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Negocios

Business Impact: En los almacenes, los robots de Kiva llevan el peso

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La rapidez del comercio y los reducidos márgenes han hecho que las tiendas en línea recurran a la automatización para mantener el ritmo.

  • por Verne Kopytoff | traducido por Lía Moya (Opinno)
  • 24 Julio, 2012

Jairus Dennis, empaquetador de la tienda de lujo en línea Gilt Groupe, trabaja en una especie de equipo ideal de logística de almacén. Cada pocos segundos sus compañeros de trabajo le traen pesados estantes cargados con pantalones pitillo y vestidos rojos. Nadie se queja nunca ni se retrasa.

Los compañeros de Dennis son de color naranja y apenas miden 50 centímetros: son robots y hacen gran parte del trabajo en el gran centro logístico que Gilt tiene cerca de Louisville, Kentucky (Estados Unidos). Hay sesenta de estas grúas automatizadas que cruzan la planta llevando los estantes a los humanos que recogen, empaquetan y envían los artículos sin necesidad de dar más que unos pasos.

A Dennis, que tiene 21 años y lleva un año y medio trabajando en el almacén, le gusta la ayuda robótica. “La prefiero. No tienes que pasarte ocho horas al día yendo de un lado para otro”, afirma.

La presencia de robots supone un gran cambio para los almacenes, donde hasta ahora las cintras transportadoras, las carretillas elevadoras y la presencia de abundante mano de obra han sido la norma. Hasta hace poco, los robots eran demasiado raros y caros para marcar la diferencia. Pero eso está cambiando ahora que los minoristas de la Web buscan algún tipo de ventaja en un negocio en el que los márgenes son muy pequeños y la competencia es intensa.

“Según bajen los precios y sea más accesible para más empresas asistiremos a un importante crecimiento”, predice Marc Wulfraat, presidente de MWPVL International, una empresa consultora de cadenas de suministro y logística, en referencia a la robótica para almacenes.

A principios de este año Amazon respaldó la automatización de los almacenes al adquirir Kiva Systems, el fabricante de los sistemas robóticos que usa Gilt. Amazon, que ya era cliente de Kiva a través de su negocio de venta de pañales en línea Diapers.com, pagó 775 millones de dólares (unos 627 millones de euros) para comprar la empresa. Además de Amazon, entre los clientes de Kiva se encuentran Office Depot, Staples, Crate & Barrel, Toys "R" Us y Saks Fifth Avenue.

Gilt arrancó su negocio en 2007 como un sitio de compras rápidas, en el que los clientes tienen un tiempo limitado para comprar ropa de diseño rebajada. La receta cuajó rápidamente y convirtió a Gilt en una de las niñas mimadas del comercio electrónico. Desde sus instalaciones en Louisville, Gilt distribuye más de 20.000 artículos de media al día.

Seguir el ritmo del crecimiento de las ventas en la Web ha sido un reto. Gilt instaló los robots hace dos años como parte de un esfuerzo más amplio por mejorar la eficiencia de costes de la cadena de suministro de la empresa. Costaron más de 5 millones de dólares (unos 4 millones de euros) además de las cuotas mensuales de mantenimiento.

En un almacén convencional, los humanos preparan los pedidos caminando por delante de filas y filas de estanterías, normalmente llevando escáneres de radiofrecuencia para encontrar los productos. Los sistemas informáticos y las cintas transportadoras aceleran un poco el proceso, pero solo hasta cierto punto. Con la ayuda de los robots, los trabajadores de Gilt pueden procesar los artículos tres veces más rápido, según Steve Eddy, el director de distribución de Gilt.

Cuando llega un pedido a través del sitio web de Gilt, un robot entra automáticamente en un laberinto de 1.600 estantes ordenados en filas, localiza el estante correcto, lo coge y lo lleva a una estación de empaquetado donde trabajadores humanos cogen lo que necesitan.

Nadie descansa demasiado. Los trabajadores cogen entre 200 y 250 artículos por hora. “Si ves a alguien en una estación Kiva mano sobre mano es que estamos gestionándola mal”, afirma Chris Halkyard, director de la cadena de suministro de Gilt, persona que decidió adquirir los robots.

Para evitar los errores humanos y acelerar el proceso de preparación, una luz láser roja cenital señala el artículo a recoger. A continuación un robot vuelve a llevarse el estante a las estanterías y otro robot se prepara para la siguiente recogida.

Los robots de Kiva reciben instrucciones inalámbricas de un ordenador central que hace que no se choquen unos con otros. Unas pegatinas con códigos QR pegadas al suelo facilitan la navegación. El sistema detecta automáticamente cuándo un artículo se vende mucho y aparca esos estantes más cerca de las estaciones de empaquetado. Vista desde arriba, la escena parece una hora punta robótica en la que decenas de estantes cruzan el suelo del almacén.

Según Halkyard es difícil calcular cuánto dinero se ahorra Gilt al usar robots. Pero afirma que el sistema funciona tan bien que lo volvería a instalar. “Nos compensa”, sostiene.

Aún así, Halkyard señala varios problemas que las empresas deberían tener en cuenta antes de comprar los robots. Por ejemplo, usarlos para manejar un inventario que está acumulando polvo no es eficaz en términos de coste. Los artículos más grandes también suponen un problema para los estantes automatizados.

En Gilt los robots solo manejan los artículos más populares, que se concentran en una sección de 3.700 metros cuadrados de almacén. (Todo el edificio tiene unos 28.000 metros cuadrados, casi el tamaño de seis campos fútbol). Sin embargo, la zona relativamente pequeña donde operan los robots maneja el 5 por ciento de los artículos que se envían desde el almacén, incluyendo los característicos artículos de ventas rápidas de Gilt, que generan avalanchas de pedidos.

El reto definitivo es construir un robot capaz de hacer todo el proceso: seleccionar, empaquetar y enviar. Pero las variaciones en las formas y tamaño de la mercancía y su colocación en los estantes hacen que sea una tarea muy difícil de automatizar. Por ahora, los trabajadores humanos conservarán este trabajo.

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