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Foto: Esther Rodríguez Villegas, catedrática del Imperial College de Londres y cofundadora de la 'start-up' Acurable. Créditos: Acurable.

Habla el mercado

"Me hice emprendedora porque tenía sentido de la responsabilidad"

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Esther Rodríguez Villegas, catedrática del Imperial College y fundadora de Acurable, que ha desarrollado un dispositivo para el diagnóstico automatizado y sencillo de la apnea del sueño, asegura que emprender ha sido su manera de lograr un impacto real. En el pódcast 'Constante Futuro' relata cómo dio el salto del mundo de la investigación para que su tecnología llegara al mercado y mejore la vida de los pacientes.

  • por Editores de MIT Technology Review en español | traducido por
  • 04 Agosto, 2022

Una mala calidad del sueño puede tener consecuencias para la salud. Fatiga, irritabilidad, pérdida de productividad, dificultad para concentrarse e incluso un mayor riesgo de muerte, como resultado, por ejemplo, de la somnolencia al volante. Y cuando la falta de descanso se debe a problemas respiratorios, las complicaciones aumentan. Casi 1.000 millones de personas en el mundo sufren apnea obstructiva del sueño, una enfermedad por la que su respiración se detiene durante segundos mientras duermen. Su diagnóstico es caro y complejo, e implica que los pacientes pasen la noche monitorizados por sensores, en hospitales o en ocasiones en el hogar, intentando tener una noche de sueño natural en unas circunstancias que no lo son en absoluto.

Desarrollar una tecnología para abaratar, automatizar y simplificar este proceso fue la idea que llevó a la científica española Esther Rodríguez Villegas, Catedrática de Electrónica de Baja Potencia en el Imperial College, a fundar la start-up Acurable. En este nuevo episodio de Constante Futuro, un pódcast sobre innovación de MIT Technology Review en español en colaboración con MAPFRE, descubrimos el viaje de una emprendedora para hacer accesible un pequeño sensor con un enorme potencial para diagnosticar y controlar otras enfermedades e impactar en la salud de millones de personas.

Llevas dos décadas trabajando en el Imperial College de Londres (Reino Unido). En esos primeros años, comenzaste a interesarte por el campo de la salud, en concreto por la epilepsia. ¿Cómo nació esa inquietud? ¿Cómo influyó en tu carrera posterior?

Nació básicamente de la causalidad. Tenía la inquietud de hacer algo que tuviera una connotación social, y se me metió en la cabeza que quería trabajar en el ámbito de salud. Un compañero me llevó a un pueblo llamado Chalfont, originariamente fundado como una colonia agrícola de enfermos de epilepsia a finales del s. XIX, cuando a los pacientes se los estigmatizaba, se los escondía... Hoy en día, ese pueblo se ha convertido en uno de los centros de excelencia para el diagnóstico. Allí me encontré un panorama de ciencia ficción: había personas andando cubiertas con cables de la cabeza al abdomen, pacientes monitorizados de forma continua durante semanas para ver si se podía localizar el foco de la epilepsia… En aquel momento pensé: "¿por qué tienen que estar aquí? ¿Y por qué no se les puede ofrecer esto a todos los pacientes de epilepsia?".

Entonces vi la luz. El problema estaba en la tecnología y me propuse crear dispositivos que permitieran a esas personas estar en sus casas o incluso andar por la calle sin que nadie se diera cuenta de que los llevaban. Al mismo tiempo, serían dispositivos que no necesitaran seguimiento médico, sino que interpretaran las señales cerebrales automáticamente. Era una idea muy inocente en muchos sentidos, ya que la solución no estaba solo en circuitos integrados, pero así empezó todo.

¿Cómo fue la transición hacia tu investigación para mejorar el diagnóstico de enfermedades respiratorias y cardiovasculares?

Vino también de la epilepsia. Un gran problema de esta enfermedad es lo que se llama muerte súbita, que probablemente se podría prevenir. Una gran mayoría de los pacientes que mueren lo hacen porque dejan de respirar, sufren lo que se llama una apnea central. Si alguien se hubiera dado cuenta, al paciente se le podría haber estimulado muy fácilmente y no habría fallecido. Aquello se me quedó grabado y empecé a interesarme por la respiración. No entendía por qué no existía algo que fuera capaz de alertar a las personas que estaban alrededor del paciente [de que sufría la apnea].

En 2008 comenzaste a liderar el Wearable Technologies Lab del Imperial College, formado por un equipo de profesionales multidisciplinares. ¿En qué medida el trabajo en el laboratorio fue importante para crear Acurable?

Cuando fundé Acurable, tenía un conocimiento muy global del problema, no solamente entendía los detalles. Desde mi punto de vista, uno no se puede lanzar a la piscina simplemente con una idea; hay que conocer cuáles son todos los cuellos de botella para llegar al paciente. Ese conocimiento yo lo tenía, sabía cómo podía juntar las piezas para llegar a tener el producto en el mercado.

"Uno no se puede lanzar a la piscina simplemente con una idea, hay que conocer cuáles son todos los cuellos de botella para llegar al paciente"

Hemos hablado precisamente de cómo diste el salto al emprendimiento. Tras años de investigación, y de ganar un premio de la Fundación XPrize en 2014, que busca lograr avances radicales en beneficio de la humanidad, creaste Acurable en 2016. ¿Cómo viviste ese cambio de rol de investigadora a emprendedora?

Había pasado de ser una diseñadora de circuitos integrados al ámbito de salud simplemente porque quería tener un impacto. Y empecé a darme cuenta de que no lo iba a tener en la universidad, no estaba contenta con publicar artículos de investigación y dejarlos ahí. La fundación XPrize había lanzado esta competición [el XPRIZE Nokia Sensing XCHALLENGE, destinado a promover el desarrollo de tecnologías de detección para mejorar la calidad, precisión y facilidad del seguimiento de la salud], y decidí presentarme para validar mis hipótesis. Cuando ganamos, me di cuenta de que no me estaba equivocando y de que tenía una responsabilidad. Empecé a recibir e-mails preguntando cuándo va iba a estar [el dispositivo AcuPebble] en el mercado, y consideré que no se podía quedar solo como un proyecto académico.

Pero una de las cosas que había aprendido era cuál era el proceso de transferencia tecnológica, de regulación, y había llegado a la conclusión de que las oficinas de transferencia tecnológica de la universidad no iban a hacerlo bien. Yo podía hacerlo mejor, sabía más que ellos en ese momento, aunque suene arrogante. Aquel proyecto era como mi bebé y no me quedaba otro remedio [que llevarlo a cabo]. No me hice a emprendedora porque tenga ese espíritu de emprendimiento del que oigo a hablar a otros, sino porque tenía un sentido de la responsabilidad.

"No me hice emprendedora porque tenga ese espíritu de emprendimiento del que oigo a hablar a otros, sino porque tenía un sentido de la responsabilidad"

En el ámbito de la financiación, Acurable recaudó 2 millones de libras (unos 2,4 millones de euros al cambio actual) en una ronda semilla  de los fondos de capital riesgo Kindred Capital y Mundi Ventures, firma de capital riesgo con la que colabora MAPFRE, además de obtener ayudas públicas. ¿Fue sencillo acceder a esa financiación? ¿Cómo fue el proceso de empezar a hablar el lenguaje de los negocios?

¡Nunca he tenido que aprender! Si se tiene sentido común, pragmatismo y un análisis de riesgo, te van a entender. Hablar con inversores ha sido un proceso relativamente fácil, de hecho, más fácil que hablar con científicos en la mayoría de las ocasiones; y muy refrescante en muchos sentidos. A mí me encantan los procesos de evaluación, y un proceso de inversión es eso: se puede fallar por muchas razones, pero si en algún momento identifican algo que estás haciendo mal lo puedes tomar como una lección para mejorar tu negocio.

"Hablar con inversores ha sido más fácil que hablar con científicos en muchas ocasiones"

Actualmente habéis logrado el apoyo de la aceleradora del Servicio Nacional de Salud de Reino Unido para expandir vuestros productos en el país, habéis obtenido el marcado CE para comercializar vuestros dispositivos en la Unión Europea y también acabáis de recibir la autorización de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. para llegar a ese mercado. ¿Qué ventajas están ofreciendo vuestros dispositivos ya a médicos y pacientes?

Estamos desplazando el diagnóstico al paciente. Duermen en casa y se encuentran con este dispositivo pequeñito y con una aplicación bastante fácil de usar. Se lo pone para dormir y ni se entera. Luego el médico recibe el diagnóstico, uno del que se puede fiar. La alternativa para los pacientes era ponerse en una lista de espera en muchos casos de años, tener que ir a una clínica de sueño y pasar la noche allí, con sensores que no les permitían dormir.

Aparte, el hecho de estar en un hospital toda la noche observado no es agradable, por lo que no tenían una noche natural de sueño. A veces el médico los mandaba a casa con los sensores, pero tampoco podían dormir y en el 30% de los casos volvían con lecturas que no servían de nada. Las ventajas [del dispositivo de Acurable] son muchas para los pacientes y para los médicos: reducen las listas de espera, el tiempo que hay que dedicar a las cosas menos importantes de la labor médica y también reducen los costes.

El dispositivo AcuPebble de Acurable monitoriza de forma sencilla y cómoda la apnea del sueño.

Foto: El sensor AcuPebble es un dispositivo 'wearable' para el diagnóstico automatizado de la apnea del sueño. Crédito: Acurable

En los últimos años, y especialmente a raíz de la pandemia, ha crecido la importancia que los pacientes conceden a su salud, y también la apuesta por la innovación en este ámbito por parte de start-ups cada vez más especializadas. Como emprendedora y también como catedrática en contacto con jóvenes científicos, ¿cómo crees que están ayudando las start-ups a revolucionar el campo de la salud?

En una start-up, las cosas tienen que ir muchísimo más rápido. Los recursos están limitados, con lo cual la creatividad fluye más rápido que en empresas más grandes. Es donde existe la posibilidad de explorar lo que otros no se atreven, se pueden correr riesgos. Es una cuestión no solamente de producción tangible, es la mentalidad que se está fomentado en la nueva generación: esta mentalidad de "vamos a cambiar el mundo, a resolver problemas imposibles". Trabajo con muchos estudiantes y entreno a muchos investigadores, y les digo: "El mejor sitio al que puedes ir cuando tienes 24, 25 años es una start-up". Allí se te da el aprendizaje mucho más rápido, vas a ver muchísimas más cosas, y te va a abrir la mente.

"Es una cuestión no solamente de producción tangible, es la mentalidad que se está fomentado en la nueva generación de 'vamos a cambiar el mundo'"

Para terminar, ¿cuáles serán los grandes problemas sanitarios que se resolverán con tecnologías como la inteligencia artificial y el análisis de datos en un futuro?

Tenemos conocimientos para ofrecer servicios mejores, pero no recursos. Eso tiene que cambiar, porque es una pena que la razón por la que no se diagnostica algo a tiempo es porque el médico que podría haberlo hecho tiene una lista de espera grandísima, y para cuando lo hace, ya es irreversible. Ahí es donde las tecnologías pueden ayudar mucho.

El problema está en que no es solamente cuestión de desarrollar tecnología, sino de cambiar los procesos y la visión. Hay mucha inercia en el ámbito clínico de hacer las cosas como se solían hacer, y mucho desconocimiento en cuando a la disparidad entre el riesgo de una tecnología y el riesgo humano; se piensa que si una tecnología se equivoca es razón para no usarla, cuando lo que se debería considerar es si se equivoca más o menos que el humano.

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