.

Biotecnología

Un telescopio que se implanta en el ojo

1

Un nuevo dispositivo puede ayudar a recuperar la visión de aquellas personas con degeneración macular grave.

  • por Emily Singer | traducido por Francisco Reyes (Opinno)
  • 02 Abril, 2009

Un telescopio en miniatura implantado en el ojo podría muy pronto ayudar a aquellas personas que sufren pérdida de visión a causa de una degeneración macular terminal. La semana pasada, un panel de consejeros de la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA, Food and Drug Administration, en inglés) fue unánime a la hora de solicitar a dicha administración que apruebe los implantes. Las pruebas clínicas de este dispositivo, que tiene el tamaño del borrador de un lápiz, sugieren que puede mejorar la visión alrededor de tres líneas y media en una gráfica optométrica.

“Esta es una de las pocas opciones disponibles para las personas que sufren degeneración macular terminal,” comenta Kathryn Colby, cirujana ocular en el Hospital para el Ojo y el Oído de Massachussets, en Boston, y que colaboró en el desarrollo del procedimiento quirúrgico necesario para implantar el dispositivo.

La degeneración macular es la principal causa de ceguera en personas de 65 o más años, y afecta a más de 10 millones de americanos. La enfermedad ataca al centro de la retina, también denominado mácula, y que es de vital importancia para leer, ver la televisión y reconocer caras. Aunque existen algunos tratamientos que ayudan a reducir el avance de la enfermedad, en la actualidad no hay tratamientos disponibles para aquellos que se encuentren en fase terminal, y que sufran un daño irreversible en la mácula. Se estima que dentro de esta última categoría se encuentran alrededor de 50.000 a 70.000 personas cada año.

El implante, desarrollado por VisionCare Ophthalmic Technologies, una startup con sede en Saratoga, California (Estados Unidos), consiste en dos lentes dentro de un pequeño tubo de vidrio. Una vez dentro del ojo, funciona como la lente de un teleobjetivo, trabajando en colaboración con la córnea para proyectar sobre gran parte de la retina una imagen ampliada de lo que sea que esté mirando la persona. Puesto que la enfermedad sólo daña las partes centrales de la retina, al ampliar la imagen las células que se encuentran fuera del área de la mácula son capaces de reconocer el objeto y enviar la información al cerebro. (Estas células normalmente se ocupan de la visión periférica y suelen generar información visual de baja resolución si se comparan con las células de la mácula—por ejemplo, no se puede leer un cartel con la visión periférica. Pero al hacer la imagen más grande también se consigue que las células la interpreten mejor.

“Este cambio en la visión es significativo para los pacientes,” afirma Allen Hill, quien ocupa la presidencia y dirección general de VisionCare. Además de mejorar la visión, también “permite a los pacientes tener contacto visual normal, algo que resulta una parte crucial dentro de la interacción social de las personas,” comenta Eli Peli, científico en The Schepens Eye Research Insitute, y que trabaja para la compañía como consultor.

Durante el procedimiento de implante, los cirujanos se ocupan primero de eliminar las cataratas del ojo. (Puesto que tanto las cataratas como la degeneración macular están relacionadas con la edad, la mayoría de los pacientes con degeneración macular en fase terminal también tienen cataratas.) Después insertan el telescopio, que se mantiene en su sitio gracias al tejido colindante.

El dispositivo sólo se implanta en un ojo—los pacientes usan este ojo para ver en detalle, y el ojo que no recibe tratamiento se destina a la visión periférica. Acostumbrarse a algo así lleva tiempo, señala Peli. “En vez de usar dos partes de un mismo ojo, tienen que cambiar entre un ojo y el otro; si ven que alguien se acerca y no saben distinguir quién es, tienen que cambiar al otro ojo.”

Uno de los problemas de seguridad asociados con el implante es la pérdida de células endoteliales, que son las responsables de hacer que la córnea sea transparente. Todas las operaciones oculares producen una pérdida de células, pero la implantación del telescopio requiere una incisión mayor de la necesaria, por ejemplo, para operar cataratas. Esto hace que se acaben destruyendo un mayor número de células endoteliales. Sin embargo los científicos han podido demostrar que la pérdida de células se estabiliza con el paso del tiempo. Los pacientes implantados pierden alrededor de un 3 por ciento de células endoteliales al cabo del año, en comparación con el 2,5 a 3 por ciento de pérdida que sufren los pacientes operados de cataratas. Puesto que las células endoteliales se duplican, una pérdida substancial de este tipo de células puede empeorar la visión.

Se espera que la FDA apruebe el telescopio, ya que la agencia normalmente sigue las recomendaciones que le llegan de sus paneles de consejeros. VisionCare tiene previsto comercializar el telescopio una vez obtenga la aprobación de la FDA, que se estima para finales de 2009. El dispositivo ya está aprobado para su uso en Europa, aunque la compañía pretende lanzar el producto primero en Estados Unidos.

Biotecnología

Nuevas tecnologías y conocimientos biológicos empiezan a ofrecer opciones sin precedentes para mejorar nuestra salud.

  1. Mila, el ejemplo de que la medicina personalizada es cara pero real

    Esta niña de seis años sufre la enfermedad de Batten, un trastorno genético mortal muy poco común. Gracias al esfuerzo de su madre y del médico Timothy Yu, la pequeña está recibiendo un tratamiento diseñado específicamente para ella que parece estar mejorando sus síntomas, pero cuesta millones

  2. Comprar la píldora por internet: barato, rápido y, sobre todo, seguro

    Un experimento con compradoras secretas revela que la telemedicina automatizada es más confiable y eficiente de lo que creíamos. Tras rellenar un cuestionario en el que afirmaban presentar contraindicaciones, el tratamiento recetado siguió las normas médicas vigentes en el 93 % de los casos

  3. Un científico español podría haber encontrado la fuente de la juventud

    Juan Carlos Izpisúa Belmonte ha descubierto cómo rejuvenecer animales enfermos y moribundos con una técnica llamada reprogramación. Consiste en editar las marcas epigenéticas, unos interruptores químicos celulares que determinan la actividad de los genes y que van acumulando cambios con la edad