humanos.

Lo que tenemos que analizar es por qué algunas comunidades autónomas (Cataluña, Valencia…) con un altísimo nivel de incidencia no lo han utilizado, por qué no han sabido organizarse para integrar ese sistema en paralelo a su sistema manual.

Ahora mismo es la mejor herramienta posible para atajar la mayor incidencia entre los jóvenes. Por tanto, no denostemos esta aplicación, que tiene muchísimo recorrido. Es una aplicación para toda España, pero difícil de conciliar en un modelo autonómico distribuido.

Solo con que haya habido una persona a la que la hayas podido avisar tres semanas antes o 10 días antes de que haya estado con un contacto de riesgo y le hayas salvado la vida ya hace que Radar COVID haya valido la pena. La lección aprendida es: no podemos hacer esto si no lo adoptamos todos. Si no, el efecto multiplicador y de beneficio de la comunidad no se consigue.

Hace falta muchísima pedagogía, hubiera hecho falta alinearnos con todas las comunidades en una campaña masiva de comunicación que no se ha hecho. La lección aprendida es que lo que puede evitar que una tecnología que aporta un gran valor no llegue masivamente a impactar a todo el mundo son los problemas de adopción cultural. Es un proyecto de altísimo nivel de innovación, que ha funcionado en algunas cosas y en otras no por falta de adopción cultural o por la falta de tiempo por la emergencia sanitaria, pero que nos marca el camino a seguir.

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