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Yui Mok / Asociación de la Prensa, vía AP

Cadenas de bloques y aplicaciones

'Pingdemia': Reino Unido se hartó de las notificaciones de exposición

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La gran cantidad de alertas emitidas sumada a los mensajes confusos por parte de las autoridades y a la sospecha de que algunos políticos querían saltarse las normas ha provocado que uno de cada cinco británicos haya borrado de su teléfono la aplicación de rastreo de contactos de coronavirus 

  • por Chris Stokel-walker | traducido por Ana Milutinovic
  • 28 Julio, 2021

A sus 24 años, Oscar Maung-Haley trabajaba a tiempo parcial en un bar de Manchester (Reino Unido) cuando sonó su teléfono. Era la app Test and Trace del Servicio Nacional de Salud de Reino Unido (NHS por sus siglas en inglés) para notificarle que existía la posibilidad de haber estado expuesto al coronavirus (COVID-19) y que tenía que autoconfinarse. La noticia le causó problemas de inmediato. El joven recuerda: "Corrí como un loco por el bar para mostrárselo a mi jefe y decirle que tenía que irme".

La alerta que recibió fue una de entre las cientos de miles que se envían cada semana mientras Reino Unido lucha contra su última ola de COVID-19, lo que significa que cada vez más personas se enfrentan a los mismos desafíos logísticos, emocionales y económicos. Se estima que uno de cada cinco ciudadanos ha decidido desinstalarse la app; al fin y al cabo, sin ella no se puede recibir una notificación. En redes sociales, el fenómeno ya ha sido bautizado denominado como "pingdemic" o pingdemia (ping es el sonido de las alertas), y se le culpa de provocar desde la escasez de gasolina hasta los estantes vacíos en las tiendas.

La tormenta de notificaciones es un reflejo de la colisión de varios factores. La variante delta del virus, cuya propagación parece mucho más fácil de la de otras, se ha extendido por todo Reino Unido. Al mismo tiempo, un número récord de británicos ha descargado la app del NHS. Mientras tanto, Reino Unido ha eliminado muchas de sus restricciones de confinamiento, por lo que una mayor cantidad de personas entran en contacto con otras y con más frecuencia que antes. Más contagios, más usuarios, más contactos: más pings.

Pero así es exactamente como se supone que debe funcionar, según la directora de políticas del Instituto Ada Lovelace, Imogen Parker, que estudia la inteligencia artificial y las políticas de datos. De hecho, incluso con tantas notificaciones enviadas, todavía hay muchos casos que el sistema no detecta. 

"La app de la COVID-19 del NHS ha indicado a más de 600.000 personas en Inglaterra y Gales que se aíslen durante la semana del 8 de julio. Pero eso es solo un poco más del doble del número de nuevos casos positivos en el mismo período. Aunque justificar la app de rastreo de contactos puede resultar preocupante, criticarla por la pingdemia está fuera de lugar: la app básicamente funciona como siempre", especifica Parker.

El epidemiólogo del Big Data Institute de la Universidad de Oxford (Reino Unido) Christophe Fraser, que ha realizado los estudios más destacados sobre la eficacia de la app, afirma que a pesar de que funciona según lo diseñado, hay otro problema: el gran fracaso del pacto social. El experto detalla: "La gente puede ver que hay fiestas y discotecas abiertas en la televisión. ¿Por qué me dicen que me quede en casa? Es un punto de vista razonable, sinceramente".

Esta falta de reglas claras y justas, según él, es lo que provoca una frustración generalizada cuando se les dice a las personas que se autoconfinen. Como hemos visto antes, durante la pandemia, la tecnología de salud pública está profundamente entrelazada con todo lo que la rodea: con la forma en la que se comercializa, con cómo se habla de ella en los medios, con cómo la analizan los médicos, con la manera en la que la apoyan (o no) los legisladores. Fraser añade: "Las personas quieren hacer lo correcto, y tenemos que ayudarlas".

Cómo hemos llegado aquí

Las apps de notificación de exposición son una táctica digital de salud pública iniciada durante la pandemia, y ya han resistido muchas críticas de quienes aseguran que no se han usado lo suficienteDocenas de países crearon apps propias para alertar a los usuarios sobre la exposición a la COVID-19, compartiendo código y utilizando el marco desarrollado conjuntamente por Google y Apple. Pero, en medio de las críticas sobre la privacidad y los fallos tecnológicos, sus detractores insistían que las apps se habían lanzado demasiado tarde, en un momento en el que el número de casos era demasiado alto para que la tecnología cambiara la situación.

Entonces, ¿no debería ser este momento en Reino Unido (ahora que han solucionado los problemas técnicos, la adopción es alta y hay una nueva ola de contagios) el más adecuado para que su app marque una diferencia real?

"La ciencia no es un gran desafío... el desafío tiene que ver con el comportamiento. La parte más difícil del sistema es convencer a la gente de que haga algo", Jenny Wanger, Linux Foundation Public Health.

La respuesta es no, si las personas no siguen voluntariamente las instrucciones para aislarse, opina la jefa de las iniciativas tecnológicas relacionadas con la COVID-19 en Linux Foundation Public Health, Jenny Wanger.

Después de dieciocho meses desde el inicio de la pandemia, afirma: "La tecnología no suele ser un desafío. La ciencia no es un gran desafío... en la actualidad sabemos, sabemos cómo es la transmisión de la COVID-19. El desafío tiene que ver con el comportamiento. La parte más difícil del sistema es convencer a la gente de que haga algo basándose, por supuesto, en las mejores prácticas".

Fraser piensa más en los incentivos. Para una persona cualquiera, los incentivos para cumplir las reglas de rastreo de contactos, digital o de otro tipo, no siempre cuadran.

Si el resultado de usar la app es que el "usuario acaba en cuarentena, pero no su vecino que no ha instalado la app, no parece muy justo, ¿verdad?" resalta Fraser.

Para complicar aún más las cosas, Reino Unido ha anunciado que está a punto de volver a cambiar las reglas. A mediados de agosto, las personas que hayan recibido dos dosis de la vacuna ya no tendrán que autoconfinarse por la exposición a la COVID-19; solo tendrán que hacerlo si dan positivo. Aproximadamente la mitad de la población adulta del país está completamente vacunada.

Ese podría ser el momento adecuado para que los incentivos estén más en línea con lo que la gente estaría dispuesta a hacer, opina Fraser, y añade: "A lo mejor se deberían ofrecer pruebas a las personas para que puedan continuar acudiendo a su trabajo y seguir adelante con su vida, en vez de estar aislados durante varios días".

Sin embargo, un puñado de líderes corporativos, como el director de una famosísíma aerolínea de bajo coste, por ejemplo, ha animado a sus empleados a eliminar la app para evitar los pings. Incluso los dos políticos más poderosos del país, el primer ministro, Boris Johnson, y el canciller, Rishi Sunak, intentaron eludir el requisito de confinamiento después de recibir la notificación (afirmando que participaban en un ensayo de medidas alternativas) antes de que la protesta pública los obligara a ponerse en cuarentena.

Cuando la protección crea confusión

Los mensajes mixtos se ven agravados por las funciones de protección de privacidad de la app. A los usuarios no se les informa de quién de sus contactos pudo haberlos contagiado, y tampoco dónde ocurrió la exposición. Pero eso no es casual: las apps fueron diseñadas de esa manera para proteger la información personal.

Fraser detalla: "En epidemiología, la vigilancia es algo noble. En la tecnología digital, es algo más oscuro. Creo que el protocolo de preservación de la privacidad logró el equilibrio adecuado. Corresponde a la ciencia y a la epidemiología hacer llegar la información a las personas mientras se preserva la privacidad".

Sea como fuere, esas protecciones de privacidad están creando aún más confusión.

Alistair Scott, de 38 años, vive con su prometida en el norte de Londres (Reino Unido). Durante el confinamiento lo hacían todo juntos; pero, hace poco, Scott recibió una notificación que le indicaba que tenía que aislarse, mientras que su pareja no. Recuerda: "Inmediatamente pensamos: '¿Por qué me notificaron a mí y a ti no?'".

Y ahora qué

Los expertos creen que hay formas de avanzar, como modificar el algoritmo: la app podría incorporar nuevos datos científicos sobre la duración de la exposición a la COVID-19 que podría merecer un ping incluso si la persona está vacunada.

"La evidencia emergente parece mostrar que la vacunación completa debería disminuir el riesgo de transmitir el virus a aproximadamente la mitad. Eso podría tener un impacto considerable en las alertas si se integrara en el modelo", asegura Parker del Instituto Ada Lovelace. También significa que las alertas podrían volverse menos frecuentes para las personas vacunadas.

Por otro lado, Wanger cree que los líderes del NHS podrían ajustar la configuración para que sea más sensible y reflejar el mayor riesgo de transmisión de variantes como la delta. No hay indicios de que se hayan realizado tales cambios todavía.

De cualquier manera, Wanger subraya que lo importante es que la app siga cumpliendo su función: "Es una posición realmente difícil para una autoridad de salud pública, cuando observa el drástico aumento de casos en su país, pero trata de perseguir objetivos económicos levantando las restricciones de confinamiento. La idea es empujar a la gente a hacer cambios de comportamiento, pero hay un gran aspecto psicológico en eso. Si las personas se cansan de las notificaciones, no van a cambiar su conducta".

Mientras tanto, la gente, que todavía está confusa y escucha mensajes confusos, sigue recibiendo alertas. Charlotte Wilson, de 39 años, y su esposo descargaron la app en sus teléfonos casi tan pronto como estuvo disponible. Pero sus opiniones han cambiado, especialmente desde que vieron a los legisladores aparentemente intentando evitar las reglas. Ante la idea de que le dijeran que se aislara, Wilson afirma que seguiría el consejo, mientras que su pareja piensa de forma diferente y eliminó la app por completo de su teléfono.

Wilson detalla: "Mi esposo me dijo [el fin de semana]: '¿Sabes qué? Esto es ridículo'". El siguiente cambio en el protocolo de autoaislamiento lo hizo parecer especialmente inútil. Aun así, comprende el punto de vista de su marido, aunque ella todavía mantiene la app en su teléfono, y concluye: "Realmente no sé cuál es la solución en lo que respecta a la sociedad. Estamos invadidos por la COVID-19".

*Este reportaje forma parte del Proyecto de Tecnología Pandémica, elaborado con el apoyo de la Fundación Rockefeller.

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