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Cambio Climático

¿Las arenas petrolíferas de Canadá van camino de Asia?

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La aprobación de un oleoducto entre Alberta y Houston podría decidir el destino de gran parte del petróleo.

  • por Peter Fairley | traducido por Lía Moya (Opinno)
  • 15 Septiembre, 2011

Manifestaciones delante de la Casa Blanca a principios de este mes en contra de la proposición del oleoducto Keystone XL, una ampliación del oleoducto Keystone que va desde Alberta (Canadá) hasta la Costa del Golfo en Estados Unidos, han vuelto a poner en primera plana el potencial impacto medioambiental de los depósitos de arenas petrolíferas de Canadá. Pero expertos de la industria afirman que el destino de ese oleoducto en concreto -que decidirá el presidente Obama más adelante este mismo año- tendrá, en definitiva, poco efecto sobre el futuro de los vastos recursos petrolíferos contenidos en las arenas canadienses.

Una de las razones es que el petróleo simplemente irá a otra parte. Hay propuestas de oleoductos hacia la costa del Pacífico de Canadá que darían acceso a los productores de Alberta a los mercados asiáticos, que están en rápida expansión. Eso aceleraría la demanda del crudo de arenas petrolíferas, que se transforman en gasolina. Si el oleoducto Keystone XL no se aprueba, explica Ralph Glass, director de evaluación y operaciones de energía en la consultora especializada en la industria petrolífera AJM Deloitte con sede en Calgary (Canadá) , “habrá una mayor presión para exportar el petróleo por la vía marítima”.

En enero, las autoridades de medioambiente y energía de Canadá empezarán a evaluar la proposición de un oleoducto capaz de transportar 550.000 barriles por día desde Alberta a Kitimat, en la Columbia Británica. Y el gigante de los oleoductos con sede en Houston, Kinder Morgan, está pensando ampliar la capacidad de su oleoducto hacia Vancouver (Canadá) y Seattle (Estados Unidos) de 300.000 a 700.00 barriles por día. También podría añadir un ramal hasta Kitimat. El oleoducto Keystone XL, propuesto por TransCanada, operador de oleoductos con sede en Calgary, podría transportar hasta 900.000 barriles al día.

A los manifestantes les preocupa el impacto medioambiental de la extracción de arenas petrolíferas: la explotación de depósitos de bitumen a poca profundidad ya ha transformado bosques boreales y dejado como recuerdo estanques de escoria tóxica que son una amenaza para la naturaleza y las fuentes de agua potable. La producción de arenas petrolíferas también produce emisiones de efecto invernadero. Se usan grandes cantidades de gas natural para extraer el bitumen enterrado y luego refinarlo para convertirlo en crudo capaz de fluir  por los oleoductos.  Un proyecto de evaluación del ciclo de vida del las arenas petrolíferas realizado por investigadores de la Universidad de Toronto (Canadá) y el Instituto de Energía, Medioambiente y Economía Sostenibles de la Universidad de Calgary (Canadá), ha calculado que conducir un coche un kilómetro con gasolina derivada de arenas petrolíferas libera entre 260 y 350 gramos de dióxido de carbono al ambiente, en comparación con los 250 a 280 gramos que se liberan al conducir un kilómetro con gasolina convencional.

Los proyectos propuestos podrían aumentar la producción de crudo derivado de las arenas petrolíferas en Alberta de los 1,5 millones de barriles diarios del año pasado a cinco millones de barriles diarios para 2020. Pero es improbable que Alberta maximice su capacidad de exportación de crudo en los oleoductos ya existentes por lo menos en una década, según un análisis de diciembre de 2010 llevado a cabo por el Instituto Pembina, un grupo medioambiental con sede en Alberta que lleva muchos años siendo crítico tanto con la industria de las arenas petrolíferas como  con la ampliación de la capacidad de los oleoductos.

En AJM Deloitte, Glass predice que los productores de crudo de arenas petrolíferas aumentarán la capacidad de producción para llenar los dos oleoductos propuestos hacia la costa oeste de Canadá y espera que por lo menos uno de ellos salga adelante a pesar de la impopularidad del aumento de tráfico de barcos petroleros y la oposición de las naciones aborígenes que se hallan a lo largo de las rutas propuestas. La presión por parte de la industria petrolera acabará por vencer, afirma Glass, por el inmenso valor económico que prometen los oleoductos, especialmente si se bloquea el oleoducto Keystone XL.

Actualmente, los productores canadienses están obligados a vender su crudo a refinerías de Estados Unidos, una posición negociadora débil a la que Glass culpa en gran parte de la rebaja de entre 10 y 15 dólares por barril que sufre el crudo canadiense que se vende a Estados Unidos en comparación con el crudo importado por vía marítima del extranjero. “Las arenas petrolíferas solo tienen un mercado y está estancando o descendiendo. Tiene que haber una alternativa”, sostiene Glass.

Los defensores del medioambiente tienen un punto de vista completamente distinto sobre la expansión de los oleoductos hacia el oeste. En su análisis de diciembre de 2010, el analista de políticas senior Nathan Lemphers del Instituto Pembina sostiene que el mercado asiático no está deseoso de recibir crudo de arenas petrolíferas. Explica que China solo podría refinar 400.000 barriles al día del pesado crudo que producen los extractores de arenas petrolíferas. También señala que Enbridge, con sede en Calgary (Canadá), aún tiene que firmar los contratos para su propuesta de oleoducto a Kitimat.

En cuanto a Keystone XL, Lemphers reconoce que es demasiado pronto para saber si las sonadas protestas de hace unas semanas han hecho el daño que se pretendía contra el desarrollo de la explotación de arenas petrolíferas. Sin embargo, al mismo tiempo que tenían lugar las manifestaciones, el Departamento de Estado de Estados Unidos presentó un estudio de impacto ambiental en el que se afirmaba que el oleoducto no tendría un impacto significativo.

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