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Tecnología y Sociedad

¿Le ha llegado el turno por fin a la carga inalámbrica?

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La idea de cargar el teléfono sin conectarlo parece atractiva, pero los consumidores han sido lentos en adoptarla.

  • por Jessica Leber | traducido por Francisco Reyes (Opinno)
  • 18 Septiembre, 2012

En un momento en que la tecnología inalámbrica lo abarca todo, desde teléfonos e Internet hasta auriculares y teclados, parece tedioso que nuestros dispositivos tengan que estar atados a un cable cada vez que queremos cargarlos. Es especialmente molesto si tenemos en cuenta que la tecnología lleva disponible desde que Nikola Tesla probara por primera vez la energía inalámbrica a través de la inducción magnética en la década de 1890.

¿Por qué las cargas sin cable, con las que podemos reponer la energía de un dispositivo al colocarlo sobre una superficie, no han logrado ser populares? No es por escasez de productos, ni por falta de empresas que quieran venderlos. Más de 125 empresas se han unido al Wireless Power Consortium, formado a finales de 2008 para crear un estándar de carga global. Aunque el consorcio espera que la tecnología llegue a ser un día tan común como lo es el Bluetooth en la mayoría de dispositivos y que, al igual que el wifi, llegue a estar disponible en muchos espacios públicos, la carga inalámbrica ha tardado en despegar.

La demanda podría estar llegando por fin a medida que crece el número de dispositivos hambrientos de energía. "Los teléfonos se quedan sin carga cada vez más rápido, mientras que la capacidad de la batería es limitada. Eso no va a cambiar", señala Ron Rabinowitz, presidente de Duracell Powermat, una empresa que comenzó pronto a vender almohadillas y fundas de carga inalámbrica para teléfonos inteligentes, allá en 2009. La compañía tuvo ventas por valor de 100 millones de dólares (76 millones de euros) en el último año fiscal.

Pike Research predice que la carga inalámbrica para dispositivos móviles hará que empresas como Powermat ganen casi 6.000 millones de dólares (4.578 millones de euros) en ingresos en 2020, una cifra superior a los 1.000 millones de dólares (760 millones de euros) que ingresó en 2012. "Las compañías son muy inteligentes y saben qué es lo que molesta a los consumidores", señala Bret Lewis, director de Fulton Innovation, una empresa que ofrece licencias de tecnología de energía inalámbrica.

Las almohadillas de carga inalámbrica situadas en lugares públicos, donde los usuarios pueden recargar sin tener que llevar un cargador o pelearse por una toma de corriente, podrían resultar atractivas. Para cargar un teléfono sin usar cables, hoy día la mayoría de los propietarios de teléfonos tendrían que comprar una funda o una batería con un receptor incorporado y luego usar una base de carga con un transmisor compatible. Pero estas barreras de adopción pronto podrían desaparecer.

La semana pasada, por ejemplo, Nokia anunció que incluiría receptores inalámbricos de carga en su teléfono inteligente con Windows 8, el Lumia 920, y creará alianzas para que las almohadillas de carga estén disponibles en las tiendas Coffee Bean & Tea Leaf de Estados Unidos, así como en la terminal de Virgin Atlantic del aeropuerto Heathrow en Londres.

Otros fabricantes están interesados ​​en que los dispositivos tengan espacio para incluir receptores inalámbricos de carga. Algunos están trabajando para integrar la tecnología junto a chips de comunicación de campo cercano, otra tecnología que se está implantando en los teléfonos, según afirma Lewis, quien también dirige un grupo de trabajo dentro del Wireless Power Consortium. Además, los fabricantes de componentes han mostrado interés. A principios de este mes, por ejemplo, el proveedor IDT se asoció con Intel para desarrollar una tecnología inalámbrica de carga para teléfonos inteligentes integradas en un ordenador portátil Ultrabook de Intel de una pulgada.

La carga inalámbrica está despegando en Japón. El principal proveedor de telefonía del país, NTT DoCoMo, cuenta con docenas de modelos de dispositivos y muestra en una aplicación el número cada vez mayor de puntos inalámbricos de carga que hay disponibles en el país.

Duracell Powermat, una empresa con sede en Nueva York surgida de la unión de Powermat y Duracell (Procter & Gamble) el año pasado, se está centrando en las alianzas en EE.UU. para lograr una trayectoria similar.

General Motors, que también posee una participación en Duracell Powermat, tiene planes para incluir sus sistemas en las futuras líneas de Cadillac, Chevrolet, y Buick, asegura Rabinowitz. Powermat también está trabajando con el Madison Square Garden, Delta Airlines, centros comerciales, salones de belleza y empresas de cosméticos para llevar los puntos de carga a la región de Nueva York. Planea expandir su marketing a nivel nacional a finales de este año.

Sin embargo, puede que la adopción generalizada de la carga inalámbrica se vea entorpecida si las empresas que compiten en el mercado se ponen obstáculos entre sí. El estándar del Wireless Power Consortium, Qi, asegura que las diferentes marcas sean compatibles entre ellas. Sin embargo, Powermat, frustrada por el ritmo de adopción de Qi, dejó el grupo recientemente para trabajar con Qualcomm y Samsung en un estándar que le hará la competencia. Así que, por ejemplo, una almohadilla de carga Powermat en la terminal de Delta en el aeropuerto de LaGuardia (Nueva York) no funcionará con un Nokia Lumia compatible con Qi. Rabinowitz no cree que sea un gran problema. Con el tiempo, señala, un estándar se impondrá al otro.

La carga inalámbrica no siempre ha sido tan eficiente como conectarse a una toma de corriente, pero la tecnología ha mejorado. Con los receptores integrados directamente en los dispositivos, el método de inducción magnética es tan rápido como el uso de una toma, asegura Lewis. Un nuevo y emergente método de carga inalámbrica llamado resonancia magnética también permitiría cargas inalámbricas eficientes a distancia. La start-up Witricity (ver "Carga tu teléfono (y tu coche) a distancia") y la colaboración de Intel/IDT están siguiendo este método. Por desgracia, el momento en que podamos recargar nuestros aparatos a través del ambiente de una habitación sigue siendo ciencia ficción.

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