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Encontrar el camino con migas de pan digitales

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Un proyecto de investigación de Microsoft explora si los sensores en los dispositivos móviles podrían ayudarnos a navegar sin usar GPS.

  • por Evan I. Schwartz | traducido por Francisco Reyes (Opinno)
  • 18 Agosto, 2010

En el cuento clásico de los hermanos Grimm, Hansel y Gretel dejan tras de si un camino hecho con migas de pan desde su casa para no perderse en el bosque, pero el plan falla cuando los pájaros acaban comiéndoselo todo. En el mundo moderno, un dispositivo GPS acudiría al rescate de los hermanos. Pero, ¿qué pasaría si se adentrasen en un lugar sin señal GPS?

Con ese tipo de problema en mente, un equipo de investigadores de Microsoft se propusieron crear un dispositivo móvil que pudiera crear un sendero de “migas de pan digitales”. El dispositivo recolectaría los datos del sendero al tiempo que el usuario entrase en un recinto, fuese bajo tierra, o estuviera en otros espacios donde las señales GPS no estuvieran disponibles o fueran débiles—como por ejemplo los garajes con múltiples plantas, que llegan a hacer que la gente se olvide de dónde ha aparcado el coche.

El dispositivo de Microsoft resultante, un prototipo llamado Menlo, lleva consigo un paquete de sensores: un acelerómetro para detectar el movimiento, una brújula lateral para determinar la dirección, y un sensor de presión barométrica para hacer un seguimiento de los cambios de altitud.

Aunque los teléfonos actuales contienen algunos de estos sensores, lo que resulta novedoso de Menlo es una aplicación llamada Greenfield, cuyo objetivo es resolver el problema de Hansel y Gretel mediante el uso de información de los sensores. La meta es llegar a contar la secuencia de pasos del usuario, tomar en cuenta los cambios de dirección, y calcular el número de plantas que ha atravesado el usuario por las escaleras o el ascensor. La aplicación almacena los datos del sendero para que el usuario pueda volver a trazar el recorrido de vuelta con precisión.

Los investigadores se refieren a Greenfield como un ejemplo de “navegación basada en la actividad”. En un estudio que se presentará en la conferencia MobileHCI de Lisboa, Portugal, el próximo mes, el equipo de Microsoft posiciona Greenfield como un método ideal de navegación en lugares donde los mapas no se hayan construido o no estén accesibles. Para el estudio, la científica informática A.J. Brush y su equipo llevaron a cabo unas pruebas en las que una serie de personas tuvieron que tomar un objeto dentro del coche aparcado de un colega en un gran garaje, usando los datos del sendero del colega de trabajo para navegar hasta su destino.

“Sabía que esto era posible, pero me preguntaba cuándo alguien se pondría a hacerlo,” afirma Jeff Fischbach, tecnólogo forense en SecondWave Information Systems, una consultoría en Chatsworth, California. Fischbach a menudo desempeña las labores de testigo experto en juicios criminales en los que los datos de GPS se hayan usado como evidencia. Afirma que los datos de sendero de una aplicación como Greenfield podrían ayudar a determinar si un sospechoso de asesinato tiene una coartada realmente verdadera. “Este tipo de datos es estupendo para condenar a la gente, así como para exonerarla”.

No obstante, puesto que estos datos de sendero pueden ser tomados y transmitidos a Internet, e incluso utilizados por el gobierno, se dan una serie de graves cuestiones de privacidad. “¿Cómo podemos controlar quién tiene acceso a los datos?” señala Fischbach. ¿Y lo utilizarían los empleadores para tener vigilados a sus empleados?

Las aplicaciones potenciales son numerosas. Greenfield podría usarse para nuevos tipos de juegos callejeros urbanos, para recuperar objetos perdidos, para encontrar a amigos en un estadio, o para rescatar a montañeros y senderistas. Los investigadores citan un libro del año 2000, Inner Navigation, escrito por el ingeniero Erik Johnson, que argumenta que todo el mundo tiene problemas para crear “mapas cognitivos”. Incluso aquellos con un excelente sentido de la dirección pueden acabar siendo engañados por sus propios recuerdos, a veces recordando paisajes de forma exactamente inversa. “Creo que la gente posee una brújula interna,” afirma Johnson, “y cuando deja de funcionar, pasan cosas increíbles.”

En sus pruebas en dos parkings distintos—uno con señales GPS y otro sin ellas—el equipo de Microsoft hizo que los sujetos comenzasen en un edificio de oficinas adyacente, y dieron a cada una de las personas un trozo de papel con el color, modelo y matrícula del coche del colega. (Este tipo de problema resultaba familiar a la mayoría de los participantes del estudio; uno dijo que olvidarse de dónde está el coche en un garaje es “catastrófico”.) A los sujetos se les entregó un dispositivo Menlo con Greenfield, que había registrado previamente un sendero de actividad, para que lo usaran y lograran recorrer el camino de vuelta. En algunos casos, los datos del sendero se veían mejorados con fotografías tomadas durante la ruta.

Cada participante en el estudio llegó a los coches, al menos en última instancia. No obstante, y puesto que se pusieron a prueba muchas configuraciones de datos/migas de pan, se produjo una amplia variación en la cantidad de tiempo que tardó cada sujeto, dependiendo del tipo de información mostrada. Incluso a los que se les dijo el qué planta y cuadrante estaba el coche, a menudo olvidaron esa información y tuvieron que depender del dispositivo para las direcciones.

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