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Biotecnología

Un medicamento que borra recuerdos aterradores

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Un medicamento común puede dirigirse selectivamente a los recuerdos de largo plazo de manera más efectiva que otras terapias.

  • por Emily Singer | traducido por Claudia Taurel
  • 18 Febrero, 2009

Un medicamento común para la presión arterial puede amortiguar selectivamente recuerdos que producen temor, de acuerdo a una investigación publicada hoy en  Nature Neuroscience.

Los hallazgos suman apoyo para un nuevo enfoque en el tratamiento de trastornos de ansiedad al bloquear químicamente el componente emocional de un recuerdo en el momento de recordar. En voluntarios sanos, el medicamento fue más efectivo que la terapia de exposición, uno de los tratamientos más comunes para los trastornos de ansiedad, que involucra exposiciones reiteradas a los pacientes lo que más temen.

La investigación construye a partir de ensayos preliminares en pacientes con trastornos de estrés postraumáticos (PTSD), en la que quienes han sufrido un trauma severo -como por ejemplo una violación- son aterrorizados con recuerdos incontrolables y perturbadores del evento. “Cualquier momento en el que se pueda reducir el componente emocional de un recuerdo mientras se dejan los demás contenidos intactos es muy emocionante”, declara Seth Norrholm, neuro-científico de la Universidad Emory en Atlanta (Estados Unidos), que no participó en la investigación. “Queremos que los pacientes comprendan qué es lo que desencadena sus temores sin que sientan la ansiedad”, añade Norrholm.

Los hallazgos también amplían nuestro entendimiento de la memoria, apoyando la noción de que aún un recuerdo antiguo, en el momento de recordar, se vuelve susceptible a alteración.

Para crear un recuerdo, el cerebro mueve información almacenada en la memoria de corto plazo hacia la memoria de largo plazo – un proceso denominado consolidación. Repetir un número de teléfono poco tiempo después de haberlo escuchado, por ejemplo, es un proceso que utiliza la memoria a corto plazo. Sin embargo, los recuerdos a corto plazo son particularmente susceptibles a interferencia; es probable que aprender un segundo número de teléfono un poco más tarde que el primero borre el recuerdo del número original.

En los últimos años, los científicos han descubierto que el mero acto de recordar una experiencia previa requiere que el recuerdo sea consolidado de nuevo. Y tanto en la investigación animal como en algunos estudios en humanos se ha demostrado que durante la consolidación, los recuerdos de largo plazo  -que se consideraban bastante estables- pueden alterarse fácilmente.

En un nuevo experimento, investigadores de la Universidad de Amsterdam mostraron repetidamente imágenes de arañas a los voluntarios y a una de ellas le sucedió un shock eléctrico. A la par que la persona aprendió a relacionar la araña con el shock, el simple hecho de visualizar la imagen de la araña desencadenaba ansiedad. La psicóloga Medel Kindt y sus colegas evaluaron el aspecto emocional del recuerdo evaluando la sorpresa que el voluntario manifestaba al escuchar un sonido fuerte que acompañaba a la foto. Esta “respuesta de sorpresa” está conectada a la intensidad emocional del recuerdo y puede ser medido utilizando el movimiento de los músculos de los ojos cuando el voluntario parpadea debido a la sorpresa.

Al día siguiente, los científicos probaron la asociación emocional entre el shock eléctrico y la araña al medir la respuesta de sorpresa del voluntario después de ver al arácnido. Durante los ensayos, los investigadores les suministraron propranolol – un betabloqueante que ha sido utilizado durante muchas décadas para controlar la presión - a mitad de los pacientes, y a la otra mitad les suministraron un placebo. Al tercer día, ambos grupos recordaron la asociación entre el shock y la araña de igual manera: ambos informaron de manera precisa, cuando esperaban recibir el shock. Pero aquellos que habían tomado el medicamento mostraron menos sorpresa con el sonido que acompañaba la araña, lo cual sugiere que el aspecto emocional del recuerdo se había amortiguado mientras que el contenido de información permanecía intacto.

Los nuevos hallazgos amplían investigaciones de décadas realizadas con animales que muestran que el cerebro almacena distintos tipos de recuerdos en diferentes áreas. Una región del cerebro llamada amígdala desempeña un rol central en el almacenamiento de los recuerdos emocionales. La investigación en animales sugiere que el propranolol, que bloquea cierto tipo de molécula en la amígdala, interfiere con la re-consolidación al evitar la síntesis de proteínas necesarias para el almacenamiento del recuerdo.

Investigaciones anteriores han demostrado que el propranolol puede ayudar a los pacientes que sufren de PTSD. Pero el nuevo estudio va aún más allá, al comparar el tratamiento con propranolol con la terapia de exposición, comúnmente utilizado con PTSD. Con este tratamiento, los pacientes se acuerdan cosntantemente del recuerdo traumático dentro de un ambiente seguro; eventualmente aprenden a desligar el recuerdo del temor. “La terapia de exposición es el tratamiento más efectivo para los trastornos de ansiedad”, afirma Kindt. “Pero no siempre tiene éxito y los pacientes  recaen entre el 20% y el 60% de las ocasiones”, añade.

Los investigadores encontraron que después de la terapia de exposición (también denominada extinción), la respuesta de temor hacia la araña podía revivirse. Pero no sucedió así con los pacientes tratados con propranolol, lo que sugiere que el recuerdo fue verdaderamente debilitado o borrado. “Muestra que el proceso de bloqueo de  la re-consolidación es realmente diferente de la extinción – que ha sido objeto de mucha controversia”, declara Alain Brunet, psicólogo en la Universidad McGill, en Montreal, que ha probado el porpranolol en pacientes con PTSD pero que no participó en estudio actual. Las investigaciones anteriores sugieren que la exposición produce un nuevo tipo de aprendizaje en vez de degradar el recuerdo de lo aterrador. El hecho de que el recuerdo original permanece intacto puede explicar los altos índices de recaída con este tratamiento, agrega Kindt.

El equipo de Kindt ya ha probado si el efecto del propranolol dura más de tres días – un requerimiento clave para uso terapéutico – pero se negó a dar a conocer los resultados ya que se habían presentado para su publicación. Otros científicos están probando medicamentos adicionales en animales en la búsqueda de compuestos más potentes. “Si clínicamente va a ser útil por sí solo, o tal vez en un cóctel con otros agentes que también amortiguan el estado emocional, lo dirá el tiempo”, segura Todd Sacktor, neurólogo y científico en la Downstate Medical Center de la Universidad Estatal de Nueva Cork (Estados Unidos).

Mientras que el estudio de Kindt y otros son prometedores, se necesitan más ensayos para determinar la utilidad del tratamiento con propranolol, así como las mejores condiciones más convenientes para su entrega a los pacientes. Como el medicamento se encuentra disponible para otros propósitos, algunos pacientes con PTSD han informado de que han tratado de utilizarlo por sus propio medios –  pero con poco éxito, por lo que es posible que el medicamento deba tomarse bajo circunstancias muy controladas para que funcione bien.    

Biotecnología

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