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Foto: Estación de autobuses biarticulados en Curitiba (Brasil). Créditos: GETTY

Opinión

Necesitamos ciudades más inteligentes, no 'smart cities'

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El enfoque que se centra únicamente en la alta tecnología reducirá la energía de nuestras ciudades y limitará su potencial

  • por Riad Meddeb y Calum Handforth | traducido por Ana Milutinovic
  • 05 Julio, 2022

El concepto de "ciudades inteligentes" (smart cities) se originó como una estrategia de marketing para los grandes proveedores de tecnologías de la información. Actualmente se ha convertido en sinónimo de usos urbanos de la tecnología, especialmente de las más avanzadas avanzadas y emergentes. Pero las ciudades son más que 5G, big data, vehículos sin conductor e inteligencia artificial (IA). Son impulsores cruciales de oportunidades, prosperidad y progreso. Ofrecen apoyo a los desplazados por la guerra y la crisis y generan el 80% del PIB mundial. Más del 68% de la población mundial vivirá en ciudades en 2050, 2.500 millones de personas más que en la actualidad. Con más del 90% de las áreas urbanas ubicadas en costas, las ciudades están en la primera línea de las consecuencias del cambio climático.

El enfoque en la construcción de smart cities" corre el riesgo de convertirlas en proyectos tecnológicos. Se habla de usuarios más que de personas. De números mensuales y "activos diarios" en lugar de habitantes. De las partes interesadas y suscriptores en lugar de los ciudadanos. Esto también corre un riesgo transaccional y limitante para la mejora de las ciudades al centrarse en rendimientos inmediatos de inversión o los logros que se pueden condensar en KPI (indicadores clave de rendimiento).

Las ciudades verdaderamente inteligentes reconocen la ambigüedad de las vidas y los medios de subsistencia, y están impulsadas por resultados que van más allá de la implementación de "soluciones". Se definen por talentos, relaciones y sentido de propiedad de sus residentes, no por la tecnología que allí se implementa.

Este concepto más amplio de lo que es una ciudad inteligente abarca una gran variedad de innovaciones urbanas. Singapur, que explora enfoques de alta tecnología como entregas con drones y modelado de realidad virtual, es un tipo de ciudad inteligente. Curitiba (Brasil), la pionera del sistema de autobuses de tránsito rápido, es otra. Harare, la capital de Zimbabue, con su centro comercial de refrigeración pasiva diseñado en 1996, es una ciudad inteligente, al igual que las "ciudades esponja" en toda China que utilizan soluciones basadas en la naturaleza para gestionar lluvias e inundaciones.

La tecnología se debería aplicar de manera cuidadosa y holística, teniendo en cuenta las necesidades, realidades y aspiraciones de los habitantes de la ciudad, allá donde pueda tener un papel. La Ciudad de Guatemala, en colaboración con nuestro equipo de la oficina de país del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), utiliza este enfoque para mejorar la forma en la que se gestiona la infraestructura de la ciudad, incluidos parques e iluminación. La ciudad está estandarizando materiales y diseños para reducir costes y mano de obra. Guatemala agiliza los procesos de aprobación y asignación para aumentar la velocidad y la calidad de las reparaciones y del mantenimiento. Todo está impulsado por las necesidades de sus ciudadanos. En otras partes de América Latina, las ciudades van más allá de las variables cuantitativas para tener en cuenta el bienestar y otros efectos más matizados.

La urbanista estadounidense pionera Jane Jacobs habló en 1961 sobre la importancia de las aceras en su libro Muerte y vida de las grandes ciudades estadounidenses. En el contexto de la ciudad, las aceras son vías para la aventura, para la interacción social y los encuentros inesperados, algo que Jacobs denominó el "ballet de la acera". Igual que las aceras son cruciales para la experiencia urbana, también lo es la idea más amplia de conexión entre elementos.

Las ciudades verdaderamente inteligentes reconocen la ambigüedad de las vidas y de los medios de subsistencia, y están impulsadas por los resultados que van más allá de la implementación de "soluciones".

Sin embargo, con demasiada frecuencia vemos que las smart cities se centran en despliegues discretos de tecnología en lugar de este tejido conectivo. Al final, acabamos con ciudades definidas por "casos de uso" o "plataformas". En términos prácticos, la visión de una ciudad centrada en tecnología está fuera del alcance conceptual, económico y logístico de muchos lugares. Esto puede llevar a los funcionarios e innovadores a descartar el potencial real y sustancial de una ciudad para reducir la pobreza y, al mismo tiempo, mejorar la inclusión y la sostenibilidad.

En el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, nos centramos en la interacción entre diferentes componentes de una ciudad verdaderamente inteligente: comunidad, gobierno local y sector privado. También exploramos los diferentes activos que ofrece esta definición más amplia: innovaciones de alta tecnología, sí, pero también innovaciones de bajo coste y de baja tecnología y soluciones basadas en la naturaleza. Big data sí, pero también es necesario el detalle cualitativo y más rico detrás de los datos. Las conexiones y las "aceras" deben estar incluidas, no solo los casos de uso o los programas piloto. Vemos nuestro trabajo como un intento de redefinir ciudades inteligentes y aumentar el tamaño, el alcance y la utilidad de nuestro conjunto de herramientas de desarrollo urbano.

Seguimos explorando cómo la tecnología digital podría mejorar las ciudades; por ejemplo, estamos colaborando con las principales plataformas de comercio electrónico en África que están transformando la prestación de servicios urbanos. Pero también ofrecemos este conjunto de herramientas más amplio para abordar los impactos urbanos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación.

La iniciativa UrbanShift, dirigida por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente en colaboración con el PNUD y muchos otros, trabaja con ciudades para promover soluciones basadas en la naturaleza, transporte público bajo en carbono, zonas de bajas emisiones, gestión integral de residuos y más. Este enfoque se centra no solo en la implementación, sino también en las políticas y normativas. El manual de innovaciones urbanas inteligentes del PNUD tiene como objetivo ayudar a los formuladores de políticas y a los innovadores urbanos a explorar cómo podrían incorporar la "inteligencia" en cualquier ciudad.

Nuestro trabajo en Naciones Unidas está impulsado por los Objetivos de Desarrollo Sostenible: 17 objetivos globales esenciales, ambiciosos y urgentes con la idea de dar forma a un mundo mejor para 2030. Las ciudades verdaderamente inteligentes tendrán un papel en el cumplimiento de los 17 ODS, desde abordar la pobreza y desigualdad hasta la protección y mejora de la biodiversidad.

Coordinar e implementar los esfuerzos complejos necesarios para alcanzar estos objetivos resulta mucho más difícil que utilizar la última app o instalar otra pieza más del mobiliario urbano inteligente. Pero debemos ir más allá de los argumentos de venta y explorar cómo nuestras ciudades pueden ser verdaderas plataformas, no solo para el desarrollo de la tecnología sino para el desarrollo inclusivo y sostenible. El bienestar de los miles de millones de ciudadanos que llaman hogar a las ciudades del mundo depende de ello.

Riad Meddeb es director interino del Centro Global de Tecnología, Innovación y Desarrollo Sostenible del PNUD. Calum Handforth es asesor de digitalización, salud digital y ciudades inteligentes en el Centro Global del PNUD.

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