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Aún hay esperanza para FutureGen y el carbón límpio

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Un proyecto de energía generada a partir del carbón y sin emisiones de CO2 lucha por renacer de sus cenizas.

  • por Peter Fairley | traducido por Francisco Reyes (Opinno)
  • 01 Abril, 2009

El Secretario de Energía Steven Chu se reunió el lunes pasado con representantes de la Alianza FutureGen, dando nuevas esperanzas para que se reactive su proyecto de bajas emisiones de carbono y gasificación del carbón.

En enero de 2008 se paralizaron los planes para la construcción de una central energética que pudiera combinar las tecnologías de gasificación integrada de ciclo combinado (conocida en inglés por las siglas IGCC) y de captura y almacenamiento de carbono (CCS). Los motivos que alegó la administración de Bush para dejar de apoyar el proyecto fueron de índole económica. Hoy día se sabe que aquella preocupación fue realmente una especie de engaño contable que sobreestimaba el coste de la planta en más de 500 millones de dólares.

Los que saben del tema opinan que hoy día FutureGen está mejor considerada dentro del ámbito político. Tras cinco años de desarrollo del proyecto, se comenta que FutureGen está en posición de avanzar rápidamente en dos de los objetivos principales de la administración de Obama: el estímulo económico y la reducción de las emisiones de carbono. “Estamos hablando de un proyecto que está listo para ser iniciado, y con los avances de la tecnología y del CCS, el gobierno debería invertir una gran cantidad de fondos en él,” señala Nick Akins, vicepresidente ejecutivo de generación en la compañía suministradora American Electric Power (AEP), uno de los gigantes en su sector y miembre de la Alianza FutureGen.

Stephanie Mueller, secretaria de prensa del Departamento de Energía de Estados Unidos, publicó un comunicado tras la reunión del lunes que no deja dudas acerca del interés de Chu. “El Secretario Chu opina que la propuesta de FutureGen tiene un valor real,” señala Mueller. “Durante las próximas semanas, el departamento trabajará en colaboración con la Alianza y los miembros del Congreso para dar fuerza a la propuesta y alcanzar un acuerdo sobre qué camino seguir.”

Si el proyecto cobra nueva vida, seguramente se verá apoyado por la comunidad internacional. Entre las docenas de proyectos que el mes pasado valoraron los líderes europeos para conceder parte de los mil millones de euros en ayudas a la aplicación comercial del CCS en plantas energéticas de carbón, hay tres proyectos similares de IGCC. De entre todos esos proyectos, se seleccionarán seis para recibir fondos. Mientras tanto, un consorcio de compañías eléctricas en China ha iniciado la construcción del proyecto GreenGen, inspirado en el FutureGen.

FutureGen sigue siendo atractivo porque se espera que las plantas de IGCC que capturan y secuestran el CO2 supongan una de las alternativas más económicas para alcanzar el objetivo de neutralizar las emisiones de carbono en las plantas eléctricas de aquí a 2020. Generar un megavatio de electricidad a la hora en una planta de IGCC equipada con CCS costaría de 75 a 95 euros en 2020, según los estudios sobre costes realizados por la Comisión Europea y publicados este pasado invierno. Ese precio mejora las previsiones sobre el precio de la electricidad generada en plantas de carbón convencionales con CCS, con generadores de gas natural con CCS añadido, así como con energía solar. (Es difícil predecir el coste que supondría generar electricidad en granjas eólicas alejadas de la costa, pero se estima entre los 65 y 115 euros por megavatio/hora.)

El único problema es que por ahora resultaría más barato generar electricidad en plantas de carbón sin CCS. Para dichas plantas, la Comisión Europea ha añadido un sobrecargo de 41 euros por cada tonelada de CO2 que se produzca, para cubrir el coste de la compra de créditos de carbono recogido en el programa de límite e intercambio europeo. Pero los economistas aún piensan que, pese a este coste añadido, seguirá siendo más económico producir electricidad en las plantas convencionales de carbón frente a aquellas en las que se instalen los equipos de captura y enterramiento subterráneo de CO2, puesto que estos equipos consumen mucha energía adicional por si mismos.

FutureGen propone reducir aún más los costes mediante una mejor integración de la captura del carbono. El proceso que seguirían la mayoría de plantas de IGCC que proponen las compañías eléctricas consistiría en gasificar el carbón para generar hidrógeno y monóxido de carbono, y después quemar esta mezcla de gases. Un ejemplo de esto es el proyecto de dos mil trescientos millones de dólares de Duke Energy en Edwardsport, (Illionis, Estados Unidos), que es la única planta de IGCC actualmente en construcción en Estados Unidos. Los equipos de captura de carbono extraen el CO2 de las chimeneas por donde sale el gas mediante el uso de componentes que absorben el CO2. Este proceso es mucho más sencillo en las plantas de IGCC, ya que poseen gases de combustión más altos en CO2 que las plantas convencionales.

El objetivo de FutureGen es promover el potencial que ofrecen las centrales IGCC con CSS mediante la extracción del carbono a partir de una mezcla más concentrada de hidrógeno y monóxido de carbono, y después quemar el hidrógeno puro que sobre de forma más eficiente (aunque aún no probada) en turbinas de temperaturas ultra altas. “Estamos hablando de no sólo el almacenamiento del carbono sino también de avances en las tecnologías de hidrógeno asociadas con el rendimiento de las turbinas,” señala Akins. La compañía Siemens AG, con sede en Munich y dedicada a la venta de tecnología IGCC, estima que una integración de este tipo podría mejorar la eficiencia en una sexta parte—un incremento enorme para un sector que normalmente experimenta crecimientos de rendimiento de sólo un dígito.

Sin embargo, la crisis financiera amenaza con hacer que todas estas ventajas se queden en la estantería, puesto que a día de hoy las compañías eléctricas actuales favorecen a aquellos proyectos de CCS que simplemente incorporan el CCS en plantas de carbón ya existentes. Esto incluye a la propia compañía de Akins, así como a siete de las compañías involucradas en las demostraciones de CCS propuestas por la UE. Según sugieren datos de la Comisión Europea, las plantas en las que se instale el CCS tendrán costes de operación más altos que las plantas de IGCC, pero requerirán una inversión de capital incial más baja. “Las grandes compañías como la nuestra están experimentando el mismo tipo de agitación económica que el resto del país. El acceso al capital se ha visto muy limitado,” afirma Akins.

Por otro lado, la política internacional puede favorecer el renacimiento de FutureGen. Hacer que países en vías de desarrollo como China o India se comprometan a limitar sus emisiones de carbono es uno de los objetivos principales de Estados Unidos dentro de las negociaciones globales que los gobiernos esperan concluir en Copenhague en diciembre. De estas negociaciones debería salir el sucesor del Protocolo de Kioto acerca de las emisiones de gases de efecto invernadero. Según un informe publicado por FutureGen el pasado mes, elaborado por los demócratas pertenecientes al Comité de Ciencia y Tecnología, la abrupta cancelación de FutureGen por parte de la administración de Bush, sin notificar a China, India, Corea del Sur y Australia—socios del proyecto—hizo que las relaciones con estos países se vieran dañadas. Peor áun, este informe cita un memorándum de 2007 emitido por trabajadores del Departamento de Energía en el que se discute el hecho de que la cancelación de FutureGen afectaría de forma muy desproporcional a los países en desarrollo: “Sin FutureGen, la disponibilidad de plantas de carbón con CCS que resulten rentables se verá retrasada por lo menos 10 años.”

Tony Lodge, analista de energía y miembro del Centro de Estudios Políticos de Londres, describe la cancelación de FutureGen como un acto de poca visión de futuro. También es muy crítico con la decisión del gobierno británico de restringir el uso de CCS para actualizar las plantas de carbón. “Si las economías principales basadas en el carbón, como las del Reino Unido y Estados Unidos, desean influenciar a países como India y China, deseosos de usar el carbón, primero es preciso que lleven sus palabras a la acción,” afirma Lodge. “El apoyo y desarrollo de FutureGen podría suponer un comienzo significativo.”

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