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Business Impact: Un escéptico se enfrenta a la medicina a distancia

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Un cardiólogo de la Univerdidad de Yale (EE.UU.) se revela contra el supuesto avance sanitario que implica la tecnología de seguimiento de pacientes en sus domicilios.

  • por Lee Gomes | traducido por Lía Moya (Opinno)
  • 20 Septiembre, 2011

El entusiasmo por el iPhone y su familia de aparatos 'milagrosos' empieza a notarse en la sanidad, donde médicos, burócratas y, sobre todo, empresas, promocionan una tecnología inspirada en lo móvil -denominada 'seguimiento de salud a distancia'- como el próximo gran avance de la medicina.

La idea: conectar con los pacientes en sus casas para que sus estadísticas de salud -relativas por ejemplo, al peso o la tensión arterial- se envíen a los médicos a través de Internet o mediante aparatos móviles. Los supuestos beneficios: menos visitas a los hospitales, mejores cuidados y un coste muchísimo menor.

Pero este entusiasmo por el seguimiento a distancia de la salud está significativamente ausente entre un grupo de médicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale (EE.UU.). Con un estudio reciente como arma, los investigadores aseguran que la defensa de la nueva tecnología se ha adelantado a las pruebas que demuestren que realmente funciona.

“A primera vista, parece un enfoque válido. Pero no es suficiente que algo sea simplemente válido”, sostiene Harlan M. Krumholz, cardiólogo de Yale que se ha convertido en el escéptico más franco. “Ahora mismo no hay demasiadas pruebas de que sea realmente beneficioso”, expone Krumholz.

El seguimiento a distancia se ha recibido como una forma mejorada de tratarlo todo, desde la diabetes hasta las enfermedades cardiovasculares, pasando por las enfermedades pulmonares. Entre los mayores defensores de la idea están los fabricantes de aparatos médicos y las empresas de telecomunicaciones, incluyendo a Intel, Philips e IBM. Prevén que el cuidado médico en casa se convertirá en un gran mercado para los semiconductores y el software, algo muy parecido a lo que representan para esa industria en la actualidad los teléfonos móviles y los ordenadores. También hay empresarios que se muestran entusiastas, pues esta tecnología les parece una solución potencialmente barata a los costes sanitarios que no paran de crecer.

Lo que preocupa a Krumholz es la posibilidad de que Estados Unidos esté repitiendo un patrón ya conocido: gastar miles de millones en una tecnología apoyada por una brillante promoción para descubrir, después de que se hayan firmado los cheques, que los supuestos beneficios no se convierten en una realidad.

Defensor de la medicina “basada en pruebas”, Krumholz se ha hecho conocido por el cuestionamiento que hace de sus colegas de profesión por prescribir medicamentos caros o llevar a cabo complejos procedimientos que él cree que no funcionan o incluso que pueden ser perjudiciales. En 2005 analizó un sistema informático de ayuda a los médicos desarrollado por el Pentágono y concluyó que el beneficio resultante era pequeño o inexistente.

En noviembre de 2010 Krumholz y algunos de sus colegas de Yale, incluyendo a Sarwat I. Chaudhry, otro cardiólogo, conmocionaron al mundo del seguimiento a distancia de la salud al publicar un artículo en el New England Journal of Medicine que estudiaba a 1.600 pacientes recién hospitalizados por fallos cardiovasculares. Su conclusión: el seguimiento a distancia no proporcionó ningún beneficio.

El resultado salió después de la publicación de toda una serie de estudios positivos, incluyendo algunos financiados por empresas, que sugerían que el seguimiento en casa de grupos parecidos de pacientes con enfermedades cardiacas crónicas podría reducir tanto las muertes como los ingresos hospitalarios innecesarios.

Algunos de los defensores de la tecnología de seguimiento a distancia, incluyendo Intel, criticaron la metodología seguida para elaborar el estudio del New England Journal. Por ejemplo, se pidió a los pacientes que se pesaran todos los días y luego llamaran para transmitir los datos resultantes a un centro de llamadas informatizado para que los médicos pudieran localizar el repentino aumento de peso que suele preceder a una crisis cardiaca. Los críticos sostienen que solicitar a los pacientes que hagan esa labor de transmisión en vez de que su peso fuera transmitido sin trabajo alguno mediante algún tipo de peso de baño equipado con wi-fi, era una forma ineficaz de hacer un seguimiento. Chaudhry, sin embargo, afirma que hay aspectos positivos y negativos en todos los enfoques posibles que hubieran adoptado los investigadores. Es más, el estudio de Yale era más grande e involucraba a más hospitales que muchas de las investigaciones anteriores.

En la actualidad, el campo del seguimiento de la salud a distancia es un campo de batalla para estudios enfrentados, con cada bando pudiendo usar artículos que apoyan su punto de vista.

Krumholz afirma que a pesar de su escepticismo público, como cardiólogo espera que los investigadores descubran una tecnología a distancia que funcione de verdad. “No cabe duda de que esta tecnología es estupenda”, explica. “Lo que intentamos recordar a la gente es que no puedes presuponer los beneficios de algo sin haber demostrado anteriormente que son reales”.

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