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Cambio Climático

La captura de carbono puede reducir a la mitad el precio de frenar el cambio climático

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La economía de la lucha contra el calentamiento global podría depender de una tecnología infrafinanciada que está cayendo en el olvido

  • por Kevin Bullis | traducido por Francisco Reyes
  • 23 Abril, 2014

Foto: Una instalación en Noruega para probar tecnologías de captura de carbono. Hasta ahora, la tecnología no ha sido demostrada a gran escala en plantas de energía.

Al hablar de tecnologías para evitar el cambio climático, la energía renovable consigue a menudo ser el centro de atención. Sin embargo, una tecnología relativamente desatendida, la captura y el almacenamiento de dióxido de carbono (CAC) en las plantas de energía, podría tener un impacto mucho mayor en el aspecto económico de la lucha contra el cambio climático, según un informe de la ONU publicado a principios de esta semana.

El informe es el tercero de una serie de importantes informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), cuyo primer documento se publicó el pasado otoño. Éste último sopesa los distintos modos de limitar las emisiones de gases de efecto invernadero para evitar los efectos más graves del cambio climático. El informe analiza el coste de la adopción de medidas para estabilizar los niveles de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Por ejemplo, pasar del carbón a la energía solar aumentará los precios de la electricidad y será un lastre para la economía. Según el informe, en el mejor de los casos la limitación de las concentraciones de gases de efecto invernadero a niveles suficientemente bajos para mantener el calentamiento global a un aumento de menos de dos grados centígrados podría reducir el consumo económico mundial entre un 2,9% y un 11,4% en 2100. Esto podría ascender a entre 9 y 80 billones de dólares (6,5 y 58 billones de euros).

El informe ha encontrado que si la energía solar y eólica se quedan por debajo de los objetivos, el coste de limitar el calentamiento global se vería incrementado, pero sólo en una modesta cantidad de aproximadamente un 6%.

No obstante, los costes podrían ascender a más del doble si no se implementa la tecnología de captura y almacenamiento de carbono. Esto se debe a que la energía solar podría ser sustituida por otras alternativas, como la energía nuclear, mientras que la CAC es más difícil de reemplazar. Es la única tecnología capaz de reducir las emisiones de las centrales eléctricas existentes, algunas de las cuales permanecerán en funcionamiento durante décadas. También podría ser la mejor manera de limitar las emisiones de algunos procesos industriales, como la fabricación de acero.

Resulta más importante aún para la economía de la prevención del cambio climático el hecho de que la CAC podría ser esencial para sacar dióxido de carbono de la atmósfera, una estrategia que para el IPCC podría ser necesaria para limitar el calentamiento a dos grados centígrados o menos (ver "El IPCC propone tecnologías inmaduras para impedir un desastre climático"). Un número relativamente pequeño de centrales eléctricas queman biomasa, como por ejemplo virutas de madera, para generar electricidad. Estas plantas de energía pueden reducir las emisiones ya que el dióxido de carbono que emiten se compensa por el dióxido de carbono absorbido por las plantas a medida que crecen. Al añadir la CAC para capturar dióxido de carbono de la planta de energía se consigue una reducción neta de carbono en la atmósfera.

Algunos modelos climáticos y económicos sugieren que la construcción de un gran número de plantas de energía de biomasa equipadas con CAC podría conducir a una reducción significativa del dióxido de carbono en la atmósfera, lo cual será necesario si el planeta acaba reduciendo las emisiones demasiado despacio, algo que resulta probable según el informe del IPCC. Limitar el calentamiento a dos grados centígrados probablemente requerirá limitar los niveles de gases de efecto invernadero a 450 partes por millón, pero muchos modelos han encontrado que incluso con el uso de medidas ambiciosas para reducir las emisiones, el planeta sobrepasará esa cantidad para mediados de siglo. Para volver a bajar los niveles a 450, habrá que eliminar algo de dióxido de carbono de la atmósfera.

Si no se combinan las centrales de biomasa y la CAC, "se nos hace muy difícil imaginar situaciones futuras en las que, con total seriedad, se pueda limitar el calentamiento a dos grados Celsius", afirma el director del programa de Harvard para Economía Ambiental, Robert Stavins. El uso de plantas de energía de biomasa con CAC no es la única forma de sacar el carbono de la atmósfera. Lograr un aumento neto de la forestación sería de ayuda, pero eso contrarrestaría la tendencia de deforestación. Además, las tecnologías experimentales que utilizan materiales vinculantes al dióxido de carbono para captar el gas directamente del aire son más caras que el uso de la CAC en las centrales de biomasa, señala el ingeniero investigador del la Iniciativa de Energía del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, EEUU), Howard Herzog.

Aunque la CAC es esencial para mantener la batalla contra el cambio climático a un bajo coste, la tecnología aún no está lista. La CAC no ha sido demostrada a gran escala en ningún tipo de planta de energía, y mucho menos una de biomasa. De hecho, en los últimos años han sido cancelados o retrasados indefinidamente decenas de este tipo de proyectos. "La captura y almacenamiento de carbono en las centrales se está muriendo antes de haber visto la luz", asegura Herzog.

La CAC de todo tipo de fuentes, como plantas de combustibles fósiles, plantas industriales y de biomasa, tendría que ser casi 1.000 veces mayor en 2030 y 10.000 veces en 2100, según los modelos para limitar los gases de efecto invernadero a 450 partes por millón. Emparejar la CAC con plantas de biomasa podría ser especialmente difícil, ya que, según el IPCC, es difícil lograr permisos y financiar las plantas de energía de biomasa. "Se le ha dado mucha publicidad al hecho de que el IPCC asegura que limitar el calentamiento es factible", afirma Stavins. Pero la situación "no es tan color de rosa como se quiere hacer ver", concluye.

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