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Los residentes hacen cola para obtener agua de un manantial natural en Ciudad del Cabo.

Cambio Climático

Lecciones de Ciudad de Cabo, la primera megaurbe que se quedó sin agua

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Tras meses de advertencias y sequías, en 2017 la capital de Sudáfrica se vio asolada por la escasez hídrica. El Gobierno tuvo que construir plantas desalinizadoras de urgencia y establecer un plan para resistir a unas condiciones de falta de agua que irán a peor por culpa del cambio climático

  • por Joseph Dana | traducido por Ana Milutinovic
  • 30 Diciembre, 2021

En las últimas semanas de 2017, muchos habitantes de Ciudad del Cabo (Sudáfrica) hacían cola día y noche para llenar viejas garrafas con agua de los pocos manantiales naturales de la urbe. Una angustia palpable flotaba en el aire. Después de meses de advertencias durante una sequía anormalmente larga, Ciudad del Cabo estaba a punto de convertirse en la primera gran metrópolis del mundo en quedarse sin agua. Las reservas de agua dulce habían caído por debajo del 25 % de su capacidad y los niveles seguían bajando. Si los embalses llegaran al 13,5 % de su capacidad, la red municipal de agua se cerraría y millones de habitantes sufrirían severas restricciones de agua.

Las presas nunca alcanzaron ese nivel crítico del 13,5 %, denominado Día Cero. La ciudad estableció restricciones, aumentó los precios del agua y gastó la mayor parte de su presupuesto de 75 millones de euros relacionado con la sequía para construir tres plantas de desalinización de emergencia para suministros críticos de agua. Los ciudadanos también asumieron el problema como propio, recogiendo agua de los manantiales naturales e instalando sistemas de captación de agua de lluvia si tenían los medios.

Cuatro meses después, volvieron las lluvias y los niveles de los embalses aumentaron. Pero la sombra del Día Cero aún persiste sobre la ciudad. "Los ciudadanos de Ciudad del Cabo no han olvidado el miedo causado por la sequía y la posibilidad de quedarse sin agua", resalta el profesor de Ciencias Ambientales y Geografía de la Universidad de Ciudad del Cabo Kevin Winter.

Gracias al recuerdo del Día Cero, según Winter, el consumo medio diario de agua en la ciudad está entre 700 y 800 millones de litros, aproximadamente la mitad de lo que se consumía en 2014. Pero incluso si sigue siendo bajo, la próxima sequía podría desafiar esos esfuerzos. Los científicos creen que Ciudad del Cabo sufrirá sequías más prolongadas durante los próximos 100 años debido al cambio climático.

Aunque la sequía provocó una crisis del agua, los expertos señalan que fue agravada por problemas existentes, incluida su pésima gestión y los problemas de infraestructura en embalses y otros puntos de recogida.

La ciudad tiene un plan para abordar la situación. En colaboración con investigadores y científicos, Ciudad del Cabo presentó en 2020 una nueva estrategia de agua que tiene como objetivo que su suministro sea más resistente a futuras sequías. Los enfoques planificados cuentan con diversificar las fuentes de recogida para incluir agua subterránea de pozos y perforaciones, aguas pluviales recicladas, aguas residuales tratadas y domésticas, que se podrían reutilizar para jardinería y otras aplicaciones que no requieren la depuración necesaria para poder beberla. También hay planes para una mayor desalinización, controles sobre su consumo, reducción de fugas e inversión en infraestructura.

A pesar de tener el camino ya trazado, podría resultar difícil encontrar voluntad política para realizar estas reformas. La ampliación del acceso al agua ha sido un punto de discusión para el Congreso Nacional Africano desde la caída del apartheid en 1994. En la mayoría de los barrios de chabolas, al menos dos millones de habitantes (la población total de Ciudad del Cabo de aproximadamente 4,6 millones), solo pueden utilizar agua municipal en los puntos de acceso comunales. El Gobierno ha ido prometiendo sistemáticamente mejorar este tipo de servicios esenciales para millones de sudafricanos pobres (pero no lo ha logrado).

En total, el plan municipal para mejor la resiliencia del agua requiere una inversión de casi 300 millones de euros. Como parte de su estrategia, la ciudad quiere construir para 2026 una nueva planta desalinizadora de casi 100 millones de euros con una capacidad de 50 millones de litros al día. Al mismo tiempo, se ha cancelado el plan de construcción de tres plantas desalinizadoras lanzado en 2017 para combatir el Día Cero. Ni la ciudad ni sus contratistas pueden hablar sobre la razón exacta por la que no se ha continuado con ellas, pero uno de ellos aclaró que había una mayor demanda en "otras áreas".

El sector privado no espera de brazos cruzados que la ciudad solucione sus problemas relacionados con el agua. La industria del vino, por ejemplo, recibió un golpe especialmente duro por la sequía. Desde entonces, muchos viñedos han establecido sistemas de gestión del agua de última generación diseñados con el concepto de autosuficiencia. Las tácticas incluyen la reutilización de aguas residuales tratadas, la recogida de la lluvia y el uso de elaborados sistemas de riego que se centran en reducir el desperdicio. Los viñedos también han invertido mucho en investigación interna para asegurarse de que están empleando los mejores métodos que la ciencia puede ofrecer.

Aun así, el director ejecutivo de la organización sin ánimo de lucro que recibe fondos de la industria del vino de Sudáfrica Winetech, Gerard Martin, no sabe si en esta etapa la ciudad o el sector están listos para la próxima sequía. Y concluye: "Evidentemente nos estamos preparando para abordar este problema en el futuro".

*Joseph Dana es un periodista residente en Ciudad del Cabo.

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